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El carnaval concentrado


               El carnaval de Melilla tal cual empieza acaba. Final y principio se desarrollan en en un espacio que no dura más de 24 horas. Es un carnaval concentrado o “avecrem”.  Asfixiado por un exceso de control sobre las escasas comparsas, sobre las chirigotas, sobre las letras satíricas, e incluso sobre los concursos de disfraces, no dejaron espacio alguno para lo que significa o supone la esencia del carnaval. Transgresiones estéticas en las formas y descarnada crítica contra el poder.

                Sin embargo, en “ciudad censura” la más leve crítica ya es considerada un mundo, una revolución insoportable. Todo se controla, de principio a fin, incluida la cabalgata. ¿Alguien podría imaginarse un chanza contra el poder del “faraón y su corte” recorriendo las principales calles de la ciudad, o la quema junto a la lúgubre sardina de una efigie de  Keops?. No, imposible. En Melilla se controla hasta el asado de la triste sardina, porque al hacerse junto al Palacio de la Asamblea, podrían surgir tentaciones revolucionarias. Por mucho menos se inició la Revolución Francesa.

                       El carnaval es una molestia más que hay que quitarse de encima cuento antes. Además, el neo cristianismo preconciliar lo considera una fiesta de inspiración diabólica, al igual que Halloween y no participa en ella, ni siquiera en los colegios. En la ciudad de las religiones, ninguna otra toma parte en esta fiesta, que queda reducida a una reminiscencia pagana, o de los sin fe. Como si el diablo no tuviera cosas más serias de las que preocuparse. Aun así, esta fue la cabalgata más larga de los últimos tiempos, con una temperatura primaveral y sin ausencia de viento. En la cabalgata estaban tristes hasta las maniquíes de la carroza griega. Y sin embargo no apareció la carroza del diablo, que era un logro estético de los últimos años.

                              Con el sardinazo se quemaron los últimos cartuchos del poder reinante, que pronto vivirá también la última semana santa. El tiempo que viene va a ser muy distinto. Desaparecerá la mayoría omnímoda y con ella el viejo poder, que se ha mantenido al menos una legislatura más de los deseable. El tiempo de la renovación alcanzará a todos, incluso a aquellos que se resistan a ello. Esto ha acabado.

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