División de Honor juvenil


   A veces,  el pabellón Lázaro Fernández ruge, y se oye por toda la calle de Mar Chica, como hoy. El pabellón está levantado sobre el lugar que debía haber ocupado la iglesia del Real,  pero eso fue un proyecto fallido. La cancha de juego no está a nivel del suelo, sino en el sótano,  porque ese era el emplazamiento de las criptas y de la cimentación,  de lo que hubiera sido la iglesia más grande de Melilla.

La 2ª industria de la ciudad es el deporte.  Son decenas los clubes deportivos, de todas las disciplinas imaginables, presentes en las categorías nacionales. En la División de Honor juvenil de Fútbol Sala hay dos, el Rusadir y la Peña Ral Madrid, que se enfrentaba el vienes 12 de diciembre, en el centro deportivo con más éxito de la historia de la ciudad.  Lo único compromete la instalación,  que ya quiso ser sustituida para especular con el terreno,  es el techo de Italia, o lo que es lo mismo, de amianto.

  Las gradas rebosaban de un público joven y entregado a la pasion del fútbol.  La Peña Real Madrid, que dominó a lo largo de todo el partido,  pasó algunos apuros en los últimos minutos,  cuando un penalti lanzado por el «diablo rojo» del Rusadir, casi equilibró el marcador en un 3-2. Pero no quedaba tiempo. El partido estuvo detenido por bastantes minutos, por la necesidad de asistencia médica que precisó uno de los jugadores.

  Los ánimos hervían tanto en los jugadores como en las gradas, sobre todo en los padres,  que acabaron organizando un tangana sobre la pista, al final del partido,  por un posible penalti no señalado, en el último minuto del encuentro.

  El encuentro contó,  además de con  numeroso público,  con la asistencia de las directivos futbolísticos de la ciudad y con la presencia del Cuerpo Nacional de Policía,  por ser un encuentro de riesgo elevado. 

  En el fútbol sala el espacio de juego  es pequeño. No hay casi lugar para el error o el despiste, porque se paga en gol. El balonazo rara vez entra en la portería, por lo que es más útil la técnica refinada y la precisión. El trío arbitral está siempre encima,  por lo que deben evitarse las acciones comprometidas. No solo era un partido,  también el se máxima rivalidad regional.

El pabellón Lázaro Fernández


                    El pabellón que iba para iglesia

          Al pabellón Lázaro Fernández se le tiene mucho cariño en el barrio del Real, entre otras cosas porque ha sido el único durante 20 años, y también porque lleva el nombre de un buen hombre, el fisioterapeuta Lázaro Fernández, que durante muchos años, alivió las contracturas y llevó a cabo las rehabilitaciones de muchos operados y operadas  melillenses, cuando en la ciudad no había de nada; y no están tan lejanos esos tiempos.

            Muchos, yo mismo, desconocían que ese extraño pabellón, cuya pista deportiva está por debajo del nivel del suelo, sabían que ahí, se iba a construir una iglesia, lo que algunos llamaban «la catedral del Real», porque este barrio era el más importante y populoso de la nueva ciudad, y por eso se le conoce como «el barrio».

               La razón de que la pista se encuentre por debajo del nivel del suelo, es que ese era el hueco previsto para  la cimentación de la iglesia, cuyos pilotes llegaron a ponerse en 1954. La pista me la proporcionó un amigo, Dario Blanco, y me la corroboró otro, Ricardo Ruíz Varea, natural del barrio del Real y que jugaba de pequeño en las profundidades de la cimentación, a la que los niños llamaban la iglesia rota.

                El dato científico que confirma toda esta historia y recuerdos de niños, aparece en el libro La Ciudad de Melilla y sus autores, del historiador y Cronista Antonio Bravo, que incluso publica un plano de lo que hubiese sido la iglesia más grande de la ciudad, casi una catedral.  Sin embargo, no identifica el emplazamiento de la misma, cosa que sí hemos hecho en El Alminar, gracias a los recuerdos de las dos personas mencionadas. En el barrio, no hay o no he encontrado otros datos o fotografías, acerca de esta historia. Hay una frase ya acuñada y que afirma que al igual que Roma: expertos tiene El Alminar, que espero, nos nutran de datos o documentos, que nos permitan ampliar esta historia, que yacía casi sepultada en el olvido.

          Nota: El pabellón Lázaro Fernández, necesita una arreglos en la cubierta y en sus voladizos.

El pabellón Lázaro Fernández


          

              ¿ Cuál será el futuro de este pabellón ?

    ¿ Tiene sus días contados el pabellón Lázaro Fernández ?. La futura inauguración del nuevo pabellón García Pezzi afectará de modo indudable a este ya viejo, pero entrañable pabellón de deportes. Normalmente los acontecimientos no se producen solos, sino que desencadenan otros movimientos en los que en principio no se piensa. Dentro de poco, han esperado al nuevo gobierno del PP, los populares melillenses aprobarán su nuevo Plan General de Ordenanción Urbana ( PGOU). 

             El PGOU es un intrincado documento, del que tengo la presentación preliminar y el Avance del mismo, con el que se deciden los reordenamientos urbanos y muchas operaciones especulativas (recalificaciones, cambios de edificabilidad, variaciones en las licencias de uso), y un sinfín de operaciones muy difíciles de entender, pero que en realidad, es la única y gran vía de financiación para un gobierno autonómico tan derrochador, y tan sobredimensionado. Un PGOU bien manejado supone una auténtica cascada de millones para cualquier ayuntamiento.

            En el último año se había especulado con la posible demolición de las viviendas de Alvaro de Bazán, las viviendas de las calles Infanta Elena y Cristina y quizá, toda esa maraña de datos que incluyen los avances del PGOU, incluya la demolición de este pabellón, la recalificación del suelo y la posterior conversión del solar en un nuevo grupo de viviendas. La presión de las constructoras sobre el Gobierno autonómico melilllense  es enorme, y hay cientos de movimientos que esperan la aprobación de ese PGOU para iniciar su carrera.

          De todo esto, lamentaría sobre todo, la posible  desaparición del nombre de «Lázaro Fernández» de las calles de Melilla. El resto no está  a nuestro alcance el impedirlo, aunque lo veremos todo y quizá algo podamos evitar.