Balcón modernista en situación de derrumbe


El modernismo consistía en hacer edificios lo más ornamentados posibles, con materiales baratos. Los que construían los edificios o encargaban la construcción era los propietarios, buscando edificios vistosos pero no excesivamente caros. Los elementos decorativos, ménsulas y molduras, eran de escayola, yesos u otros materiales pobres. Aparte, no existían en Melilla otros materiales de más consistencia. A todo esto hay que añadir que son edificios con una media de edad de 70 años y su situación estructural es muy comprometida. Hay situaciones irreversibles y abandonos intencionados.

El estado de este balcón y de todo el edificio es de una situación próxima al derrumbe. su propietario lo ha puesto a la venta. quien quiera comprarlo deberá acometer un proyecto de rehabilitación integral, que será muy oneroso, en las inmediaciones. apenas unos números más allá, en el edificio en cuyos bajos se encontraban «las bodegas Guerrero», se llevó a cabo una de las mejores rehabilitaciones de los últimos años, aparte permitió elevar el edificio en un altura, para al menos hacer rentable el proyecto de conservación.

El balcón de este edificio en la esquina de la calle del Gral. Astilleros está apuntalado y al borde del colapso. La zona está cerrada al paso peatonal. Hay que hacer un censo de lo que queda del modernismo en la periferia. Catalogar lo que está en situación de ruina inmediata y lo que no. Decidir qué se quiere o se puede conservar y empezar a actuar si se quiere conservar algo.

Barrio de La Victoria, espacio homeless


            Es comprensible que » los sin techo» (homeless), buscan lugares en donde refugiarse o pasar la noche. Es admisible que pasada una o dos semanas, los vecinos se percaten del asunto y tras dar aviso a la policía, se deshaga ese espacio. Hasta aquí todo entra dentro de la lógica, porque para todo hay unos plazos y unos tiempos. La labor de unos gobernantes es deshacer puntos negros una vez que reciben el aviso, ya sea de los propios ciudadanos( las más de las veces), o de los  propios servicios municipales.

     Lo que no entra en lógica alguna es que un espacio «homeless» se mantenga durante meses, por no decir años y que para mayor gravedad, la zona no solo no esté escondida, sino a la vista de todo el mundo y de modo diario. Esto está ocurriendo desde hace mucho tiempo en las inmediaciones, o en las lindes de un parque infantil, concretamente el del Bº de La Victoria, justo encima del Garaje Estrada. Esta zona es el techo del mencionado garaje. En la parte de atrás, hay una verja rota, por donde entran «malandros» de todo tipo, homeless, adolescentes, bebedores a tiempo completo, e incluso dueños de perros, que los llevan allí a jugar y a defecar. La situación es insólita y a la vista de todo el mundo, de los que juegan en el parque y de los vecinos de las inmediaciones, que para mayor ironía, se llama: «Calle de la salud».

      Pues sí, frente a la calle de la salud, se acumulan basuras incendiadas, basuras recientes y se practican todo tipo de actividades nocivas, precisamente para la salud. El dueño de este garaje, que es el mismo que el de la azotea, debe cerrar las rejas rotas por donde entras las gentes de malas costumbres, limpiar y desinfectar toda la zona y luego mantenerla limpia en el futuro. La Consejería de Medio ambiente, la de Sanidad o la que corresponda, deben exigir al dueño del solar, la limpieza inmediata del solar. Lo que no es lógico es que sean los ciudadanos los que se den cuenta de estas situaciones y tengan que denunciarlas por sus propios medios.

Ramón Buxarrais, el obispo santo en Melilla


Ramón Buxarrais, el obispo que no ha dejado de serlo

        En la capilla del Centro Asistencial de Melilla, todos los lunes, se producen las «peregrinaciones de San Nicolás», y en la misma capilla se rinde culto a un obispo que ya ha sido beatificado por el Vaticano. Dicen que Monseñor Buxarrais tiene especial interés en hacerlo santo, porque ambos fueron obispos de la Diócesis malacitana, aunque en diferentes épocas. Sin embargo, según los cánones cristianos, el santo no es al que se venera, sino el que fomenta esa veneración,osea, Monseñor Buxarrais.

