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Imágenes del Rastro


              El Rastro o Polígono fue el barrio de la expansión y de la esperanza. El primer barrio construido tras el acuerdo con el Sultán de Marruecos en 1860. Calles rectas, edificios modernistas y un trazado urbano moderno. Claro que eso era así en 1900, cuando empezaron a trazarse las calles y a elevarse los edificios nuevos. Pasado el tiempo, más de un siglo, pese a estar en el centro urbano es una zona desordenada y degradada.

                El ente público para la construcción de viviendas en Melilla (Emvismesa) es una empresa quebrada en todos los sentidos. No ha servido para los propósitos esperados y está en situación deficitaria e irrecuperable. Hubo un plan imposible que consistió en comprar multitud de pequeños terrenos para hacer edificaciones de protección oficial, que salieron muy caros. Tanto en las compras de los terrenos como las propias viviendas, que estuvieron sin adjudicar durante años. No se ha recuperado ni un 10% de lo invertido.

               La tierra de promisión está plagada de edificios fantasmas y en ruinas. Hay multitud de solares abandonados en donde se acumula la basura. No ha existido ningún plan en los últimos 10 años para recuperar la zona. Todo el dinero sigue desperdiciándose en un grupo de no más de 12 calles (4 del Centro, 4 del Real y otras tantas del Paseo Marítimo y del Industrial). La gestión de la ciudad es solo una ilusión.

                Melilla necesitará un plan de rescate organizado desde el Estado y gestionado desde Madrid. Esto ya es una cuestión de Estado. Pasear, ir a comprar, o residir en El Rastro es ya un acto de resistencia. Las imágenes que se contemplan a uno y otro lado es la de una zona salida de una situación de guerra.

             El Rastro de Melilla parece Alepo, Mosul o Grozni tras el asalto de las tropas rusas en la segunda guerra de Chechenia. No es aceptable que una ciudad con uno de los presupuestos per cápita mas altos de España, tenga zonas en esta situación. Estas imágenes no son de calles escondidas. Se trata de dos calles céntricas y de tránsito, Almotamid  y el Polvorín. Son solo las más llamativas, las hay peores. En estos barrios y estas casas, reside 1 de cada tres melillenses.

              La actual gestión deja la ciudad en una situación límite. Melilla no aguantará un mes más en una situación así. Los barrios deben ser desarrollados de modo conjunto, porque la población melillense habita en todos ellos. En el Rastro y en otros muchos barrios, no se ha invertido un solo euro desde principios del siglo.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/12/15/en-el-rastro-de-emvismesa/

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Averroes: el garaje dantesco


 

                            El garaje de Silent Hill

             Nunca había visto nada igual en el mundo real. En el virtual sí, cuando jugaba a Silent Hill, un juego en el que el protagonista se interna en una ciudad abandonada y con niebla constante. Algún que otro molesto zombie suelto rompía el silencio en ocasiones, pero nada más terrorífico que atravesar calles permanentemente vacías, rebuscar en un piso de apartamentos deshabitado con la única ayuda de una linterna, o entrar en un inmenso aparcamiento sin coches y en donde ya no aparca nadie.

             En mis muchas visitas a la nueva barriada de Averroes nadie me había mencionado jamás el garaje, hasta que una vecina, con la que comentaba los desperfectos de las torres construidas en 2005, me hizo la propuesta: ¿Has visto el garaje?. Le dije que no, y le pregunté que si tenía algo interesante que ver. ¿Quieres verlo?. No es un lugar del que suelan hablar, porque el 98% de las 258 familias del nuevo grupo de Averroes han olvidado que tienen garaje.

    Los dos sótanos colectivos de lo que un día fueron pensados como aparcamientos, no tienen comparación posible, salvo en el ámbito de las pesadillas . Ocurre que esta gente no se queja, sobrevive como puede en un territorio en donde los planes de empleo caen con cuentagotas. Melilla es la ciudad de las desigualdades y de los desequilibrios. Mucho para pocos en determinadas zonas,  y poco para muchos en otras.

                                   La situación del garaje comunitario

         En el principio el garaje era común a todos los bloques, pero eso fue antes de que existiera el tiempo. Los robos en coches y trasteros empezaron a proliferar, y los residentes fueron abandonando los aparcamientos. Hay que decir que a esta zona de aparcamiento solo se accede con llave, tanto en los ascensores como por las escaleras. No hay posibilidad de acceso libre desde el exterior.

