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La ciudad deshabitada


               La ciudad deshabitada es aquella en la que los edificios vacíos no deberían tener habitantes. En todas las ciudades hay edificios abandonados y no pasa ocurre nada. Sin embargo en Melilla es sucede lo contrario. Los edificios abandonados están llenos de población no reconocida, por eso los responsables de las áreas no se ocupan de ellos. Melilla se parece cada vez más a Raccoon City o a Silent Hill.

                Algunos responsables políticos parece desconocer la importancia de la expresión “bajo custodia del Estado o de sus Instituciones”. Si una persona, en este caso dos, fallecen en edificios en los que se encuentran bajo custodia (Centro Asistencial, Centro de Menores), se deben dar muchas explicaciones, todas las que se le requieran, y hay que pedirle todas las posibles, y llegado el caso se le pueden exigir responsabilidades políticas. Claro que esto sería en el mundo de la política decente, algo que parece haber dejado de existir en nuestro país, y en nuestra ciudad.

                  Melilla está abandonada en su gestión, y los edificios vacíos están habitados. Son decenas los que hemos mostrado desde El Alminar. Si alguien tiene un edificio, piso o local vacío, debe tapiarlo y amurallarlo, o de lo contrario será destruido por los habitantes inexistentes. Esto es lo que estaba haciendo esta mañana el propietario de un centro de ocio infantil ya en desuso, en el antiguo Barrio industrial, que ha visto devastado su local por “los inexistentes”. El antiguo edificio de Correos tuvo que cerrarse por el mismo motivo, y todo el acuartelamiento de Santiago, y decenas de edificios en el centro de la ciudad, y todo lo que podamos imaginar; incluida la ya derribada residencia militar que acabó destruida en su interior.

                   En nuestra ciudad la excelencia, y ya solo entendemos por esto los edificios nuevos y habitados, convive junto a la mas espantosa cochambre, como es el caso de este gran manzana de casas en el barrio del Industrial, en un estado de deterioro e infección absoluto, junto a edificios modernos y recientes. La manzana arruinada del Industrial merece un comentario aparte, pues es un foco de residencia inexistente. Se ha tapiado todo, excepto una puerta, por la que entran decenas de habitantes “inexistentes”. Aquí ya nada parece existir, ni siquiera el gobierno.

 

 

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Problemas menores en Melilla


                       Inseguridad sensacional

           Los responsables políticos de las áreas de gestión de Melilla viven en el mundo irreal de la propaganda. Lo que el ciudadano percibe y ve en las calles es algo diametralmente opuesto. Grupos de menores no acompañados en situación de abandono institucional, deambulan a lo largo del día de una parte a otra de la ciudad, sin comida, sin lugar de refugio, sin ningún sitio en el que protegerse del frío o de otras inclemencias climatológicas.

     Esta es una realidad que no se ve desde los despachos de gestión, ni desde los lugares acotados a los que acuden las autoridades (Kursaal, fiestas  y homenajes, inauguraciones, locales de hostelería). En cualquier parte de la ciudad se producen incidentes de seguridad: hurtos, robos, agresiones, incendios de vehículos y contenedores, detención de menores; que son resueltos en primera instancia por los ciudadanos, que son los que alertan a los cuerpos y fuerzas de seguridad. Cuando estas intervienen, lo hacen, hasta el momento,  de modo escrupuloso. Lo que está fallando no son los cuerpos policiales, sino sus responsables políticos.

          Si hasta el momento no ha ocurrido ninguna situación grave para los ciudadanos, es por pura casualidad. La misera y la desesperación va en aumento, tanto en nuestro entorno, como en la propia ciudad. En 14 años de continuidad del presente gobierno de Melilla, no ha habido un solo cese o dimisión por incapacidad manifiesta, o por el propio cansancio y pérdida de interés en la gestión, pese a que hay más que sombras y sospechas sobre casi todas esas áreas.

         La ineficacia de algunas de las áreas de gestión ciudadana adquieren ya la categoría de certeza, como en la cartilla del servicio militar, en la que el valor pasaba del genérico “se le supone”, al “demostrado. En Melilla la categoría de ineficacia institucional ha ha pasado del “se le supone”, a la de  “demostrada”.