Historias de la salud


Sanidad pública y privada en Melilla

Fuimos nosotros mismos los que pusimos a los agentes inversores tras la pista, porque detrás de cualquier actividad económica hay inversores e intereses económicos. Tras cada sorteo de Navidad, y tras no ser agraciados con premio alguno (el 95% de los que juegan/jugamos), siempre repetimos la misma cantinela: ¡Lo importante es la salud!, y ya no necesitaron más. La gran bolsa de negocio estaba descubierta.

La Peste de los murciélagos o pandemia de Wuhan, ha puesto y sigue poniendo en evidencia muchas cosas. La primera es que la sanidad privada no existe (salvo las clínicas de estética) sin el entronque con lo público. Este es el caso de las compañías de prestación de servicios sanitarios (Adeslas, Asisa, Sanitas, DKV) que firman convenios con las Administración Pública, a través de MUFACE (Mutualidad de Funcionarios del Estado). En otro apartado entrarían las Mutuas laborales, entidades que prestan servicios en colaboración con la Seguridad Social. La mayor parte de ellas tienen problemas de solvencia económica y la atención que prestan es la mínima exigida. Tampoco suelen tener especialistas.

Lo mismo ocurre con las entidades mencionadas (aquellas que aceptaron el concierto con el ente Público) que dejaron una prestación básica para los asociados, y crearon una cuota privada que ampliaba los servicios, pero tampoco mucho. Todo esto ocurrió con los recortes sanitarios iniciados en 2011, que no solo consistieron en disminuciones brutas del gasto, sino también en el recorte asistencial y de prestaciones que hasta ese momento, se ofrecían a funcionarios y trabajadores, aunque estos últimos a través de las Mutuas de servicios médicos generales.

Esto se manifestó en Melilla en dos acciones muy claras. La primera fue la paralización de las obras del Hospital, la segunda la de recortar aquellos servicios médicos a los que se tenía derecho a través de MUFACE y las Mutuas, como por ejemplo la obligatoriedad de contar «con dos especialistas de cada área médica» en la ciudad. Todo esto trajo como consecuencia la desaparición de médicos con consultas privadas en la ciudad, y la proliferación de clínicas vinculadas de alguna u otra manera a la esfera pública.

Hospital público, clínica privada

La llegada de la peste de los murciélagos (2019-2021) ha puesto en evidencia el sistema sanitario de los países desarrollados y la hasta ahora incuestionable universalidad de la salud, un concepto que no ha conseguido desarrollarse ni extenderse, es más, empieza a estar en retroceso. La parte de pago de la sanidad tiene cada vez una mayor extensión. La mala gestión, el derroche y los recortes han hecho el resto.

Un médico amigo del blog nos dijo en una ocasión: «la medicina se puede ejercer tanto por vocación como por interés económico, y en ambos casos puede resultar muy rentable, pero siempre atendiendo a la salud del ciudadano». Eso sí, si se quiere rebasar esa barrera de la rentabilidad, se necesita una vinculación con los contratos públicos.

En Melilla, en la casi década (2012-2019) no se cumplió nada de esto, predominando el interés privado, y el establecimiento de nuevas alianzas en el sector sanitario. La nueva Administración sanitaria paralizó las obras del nuevo hospital, que siguen inconclusas en pleno rigor pandémico. Se revocó, a propuesta de la Consejería de Sanidad de Melilla, el contrato de prestación de servicios radiológicos y diagnósticos con las Clínicas Remartínez, mediante una denuncia en el Consejo de Estado. Mientras tanto, está retrasada la licitación de un nuevo contrato, y vemos surgir clínicas y consultas de tratamientos específicos, y que ofrecen la atención de médicos especialistas, que visitan la ciudad como máximo 1 vez al mes, o por semana. La Administración sanitaria debió ser árbitro, y no parte, lo que contribuyó al desmoronamiento de la sanidad pública en la ciudad. Entre 1921 y 1991, el hospital de la Cruz Roja fue la única opción sanitaria de los melillenses.

