Unidos por el Parque Hernández


El Parque Hernández es el símbolo de la ciudad de la expansión, la que surgió tras los Acuerdos con Marruecos de 1860, y la que se abrió a un terreno nuevo tras la larga noche de los 400 años (1497-1860). Tocar o alterar un símbolo es muy arriesgado. Desde este blog y a lo largo de más de una década, hemos denunciado algunas excentricidades que se han llevado a cabo en su interior, y la pérdida de árboles y de palmeras.

Existe una interesante Guía didáctica sobre el Parque, editada en 1990 por el Centro de Profesores de Melilla, y elaborada por los profesores/as : Adoración Perpén, José Mª Cano y Vicente Moga, con ilustraciones de Julia Picazo y Tala Moga. En la guía se relata toda su historia, su origen, su fundamento, su localización y su transformación.

El ingeniero militar que redactó el proyecto del parque en 1901 fue Vicente Garcia del Campo, materializando una idea del General Venancio Hernández, al que se considera como promotor intelectual del mismo. El parque, que desde su origen fue denominado con el sobre nombre de Hernández, se inauguró el 18 de mayo 1902. como recoge el historiador y militar Francisco Saro, en su obra: Notas sobre Urbanismo, Historia y Sociedad en Melilla (1996). Esta zona de la ciudad era nueva y estaba en constante transformación y delimitación, como el propio parque, que desde su inicio estuvo delimitado por un muro o verja. La plaza de España fue se materializó en 1915. El parque Hernández se urbanizó 1906 y el primer templete de música se alzó un año después. El cerramiento del parque se completó en 1914, año en el que se edificó su portada actual.

La cuestión del muro

Lo que identifica al parque es su muro, es más, hasta que no se completó su cerramiento, fue objeto de mordidas urbanísticas, surgidas la necesidad de crear nuevos barrios y su urbanización. Por tanto, el parque Hernández es un legado físico a la ciudad, que permanece en sus actuales dimensiones y entorno desde 1914. La defensa del muro que es también la defensa del parque, está siendo apoyada por entidades y personas de diversa índole y procedencia, en un movimiento transversal, que no puede identificarse como «un ariete contra el Gobierno actual», por más que algunos hayan intentado aprovechar esta circunstancia. De hecho, el Partido Socialista, que pertenece a ese mismo gobierno, apoya el mantenimiento del muro perimetral, que es realmente lo que lo aísla y protege del urbanismo extremo, en una ciudad con limitación de espacio. La convocatoria fue lanzada por Guelaya-Ecologistas en Acción y secundada por otros grupos, como el Movimiento en defensa del arbolado.

Lo que no se entiende, es la obcecación de la Consejería de Medio Ambiente en su derribo y transformación integral, algo que no sucede desde 1914. La ciudadanía, desde muy diversas procedencias, ha ofrecido todo tipo de razones para mantener esa delimitación física. El Parque Hernández ya ya sufrido muchas pérdidas y deterioros, como para consentir lo que probablemente sería la más agresiva, e incluso un primer paso para su desaparición futura. Es un símbolo de Melilla y también un legado de la etapa más ilusionante de esta ciudad, la de la expansión.

Los muros no siempre separan. Hay una parte por la que unen, y es el adarve o camino de ronda.

Clareo y epílogo del parque Lobera


El parque Lobera fue creado en algún momento anterior a 1930, sobre lo que era una loma pelada y árida, en la que existían multitud de barracones, que servían de alojamiento a decenas de familias del denominado «Ataque Seco«. Fueron necesarios tres años de trabajos y planificaciones para delimitar su terreno y realojar a los allí asentados. Dos edificaciones de la época franquista redujeron su tamaño. Las más agresiva de todas fue la construcción del Auditorium Carvajal, en la década de 1960, junto con el edificio de Correos y Telégrafos.

A partir de ahí conservó su perímetro y arbolado, sobre todo porque fue olvidado. Las reformas realizadas en toda la ciudad siempre lo dejaron al margen, y esa fue su mejor baza para preservar su frondosidad. El ambiente decadente le otorgó una aspecto bucólico que lo hacía distinto a cualquier otro lugar. Solo precisaba de mantenimiento y de unos cuidados mínimos. Era el parque más umbrío y fresco de toda la ciudad.

