La ley de la motosierra


              Por muy lejos que se esté de Melilla, las noticias acaban alcanzándonos. El agosto melillense es un mes de barbaridades informativas. Es como si aprovecharan el vacío de la ciudad para llevar a cabo las cosas mas insólitas e inverosímiles. Los árboles empiezan a molestar en algunas ciudades, pues impiden la realización de proyectos megalómanos, destinados solo al beneficio de las empresas y de los comisionistas. La noticia del serrado desproporcionado de los árboles del bulevar del Real me llegó estando a más de 100o kms. de la ciudad. Ya habíamos escrito de ello, pero siempre habrá un vuelta de tuerca más.

        Si hay que serrar, talar o podar los árboles de modo salvaje y desproporcionado. Los de la calle La Legión en el barrio del Real  es una de las canalladas arbóreas más grandes vistas nunca en la ciudad. Este serrado de ramas, o talado completo de algunas, ha sido perpetrado contra unos ficus plantados allí en 1940. A lo largo de año han sido objeto de tres podas y serrados, que los han desprovisto de más del 50% de su copa. La calle de La legión es ya intransitable e inhóspita. No tiene sombra y lo que ante era un paseo fresco ahora es ardiente.

                    Les han serrado las ramas sin ni siquiera cubrir la superficie cortada con algún tratamiento que impida la entrada de insectos e incluso la posterior muerte del árbol. En el barrio del Real se puede observar ya troncos completamente secos, que puede quebrarse y caer en cualquier temporal, como está sucediendo en muchas otras ciudades de España, con caída constante de árboles y el consiguiente peligro para los ciudadanos.

               Nota: https://elalminardemelilla.com/2015/06/22/poda-y-repoda-en-el-barrio-del-real/

Buzones de correos en Melilla


Reliquias urbanas

              En el mundo de lo inmediato, de lo instantáneo, de la mensajería digital, acercarse hasta un buzón de correos y echar una carta resulta ya casi un gesto arcaico, sin embargo, y parafraseando al gran Lope: «quien te conoce lo sabe»; esto quiere decir que nada hay comparable a depositar una carta física en un buzón y esperar respuesta. El avance del mundo digital es tan rápido, que el mismo correo electrónico es ya algo obsoleto, y a veces inservible por la saturación que provoca el spam.

           Yo todavía, cada vez menos, uso el correo físico, sobre todo para las felicitaciones navideñas y para objetos físicos que no son convertibles a formatos digitales (word, pdf, o imágenes jpg). Lo físico es tan real como lo electrónico y digital, sin embargo el primero ocupa un volumen en el espacio, cosa que no sucede con los formatos digitales.

                Las cabinas telefónicas pueden desaparecer en cualquier momento, de hecho es algo que ya se está planteando Telefónica de España, debido a su ya escaso uso, al coste del mantenimiento y también debido al vandalismo urbano, que convierte algunas de ellas en puras ruinas.

                  Todas estas desapariciones implicarán la pérdida de puestos de trabajo, y con ellas se perderá un mundo imposible de recuperar o de explicar. La sensación de recibir una carta o una postal, no podrá compararse nunca a la mensajería instantánea.

                    Hace ya tiempo hablamos de las cabinas de teléfonos y hoy nos tocaba hacerlo sobre los buzones, cuyo estado no invitan precisamente al uso. Aun así, un amigo cartero me digo que mientras exista un buzón en la calle, existirá alguien que lo abra una vez al día y transporte las cartas y  postales a la correspondiente oficina de Correos. Mientras existan, los seguiré usando.

             Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/07/31/cabinas-telefonicas/

La resaca de Averroes


           La publicación de las fotografías de parte de los garajes de la barriada de Averroes hizo que El Alminar registrara 1713 visitas el primer día y 950 el segundo, casi 2700 en 48 horas. Era una realidad oculta que no se había mostrado. Una de las dificultades fue escoger 6 imágenes entre todas las realizadas. Se quería mostrar una sensación tétrica y el objetivo quedo alcanzado. Sin embargo apenas hemos mostrado la angustia que envuelve a 258 familias que viven en unos bloques, que ya no sienten como seguros. Las grietas están apareciendo por todos lados, incluso en algunos pilares. Las más llamativas son las de los marcos de las ventanas. Hay decenas y hay que mostrar las más significativas. Los coches abandonados en el garaje superaban la decena. Siempre hay que escoger entre aquello que se quiere mostrar. El impacto visual alcanzado ha sido grande, pero la realidad es peor.