Esta parcela comprendida entre las calles falangista Matías Montero, alférez Roldán González, José Obadía Benhamú y Martín de Bocanegra, tiene unas dimensiones de 480 m2, en suelo urbano calificado como residencial, con edificio principal edificado en 1958. Cuando esté construida, será la 1ª clínica privada de Melilla. La tarta sanitaria de Melilla es muy rentable y amplia, e incluye pruebas diagnósticas, análisis clínicos y el traslado de pacientes y sanitarios a Málaga, servicio que originó un «escándalo político» en los albores de la pandemia.

Esta clínica en construcción, sobre lo que fueran los almacenes del melillense Pepe Imbroda, pertenece al grupo Rusadir de salud, y concentrará todos los servicios diagnósticos y de atención médica, que ahora tiene diseminados por distintos lugares de la ciudad. La fecha de la licencia de obra se concedió en abril de 2019, un mes antes de las últimas elecciones locales y autonómicas. Sin embargo, y pese a este nueva construcción, el problema sanitario de la ciudad está muy lejos de ser resuelto. Hasta la fecha, la actividad privada no ha conseguido aportar una sola cama hospitalaria.

Traslados, cierres y el caso Torres- Puchol

El 28 de mayo de 2014, Jaime Alonso Véliz, profesor palentino afincando en Melilla, publicó una carta de el diario Melilla Hoy, con este título: La mafia sanitaria en Melilla y sus consecuencias. Lo imaginábamos confinado en una isla desierta, o encerrado como galeote, pero sigue en la ciudad y es uno de sus escritores más prolijos, además de ser el fundador de la Escuela Oficial de Idiomas. En la carta, explica las consecuencias y trastornos personales que se derivan de esos traslados, que unas veces se autorizan y otras no. ¿Cuál es el coste económico de esos traslados?

Valeriano Garrido Torres- Puchol es un dermatólogo granadino que estuvo en nuestra ciudad a lo largo de una década. Fue presidente del Colegio de Médicos, sustituyendo a su fundador Enrique Remartínez. Se fue de la ciudad tras un oscuro asunto en el que acusaron a su mujer, microbióloga, de alterar, presuntamente, datos de analíticas en el Hospital Comarcal. Tras largos años de tribunales, consiguió la total exoneración de su esposa. Valeriano Garrido tenía consulta y laboratorio de analíticas en la calle Carlos de Arellano.

Profesionales médicos que han preferido la excedencia, traslados voluntarios de un día para otro, y la renuencia casi total, de cualquier especialista a acudir a a las plazas ofertadas en el Comarcal. No sabemos qué ocurrirá en 2023, cuando el nuevo hospital esté listo para entrar en funcionamiento. Nuevas alianzas que se tejen entre grupos sanitarios, la absorción del Laboratorio Lamas por el grupo Echevarne, y otros movimientos que se siguen produciendo. Los mejores equipos médicos de radiodiagnóstico en una infrautilización casi completa.

El décimo país del mundo en fallecimientos (61.389), casi los mismos que Alemania, pero con la mitad de la población. Estamos a merced del azar, solo protegidos por el cuerpo sanitario (médicos/as, enfermeras/os, auxiliares, técnicos de laboratorios y especialistas), a los que se les está exigiendo un esfuerzo solo comparable a los de las guerras. De la 1ª a la 3ª ola no se ha tomado una sola medida de refuerzo del sistema sanitario.

Si se quiere hacer un monumento, hay que hacerlo a los sanitarios de esta ciudad. Eso es valor y vocación sin límites, en una lucha sin tregua por salvar vidas. Los de las guerras fueron héroes forzados.

