En las fronteras de Jauja


 

              Cuando las autoridades pierden los papeles

            Jauja es sinónimo de riqueza y prosperidad. Solo la pronunciación de este nombre, sugiere tanta abundancia como otro lugar mítico, El Dorado. Jauja es una ciudad de Perú, de las primeras fundadas por el  español Francisco  Pizarro en la conquista del país andino. Esto sucedió el 25 de abril de 1534. Ahora, por obra y gracia de la nueva avalancha migratoria sobre nuestra ciudad, nos enteramos que Melilla es el equivalente africano de Jauja. Por eso vienen hasta aquí millares de centroafricanos. Desde luego, para algunos, como decían ayer varios/as  comentaristas del Alminar, nuestra ciudad sí es Jauja y El Dorado también.

             Esta es la parte “jocosa” de una fase no excesivamente pensada, porque la realidad es mucho más dura y cruel. No hay que olvidarse nunca, que lo que hay al otro lado de la frontera, son ante todo, seres humanos. Hasta ahora creíamos que los “sin papeles” eran los inmigrantes que cruzaban o intentaban entrar en Melilla, pero desde ayer hemos comprobado que los que han perdido los papeles son nuestras autoridades civiles. Hay frases que los representante públicos y políticos no deben pronunciar. Hay imágenes que un alto cargo de la Administración del Estado no debe ofrecer.    Mil personas pueden resultar un inconveniente grave, pueden  provocar situaciones difíciles, pero nunca pueden constituir una invasión. En cualquier caso, ellos son las autoridades y de ellos es la responsabilidad. Lo único que tienen que hacer, es repasar la hemeroteca y exigir y actuar, del mismo modo en que debían hacerlo, según ellos, las autoridades socialistas del periodo 2004-2011. Se puede volver a solicitar la comparecencia del Ministro del Interior, llamar a José Mª Aznar o  invocar a Santiago, por aquello de: .. ¡ Y cierra España!.

                                   Ni soberbia, ni prepotencia

       No sé de donde han salido estos lamentables adjetivos referidos al grupo de inmigrantes subsaharianos que entraron en Melilla y recorrieron el cauce del Río de Oro. En muchos se aprecia temor y cansancio y en otros satisfacción por haber logrado la proeza. No se puede hacer aflorar los sentimientos de xenofobia, hacia gente que solo está luchando por su vida y por su supervivencia, con frases y calificativos mal medidos, desde los representantes políticos, ya sean locales o estatales.

           En 1992 empezaron a llegar a Melilla los primeros colectivos de inmigrantes centro africanos. Tras las primeras sorpresas, y la misma falta de sensibilidad de La Administración, fueron los ciudadanos y entidades sociales melillenses las que iniciaron la labor de atención y amparo de los primeros inmigrantes. Durante varios años, hasta la construcción del CETI, al que se negaban las autoridades gubernativas de la época, por entonces socialistas; los inmigrantes se refugiaron primero en el abandonado edificio de la Cruz  Roja, y posteriormente en las dependencias de La Granja Agrícola.

            Fue durante el septenio de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando el PP melillense convirtió el problema de la inmigración en un “casus belli” contra el Gobierno de España.  A veces, hay una cierta justicia histórica que pone a algunos responsables políticos, frente al espejo de sus actos y declaraciones pasadas. Eso es lo que ha sucedido ahora. Han quedado atrapados por sus propias palabras y actos anteriores.

             Entre 1992 y 1996, tanto como corresponsal de periódicos nacionales, colaborador de medios locales y como voluntario de organizaciones no gubernamentales, pude conocer y tratar a decenas de inmigrantes subsaharianos. También publiqué infinidad de artículos de prensa.  Jamás vi en ninguno de ellos nada parecido a la prepotencia o a la soberbia. Había dos días felices en sus vidas, uno era el de la llegada a nuestra ciudad, el otro era el de la salida. La fotografía es del año 1996, cuando acompañé a Alex Brown, uno de los 46 hijos del comerciante y  ex presidente de Nigeria Abiola.

              La emigración no se acabará ni hoy ni nunca, así como tampoco con las mafias que tratan con las personas. Los melillenses ya nos hemos acostumbrados a esta situación, ahora solo falta que lo hagan las autoridades.