Parábola de los tres sobres


El antiguo edificio de Correos

Se vaya por donde se vaya, solo se ve desolación. Las campañas de obras solo son una huida hacia adelante. Todo parece que será mejor después de las obras, pero eso ya se ha intentado y padecido, y no ha dado resultado, porque seguimos sin modelo. Esto recuerda una antigua historia de la extinta Unión Soviética, en la que al acceder un nuevo Jefe de Estado accedía al Poder, recibía tres sobres numerados correlativamente con esta indicación: ¡ Ábrelos cuando tengas problemas !.

El solo cambio de gobierno no llegaba a contentar a la población pasados unos meses, así que el nuevo jefe del Kremlin abría el primer sobre, que tenía escrito el siguiente consejo : «Echa la culpa de todo al gobierno anterior». Se iniciaba una campaña intensiva de inmediato y surtía efecto durante un tiempo, pues la gente abría los ojos y entendía que se arrastraban situaciones y problemas muy difíciles de resolver, culpa del anterior gobierno. Eso apaciguaba la situación pero no resolvía mucho, así que había que acudir al siguiente sobre.

El sobre 2 decía: «Inicia una campaña de realizaciones, de obras y de transformaciones». Dicho y hecho. Se anunciaban proyectos sin fin, islas surgidas de la nada, aeropuertos estratosféricos. Vuelos a Marte, piscinas y estadios nuevos. Una transformación radical. La gente se ilusionaba, solo se hablaba de las nuevas realizaciones, se hacían cosas, se veían cambios. Sin embargo, no todo lo proyectado podía realizarse, y lo realizado no se correspondía con lo prometido. El desánimo volvía a crecer y ya solo quedada un sobre. Pasado un tiempo de duda, se abría el sobre 3 y este decía: «Prepara otros tres sobres».

La pandemia ha machacado el final de un año y el inicio de otro. No se ve salida al túnel y la recuperación económica y social dilata sus plazos. En Melilla todo parece torcerse, y la marcha de Air Europa de nuestras pistas de vuelo no parece el mejor augurio posible. El melillense necesita sobre todo, poder entrar o salir de la ciudad cuando necesite. Lo mismo ocurre con las familias o parte de ellas, que están fuera de Melilla. Estar estrangulados y condenados a una situación de embudo permanente, no nos beneficia, porque si algo necesita esta ciudad es dinamismo. Entrar y salir cuando se necesite y no cuando nos impongan, adaptando también los horarios a las necesidades y frecuencias más óptimas.

La vandalización de la ciudad

Nunca hemos entendido porqué es mejor abandonar y dejar arruinarse un edificio hasta su demolición, antes que mantenerlo en uso y reformarlo según las necesidades. La otra alternativa, la de la rehabilitación onerosa, ya se llevó a cabo con el edificio principal del hospital de la Cruz Roja, cuyo costo final decuplicó la obra original, e incluso el de derribarlo y volverlo a hacer de nuevo. Ha pasado más de una década desde el abandono del edificio de Correos nadie ha sabido proponer un uso adecuado en todo este tiempo. El edificio está vandalizado hasta el último metro cuadrado, y ya solo se usa para dejar allí cachivaches, troncos de árboles, o cualquier otro artefacto inservible, como las gradas utilizadas en Semana Santa. Las puertas de la zona exterior están abiertas y hemos encontrado un lugar difícil de describir.

Ahora sí queda ya solo un año, que es a la vez mucho tiempo para algunas cosas, y muy poco para otras. Todo va a cambiar, pero en sentidos difíciles de predecir, o no tanto. Que nadie de por seguro nada.

Un monumento arbóreo de Melilla


La tríada de ficus de la calle Pablo Vallescá

             En u  principio eran cuatro, pero una desafortunada poda hace 30 años hizo que uno se secara y tuvo que se talado. Esos árboles llevan en ese lugar desde 950, cuando se construyó el edificio de Correos. Constituyen un monumento arbóreo de primer orden, y deberían ser declarados como tal. Deberían ser protegidos mediante una ordenanza municipal, y preservarlos de podas y de cualquier acción en su contra. En la mitad del Paseo de Almería hay un ficus centenario, y está preservado como una joya. Tiene incluso una placa con su descripción y con la datación de su antigüedad.

                 Estos tres árboles cubren con sus ramas toda la fachada del edificio, proporcionando una sombra abundante y una frescura a la acera, como ya no queda otra en la ciudad, arrasada en su masa arbórea por las podas indiscriminadas y permanentes. A nadie se le escapa que estos tres árboles están así de frondosos porque no han recibido atención alguna en los últimos veinte años. La mejor manera de sobrevivir en Melilla es conseguir que el poder público no te haga caso.

                 El edificio fue abandonado por Correos de modo inexplicable hace ya cinco años. Ahora ha sido comprado por la Ciudad Autónoma y con la futura remodelación del lugar, tendrán la tentación de podar su ramas y sus raíces colgantes. Antes de que ocurra algo así, deberían catalogarse y protegerse, embelleciendo los alcorques que los circundan.

                   Por el momento disfrutaremos con su contemplación y frescura.