La vera tomba di Sanjurjo


Mausoleo de Las Campañas de Marruecos

Los africanistas y franquistas pasan días de tribulación en la ciudad, por la posible desaparición de la estatua de Franco dictador, cuando en realidad, el que fue siempre considerado como «il vero salvatore di Melilla» , es José Sanjurjo Sacanell, Marqués del Rif. Sus restos, llegados en un último viaje desde la capital navarra, reposan en el cementerio melillense de La Purísima Concepción, desde el 23 de marzo de 2017.

Tenemos las reliquias más importantes del Alzamiento de julio, solo por detrás de Mingorrubio, que alberga ya las de Francisco Franco. El que viajaba desde Portugal a España para hacerse cargo de la sublevación militar contra La República, era Sanjurjo, el único militar bilaureado junto a Varela, el único dos veces golpista y también enterrado dos veces, una en Pamplona y la definitiva en Melilla.

La preocupación por una estatua de bronce no puede entenderse, cuando tenemos en nuestro cementerio, en el panteón de Regulares 2, al cerebro gris de la sublevación de 1936, al general más carismático y mejor vestido del ejército español, y también el menos demócrata de todos.

El general Sanjurjo fue también, por dos veces, Comandante General de Melilla, efeméride solo compartida con el también general, Manuel Romerales Quintero. Muertos ambos en el mismo año, uno en defensa del gobierno y el otro en su asalto. En Sanjurjo todo era doble, incluso el peso de equipaje, causa más que probable de la caída de su avión, aunque en realidad no llegó a despegar por culpa del peso de su célebre maleta. Era una pequeña avioneta que se estrelló en el aeródromo de Cascáis, el 20 de julio de 1936. Fue una accidente probablemente fortuito, porque el piloto era el también conspirador, y militar aviador, Juan Antonio Ansaldo.

La llegada de los restos de Sanjurjo a Melilla, se produjo durante el mandato como Comandante General del hoy diputado por Melilla, Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu. En esa fecha al frente del Ministerio de Defensa se encontraba diputada popular Mª de los Dolores de Cospedal.

La operación, aunque secreta, fue desvelada por El Alminar de Melilla, en abril de 2017 y originó un gran revuelo mediático y varias interpelaciones parlamentarias. Entonces cometimos una imprecisión en la localización de sus restos, que situamos en el Panteón de Regulares 5, cuando en realidad está en otro más pequeño, el de Regulares nº 2. Hoy ha resultado el día apropiado para dar a conocer todo esto.

Nota:Sanjurjo reposa ya en Melilla | El Alminar de Melilla

El 4º Presidente y los Caídos de 1921


El Estado de la cuestión histórica

Juan José Imbroda Ortiz, 4º presidente de la Ciudad de Melilla, se ha convertido en el defensor del memorial a los soldados y militares caídos en 1921, y en defensor de la estatua de Francisco Franco, que es una estatua erigida a la memoria y exaltación de su figura personal, en lo que se denomina como franquismo tardío. La estatua de Franco dictador no tiene defensa posible. No merece la pena. Ha estado demasiado tiempo, de modo indebido, presente en las calles de nuestra ciudad. La otra opción, está en su derecho de pedirlo y proponerlo, pero también tuvo dos décadas para hacerlo.

Dice el 4º Presidente de Melilla que «los socialistas ya gobernaron dos veces y no retiraron la estatua«, lo que por un lado es cierto y por otro contiene su propia respuesta. Ahora los socialistas gobiernan por 3ª vez en España, y por 2ª vez en la Ciudad Autónoma y por eso mismo, esta vez la van a retirar. A la tercera va la vencida o la definitiva. No es algo pues, que pueda extrañar , es más, resulta lógico.

Monumentos y Mausoleos

Pese a que cuenta con buenos asesores en materia africanista e histórica, el senador y ex presidente Juan José Imbroda, mezcla monumentos y mausoleos, dos categorías totalmente distintas. Los monumentos recuerdan hechos específicos, como La carga de Taxdirt en 1909, o genéricos, como el de los Héroes de las Campañas (1931), que está en la Plaza de España, y que en realidad puede considerarse como un monumento al soldado desconocido. Sin embargo, este monumento, el más hermoso estética y conceptualmente de la ciudad, sí homenajea a todos Los Caídos españoles en todas las Campañas de Marruecos, desde que empezaron las Guerras de África. Implícitamente incluye a los soldados y militares muertos en la más sangrienta de todas, la de 1921, por eso tiene esa denominación.