      La prensa señala que ya se ha concluido la retirada de escombros y el problema parece solucionado, sin embargo,  el derrumbe solo ha mostrado una parte de lo que se esconde en unos edificios con solo 10 años de antigüedad. En una parte de la ciudad el drama se sitúa en el derribo de unas obras ilegales en un ático. En la otra, el drama es el estado incalificable de edificios completos. Sobre esta barriada se va  a hablar y mucho, en los próximos meses.

Instantáneas de la peatonalización


             Obstaculizando a los vehículos de emergencias

           No son zonas peatonales. Son zonas híbridas en donde nadie sabe qué hacer. Es difícil atravesar por el gigantesco paso de cebra de la calle Luis de Sotomayor. La mayor parte de los automovilistas no reconocen esa zona elevada como paso de peatones. Muchos vehículos lo atraviesan sin  mirar y es más peligroso que antes. La calzada no está diferenciada con un color que haga comprender a los conductores que no deben ceder la prioridad a los peatones.

                En las zonas peatonales se instalan unos «bolardos electrónicos», que delimitan la zona peatonal y que solo pueden accionar los vehículos de emergencias. Ayer fuimos testigos de las dificultades de estacionamiento que tienen las ambulancias que traen a los enfermos del hospital para realizar pruebas diagnósticas, en el escáner de Mariano Remartínez. Es ridículo ver a una ambulancia realizando infinidad de maniobras, entre farolas y maceteros, para poder situarse frente a la Unidad diagnóstica.

                     La Policía nunca aparca mal. Pueden hacerlo en donde quieran, pero también es absurdo que tengan dificultades de aparcamiento este tipo de vehículos. No se puede obstaculizar la labor de este tipo de vehículos. Eso es lo que han hecho en esta obra contracorriente. Las aceras fueron pensadas para proteger a los peatones. En las zonas peatonales se impide la entrada de vehículos de la forma antes mencionada.  Ayer se pudo ver como un «taxista», atravesaba la zona peatonal de Carlos Ramírez de Arellano, desde la intersección de la calle del General Buceta.

                     Todos tienen dificultades. Tanto los vehículos de carga y descarga como los de emergencias o los policiales. O se decide uno a ser completamente malo, o se queda entre los buenos. El quedarse a mitad de camino solo lleva a ser rechazado  por los primeros e ignorado por los segundos. La situación creada es absurda.

Averroes: el garaje dantesco


 

                            El garaje de Silent Hill

             Nunca había visto nada igual en el mundo real. En el virtual sí, cuando jugaba a Silent Hill, un juego en el que el protagonista se interna en una ciudad abandonada y con niebla constante. Algún que otro molesto zombie suelto rompía el silencio en ocasiones, pero nada más terrorífico que atravesar calles permanentemente vacías, rebuscar en un piso de apartamentos deshabitado con la única ayuda de una linterna, o entrar en un inmenso aparcamiento sin coches y en donde ya no aparca nadie.

             En mis muchas visitas a la nueva barriada de Averroes nadie me había mencionado jamás el garaje, hasta que una vecina, con la que comentaba los desperfectos de las torres construidas en 2005, me hizo la propuesta: ¿Has visto el garaje?. Le dije que no, y le pregunté que si tenía algo interesante que ver. ¿Quieres verlo?. No es un lugar del que suelan hablar, porque el 98% de las 258 familias del nuevo grupo de Averroes han olvidado que tienen garaje.

    Los dos sótanos colectivos de lo que un día fueron pensados como aparcamientos, no tienen comparación posible, salvo en el ámbito de las pesadillas . Ocurre que esta gente no se queja, sobrevive como puede en un territorio en donde los planes de empleo caen con cuentagotas. Melilla es la ciudad de las desigualdades y de los desequilibrios. Mucho para pocos en determinadas zonas,  y poco para muchos en otras.

                                   La situación del garaje comunitario

         En el principio el garaje era común a todos los bloques, pero eso fue antes de que existiera el tiempo. Los robos en coches y trasteros empezaron a proliferar, y los residentes fueron abandonando los aparcamientos. Hay que decir que a esta zona de aparcamiento solo se accede con llave, tanto en los ascensores como por las escaleras. No hay posibilidad de acceso libre desde el exterior.