El «milenarismo» se fijó en él en el año 2011, para hacer un funesto proyecto de reforma, con «una fuente de 1000 colores», prometida por el entonces consejero de Medio Ambiente. La falta de presupuesto salvó al parque por unos años más, pero ya estaba sentenciado. En 2013 grabamos uno de los primeros vídeos del Alminar, que hoy ya tiene la categoría de clásico.

Sin embargo, y aunque parezca una redundancia, lo inevitable no puede ser evitado, por más que se advierta sobre ello. Nos mantuvimos vigilantes sobre la conservación del parque, sin escribir demasiado sobre él, para no llamar la atención. Pero lo inevitable acaeció en 2019, cuando el gobierno anterior pergeñó una oleada de 39 obras y proyectos, para dar un vuelco a la imagen de Melilla, entre los que se incluía este parque, con la intención de crear una onda de choque electoral.

Un parque casi centenar de años, crea un propio ecosistema y se mantiene en la adversidad, en un delicado equilibrio. Las máquinas retroexcavadoras, las palas y martillos hidráulicos entraron en el parque, removiendo el suelo a más de dos metros de profundidad, y alterándolo todo de modo inmisericorde. Había que dejar sitio para cientos de toneladas de hormigón, piedra artificial y solería nueva. Se abrieron zanjas para cableado y se instalaron tuberías de diámetros enormes. El camino a la destrucción estaba servido.

Fue un plato ideado por un gobierno y recocinado por otro, con un presupuesto millonario, como no podía ser menos. Por tanto, la responsabilidad es compartida. Han desparecido entre 15 y 30 árboles. El clareo asoma por cualquier lugar y todavía está todo a medio terminar. Existen amplias zonas que todavía están por hacer y eso que las obras se iniciaron en 2019. Las historias hay que terminarlas, y como hemos escrito sobre este parque en El Alminar, no podíamos dejar esa historia sin cerrar. el resultado es desolador y está a la vista de todos/as. También se eliminaron y taparon vestigios históricos, sin contemplación alguna.

Son ya 11 años de observación y de testimonio. En este blog siempre hemos tenido como norma el mostrar con imágenes aquello que intentamos describir, para que aquel que lea, saque sus propias conclusiones.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/05/09/parque-de-candido-lobera-melilla/; https://elalminardemelilla.com/2019/10/22/remodelacion-en-el-parque-lobera/

El camino del Encuentro


Parábola del camino del Encuentro

Estaban todos/as los que han pasado la Semana Santa en Melilla y han seguido las procesiones. Estaban también todos aquellos/as que regresan a lo largo del fin de semana. Estaban todos los que acuden, como en un ritual, al encuentro de esta singular procesión, una de las más luminosas de Melilla, no solo porque se celebra a medio día, sino porque también suele marcar el inicio de la temperatura más cálida. Eso sí, cuando el fin de la Pascua cristiana acontece en la mitad del mes de abril, hecho que se repite cada tres años.

No hay otro camino que el del encuentro, cuya parte más vistosa es la que se produce en la plaza de España y en la Avenida principal de Melilla. Sin embargo tiene una parte menos visible, más dura, que es la del traslado de los tronos hasta su encuentro, y luego el regreso, casi en solitario, a sus templos de reposo y culto.

El simbólico encuentro de las imágenes del Resucitado y de la Theotokos (Madre de Dios), puede servir también como metáfora y parábola para la ciudad del «encuentro de culturas», que tiene una parte muy vistosa, y otra menos visible de trabajo constante para fomentar esa convergencia cultural sobre la ciudad común. Siempre existen roces y fricciones, unas casuales y otras con alguna intencionalidad, pero para el bien de todos, empieza a percibirse una naciente voluntad de superar todas esas dificultades y la intención de mantener ese espacio colectivo. No es un trabajo fácil y sí es una labor constante, muy exigente, diaria, en la que no se puede desfallecer, pero en la que pueden existir errores, como en toda actividad humana.

