El jardín de las deposiciones


Jardín de las deposiciones

              Un jardín es siempre aprovechado en Melilla para que las mascotas hagan sus deposiciones sin control alguno. Lo mismo sucede con los alcorques de los árboles, con la playa o con los bordillos de las aceras. Si los dueños/as de las mascotas no son capaces de hacerse responsables de ellas, entonces los jardines, por muy bien cuidados que estén, ofrecerán este aspecto. El civismo parece brillar por su ausencia en casi cualquier parte de la ciudad, en donde cada una tiene su propia especificidad incívica. Esto es cierto, y  también que la gestión es nula o parece haberse ausentado en muchos lugares. Parece que se ha renunciado a todo. Ya todo se da por perdido.  Este jardín está bien cuidado. El césped es uniforme y muestra que se le riega y poda con esmero. Eso sí, apenas a unos metros podemos encontrarnos con eriales y zonas de abandono. No hay que confiarse nunca en nuestra ciduad.

          Un gran blog (La otra Melilla), completó de modo inigualable el conocido lema de: Melilla es de todos; ensucia tu parte.

       Nota: http://laotramelilla.blogspot.com.es/

Estampas del más allá melillense


 

            El teorema de la gestión dice que: el estado del mantenimiento de una ciudad empeora conforme nos alejemos del centro, en proporción aritmética a la distancia recorrida. Cuanto peor sea la gestión, el deterioro será mayor hasta el final del círculo trazado, en donde la gestión ya parecerá no existir.

     ¿Dónde se encuentra el más allá melillense?, ¿Cuál es ese punto en dónde ya la gestión parece  no existir?. Aquí, en la carretera de Hardú, pasada la línea que supera al colegio Estopiñán y la barriada olvidada, la de Las Caracolas. Rebasada esta línea ya no hay nada. Aquí suceden cosas que si se vieran, no se creerían.

                                       El banco del diablo

       ¿Quién puede descansar aquí?. Sé que la respuesta va a alterar a muchos, como ya pasara con la entrada de las redes sociales. Si alguien descansa aquí, solo puede ser el diablo. La estampa resulta absolutamente infernal. Un árbol completamente seco, una papelera de la que solo queda el poste y ese banco, que no invita a sentarse, desguarnecido frente al Sol abrasador, en orientación sur, la que no puede resistir nadie, salvo el diablo o algunos de sus muchos servidores. Con la cola tiró hasta una señal de tráfico cercana, porque el diablo nunca cede el paso.

Desmoronamiento en Lo Güeno


 

            En Melilla se desmorona hasta lo que es nuevo. Estos son los bloques de las Viviendas de Protección Oficial de Lo Güeno, construidas apenas hace 10 años. En su momento también hubo algunos casos de adjudicaciones de viviendas algo peculiares, como en todas las promociones de viviendas entregadas en Melilla. En al menos dos casos de diferentes promociones, hubo sentencias judiciales que calificaron algunas de las adjudicaciones como arbitrarias. En nuestra ciudad se recompensa a los leales con todo lo que se tenga a mano, y se castiga al disidente del mismo modo. Esto no es nada nuevo, pues ya lo dijeron los romanos, durante su imperio: «el elogio es gratuito, la lealtad no».

            El recubrimiento de la estructura del edificio presenta ya grietas en toda la fachada que da a la carretera de Alfonso XIII. La actuación de los bomberos ha sido espectacular, con su escalera más larga, la que llega casi hasta el cielo. Todos los días sucede algo nuevo e imprevisto. La ciudad se desmorona ante nuestro ojos. Debajo se encuentra la consejería de Consumo y Sanidad  de Melilla.

          Cuanto más rápido quiere uno irse, más deprisa sucede todo. La batalla contra el tiempo está siempre perdida.

La fragmentación de Las Culturas


 Según reza la placa de inauguración, la que debe portar los nombres a través de los siglos, la plaza de Las Culturas tiene tan solo diez años. Sin embargo, está en estado de desfragmentación. Es un espacio ciudadano muy concurrido, pese a que no tiene sombra. Resulta muy  húmedo en invierno y es una plancha ardiente en verano. También es un lugar muy ventoso. La humanidad y sobre todo los niños/as, sobreviven en cualquier condición, por muy extremas que sean. Ese es el caso de esta plaza de Las Culturas. No hay sombra, los bancos son muy incómodos y todo el lugar se encuentra sin protección ante los rigores climatológicos. Solo los bares y cafeterías sirven de refugio.