        De los sacramentos eclesiales se dice que imponen carácter, lo que quiere decir que es muy difícil renunciar a ellos, caso del bautismo. Salvo que se profese una herejía, se convierta a otra fe o se reniegue de él. Lo mismo ocurre con los nombramientos eclesiales. No se puede dejar de ser sacerdote y no se puede dejar de ser obispo. Monseñor Buxarrais habla en sus escritos, y en las escasas entrevistas que concede. En uno de sus libros se llamó a sí mismo: «El obispo que no quiso serlo» y la realidad es que lo es pese a sus deseos, aunque emérito.

                       Un santo, pero no para esta Iglesia

        Monseñor Buxarrais, el obispo en Melilla, nunca ha explicado de modo convincente su renuncia a la Diócesis de Málaga y no lo ha hecho, porque a «la verdad» no se la puede mirar cara a cara, apenas pueden ser mostrada. La Iglesia de la que formaba y forma parte, le tolera, pero no le ha ornado  con la más mínima distinción. Jamás ha recibido la púrpura cardenalicia. Se saben y se comentan algunos de sus roces con algún Vicario Episcopal de Melilla, con algún que otro párroco. Sin embargo, él aguanta cualquier desplante con absoluta humildad y resignación, refugiado entre sus pobres y desvalidos ancianos y niños. Su silencio ante algunas de estas «ofensas» tiene más merito, cuando se sabe que en su carácter y en su genio se nota que ha sido y es obispo y también que pertenece al signo de Sagitario.

        Las opiniones de un obispo avanzado, heterodoxo y santo

        En alguna de sus entrevistas publicadas, no se mostró en desacuerdo acerca de la posibilidad de que las mujeres pudieran acceder al sacerdocio. Está claro que Monseñor Buxarrais era más un obispo de La Iglesia que alumbraba el «fugaz destello» del Papa Albino Luciani, que de las rigideces doctrinales y jerárquicas del Papa Wojtyla o de Benedicto XVI. Fue conocido como «el azote de La Jet-Set de Marbella», por sus palabras contra el lujo descarado y la banalidad de la ostentación de la riqueza.

       Sin embargo, sus choques más profundos se produjeron dentro de la vida eclesiástica. El cofrade zamorano Manuel Bueno Fincias todavía recuerda como el peor momento de su vida cofrade, cuando el entonces Obispo de Zamora Ramón Buxarrais (1972), intentó retrasar «dos horas» la salida del paso de La Amargura. La entrevista es de 2008. El resentimiento permanece inalterado tantos años después.

      El siguiente choque con las cofradías se produciría en Málaga, ciudad de la que fue Obispo desde 1973 y hasta su renuncia en 1991. Allí, en 1976 se atrevió a pedir a «las todopoderosas» Cofradías malagueñas, que: «vendieran todo su patrimonio, que lo repartieran entre los pobres y necesitados y que vivieran de acuerdo con las virtudes cristianas de la humildad y la pobreza». Afirmar esto en Málaga es como decir a gritos, dentro del Vaticano que: «Dios no es uno y trino». En aquella época, igual que ahora, la crisis azotaba con dureza las capas sociales más desfavorecidas y resultaba un contraste injustificable, esos tronos cargados de oro hasta los palios, y las gentes sin un pan que llevarse a la boca. Sin ser teólogo, afirmo que jamás el Jesucristo histórico predicó algo semejante, ni tampoco lo hubiese admitido.

      Para acabar estos desencuentros entre el Obispo malacitano y las cofradías, bastó su intención de impedir que tropas militares armadas desfilaran en la Procesión del Corpus. Probablemente hubo muchas mas cuestiones complicadas, pero estos son las que transcendieron a la luz. En Málaga hay quien todavía presume de haber echado al Obispo Buxarrais y quien afirma que las Cofradías son más poderosas que los sindicatos.