Este año han coincidido la celebración del Ramadán, junto con la Pascua judía y cristiana. El año que viene, que será electoral, se volverá a producir la misma circunstancia, porque la semana santa coincidirá con la última semana de marzo, y el adelanto anual del mes sagrado musulmán también tendrá una semana común con la conmemoración cristiana, que está indisolublemente unida a la Pascua del Pesaj. Es algo en lo que ya se puede ir pensando, porque una vez finalizadas, nos lanzaremos de modo irremisible a la cita electoral de mayo.

Las procesiones han vuelto a nuestras calles después de una ausencia, forzada por la pandemia, de dos años. Esperemos también que este año permita también el reencuentro de los melillenses con su Patrona, que no procesiona en la ciudad desde 2017, es decir, desde hace un lustro.

Detrás de cada Encuentro hay mucho trabajo, mucha labor callada y oculta, mucho esfuerzo constante y también la ley inexorable del azar. Todo es frágil. No siempre estaremos cerca, no siempre llegaremos a tiempo. Pero el encuentro siempre tendrá su camino.

Cuestiones en procesión


    Cada año salen las procesiones a las calles y se repiten, cual salmodia,  las retahilas de argumentos a favor y en contra, o las bulas de aquellos que intenta reducir todo lo que acontece a una sola expresión, o a ninguna, que tanto da.

   Expresión de fe, cultura, fenómeno religioso, tradición, religión al margen de la Iglesia, todo, nada, individual, colectivo. Es todo eso y también cualquier otra cosa que queramos, porque ni siquiera la religión explica toda la vida.

   Hay años en los que estaremos más pendientes, otros en los que menos. La olvidaremos durante un lustro, o no podremos vivir sin ella. Esperaremos a que regrese el año venidero o nos cogerá por sorpresa. Es igual, cada año permanecerá ahí, porque es todo eso que hemos dicho y también lo que ni siquiera hemos pensado. A quien quiera buscar en estas fuentes de sabiduría, encontrará tanto agua dulce como ajenjo.

  Acudiremos a las calles a ver sus ritos y su liturgia, ó a disfrutar de la contemplación de las imágenes en sus tronos o en sus palios. Nos aturdiremos y dejaremos llevar por los sones y acordes de clarines, trompetas y tambores, mientras nuestros sentidos se embriagan con las oleadas del incienso.

  A veces mirando no veremos y escuchando no oiremos, y aunque tengamos ojos y oídos, no entenderemos. Por eso se explican algunas cosas en parábolas.

  La Pascua judía y cristiana coincidirán siempre y hasta el final de los tiempos, porque Jesús, el Cristo, era un rabí judio, además del Ungido de Dios. Sin embargo, en esta ocasión , como cada ciclo de 31 años, coinciden las Pascuas de las 3 religiones del Libro, aunque técnicamente, no sean el mismo libro, ni la misma redacción.

  La coincidencia temporal se debe haber aprovechar para buscar lo común y no lo que diferencia. Si la religión, que es algo íntimo, se hace extensivo a la esfera pública, surgen los roces. Cuando lo religioso quiere ocupar todo el espacio, se acrecienta la distancia. El hecho religioso es parte de la cultura humana, pero no su totalidad.

Una de las cuestiones irrenunciables de las sociedades y Estados europeos, es la laicidad de las instituciones y de sus sociedades. Por ello resulta perniciosa la discusión acerca de la presencia de autoridades en la procesiones. El confesionalismo es para otro tipo de Estados. En toda religión hay una parte que se exhibe de cara a la calle, al exterior, y otra que se encuentra sumergida en donde no alcanza la vista.

No podemos saber cuál opción es más auténtica. Tampoco lo pretendemos. Quien busca en lo público la recompensa, allí la tendrá, quien la pretenda en lo secreto, alli la encontrará.

Reconocimientos, homenajes, distinciones


¿Es Melilla una ciudad que como Saturno devora a sus hijos? ¿Por qué costó tanto reconocer a Fernando Arrabal, por qué cuesta tanto aceptar el mérito de Javier Imbroda?