       En el principio de la creación de Averroes, ese hueco oscuro y reventado de la fotografía era una «oficina de Emvismesa»*. No es un chiste fácil, es la realidad. No hay luz. Se han quitado los diferenciales. Los únicos trasteros operativos están en el sótano 1, pues al sótano 2 nadie baja. En época de lluvia, los bajantes se atoran y el agua alcanza medio metro de nivel. Inunda coches y la maquinaria de los ascensores. El sótano 2 es Silent Hill, allí no ha nada, salvo un viejo coche abandonado.

       No hay ruido de motores, los restos de vehículos que aparecen por allí llevan mucho tiempo en ese estado. No funciona la luz, ni los extintores de incendios. Nadie entra ni sale. el silencio es absoluto y atemorizador. No se oyen los motores de  las puertas correderas de entrada y salida a los garajes. Si alguien se queda allí encerrado tardarán mucho tiempo en saber que se encuentra en ese lugar. Hace ya algunos años que se tabicaron los accesos que comunicaban los aparcamientos y los bloques. Ahora los compartimentos son estancos.

           El secreto que se guardaba en lo oscuro ya está desvelado.

   Nota*: Emvismesa (Empresa Municipal de la Vivienda de Melilla).

Lavacoches en Melilla


             Melilla, ciudad sin nada

           Esta fotografía no es de una atracción del parque Warne, ni de Port Aventura. No es una visión futurista, ni un montaje. Es simplemente un lavacoches automático en una gasolinera de barrio en Almería.  En Melilla, la ciudad de los emprendedores, de los altos cargos , de aquellos que siguen viniendo aquí a hacer el agosto para luego marcharse y seguir dándonos lecciones desde fuera, de aquellos que su amor a la ciudad se incrementa según la distancia a la que tengan su residencia definitiva; esto no es posible. 

                     En Melilla los coches están sucios, pero es porque no hay manera de lavarlos con decencia. Si se necesita lavar el coche en cinco minutos no es posible. Hace años, una extraña normativa de Industria, obligó a cerrar a casi todos los lavacoches automáticos.  No tenemos ni siquiera Estaciones de Servicio al uso europeo. Solo queda el recurso al autolavado o al inmigrante ilegal. Luego quieren que la ciudad esté limpia y con aspecto de ciudad civilizada. Melilla, patrimonio del Tercer Mundo.

Comerse las señales de tráfico


            Esta frase hecha es ya una realidad diaria en las calles de Melilla. El estrechamiento de las calzadas, la ubicación de las señales sobre las zonas de giro, hacen que los automovilistas «se coman»  literalmente las señales de tráfico. En el Barrio del Real es una situación cotidiana. Los golpes contra las señales de tráfico son constantes. Algunas han sido derribadas hasta tres veces, como la de la calle Cataluña en su intersección con el sentido ascendente de la calle de La Legión. Lo peor es que ésta última ni siquiera ha sido repuesta y ahora no indica la ausencia de preferencia de paso para los vehículos que circulan en dirección a la calle Gurugú. El lunes de este semana que se cierra, un vehículo que giraba hacia la calle Castilla, se tragó la señal de tráfico, junto a la conocida cafetería de La Campana. Esta es la situación que han creado., la del colapso y el caos en el tráfico, tras años de amontonamiento de obras, sin un plan de ciudad colectivo. Se diseñan obras para áreas concretas, pero sin un plan conjunto o colectivo. El resultado es que esas obras provocan la saturación de vías urbanas que nada tenían que ver con las obras.

                 Ninguna administración, salvo que actúe de manera irresponsable, cercena vías principales de tráfico, como ha ocurrido en las calles de La Legión y de Carlos Ramírez de Arellano. La peatoalización de esa calle, provoca una densidad mayor en la colindante Duquesa de La Victoria, lo que convierte en un riesgo el simple hecho de cruzar un paso de peatones. El pasado viernes hubo allí un atropello, y al carecer de vías alternativas para evacuar el tráfico, el embotellamiento fue inmediato. La ambulancia tuvo dificultades para encontrar una posición, que no obstaculizara aún más el tráfico, pese a la actividad de la Policía Local.

                     Todavía no ha empezado al actividad normal de la ciudad. Los melillenses están acabando de regresar en estos días y el curso escolar no ha comenzado aún. En muy poco tiempo vamos a comprobar el impacto que estas obras van a provocar sobre los ciudadanos. El fluido de tráfico de la calle Luis de Sotomayor está estrangulado por el mega paso de peatones (el absurdo entre los absurdos) frente al Parque Hernández.  Todo era propaganda. La realidad es otra cosa.