En el final de río


               Hemos bajado a la desembocadura del río de Oro de Melilla para ver qué cosas trae una crecida. Hemos hablado de ellas en días pasados, cuando las fuertes y torenciales lluvias devolvieron el caudal a su cauce. Estamos a finales del mes de marzo y en apenas dos meses se abrirá la temporada de playa, la de las afamadas banderas azules del litoral melillense, conocidas en el mundo entero, gracias a las ferias internacionales de turismo, a las que acuden todos nuestros representantes públicos y varios centenares de invitados.

               Desde la parte alta del puente se ven las cosas, pero lejanas. Si se quiere ver cuál es la situación real, hay que bajar al lecho del río, pisar el fango y el barro. Nadie que no sepa descender hasta el fondo, podrá tener un conocimiento real de lo que sucede. Cualquier cosa que comentemos, o escribamos, podrá transformase siempre en una metáfora. Lo usual es que quien sube, no vuelva a acordarse de que estuvo abajo. Hay personas que siempre ven la vida desde arriba. Aún así, tarde o temprano, se acaba descendiendo, hasta el mismo suelo. los más grandes del pasado, están ya confundidos entre el polvo, incluídas sus obras.

             Seguimos en el fondo del río. Toda esta suciedad es melillense en s mayor parte. el cauce seco del río es una escombrera y un vertedero incontrolado. El agua arrastra toda esta proquería hasta el mar, y éste lo regurgita sobre la playa.  Nuestro litoral, casi única zona de esparcimiento ciudadano en el tórrido vernao melillense está muy sucio, pero es que está muy sucio el cauce del río, y la dársena portuaria. Estas aguas son las mismas en las que nos bañamos. Los que gestionan esto, son los mismos que siguen vendiendo la imposible y propagandística ampliación del puerto. La ampliación del puerto, que nunca se va a llevar a cabo, solo traería un mayor cerramiento de las aguas de la hahía melillense, y una menor posibbilidad de regeneracion y limpieza natural.

El remolcador embarrancado


         Un remolcador embarrancó tras un temporal en 1949

     En 1949 no existía el puerto marroquí de Beni Enzar, por lo que los temporales azotaban más duramente las playas de Melilla. Toda esta línea de costa tenía continuidad hasta Cabo de Agua. Muchos melillenses recuerdan cómo desde la playa de La Hípica se iba andando hasta la denominada de Miami.

       El caso es que como toda ciudad marítima y con puerto, Melilla atesora decenas de historias de barcos hundidos, como el que se encontró al hacer la cimentación de Las Torres del V Centenario, o de barcos rescatados. Hasta ahora no habíamos tenido fotografías y no podíamos completar esas historias con el material gráfico, Sin embargo, un colaborador de El Alminar, nos está nutriendo y aportando fotografías de sucesos que ya nadie recuerda, como es este caso. 

       Sé que las fotos son de 1949 y como siempre, me las ceden con la condición de compartirlas con todo el mundo, cosa que hacemos con gusto, porque está en nuestro ideario. Lo que poseemos lo compartimos, lo que descubrimos lo divulgamos. Las fotos, como decía, son de 1949, no conozco la fecha, quizá si algún lector de “la nomenclatura”, tiene la copia del Telegrama del Rif de ese año, podría aportarnos más datos sobre el remolcador embarrancado. Hay más fotografías, pero he seleccionado estas cuatro. La que he titulado como “colocación de escales”, es muy curiosa, porque tiene detrás un barco hundido, en las inmediaciones de la playa de San Lorenzo.

            Las imágenes son muy parecidas a las del malogrado crucero Costa Concordia. Quizá esto ha motivado la suspensión de los viajes de cruceros a Melilla, dada la similar peligrosidad de nuestras costas con las de la isla de Giglio.

        También hemos aprendido una palabra nueva, halaje: “Transporte de materiales o cosas arrastrando, rozando o rodando por el suelo”.

 

Playas de Melilla. ¿ Expuestos a todo ?


          La rotura de un colector contamina las playas de Melilla

         A cualquier gobierno le puede pasar que se le rompa un colector de aguas fecales y contamine las playas o las áreas de baño de una ciudad de costa. Eso es un accidente que le puede pasar a cualquiera. Lo que no es admisible es tanta ineficacia, tanta mala gestión y tanta falta de atención al ciudadano al que supuestamente se sirve.

     Estamos ya como en la época de Franco, en dónde había que leer los comunicados del Gobierno pero al reves. Si se dice o comunica oficialmente que se reabren las playas, es porque antes habían estado cerradas pero no se comunicó. Si se informa a los ciudadanos de que en tal calle “se ha completado y mejorado la señalización vial” (transcribo la frase textual de los comunicados del Gobierno de Melilla), debemos enteder que ya no existía esa señalización o que estaba en tal lamentable estado, que ya no se distinguía. Y así con todo, hasta hacer un catálogo.

       Lo que nadie entiende es que ayer domingo (26 de junio), no se cerraran las playas totalmente y que éstas aparecieran llenas de gente. Lo que no se entiende es que no se suspendiera ” la travesía a nado del Puerto”, o que los socorristas estuvieran en sus torretas como si tal cosa, y que sólo informaran a la gente cuando se acercaba a preguntar, porque los rumores y las noticias iban creciendo entre los bañistas. No se entiende que se celebrara “La travesía”, cuando la “pseudo playa” del Club Marítimo sí prohibe bañarse en unas aguas a las que sí llegaron “los nadadores”. No se entiende esta absoluta falta de responsabilidad, y no  se entiende que alguno de estos “eficaces gestores” vayan a ser recompensados con la renovación en sus cargos “sine die”, porque este desastre medio ambietal en el que se encuentran las playas de Melilla, nuestro supuesto escaparate turístico, implica a varias áreas.

                 El estado de las aguas y de la arena en el inicio de la temporada de baños era y es mas que deficiente. Tanto en el blog de :”La otra Melilla”, como en este mismo, se advertía de que la realidad era muy distinta a la de la propagandística “bandera azul”. Este viernes, después del funesto inicio de los fuegos artificiales de 2011, se veía que algo pasaba en la zona de la desembocadura del Río de Oro, porque había allí trabajando máquinas excavadoras. La desembocadura había sido dada por contaminada un día antes, pero comunicándose solamente que había cesado la contaminación.

       Diez, quince, veinte años después no puede seguir esta desembocadura del río en este estado, dadas las cantidades ingentes de dinero que se han dilapidado por toda la ciudad. La propaganda dirá lo que quiera, pero la realidad es absolutamente distinta. Con esta gestión “centrada en nosotros” estamos expuestos a enfermedades epidérmicas, grastrointestinales y sabe Dios cuantas cosas más.

     El domingo tenían que haber estado los “Agentes Medioambientales” dentro de la playa impidiendo el baño de cualquier persona y en el exterior, los “Agentes de Seguridad” repartiendo hojas informativas a los bañistas informándo de qué estaba ocurriendo. Por algún sitio y en primera fila debería haber estado el Consejero del Área, al frente de todo ese despliegue, que sin embargo, nunca se produjo. Eso hubiese sido hacer las cosas bien.