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El canto del cisne del Telegrama de Melilla


              Ningún periódico vive ya de sus ventas físicas. Todos dependen de la publicidad privada y de la Institucional. El correcto reparto de ésta última debería fijarse en estrictos criterios de difusión, y con el único objetivo de mantener los empleos existentes. No está los tiempos ni para que desaparezcan empleos, ni para que desaparezcan medios de comunicación, algunos como el Telegrama de Melilla, que son parte de la historia de la ciudad. El poder político ha utilizado los medios locales como parte de su dominio sobre la sociedad de Melilla, instituyó unos convenios de publicidad, sin tener en cuenta los dos condiciones expresadas arriba. Se ha repartido dinero, y mucho, pero directamente a los empresarios, para mantener su poder e influencia sobre la situación política de Melilla. La línea informativa actual es prácticamente uniforme, algo que no sucedía hace una década, en la que cada periódico mantenía una tendencia, de manera que se leían todos los periódicos, para ver que tratamiento se daban a las noticias, según el medio que las redactase. Esto es fácilmente comprobable en la hemeroteca. Desde que se institucionalizaron “los convenios de sometimiento a la prensa”, la realidad publicada se asemeja a la de la Rusia soviética, con su agencia oficial de noticias (TASS), y los órganos de expresión oficial (Pravda e Izvestia), cuya única diferencia era el grado de enaltecimiento del líder reinante en ese momento, y de sus logros. A esto se le llamó culto a la personalidad, que alcanzó su cenit en las figuras de Stalin y de Mao.

               La situación creada ha sido la desaparición practica de la libertad de expresión, y de la emisión de información no controlada. Hay una situación de censura encubierta, o lo que es peor, de auto censura. El poder político ha apoyado su acción sobre estos  pilares propagandísticos, arrasando con todo lo demás. El potencial privado de cada empresario de medio de comunicación, es el que decide qué margen de crítica o de distancia mantiene con respecto al poder ejerciente. La crítica ciudadana ha desaparecido de todos lados. El Poder ejerciente ejerce su control de muy diversas maneras, pero también se ha convertido en rehén del perverso sistema creado.  Hay pánico a ajustar las subvenciones o la publicidad con los medios existentes, por si vuelven los tiempos de la iracundia informativa.

                      La posible desaparición del Telegrama de Melilla

          La política de subvenciones condicionadas tampoco ha servido para mantener el empleo en el sector de la prensa. En los últimos años desapareció la sección melillense del diario Sur, que ahora se regala dentro de otro medio de comunicación, El Faro. El mundo de la prensa en nuestra ciudad ha perdido al menos una decena de puestos de trabajo, y sigue siendo un sector que no está regido por un convenio colectivo de trabajo. El día en que los intereses empresariales caminen por otro lado, muy bien podrían deshacerse de parte de los medios  de comunicación  que ahora mismo rigen el panorama informativo. Para el año 2015, los distintos medios de comunicación de Melilla recibirán 1,9 millones de euros, la misma cantidad que en el pasado 2014. Una subvención en esa cuantía debe tener como objetivo principal el mantenimiento del empleo, la regulación mediante convenios colectivos y garantizar la libertad de expresión. Hasta la fecha no se ha conseguido ninguna de estas tres cosas.

                 Tras años de ocultar noticias y críticas hacia el gobierno de la ciudad, aparecen ahora por primera vez, tras años de silencio impuesto. La lección de todo eso es que callar no suele servir de nada, porque cuando el poder decide deshacerse de algo, lo hace cuando considera que ya no le es útil. Como dicen en sus portadas, 113 años de historia pueden desaparecer, al igual que desapareció la Cooperativa Gráfica. En silencio absoluto y sin que nadie se haga eco de la situación. Es la hora de los justificadores.

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