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Una pintada obscena


 

    Llevo mucho tiempo viendo esta pintada en un muro de la carretera de Hardú. En un principio era solo una pintada algo bucólica: Piensa en lo rifeño, vas a tener miedo (h)asta en los sueños. La pintada parecía hacer  alusión a la mítica y dormida conciencia del Rif. Como tal no hacía daño a nadie, ni siquiera con su falta de ortografía. Pasado el tiempo alguien escribió una frase incalificable, monstruosa, bárbara, casi de apología de la violación, cargada de odio y de racismo. Eso sí, se molestó en corregir la falta de ortografía, aunque para escribir semejante obscenidad, no debería haberse molestado en corregir nada.

              Bajo el barniz y los lemas de las cuatro culturas, yace la semilla del odio y del racismo, en estado larvado o en diferentes formas. Han pasado muchos meses desde que se escribió esa pintada obscena y bárbara. Nadie se ha molestado en borrarla, pero debería hacerse y de modo inmediato. Llevo muchas semanas de debate sobre si dar cuenta de ella en El Alminar. Sé que el publicarla tiene un inevitable efecto dinamizador, pero es preferible a que siga ahí un solo día más, incubando sabe Dios qué tipo de venenos.

Estampas del más allá melillense


 

            El teorema de la gestión dice que: el estado del mantenimiento de una ciudad empeora conforme nos alejemos del centro, en proporción aritmética a la distancia recorrida. Cuanto peor sea la gestión, el deterioro será mayor hasta el final del círculo trazado, en donde la gestión ya parecerá no existir.

     ¿Dónde se encuentra el más allá melillense?, ¿Cuál es ese punto en dónde ya la gestión parece  no existir?. Aquí, en la carretera de Hardú, pasada la línea que supera al colegio Estopiñán y la barriada olvidada, la de Las Caracolas. Rebasada esta línea ya no hay nada. Aquí suceden cosas que si se vieran, no se creerían.

                                       El banco del diablo

       ¿Quién puede descansar aquí?. Sé que la respuesta va a alterar a muchos, como ya pasara con la entrada de las redes sociales. Si alguien descansa aquí, solo puede ser el diablo. La estampa resulta absolutamente infernal. Un árbol completamente seco, una papelera de la que solo queda el poste y ese banco, que no invita a sentarse, desguarnecido frente al Sol abrasador, en orientación sur, la que no puede resistir nadie, salvo el diablo o algunos de sus muchos servidores. Con la cola tiró hasta una señal de tráfico cercana, porque el diablo nunca cede el paso.