Cualquier reconocimiento, cualquier homenaje, cualquier distinción, debe estar precedida de un sentimiento popular amplio. Hacerlo desde el clan, desde el grupo, desde un sesgo político determinado, araña la popularidad y oculta el mérito de la persona.

El prematuro fallecimiento de Javier Imbroda, hijo de Melilla, ha sacado a la luz, como un relámpago, todos los méritos deportivos del que fuera entrenador del Mayoral Maristas, Unicaja, Real Madrid, selección de Lituania, y la selección absoluta de España de baloncesto, en donde ya es un mito inmarcesible. Todo ese pasado espléndido ha reverdecido en los labios y memoria de decenas de personas que convivieron y compartieron con él innumerables momentos y vivencias. La verdad es que no ha faltado nadie en destacar sus muchas cualidades personales y como entrenador deportivo del máximo nivel.

Los que no le conocimos, podemos hacernos una idea de su dimensión humana, leyendo y cribando todos esos recuerdos de personas de indudable calidad, como Pau Gasol, Valdemaras Chomucius o Nacho Rodríguez, quien publica en el diario Sur, una sentida y muy reveladora carta de homenaje.

Mientras todo el mundo habla, el silencio en Melilla es espeso y cortante. Hay una carta de la periodista Tania Costa: «Melilla espera más», que expresa muy bien ese sentimiento contenido y expectante.

El Alminar de Melilla es un blog de la ciudad, un legado para el futuro, y no podíamos quedar atrapados en ese silencio frustrante. Esta ciudad necesita nombres para el futuro, necesita ejemplos, y en un mundo que se fija en los deportistas y en el deporte como modo de superación personal y colectiva, el de Javier Imbroda deportista, es uno de esos ejemplos necesarios. Hacemos solo alusión a su faceta deportiva, porque en ella hay méritos objetivos e incuestionables para todas y todos. La autoproclamada ciudad y capital del deporte, no puede permitirse dejar escapar esta segunda oportunidad, para reconciliarse con uno de sus hijos más emblemáticos en esta faceta. ¿Qué es ese más que merece y por el que se preguntaba Tania Costa?

Lo vamos a decir muy claramente. No hay mayor honor para un melillense, que su nombre quede unido a la Medalla de Oro de Melilla, y también a alguna de sus calles más principales. Ambas cosas merece, porque este nombre seguirá apareciendo en los buscadores del futuro, ligado a la historia del baloncesto. Los reconocimientos en Andalucía van a sucederse en cascada, pero hay acciones que deben ser recordadas aquí.

De nuevo, el diluvio


El nombre y el número de la bestia

El número de la bestia es 6, tres veces 6 y las cifras de 2022 suman 6. Ya tenemos también el nuevo nombre de la bestia, que se ha descubierto en este año, y en el que todos estarán de acuerdo, Vladímir Vladímirovich Putin, un lugar en el que se ha colocado él solo, junto al de Domiciano, el emperador romano que persiguió violentamente a los cristianos entre los años 80 y 90. No solo hay que ser malo, sino que alguien lo difunda y fije para la historia. En la época de Roma, quien decidía y tenía capacidad para perpetuar el nombre de los malos era la Iglesia, que fijó su nombre para siempre. Cada época tiene su hombre malo, pero los malos del pasado ya han envejecido y no dicen nada a las generaciones actuales.

Se necesitaba un malo universal, porque Saddam Hussein y Muamar el Gadafi, Augusto Pinochet o Jorge Rafael Videla, siendo personajes malvados, no alcanzaban la categoría de malos universales, eran además algo fantoches y esperpénticos. Vladímir Putin, del mismo nombre que Vlad Dracul, si tiene esa categoría de malo, sin elementos atenuantes. Es malo para todo, y además tiene ya enfrente a los Estados Unidos, que no solo es el país más poderoso de la Tierra, sino que además tiene la mayor maquinaria de propaganda de la historia: Hollywood. Esto garantiza que ya nadie le bajará del pedestal en el que él mismo se ha colocado. No es lo mismo ser un malvado, que ser un «malo». Otro gran malo fue el camboyano, líder de los Jemeres Rojos, Pol Pot, pero también queda ya lejos. Vlad Putin sí es un malo para este siglo, para los posteriores y para la historia universal, hasta que finalice. Lo que le diferencia de los mencionados, es la mentira, algo a lo que nadie da excesiva importancia y sin embargo, es decisivo. Cuando fue preguntado sobre si iba a invadir Ucrania, quejo que no, de modo categórico. Esto es algo que caracteriza al malo, al diablo. Que cuando se le pregunta, siempre miente.