              Algunos bancos han tenido que ser sustituidos y el suelo de piedra artificial está fragmentándose por todos lados. Hay una zona, la más próxima a la muralla que está en un estado pésimo que empeora día a día. Los focos que ilumina la muralla ya no existen y su única función e la de almacén de escombros. La gestión y el mantenimiento no existen, ni siquiera a cien metros del Ayuntamiento. Esto es uno de los peores síntomas.

Levantando el vuelo


      Nadie puede perseguir a un ave. En cuanto sienten el más mínimo indicio de amenaza, levantan el vuelo delante nuestra y desaparecen. No tiene mayor trascendencia el hecho. Levantan el vuelo y se van. Lo hacen de manera sencilla, aprovechando una corriente de aire y desplegando sus alas. Vigilan nuestros movimientos por el rabillo del ojo y cuando nos sienten demasiado cerca, con suave movimiento de las alas, se elevan. No hacen un esfuerzo innecesario y calculan perfectamente el empuje adecuado para elevarse. La única manera de cazarlas es intentar mantenerlas pegadas al suelo, en donde el fango y la ausencia de aire les limitan los movimientos.

      Hay miedo a la libertad, de siempre. Quien se atreve a pensar por sí mismo, a no seguir las sendas marcadas, es rápido objeto de ataques y de asechanzas. La seguridad es vivir sin cuestionar nada, aguantando una tiranía insoportable, respirando un aire envenenado por los vapores sulfurosos, mezclados con todo tipo de gases tóxicos y nocivos. Mirar al suelo para no ver los deleznables comportamientos que se nos muestran. Eso sería lo fácil y lo sencillo. Ocurre que los humanos somos gregarios, y cuando alguien se separa del grupo, se le anatemiza, se le califica de hereje y de cismático. Quien demuestra que se puede vivir sin participar del cieno, crea inseguridad en los que le rodean. Por eso se les acosa y juzga

      No aceptamos el tipo de lucha que nos proponen. El suelo es nuestro medio, porque somos humanos, pero el fango y el lodo, no. Hoy levantamos el vuelo.  Mañana ya veremos.

Una orquesta de flautas


          Pocas cosas hay tan sencillas como una orquesta de flautas. En muchas ocasiones, lo sencillo resulta lo más hermoso. En ocasiones como esta, uno piensa que hay razones para seguir manteniendo la esperanza. En medio de la zozobra reinante, un grupo de aspirantes a músicos, interpreta una sencilla y melodiosa canción en el Teatro Kursaal, antes Nacional. Una melodía muy pegadiza, muy bien interpretada, con ritmo e intensidad. Hubo otras más, con instrumentos más sonoros, con la múltiple  gama de sonidos que proporciona la orquesta. Sin embargo, la sencillez de esta orquesta resultó cautivadora. Son parte de los alumnos y alumnas del Conservatorio de Música de Melilla. Todos merecen este reconocimiento sonoro y visual.

El ave y la fuente herrumbrosa


 

  Una fuente en el Barrio de La Victoria

            Era una fuente de mil colores y mil chorros de agua. La veo todos los días una o dos veces. Está junto al mercado del Barrio de La Victoria. Nunca había imaginado en qué estado se encontraba. En realidad estaba persiguiendo a una garcilla, para observarla en vuelo y fotografiar su arranque desde el suelo. Son bastantes las aves que acuden a diario  atraídas por el olor de las pescaderías del mercado. Los pescaderos les ofrecen los despojos que éstas atrapan solícitas. La garcilla no quiso levantar el vuelo y se refugió en la fuente cercana, entonces pude ver en qué estado se encuentra.

                La gestión no es solo inaugurar, ni realizar una obra detrás de otra. La gestión es mantener lo realizado en estado óptimo.  En caso contrario, por más dinero que se invierta en una ciudad, no luce nada. Melilla ofrece una sensación de abandono generalizada. La realidad es que se pagan cifras muy altas de dinero a empresas de mantenimiento y de servicios. Si las cosas se cuidasen de manera adecuada y la vigilancia fuese constante, todo resultaría más barato y también más vistoso. El estado visual de la ciudad no se corresponde con el dinero que se invierte en ella. Lo que está fallando es el modelo de gestión. Si no se pueden mantener las cosas, lo mejor es no llevarlas a cabo; pero una vez hechas, lo que no se puede es abandonarlas, y dejarlas en este herrumbroso estado.