Estampas del más allá melillense


 

            El teorema de la gestión dice que: el estado del mantenimiento de una ciudad empeora conforme nos alejemos del centro, en proporción aritmética a la distancia recorrida. Cuanto peor sea la gestión, el deterioro será mayor hasta el final del círculo trazado, en donde la gestión ya parecerá no existir.

     ¿Dónde se encuentra el más allá melillense?, ¿Cuál es ese punto en dónde ya la gestión parece  no existir?. Aquí, en la carretera de Hardú, pasada la línea que supera al colegio Estopiñán y la barriada olvidada, la de Las Caracolas. Rebasada esta línea ya no hay nada. Aquí suceden cosas que si se vieran, no se creerían.

                                       El banco del diablo

       ¿Quién puede descansar aquí?. Sé que la respuesta va a alterar a muchos, como ya pasara con la entrada de las redes sociales. Si alguien descansa aquí, solo puede ser el diablo. La estampa resulta absolutamente infernal. Un árbol completamente seco, una papelera de la que solo queda el poste y ese banco, que no invita a sentarse, desguarnecido frente al Sol abrasador, en orientación sur, la que no puede resistir nadie, salvo el diablo o algunos de sus muchos servidores. Con la cola tiró hasta una señal de tráfico cercana, porque el diablo nunca cede el paso.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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