La denominación de las calles


  Decisiones salomónicas

  Las decisiones salomónicas nunca satisfacen a nadie, porque solo significan tomar partido a medias. Es un no atreverse a tomar una decisión completa e indivisible. Dividir una calle en su denominación, es ir contra la normativa aprobada por los propios ayuntamientos sobre esta materia.  En Melilla se ha hecho ya en varias ocasiones y siempre mal (Conde de Alcaudete, Alcalde de Móstoles) y ahora se pretende hacer lo mismo con la calle Lope de Vega.

Las calles de preservar la unidad en la denominación, y esto no lo decimos nosotros, sino la norma: «No se podrán fraccionar calles que por su morfología deban ser de denominación única. En consecuencia, se procurará que una calle tenga una denominación única, a menos que llegue a variar la dirección en ángulo recto, o que esté atravesada por un accidente físico, o cortada por una calle más ancha, o por una plaza». Esta redacción es la del Ayuntamiento de Almería, pero en sus diferentes versiones, la unidad de criterio prevalece. Para no tener complicaciones, si hay unidad visual y no hay cortes, la denominación debe ser la misma. La calle de Alcalá en Madrid tiene 10,5 km. de longitud. Algo parecido ya pasó en la calle de Hermanos Peñuelas, cuyo nombre debería removerse al completo, y a la que seccionaron las escalinatas, para darle el nombre al hermano lasaliano Crescencio Sáinz. El mismo reglamente citado, indica que las denominaciones de personas vivas, deben estar muy acreditadas y fundamentadas, y con la proposición de nombres del pasado debe ocurrir lo mismo. Tanto para quitarlos como para proponerlos.

Calle Lope de Vega

Es una calle muy consolidada en Melilla, desde la década de 1930. Tanto el busto de Lope de Vega en el parque Hernández,  como la placa de la calle con su nombre,  fueron donaciones del Ateneo de Melilla, entidad que tuvo gran proyección en la ciudad, hasta el alzamiento franquista, que puso fin a sus días. No nos imaginamos, aunque son sobradamente capaces de hacerlo,  que desplacen el nombre de Lope y su placa hasta la siguiente manzana, y que se quede solo con media calle o menos.

  Hay calles sobradas, pendientes de cambio, para reconocer a una persona, y figura notable de la cultura en nuestra ciudad, como fue Ángel Castro Maestro, sin causar sobresaltos que le estremecerían hasta a él mismo. Si lo que se pretende es que su nombre esté cerca de la UNED, a la que dedicó gran parte de su vida, entidad de la que acabó siendo un referente,  también hay opciones.  Cualquier cosa, antes que media calle.

  

 

 

El porvenir del olvido


La Melilla académica despide a Angel Castro Maestro

  Todos los recuerdos que tenemos de Angel Castro provienen de su presencia en la UNED, primero como Jefe de Estudios, y finalmente como Director. Por tanto, para El Alminar, su figura y presencia lo sitúan para siempre en este entorno, casi el mejor posible, para ser recordado. Antes que todo eso, había sido también profesor y jefe de estudios en el colegio de los Hermanos de La Salle. Toda su vida pues, ha transcurrido en el mundo de la Enseñanza, o lo que es lo mismo, en el mundo académico.

  Su última acción pública como director, fue el pasado 17 de junio, en la presentación del libro de Liliana Suárez: Sangre, Sexo y Frontera Sur, encuentros y desencuentros mestizos en Melilla, junto con Guilia Sensini y la autora. En la presentación se manifestó sorprendido por un título que «buscaba el sensacionalismo«, porque Ángel Castro era así. Si algo le gustaba lo decía, y si le creaba algún tipo de contrariedad, también. Podía reprendente o elogiarte, llegado el caso, con la misma sinceridad y afecto, y si lo hacía era porque le importaba, ya fuese la persona o la obra. La autora afirmó que todo hallaba su sentido a lo largo del libro.

Sin embargo, lo más llamativo, y que también merece recordarse, es cuando explicó, o corrigió un aserto canónico sobre la Universidad; en el que se la hace depositaria del conocimiento y de la verdad. Dijo que no, que la universidad «es el templo de la duda«. Solo desde la duda se llega al conocimiento y a la verdad, desde la inteligencia. Una corrección que ya es su última palabra expresada. En las múltiples vueltas y ocasiones en las que nos encontrábamos, hubiésemos aclarado y profundizado sobre el alcance de la duda, pero ya no es posible.

El Porvenir del Olvido

«David, te voy a decir algo que yo misma no pude cumplir. Escucha a tu corazón. Cuando hayas oído a todo el mundo, fíate de tu corazón y sé feliz. Solo te digo esto, porque ya sabes todo lo demás».

El porvenir como sustantivo equivale a tiempo futuro, a destino, a lo inexorable, a lo que no podremos evitar. Es un novela suya del año 2005, en la que intenta sumergirse en los años cruciales de la llegada de los judios a Melilla, en la que probablemente inserta recuerdos personales y familiares. Son recuerdos, detalles de una vida que se desarrolla en un presente de otra época, a la que que va desapareciendo, tal y como nos ocurre ahora. Vemos cosas, personas, compartimos momentos, que de un día para otro desaparecen de golpe. Lo mismo que decía don Quijote a Sancho en su retirada: «Vamonos yendo, Sancho, que en los nidos de antaño. no hay pájaros hogaño».

Un amigo, Antonio J. Ruiz Genovés, se planteaba en la red social de Facebook: No era su hora. ¿Alguna vez lo es? Pues es una pregunta dificilísima de contestar. No hay respuesta posible, porque solo aquellas que tienen respuesta son preguntas, como dijera Wittgenstein. Es una pregunta retórica, que no pretende respuesta, que se lanza al vacío para hallar algo de consuelo. La hora final no admite réplica alguna. Incluso podría ser solo azar.

Ángel Castro tenía siempre una palabra, una frase, con la que sintetiza disquisiciones largas. Era preciso y certero, pero siempre, dentro del respeto más exquisito, te decía lo que pensaba. Era creyente, sin exageraciones, con dudas de las que sacaba sus certezas. Hoy la iglesia Arciprestal del Sagrado Corazón estaba llena hasta los estandartes. Que Descanse en Paz. «Allá, allá lejos…donde habite el olvido..»