Deterioro en la ciudad vieja


En Melilla La Vieja hay demasiado descuido, demasiado vandalismo, y demasiado poca vigilancia. Si hace menos de un año que se terminaron las obras de rehabilitación de la zona y ya empiezan a verse cosas así, es que algo está fallando. Un gran error del gobierno de Partido Popular, fue deshacer el cuerpo de vigilantes nocturnos, para crear una guardia de corps o pretoriana, que luego fue fulminada por los Tribunales de Justicia. Desde entonces, la práctica totalidad de sus integrantes están repartidos en tareas administrativas, lejos de las funciones para las que fueron pensados y creados.
La noche de Melilla está en manos del vandalismo urbano, de los deambulantes y los merodeadores. La ciudad vieja es la matriz de la ciudad actual, se ha rescatado desde un estado lamentable y de abandono total, pero parece, a juzgar por estas imágenes, que son incapaces de combatir la entropía en esta zona emblemática de la ciudad. El 17 de septiembre (aniversario de la Conquista) está ahí mismo, y el 8 de septiembre (día de La Patrona), a la vuelta de la esquina.
Los pocos turistas y los también pocos melillenses que se atreven a subir hasta sus escarpadas calles, se encuentran con una mezcla de lustrosidad artificial y un evidente deterioro urbano. Estamos a escaso días de importantes actos oficiales en Melilla La Vieja. Se ha invertido mucho dinero allí para que se empiece a ofrecer este resultado. Los Museos de no son excesivamente visitados. El Museo Municipal sigue sin director y el Ibáñez de pintura moderna, no ofrece resultados a la altura de la altura de la inversión en él realizada.
No hay servicios públicos en la zona, el yacimiento del Gobernador yace abandonado y sin futuro, como el propio edificio, e incluso una existente y sin actividad, Asociación de Amigos del Pueblo, conserva un local al que no le da utilidad alguna, salvo la paella del día 17 o 18 de septiembre. El conjunto sigue sin ser arropado por un plan de dinamización. Todo lo que se hace allí es de modo esporádico, como los «Conciertos a la luz de la Luna».
La pregunta es siempre la misma. Si existen cargos públicos, e incluso una Fundación Melilla Monumental, que debe vigilar la ciudad vieja: ¿por qué nadie advierte al Gobierno de Melilla de estos deterioros?.
La piedra artificial empleada también en la Plaza de Las Culturas, se quiebra con demasiada facilidad y se deteriora con rapidez. Estos son solo cinco detalles, pero hay casi un centenar de ellos.

Cuando el bar es la calle


Melilla, la ciudad del ruido público
Hay ordenanzas municipales que impiden beber en las calles, y no se trata de que te detengan por ir con una lata de cerveza, un refresco, una bebida energética, o un botellín de agua. Tampoco hablamos de los bulevares o plazas pobladas de pseudo terrazas, que sirven como ampliación al pequeño local de restauración que le sirve de matriz. En Melilla es usual que la acera, o la calzada se pueblen de mesas de los locales de restauración colindantes, cercenando casi el paso de los viandantes, como ocurre en algunos lugares céntricos. Imaginamos que todos esos negocios tiene los preceptivos permisos, aunque algunos han ampliado el local con instalaciones fijas, que merman el espacio público sobre el que se encuentran. Todas estas son las situaciones privilegiadas, aquellas que cuentan con licencia y permiso de explotación.
Sin embargo, todas estas son actividades molestas, porque generan ruido e impiden el natural descanso de los edificios colindantes. Para conjugar los dos derechos, el del descanso y del trabajo, se debe ser muy estricto en la observancia y cumplimiento de las normas, que es justo lo que no ocurre en Melilla, en donde son los propios propietarios de locales, los que piden el incumplimiento de la hora de cierre. Gente andando y bebiendo hasta altas horas de la noche, generan ruido y molestias. Melilla es una ciudad extraordinariamente ruidosa, es casi una capital del ruido urbano.
Eso sí, existe una zona (explanada de San Lorenzo), en la que vive el actual Consejero de Seguridad Ciudadana, en la que se ha impedido incluso la circulación rodada por la noche, algo absolutamente insólito. En el resto de la ciudad se puede hacer de todo, no solo por la noche, sino a cualquier otra hora del día.
Del botellón al botellín
El barrio del Real y la calle Mar Chica eran lugares tranquilos hasta hace muy poco, pues los locales de copas y nocturnos se habían asentado en el Puerto Deportivo. La situación se está invirtiendo por el progresivo cierre de los locales nocturnos de Puerto Noray, y se están volviendo a instalar en el barrio del Real y en el del Tesorillo. Se evita el ruido en algunas zonas, y se le echa encima a otras.
Todas las mañanas, las papeleras y los alcorques de la calle Mar Chica aparecen llenos de latas y botellines de cerveza y de envase de pizzas. El cierre nocturno del vial que divide los dos sectores del Parque Forestal, por los incidentes que se estaban produciendo allí, obliga a la población juvenil ambulante a recorrer la ciudad de nuevos lugares en los que beber, charlar o comer pizzas.
Cuando se carece de una visión conjunta de la ciudad y cuando no hay alternativas para nada, lo único que ocurre es que se trasladan los problemas de unos lugares a otros, pero sin arreglarse nunca. Las/os trabajadoras/es de la limpieza pública, dedican las primeras horas de cada mañana al vaciado de las papeleras y a la limpieza de los centenares de botellas de bebidas y otros envases que se encuentran en la calle, todos los días, en el San Fermín permanente de Melilla.