Estos dos monumentos son, uno específico y excluyente, y otro genérico e inclusivo. El de la Plaza de España, con su bellísimo friso de la Madre Patria, es el monumento matriz de Melilla. Quizá el único que hace referencia a las miles de madres españolas, que perdieron a sus hijos en las Guerras de Melilla.

A los que sucumbieron por la Patria

El Mausoleo o Panteón de los Héroes de las Campañas, cuya construcción se inició el 7 de enero de 1911, con la presencia del Rey Alfonso XIII en Melilla, es un túmulo funerario que consta de capilla, cripta, osarios, nichos y bóveda. Fue costeado con las aportaciones de una suscripción popular llevada a cabo en toda la nación. Su bendición e inauguración se produjo el 8 de junio de 1915. Desde esa fecha se fueron trasladando hasta él, a todos los restos de soldados y militares caídos en combate, de las diversas guerras y combates sucedidos hasta esa fecha, en toda la zona Oriental del Rif.

Tras la catástrofe de 1921, y dados lo miles de restos anónimos, sin posibilidad de identificación, que se fueron encontrando diseminados por todo el territorio, se abrieron dos grandes zanjas, en las que se iban inhumando los restos de los soldados que se iban encontrando, a la par que se recuperaba el territorio perdido.

Monte Arruit tuvo un cementerio propio, denominado La Cruz, en la que se enterraron los más de 3000 restos humanos procedentes de la masacre homónima. Si en Annual, Igueriben u otros lugares puede hablarse de caídos en combate, en Monte Arruit, no. Fue la masacre inmisericorde de un Ejército que se había rendido y depuesto las armas, en espera de que se respetasen sus vidas. La Cruz de Monte Arruit albergó todos esos restos hasta el año 1948, cuando los cementerios de la región oriental rifeña comenzaron a ser trasladados hasta Melilla.

Los muertos españoles en esta localidad marroquí, están enterrados en la cripta principal, bajo la lápida con el célebre soneto de Goy de Silva, desde 1950. En la parte superior se encuentra una lápida con la lista de todos los cementerios exhumados. Por tanto, a los caídos en 1921 se les rinde memoria y agradecimiento en al menos dos lugares, en un monumento y en un mausoleo. Siendo muy puntillosos, se podría decir que lo único que no existe, es una lápida específica que hable de los muertos de 1921. Sin embargo, la mitad del cementerio de Melilla es puro recuerdo a los caídos en las campañas militares.

El monolito de Monte Arruit

El monolito de Monte Arruit, es una piedra que lleva grabado el soneto de Goy de Silva, y que estuvo sobre la cabecera de la Cruz del cementerio. Es por tanto una piedra sagrada, que sin embargo recibió muy mal trato público. Colocada por el 1er Presidente de Melilla, Ignacio Velázquez, en la plaza de España, fue objeto de vandalismo y de deterioro constante, hasta que tras una campaña ciudadana, llevada a cabo en el Foro del diario digital Meliya.com, se consiguió su restauración y traslado al cementerio, durante el mandato de Juan José Imbroda (2000-2019). El monolito fue donado tras una suscripción popular del diario ABC.

El único monumento ausente en el cementerio

El único monumento, o placa conmemorativa que falta, deliberadamente, en el cementerio de Melilla es el que haga referencia y homenaje, a los 300 melillenses abatidos durante la represión franquista. Todo lo demás son ganas de confundir, y de crispar el ambiente social y político de la ciudad. La fosa a la que fueron arrojadas todas estas víctimas, sigue sin recuerdo alguno, 80 años después. Esto sí nos preocupa.