Donde acabarán los solteros


                Driss Deiback en el Centro Asistencial

     Driss Deiback es amigo y un conocido cineasta melillense, formado en Los Ángeles y en Alemania. Tanto su primera y única película «El Refugio», como el primero de sus documentales «Natural de Melilla», fueron financiados por la Ciudad Autónoma, regida entonces por Ignacio Velázquez. No suele haber nombre propios en El Alminar, pero para toda norma acaba habiendo una excepción.

        El Centro Asistencial es un lugar muy conocido y visitado de la ciudad, en el que se puede encontrar a personas de muy variada procedencia, bien sea residentes, trabajadores o visitantes. Los lunes es frecuentado decenas de ciudadanos anónimos, en las conocidas  «peregrinaciones de San Nicolás».

      Acudir con determinada regularidad a un lugar, hace que podamos observar la evolución humana del mismo, porque la física es más lenta. Aunque el lugar ha cambiado mucho, conserva una parte histórica y otra en constante evolución. Allí ya hay placas de varios presidentes y alcaldes de la ciudad.

          Sin embargo la novedad de este lunes, estaba en la presencia de Driss Deiback, que rodaba allí las últimas escenas, que no las finales, del episodio piloto de la serie «los solteros».  Muy pocos saben  que el cineasta melillense, es mi mayor proveedor de reliquias de la extinta República Democrática de Alemania (DDR), el país del que procede Ángela Merkel, y uno de los más venerados por mí. La coincidencia ha sido lo suficientemente inusual, como para merecer un hueco en El Alminar de Melilla.     

           Siempre se encuentra algo distinto en los mismo lugares, y además, resultaba una profecía, porque es casi seguro, que algunos de los flamantes solteros de la serie, acabe allí sus días, salvo que el neoliberalismo que representa en España el Partido Popular, acabe con cualquier rastro del Estado del Bienestar.

Miguel Gómez Bernardi


         En un mundo en el que reina la parcialidad y el doblegamiento ante el Poder, es un bálsamo para la desazón, el encontrarse con personas, con periodistas, como Miguel Gómez Bernardi. Cuando se está a punto de dejar de creer en la profesión periodística en nuestra ciudad, sometida y sojuzgada hasta extremos nunca vistos, ni recordados, el que existan personas como él, ayuda a soportar esta ola de doblez, en donde ya ni siquiera se guardan las más mínimas formas. Porque si Miguel Gómez Bernardi aguanta y sobrevive en esa situación, es porque los valores de La Democracia y de La Libertad de Expresión existen y deben ser defendidos a toda costa.

          Entiendo que los periódicos, que son empresas con dueños, sirvan a unos determinados intereses, pero por encima de todo son o deberían ser medios de comunicación, tienen unos derechos y tambien unos deberes. No entiendo la censura, aunque entiendo que se le de más espacio al que más paga. No comprendo que se deformen las noticias, para hacer ver que fueron una cosa distinta de lo que en realidad sucedió. No entiendo que suceden cosas que ni siquiera se publiquen. No entiendo que no se publique ningun tipo de crítica. No entiendo que se admitan pseudónimos desde los que se critica a personas con nombres y apellidos.        

               Entiendo las críticas y objeciones de la Asociación de la Prensa de Melilla, pero cuando «el mensajero» se transforma en el mensaje, entonces deja de cumplir su papel y se tiene derecho a enjuiciarlo. Aquí nadie está resultando neutral.

         Por eso cartas como esta de Miguel Gómez Bernardi, me hacen pensar que la profesión, también puede ser defendida desde la dignidad, por mucho que las empresas impongan sus directrices. Si no hay igualdad de trato, no hay igualdad de condiciones y todo queda falseado.

        Muchas gracias «Miguelón». Hoy has dado un ejemplo de dignidad, merecedor del más alto elogio.

                Las 30 monedas de Mercurio

      http://melillense.net/nota/nota%202011/nota20110519.html            

   PD: Otros post en donde ver la realidad: http://laotramelilla.blogspot.com