Las mejores aceras de Melilla VI



En busca del doble bordillo

En el mes de enero, encontramos una calle con doble acera en el barrio de Batería Jota, en la calle Ramiro de Maeztu. Pensaba que era un hecho excepcional, fruto de una reforma parcial, que mantuvo el anterior acerado, pero no fue así. No se trata de una excepción, sino de un vicio, el de no hacer las cosas bien, ocasionar constantes molestias al ciudadano, y a se posible, tener un gran caladero para «obras constantes».
Esta doble, doble acera, o doble bordillo, se encuentra en la calle Alferez Francisco Soriano, en el Monte de La Libertad (antiguo Calvo Sotelo, nombre imposble de erradicar). Afecta a ambos lados de la calle, por lo que el peatón o viandante, se encuentra con la misma dificulta en ambos lados de la calle. Una calle ya de por sí complicada, porque tiene una gran pendiente. Es insólito, e inexplicable, que las cosas se mantengan así durante años, sin corregir los desniveles, en una ciudad en estado de obras permanente.
Esto crea dificultades para el tránsito de las personas, para el tráfico rodado, impide la creación de nuevas plazas de aparcamientos, y provoca caídas de los ciudadanos/as. Y por si fuera poco, la comunicación con la calle colindante, Cadete Pérez Pérez, es casi inaccesible para personas con discapacidades y/o cochecitos de niños. La gestión y no toda, está solo en el centro urbano.
Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/01/05/las-mejores-aceras-de-melilla-iii/

El bache brutal


     Esta bache brutal se encuentra en la parte alta de la calle Mar Chica, por encima de la calle de Badajoz, y casi llegando a la intersección con la calle del Monte Gurugú. Es una prueba evidente de una gestión desordenada y mal coordinada. Las calles se abren una y otra vez, una vez asfaltadas, para meter en ellas todo tipo de cableado, o por rotura de las conducciones de agua. Hace no más de tres años, se abrió todo el pavimento de la ciudad, para cambiar todas las tuberías de conducción de aguas. En donde había asfalto se parcheó con hormigón, en donde había losas de cemento se volvió  a parchear con más cemento, y así hasta componer un remiendo absoluto.

         El pavimento parece estar  zurcido. Por tanta grieta, cuando llueve se filtra el agua y la cimentación de la superficie de rodadura se agrieta, se hunde, se levanta o todo a la vez. Esto es lo que ha sucedido en este tramo final de la calle Mar Chica, en sentido ascendente.

            Todo se abre una y otra vez, con el consiguiente gasto extra de dinero, y sobre todo, sin conseguir que ninguna calle de Melilla esté en óptimas condiciones de rodadura. Esta es la realidad. La propaganda ya nos la sabemos.

Poste de tendido cero


        Este poste se encuentra en el inicio de la avenida de la Duquesa de La Victoria, en el lado de los pares. Es de tendido cero, y pertenece o pertenecía a Movistar, antes Telefónica. El Alminar fue advertido por un colaborador de su existencia (Uno de Melilla), y nos remitió algunas fotos. Fuímos hasta allí y comprobamos que aunque tiene cable, ya no conectan a ningún sitio, por eso le llamamos de tendido cero. Hay un cable eléctrico que arranca en el bulevar de la avenida, y parece que llega hasta el poste, pero es solo un efecto óptico, pues pasao por detrás, aunque a escasa distancia. El antiguo cajetín telefónico ya no tiene conexión alguna, por lo que ya no presta ningun servicio y solo ocasiona incomodidad y  peligro, el de darse allí una «ostia» y no precisamente santa.

