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25º aniversario del asesinato del juez Falcone


                    La corrupción, al igual que la mafia, acaba pudriéndolo todo. La corrupción no existe sin el dinero: Tampoco existen los corruptos sin los corruptores, muchos vinculados al sector empresarial, y que acaban contaminando al sector público, que es el que está o debería estar al servicio de todos. Vivimos un intento de mitificación de lo privado y del empresario, pero lo que debería fortalecerse es la idea del servicio público. Sin el Estado, solo existe la selva. Sin el Estado, gran parte de la actividad empresarial no existiría. La última y más potente crisis ha sido una crisis empresarial.

              En abril de 2015, un empresario enloquecido por la quiebra, Claudio Giardiello, disparó en la sala judicial de Milán, contra su propio abogado, un testigo y contra el juez Fernando Ciampi. Es la última víctima judicial italiana frente a la actividad fraudulenta.

               Las lecciones de Giovanni Falcone y de su amigo y compañero el juez Paolo Borsellino son inmensas, tantas que siguen vivas a los 25 años de sus asesinatos, casi paralelos. En su libro de conversaciones con la periodista Marcelle Padovani, Falcone cuenta como un día Borsellino entró en su despacho y le pidió la combinación de la caja fuerte, y al preguntarle para qué la necesitaba, Borsellino le dijo: ¿Cómo quieres que la abramos cuando te maten?.

             Giovanni Falcone fue fulminado por una potente explosión en la autovía de Palermo el 23 de mayo de 1992. Desde la misma creación del Alminar en 2011, ese día se dedica solo a su memoria, y ya van transcurridos 6 años. El 23 de mayo no se encontrará en el El Alminar  otro tema que no sea el recuerdo y el homenaje a la “memoria del juez Falcone” y de su compañero Borsellino, abatido por un coche bomba apenas dos meses después, concretamente el 19 de julio.

             Italia es una de las principales economías mundiales y una República fuerte, pero hubo un tiempo en que estuvo a punto de ser rendida por la actividad económica fraudulenta. La obligación de un Estado, y del poder judicial es poner coto y límite a ese tipo de actividad. No es que se la vaya a vencer o hacer desaparecer, pero nunca debe situarse por encima del Estado ni contaminar o infiltrarse en el Poder público y político, lo contaminar la economía oficial. La mafia al igual que la corrupción, opera solo en beneficio de sus propios miembros, de la familia, del grupo. ¿Dónde acaba el Estado, dónde empieza la actividad ilícita? ¿Quién es el corruptor y quién el corrompido?. Son líneas de sombra en donde si no se tienen principios firmes, puede no llegar a saberse en qué lado se está. Como decía Falcone, “son dos sociedades, una enferma y otra sana, que conviven en completa proximidad, en contigüidad. Vive en perfecto equilibrio sobre la miríada de protectores, cómplices, informadores, deudores de todas clases, chantajistas, gentes intimidadas o a las que se ha exigido el pago de un rescate, que viven en todos los recovecos de la sociedad”. Corrupción y mafia se parecen mucho.

       Hay varios errores que no se pueden cometer, uno de ellos es “creer que los mafiosos son monstruos, cuando en realidad son parecidos a nosotros”. Son hombres de honor, con rígidos códigos morales. Tampoco se puede pensar que “el pagar o cobrar una comisión es un acto inocente, pues en realidad significa reconocer a la autoridad mafiosa ” o ilícita.  El error definitivo es creer que estas prácticas se circunscriben a un área geográfica determinada. Los Estados deben defenderse en conjunto, eliminando paraísos fiscales, o áreas bancarias opacas.

     España debe tomarse en serio el problema de la corrupción. Italia estuvo a punto de ser vencida por la mentalidad y actividad mafiosa. Hay una pregunta que hacerse, y es que cómo hombres y mujeres totalmente corruptos, aparentan ser honestas personas de familia, sin contradicciones aparentes, sin ni siquiera conciencia de culpabilidad, o incluso religiosos. la respuesta la ofreció un juez italiano, Roberto Scarpinato: “El dios de los mafiosos es el familismo amoral. El reino de la ética se agota en el interior de la familia (del grupo). Fuera de ese grupo hay una total discrecionalidad ética. El estatuto de ser humano es solo reconocido a los miembros de la tribu”(1).

        Nota: (1) Los curas y la mafia, Isaia Sales. Ediciones Destino.

 

 

 

 

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