El ánimo oscila como un diapasón, o como el péndulo de un reloj antiguo. La sombra persigue siempre al cuerpo y es inseparable de la luz, sin embargo, la situación inversa no se produce. En medio de la noche puede no existir luz, mientras que es imposible que existiendo luz no exista sombra. En medio de un día luminoso, hasta la más pequeña de las hormigas produce sombra. Para deshacer la oscuridad es necesario algún tipo de energía que produzca luz, o que algo la refleje, como la luna, y rasgue la oscuridad. Por eso defender la parte luminosa de la vida y de la acción humana es un ejercicio costoso y cansado. No es fácil estar aquí, pensar cosas, escribirlas y luego animar a otras personas a seguir defendiendo la transparencia en la acción pública. He escrito en muchas ocasiones que son inesperados apoyos los que ayudan a seguir en estar labor, en muchos casos son ojos silenciosos los que se mantienen expectantes y constantes, en torno al Alminar. Acuden diariamente aunque no hayamos escrito nada. Eso nos mantiene e impide que la detención sea absoluta. Son los que nos ayudan a seguir, en cada ocasión en la que hemos intentado detenernos. Pararse, detenerse y mirar, es tan necesario como seguir caminando. Dejemos que la luz de Ra, o del Sol, en este espléndido amanecer de Melilla, nos siga iluminando.