El diluvio en Melilla y los embalses urbanos

El diluvio llega sin anunciarse y se produce en muy pocas horas. Desde octubre de 2008 no habíamos vuelto a ver el río de Oro con semejante caudal. El agua es incontenible, probablemente el fenómeno o agente natural más devastador, porque no hay manera de detenerlo. El agua siempre busca sus cauces, y arrambla con todo, tanto las obras nuevas, como las antiguas, siendo estas últimas las más vulnerables. Calles cortadas y convertidas en torrenteras. Pequeños embalses urbanos, especialmente en las calles con diferentes niveles, en los pasos de peatones adaptados y en otras nuevas ocurrencias.

El fuerte de María Cristina


Paseo en un fuerte exterior abandonado

La ciudad histórica de Melilla mantuvo su defensa de dos formas, una activa y otra pasiva. La primera se llevó a cabo mediante la construcción y conquista de los cerros próximos a la ciudad, o lo que es lo mismo, ampliando el perímetro defensivo lo máximo posible. La segunda fue mediante la construcción de murallas gigantescas y baluartes, que la hacían imbatible para la artillería de la época.

Dentro de esa larga lista de fuertes exteriores existen dos tipos, los históricos y los modernos. Ya no queda ninguno de los históricos, y sí varios de los modernos, construidos a partir del Tratado con Marruecos de 1860. De este segundo grupo quedan en pie los de Camellos, Sidi Guarich, san Francisco, Rostrogordo, Cabrerizas Altas, Reina Regente y el de María Cristina.

Fuerte de María Cristina (1890)

Se construyó entre 1893 y 1895 y también se le conoce como fuerte del Polígono. El fin de la guerra en el denominado «campo de Marruecos» (la última guerra del campo exterior fue la de Margallo en 1893) dejó casi sin uso defensivo la mayor parte de estos fuertes de defensa. Su segundo uso fue el de guarniciones militares, prisión militar. El último cuerpo armado que estuvo aquí fue el de la Guardia Civil, hasta los últimos años de la década de 1990. Posteriormente y durante muy poco tiempo, parte de sus instalaciones se usaron como Escuela Taller. Finalmente el abandono absoluto, como todo.

Hace 20 años o más, estuvimos allí, acompañados de un trabajador. Todo estaba recién abandonado, pero ya fuertemente deteriorado. No existía el mundo digital, así que las fotos son de cámaras mecánicas, con carrete de negativos. Aquí estuvieron los presos militares más significados, de los que se mantuvieron leales a La República, entre otros el Comandante General de Melilla Manuel Romerales Quintero, salieron de aquí para ser fusilados en la explanada de Rostrogordo, entre 1936 y 1939.

Fuerte y bosque

Lo que es inigualable, es el pequeño bosque de pinos que rodea el fuerte, de 27 ejemplares. Los contamos para evitar la acción de la motosierra. Es una magnífica zona verde que solo precisa de conservación, no de reinterpretaciones. Además tiene unas chumberas en magnífico estado, algo ya inusual, por que están desapareciendo por culpa de un hongo. El fuerte como tal parece irrecuperable. Son más de 20 años de abandono y destrucción. Actualmente se accede al interior por la parte del foso, en donde existe una puerta abierta. Todas las demás posibles entradas fueron cegadas hace mucho. La inversión en restauración, limpieza, reparación y posterior mantenimiento conllevaría un costo casi inasumible. Nunca entenderemos el modo de enajenar cuarteles, residencias, y fuertes que lleva a cabo el Ministerio de Defensa en Melilla.