El 2 de febrero de 1943 y pese a la negativa del jerarca nazi Adolf Hitler, el mariscal alemán Von Paulus ordenó la rendición del VI ejército en la ciudad de Stalingrado. Llevaban cercados en todo el área del Volga y de Stalingrado desde el 1 de noviembre de 1942, cuando el Ejército Soviético desencadenó la «Operación Urano». Desde esa fecha, nadie pudo entrar o salir de allí, en una zona que era conocida por los alemanes como el «kessell», la caldera y que los rusos conocían como «la picadora de carne». La esperanza de vida de un soldado soviético en Stalingrado no superaba un día.
Esa batalla y la voluntad de resistencia que mostraron los rusos, cambió para siempre la historia de Europa y la suerte de la II Guerra Mundial. Muchos han escrito sobre esta batalla trascendental, que obligó al ejército alemán a estancarse en Stalingrado y a destinar una serie de recursos humanos y técnicos, que a la larga le resultarían letales. En Stanlingrado fue derrotado por primera vez el hasta aquel momento, invencible ejército alemán. Allí mordieron el polvo, el hielo y se rindieron por primera vez. En Melilla, siempre al revés de la historia, en un día que no recuerdo, El Telegrama del Rif titulaba: «Prosigue la criminal defensa rusa de Stalingrado».
Aurel George Sava Popescu, el hombre de Stalingrado
Hace ya tiempo, e interesado siempre por la «historia de Stalingrado», trabé relación y luego amistad, con un ex oficial del ejército rumano afincado en Melilla, Aurel Sava Popescu. Recuerdo su sorpresa cuando le pregunté por su posible presencia en el área de Stalingrado, como me sacó de la vieja oficina de Correos y como en voz baja, me relató lo que recordaba de su presencia allí. Durante muchos meses, siempre que nos veíamos, hablábamos del tema y me dejó frases inolvidables.
Don Aurel, como yo le llamaba, estuvo encuadrado con el Ejército Rumano en la parte superior, en la curva del río Don, por eso, cuando se les echaron encima los rusos en la operación Urano, ellos giraron hacia el Oeste, hacia Ucrania y pudieron salvarse. Los rumanos que quedaron envueltos en el «anillo de hierro» de la operación Urano, acabaron muertos o prisioneros ( lo que significaba casi lo mismo).
Una vez le pregunté por sus recuerdos en el área de Stalingrado y me dijo esta gran frase: » Cuando uno está en un frente de guerra, no piensa en cómo va a recordar la cosas, sino en sobrevivir». Cuando le pedí algo más concreto, me contó: » De aquello, recuerdo dos cosas el frío (-40ºC) y el ruido ensordecedor de los cohetes katiuskas (el organillo de Stalin). Los oíamos salir de las baterías y nos enterrábamos en el suelo esperando el impacto, porque la metralla al rebotar sobre el suelo helado, segaba las vidas como una hoz. Sobreviví a aquello con una inmensa disciplina personal. Me quitaba los calcetines cada dos horas, porque si esperabas más tiempo, podías arrancarte la piel con ellos». Para sobrevivir a «aquel infierno helado», realizaba una serie de ejercicios diarios, obligatorios para mantenerse con vida. Finalmente le pregunté por la historia que circulaba por Melilla de que había estado prisionero en un campo soviético y me dijo que no: «Yo acabé la guerra, semi desnudo, en un campo de prisioneros Americano, en Francia».
Conmigo fue siempre extraordinariamente amable, y eso que sabía perfectamente cual era mi afinidad histórica en ese aspecto. Siempre me decía, con ese acento característico de las personas de Europa del Este: «Me gusta Vd, porque siempre que le veo y le pregunto como está, me dice que bien». Su sentido del humor era también muy fino. En una ocasión, le pregunté a donde iba y me dijo que a misa: «A rezar por los míos, los malos».
Notas: Recordar sólo, que el Tribunal de Nüremberg exoneró de crímenes contra La Humanidad a todos los soldados encuadrados en el Ejército Regular, ya fuese Alemán, Rumano, Italiano o Español. Haber estado con los rumanos es lo mismo que haber pertenecido a la División Azul.
PD: Dedico estas líneas al millón de soldados y civiles rusos muertos en la defensa de Stalingrado.
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