       En el principio de la creación de Averroes, ese hueco oscuro y reventado de la fotografía era una “oficina de Emvismesa”*. No es un chiste fácil, es la realidad. No hay luz. Se han quitado los diferenciales. Los únicos trasteros operativos están en el sótano 1, pues al sótano 2 nadie baja. En época de lluvia, los bajantes se atoran y el agua alcanza medio metro de nivel. Inunda coches y la maquinaria de los ascensores. El sótano 2 es Silent Hill, allí no ha nada, salvo un viejo coche abandonado.

       No hay ruido de motores, los restos de vehículos que aparecen por allí llevan mucho tiempo en ese estado. No funciona la luz, ni los extintores de incendios. Nadie entra ni sale. el silencio es absoluto y atemorizador. No se oyen los motores de  las puertas correderas de entrada y salida a los garajes. Si alguien se queda allí encerrado tardarán mucho tiempo en saber que se encuentra en ese lugar. Hace ya algunos años que se tabicaron los accesos que comunicaban los aparcamientos y los bloques. Ahora los compartimentos son estancos.

           El secreto que se guardaba en lo oscuro ya está desvelado.

   Nota*: Emvismesa (Empresa Municipal de la Vivienda de Melilla).

En El Rastro de Emvismesa


            

                      El fracaso de El Rastro

    La Empresa Municipal de la Vivienda de Melilla fue creada en 1991 por el entonces concejal Enrique Remartínez, que gobernaba en coalición con el PP de Ignacio Velázquez, que no obtuvo la mayoría absoluta en aquellas elecciones, lo que le obligó a pactar con los dos concejales del PNEM (Partido Nacionalista Español de Melilla). La idea de Enrique Remartínez (q.e.p.d.), anterior  Decano del Colegio de Médicos de Melilla, era la de construir viviendas de bajo coste y poder ofrecerlas a personas con bajos recursos. Ideó las famosas viviendas prefabricadas de la calle Castellón de La Plana y una promoción de la calle Sión, en el barrio hebreo. La Sede de la Consejería de Servicios Sociales, en Carlos de Arellano,  es también obra suya, e igualmente de paneles prefabricados, que reducían mucho el coste y el tiempo de construcción.

          Algo no resultó de todo aquello y tras la marcha del concejal nacionalista de la política activa, Emvismesa  siguió, pero para fomentar la creación de empresas, y la elaboración de estudios sobre el futuro económico de nuestra ciudad. Actualmente, aparte de seguir cumpliendo con las funciones para las que fue creada, es un varadero de cargos de libre designación de “alta gama”. A lo largo de estos últimos diez años, Emvismesa construyó otras dos promociones de viviendas protegidas, la de la urbanización “Lo Güeno” y la del antiguo grupo de Primo de Rivera (*).                        

         Construcción de viviendas en El Rastro

    No se sabe si por el mal de altura, o por la creencia de que todo el monte es orégano, la empresa publica melillense se lanzó a la compra indiscriminada de solares (**)  en la zona de El Rastro, comportándose: “como una promotora privada”, como muy bien dijera la ex concejala socialista Celia Sarompas. La diputada de la anterior legislatura autonómica,  diseccionó perfectamente el fracaso al que se encaminaba Emvismesa con aquella acción.

          Se estaban comprando solares pequeños, a precios muy elevados y el precio resultante de la vivienda era muy caro, en relación a la capa social a la que iban dirigidas. En realidad, eran caras para casi cualquier bolsillo, habida cuenta de que por su situación, gran parte de la población no iba a comprar nunca una casa en El Rastro. Como siempre, no hicieron caso a nadie, se rieron de la muy digna diputada Celia Sarompas y de quien hubiera hecho falta. Hoy, un año después de terminadas, no han vendido una sola casa. No le interesan a nadie. Por su situación, porque son pequeñas y finalmente por el precio, que nadie está dispuesto a pagar.

     Ahí está todo, perfectamente construido, totalmente vacíos los cuatro bloques, y como última ocurrencia, dicen que estudian alquilarlas con opción final a compra. La idea de rehabilitar la zona de El Rastro y del Barrio Hebreo no es mala, integrarla en el centro de la ciudad, como pretendió en su día CpM, tampoco era desdeñable. Ocurre que para hacer eso, antes hay que diseñar todo el barrio, demoler prácticamente todo y luego hacer surgir una nueva zona urbana, y esto nunca lo hicieron. Ahora tenemos cuatro bloques de casas nuevas, dentro de un ámbito absolutamente deteriorado.