   En Melilla está relacionado con dos sucesos importantes. Uno es el de la suspensión de la Semana Santa en 1974 y el otro el de la autorización de la desaparición del culto al Cristo de Limpias en el Barrio del Real en 1989.

   Es un gran personaje en Melilla, en donde reside tras abandonar el Palacio episcopal de Málaga en 1991. Está poco reconocido fuera del mundo eclasial o del voluntariado de prisiones, cuya medalla de plata es la única distinción que ha recibido. Merecería el reconocimiento de Melilla, su nombre para una de sus calles, incluso la Medalla al mérito Social o la de Oro. En una iglesia diferente, sería uno de sus grandes patriarcas y a la larga, un santo.  Su intención es solo ser recordado con la misma frase que se dice de Jesucristo, su modelo Supremo, la de «pasó haciendo el bien».

    

Plaza del apar-caos


    Los trabajadores y funcionarios de Las Torres del V Centenario (a las que nadie llama así), sufren como nadie los efectos de aparcar en la Plaza del Consejo de Europa (a la que nadie conoce por ese nombre). La modalidad de aparcamiento en esta plaza es la de «barra libre» y consiste en aparcar el coche en las zonas habilitadas al efecto y luego rezar para que nadie te tapone la salida. Los rozones en los parachoques, los golpes y los estado de infarto son normales cuando descubres que tu coche se ha quedado encerrado, o cuando despues de completar el giro resulta que alguien ha cegado la vía del carril de salida y tienes que dar marcha atrás y buscar la salida por otro lugar. Tampoco es extraño que  a veces esté cerrada incluso la zona de entrada. El aparcamiento es caótico y sería peor si no estuviesen allí «los gorrillas», que como pueden regulan un aparcamiento dejado de la mano del destino y de la suerte.

         Todo sería más fácil si se pintase, «de modo duradero» , tanto las plazas de aparcamiento, como los carriles de giro y circulación y se señalase tanto la entrada como la salida. Si se pintasen las plazas en sus dimensiones lógicas, habría al menos un 20% más de plazas, que las que se demarcaron con las  invisibles losas suelo, que en teoría son de diferentes colores (verde y salmón).

La piqueta desfigura Melilla


             El inexorable avance de las demoliciones

          El Pleno de La Asamblea de Melilla del día 29 de septiembre, ordenó paralizar nuevas licencias de obras y detener las demoliciones de edificios, hasta que esté aprobado el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Justo un día después de ese anuncio las demoliciones siguen a buen ritmo por cualquier zona de Melilla. Se supone que son las ya autorizadas. Sin embargo, la sensación es de que la Consejería de Fomento no controla al 100% todo lo que sucede en la ciudad. Hay demasiados solares abandonados durante años, demoliciones constantes y en algunos caso, el inmediato inicio de la nueva construcción, sin que aparezca el preceptivo cartel de «licencia de obras».

     El problema no es que se derribe lo viejo, es que se construye sin la más mínima armonía y sin que los barrios se configuren de una manera orquestada y armónica. Los barrios se despersonalizan y se ha pasado de «estilos muy característicos» en cada barrio, al todo vale y al puzzle arquitectónico. Hay edificios de distintas alturas en una misma calle, de diferentes alturas y los voladizos más parecen dientes de sierra que otra cosa. La sensación del ciudadano, es que antes de acometer cualquier reforma que asegure y consolide el edificio, lo que se busca es la ruina estructural y posteriormente la demolición. Al final se despersonaliza el barrio y la propia ciudad.

   Hubo una época en que el catálogo de edificios modernistas y de estilo Art Decó, se extendían por toda la ciudad. Hoy ya apenas quedan unas pocas muestras en cada barrio, de lo que intentó ser «un diseño de ciudad» extendido y característico.

    Hace apenas un mes se derribó un edificio muy característico junto al HiperSol. El derribo fue tan rápido que apenas me dio tiempo a hacer esta fotografía y capturar la última parte del inmueble, suficiente para que aparezco el recuerdo. Hoy me he fijado en la demolición de este edificio del Tesorillo, el último de la calle General Pintos. He hecho las fotos para tener al menos una última imagen del mismo.