  En nuestra campaña por la eliminación de postes innecesarios y por su correcta ubicación, este poste acumula todos los puntos necesarios, para su retirada inmediata.

Apostados


El problema de los postes eléctricos en Melilla

     Apostar o apostarse es situarse una o más personas en un determinado lugar para un fin, que puede ser bueno o no. Apostar es también hacer una apuesta. La colocación de postes eléctricos en Melilla, concuerda con la primera acepción. De aquí surge la expresión «a posta», que es la realizada con una intencionalidad determinada, sin que quepa la casualidad en ella.

     En El Alminar he escrito 10 entradas sobre postes eléctricos, telefónicos y farolas y sobre la peligrosa colocación de estos en la vía pública, sin respetar la normativa, que seguro existe, sobre su fijación a una determinada distancia del bordillo. Es la compañía eléctrica, Gaselec, la que se lleva la palma en cuanto a la mala colocación de los mismos, aunque también es cierto que es la que tiene un mayor número de postes en las calles. A mayor cantidad de postes, hay más probabilidades de que estén mal colocados.

       Por eso, sabiendo que en Melilla se lee absolutamente todo, no se entiende la pésima y chapucera colocación de estos dos últimos postes. Ambos rebasan el bordillo y entran, aunque solo sea por unos pocos centímetros, en la calzada. Lo peor es que uno de ellos, no solo rebasa el bordillo, sino que además está colocado en medio del paso de cebra, en la parte rebajada para permitir una mayor accesibilidad. La colocación de los mismos, como puede apreciarse, es chapucera, pues los postes se han movido, y ya han fracturado el cemento recién puesto. En  no muchos meses pueden estar en el suelo, o encima de la cabeza de alguien.

       Como colofón, está el intentar aparcar en esa acera de la calle Valencia,  sin partir el cristal del faro, como me sucedió hace dos años en otra parte de la ciudad, y que  fue el origen de este serial sobre postes. Y si se consigue aparcar sin fracturar el faro, luego no hay quien pueda abrir la puerta.

      Nota: Así comenzó la serie de postes. https://elalminardemelilla.com/2011/07/19/postes-peligrosos-en-melilla/

La gestión de las ruinas


 

                            Un derribo tras otro, hasta la ruina final

      Con el desmontaje de marcos de ventanas, rejas de los balcones, cristales y otros elementos interiores, se ha iniciado lo que parece ser  el próximo derribo de un inmueble modernista, el situado sobre la calle del General Marina. Cuando todo esté desmantelado, y en un fin de semana, cuando el corte de tráfico no cause excesivos problemas, las máquinas demoledoras acabarán con un edificio modernista más. Todo llega demasiado lejos en Melilla. La Administración actúa tarde y mal, y ya no puede evitar el derribo. El expediente de ruina técnica se impone sobre cualquier otra actuación.

     Mientras este emblemático perfil se encamina hacia la desaparición, otro edificio languidece y se deteriora a la vista de todos. Es el inmueble de Correos, que decidió abandonar el anterior gobierno de La Nación. La Administración abandonó un inmueble propio, sin ni siquiera reformarlo, para pasar a pagar un oneroso alquiler en la calle Marqués de Montemar. Es una de las muchas acciones incomprensibles que han llevado a este país a la quiebra económica. Los derroches, lo gastos innecesarios no disminuyen, y la única receta que se le ocurre a los gestores políticos, es la de reducir los sueldos, empobrecer a la población, situar a los pensionistas en la senda de la pobreza, recortar prestaciones sociales, hacer pagar las recetas a la ciudadanía y engrasar la máquina de los despidos. Cualquier cosa antes que recortarse cualquiera de sus privilegios y  de sus  elevados e injustificados sueldos.

            Mientras se inicia la demolición de un edificio, al que seguirán otras decenas, otro se deteriora a la vista de todos (Correos) y sigue sin uso, mientras continúa paralizado el Centro Tecnológico. Es la gestión de las ruinas.