           Pero lo que me ha producido el mayor asombro, son las condiciones de seguridad en las que se está llevando a cabo la demolición. Nulas. No existen. ¿Dónde está la Consejería?.  ¿Se respeta alguna normativa en Melilla?. ¿Estamos ya en la Ley de la selva?-

  Nota: Fijense en la 3ª fotografía. No hay comentarios

Un árbol cae sobre una casa en el Tesorillo


    

         Enrique Delgado

       Las laderas y vertientes del cerro de Camellos está en situación de emergencia desde hace años, no sólo por la suciedad de la zona, sino también por los desprendimientos constantes del terreno, cada vez más degradado por la falta de conservación y por los desmontes que se realizan en los bordes, para construir nuevas viviendas. Se autoriza la construcción de viviendas justo en el límite de la ladera y no siempre se realizan con las debidas garantías técnicas. Esta vivienda ha recibido el impacto de la caída de un árbol y afortunadamente no ha habido que lamentar ninguna desgracia personal, pero a la vista de  las fotografías, podría no haber sido así.

      Las fotos que se han publicado muestran el árbol desde el interior de las casas y aunque son ya de por sí impresionantes, no queda tan explícita la peligrosidad y la situación de la zona, como con estas fotografías realizadas por El Alminar de Melilla.

     Hemos descendido, acompañados, por las laderas del cerro de Camellos, viendo la  suciedad (aunque las laderas fueron objeto de limpieza hace menos de un año), pero sobre todo, hemos podido comprobar la debilidad del terreno, muy degradado y en peligro de próximos desprendimientos. La ausencia de vegetación degrada la tierra con rapidez y la hace muy vulnerable a las riadas. Con la llegada de las lluvias, la tierra absorbe el agua, aumenta de peso y al no estar retenida por la vegetación, se desmorona. Las raíces de los árboles están a la vista en varios puntos y vaticinan próximas caídas, como la de este árbol caído sobre la casa, que ofrece una imagen espectacular. Hay restos de antiguos contrafuertes de la época del protectorado y evidencias de “apropiación” del terreno para pequeñas huertas y corrales.

       La acentuación del talud de la ladera para la construcción de viviendas y el desmonte del terreno para ganar superficie constructiva, son claramente la causa del desmoronamiento constante e inevitable, de las laderas del Cerro de Camellos. La actuación debe ser urgente y decidida sobre las laderas, cuya titularidad pertenece al Mº de Defensa, que es tanto decir como el Estado. Son ellos los que deben actuar y rápido. La situación no admite demora alguna.

Parada del tren turístico


          Son ya varios los años en los que el tren turístico recorre incansable (tireless,), el Centro Modernista de la ciudad, la Villa Vieja y parte del Paseo Marítimo sin haber sufrido apenas averías. Las dificultades de las rampas de Melilla La Vieja, sobre todo cuando va repleto de personas, hacen pensar en que el motor va a estallar en cualquier momento, sin embargo, esto no sucede nunca y bajo el calor veraniego, el tren turístico no falta  nunca a sus cuatro viajes diarios. Muchas veces va casi vacío, algunas con turistas y las más repleto de mayores del Imserso, del Centro de Día, de niños, de familias con ganas de hacer algo un poco diferente, o de otros grupos de excursionistas de la ciudad.

     Pero hoy, último día de septiembre el tren turístico ha tenido que ser remolcado y llevado a su apeadero en el Puerto Deportivo de Melilla. Parece que le ha fallado el motor, al igual que en verano se le quebrara  la dirección en el forzadísimo giro de la subida de «La Florentina», verdadera prueba de fuego para el tren turístico, la versión melillense del submarino británico Tireless (incansable).

   Esta mañana, remolcado por la grua, era conducido hacia un merecido  descanso. Son muchas las cosas que suceden en una ciudad y no nos enteramos de todas. Yo creo que el tren debería ser bautizado con ese nombre: Incansable, en su versión en español. Dejo la idea para la Viceconsejería de Turismo.