Desmoronar y derribar


              Las grúas y las excavadoras han vuelto, o han redoblado su intensidad. Viejas viviendas, viejos edificios han sido demolidos en distintas partes de la ciudad en la misma semana. ¿Por qué nadie pregunta cual es la lista de edificios para los que se ha solicitado declaración de ruina,  o que están en trámites para la autorización de la demolición. Esto daría una idea de cual es el estado real de la ciudad que vemos.

              La propaganda ya no resiste más. Nadie la cree y la verdad empieza a abrirse paso, tras años de represión y ocultamiento. Como si fuera una parábola de lo que está sucediendo y sucederá, los desmoronamientos, derribos y demoliciones empiezan a extenderse por toda la ciudad. Si algo no se mantiene empieza a deteriorarse, si no se actúa se inicia el desmoronamiento, y si no se detiene, no queda más alternativa que el derribo o la demolición. Siempre la presencia de la «d» hasta la total desaparición. Si la memoria no se fija con la imagen y la palabra, al final solo quedará el olvido absoluto.

                  En todo este tiempo, hemos dado cuenta y noticia de muchos derribos, desmoronamientos y demoliciones, pero siempre queda una sensación de  desasosiego por es forma tan extraña de acabar con los edificios en Melilla. Lo más usual, y probablemente hasta peligroso, es el desmoronamiento interno «a machota» o con maza. Es un tipo de demolición que no se ve hasta el final, cuando llega la hora de la pala excavadora. Toda la labor, como la de las termitas o la de los castores está en el interior.

                   El desmoronamiento lento, a picotazos, impide la fijación de la atención, pasa casi desapercibido. Cuando aparece la máquina, ya no hay manera de fotografiar nada. Solo queda el solar y los escombros, de lo que antaño fue un edificio. La ciudad queda sin memoria, el derribo se lo traga todo.

                      El siguiente paso puede ser la construcción inmediata, o el estado de solar. A veces, el edificio permanece en ruinas durante años.

 

La legión de las furgonetas


 

              Al ser preguntado por su nombre, el espíritu del endemoniado de Gerasa respondió de esta manera: «Mi nombre es legión, porque somos muchos». Al igual que lo ocurrido en Gerasa, las camionetas y furgonetas dedicadas al «tránsito de mercancías» hacia Marruecos, son muchas, por ello constituyen una legión. Vistas en una de sus bases de aparcamiento, junto a la frontera de Hardú, componen la imagen de un ejército, el del comercio atípico.

                Todas estas furgonetas, venidas desde el más allá peninsular, con numeraciones de matrículas muy antiguas, tanto que algunas llevan todavía el distintivo provincial, está ahora desplegándose por todo el barrio del Real, saturando el poco aparcamiento disponible en el barrio, tras las últimas reformas en las aceras y paseos.

               Ya no se distinguen las rotulaciones publicitarias de las provincias de origen, aunque en algunas todavía sí. Todas las furgonetas vienen con la ITV en vigor, y quizá hasta hayan cambiado el impuesto de rodaje a nuestra ciudad. En algún lado, en otra provincia, la compra de furgonetas usadas está viviendo un pequeño renacimiento. algunos rótulos son muy antiguos y ya no se corresponden con marcas reales.

             El desorden en el comercio atípico ha colapsado la frontera. El abundante dinero que proporciona la descarga de mercancías en el Puerto de Melilla, aunque en disminución, no es algo al que quiera renunciar nadie. Ni los comerciantes que obviamente se benefician de ello, ni la recaudación municipal- La situación es tan desordenada, que ya ha rebasado el ámbito fronterizo extendiéndose hacia la carretera de circunvalación, intransitable durante la mitad de la semana, y ahora alcanza ya al espacio físico dentro de la ciudad.

            Se habla de crear áreas de aparcamiento en zonas lindantes con la frontera, no se sabe si permanentes o temporales, pero eso choca con el carácter estratégico de toda la zona, y con la necesaria autorización del Ministerio de Defensa.

             Las furgonetas y camionetas empiezan a verse por otras partes de la ciudad. Se mueven, no está siempre aparcadas en los mismos lugares. No es ninguna denuncia, ni nada fuera de la legalidad. Se trata de  un hecho y situación que comenta todos los que lo ven, en los barrios en donde empiezan a proliferar.

En el edificio fantasma


 

                        Un edificio fantasma en pleno centro de la ciudad, en el lado de los impares de la calle Ejército Español, que debería llamarse avenida de las Fuerzas Armadas. El Ejército de La República también era un ejército español, al servicio del gobierno. No fue nunca un ejército rojo.

                    Un edificio abandonado es eso, un edificio abandonado. Un edificio en ruinas es lo que su nombre indica. Ambas son situaciones terminales. Sin embargo, un edificio fantasma necesita ser definido. Los edificios fantasmas pueden ser de dos tipos. El primero sería del tipo en el que sin que haya signos visibles de estar habitados, si se producen ruidos como si lo estuviese. Es más, pueden abrirse y cerrarse puertas sin que aparentemente lo haga nadie. El otro tipo de edificio fantasma sería aquel en el que sí hay signo claros de habitabilidad, pero no se ve nunca a nadie. Se producen basuras, todo está revuelto y con claros signos de habitantes en su interior, pero sin que se les vea, ni sepa por dónde entran o salen.

                  En este caso estamos ante el segundo caso, en donde los indicios de registros y otros restos de actividades humanas indican una presencia física. En las ciudades grandes, en barrios alejados del centro urbano, resulta difícil controlar la actividad de los ocupantes ilegales. El abandono de la propiedad es algo circunstancial en los barrios céntricos, o en cualquier barrio.

                  Lo que sucede en Melilla es incomprensible. Esto es el centro de la ciudad, es un edificio que está a la vista de todo el mundo, con un local de restauración en la parte baja. El centro de la ciudad no solo se muere, sino que también se arruina y se derrumba. Las propiedades se abandonan por décadas, con el consiguiente peligro de incendios, de insalubridad y de desprendimientos.

                    Hace no mucho tiempo pensaba que la energía cinética de un Estado, de una Autonomía o de una ciudad, impedían su caída, pese a que la gestión llevada a cabo fuera o fuese muy mala. Atribuía a las personas y a los integrantes de estas entidades suficiente fuerza y cohesión, como para que las cosas siguieran funcionando en espera de tiempos mejores. Ahora ya pienso que un Estado, Autonomía o ciudad, pueden caer al completo, y que una gestión pésima puede dar al traste con todo. Esto es solo una muestra, lo difícil es fotografiarlas y dar cuenta de todas.

La ratonera urbana


 

                          Sin previo aviso, sin anuncios en las entradas de las calles, sin posibilidad de salir una vez dentro del embudo, el lunes se iniciaron una obras de pavimentación en el Barrio de Concepción Arenal. La calle Querol quedó cortada de principio a fin, lo que convirtió a las calles de los maestros Mariano Bartolomé y José Molinares en sendas trampas para ratones, o vehículos en este caso. Todo cortado de una sola tacada y sin ninguna vía alternativa.

                             El estrangulamiento del tráfico llevado a cabo en distintas zonas de la ciudad, por planificaciones que no tienen en cuenta nada, está convirtiendo la circulación en un infierno, con una consecuencia clara, la inutilización del transporte público, que ya es realmente un transporte periférico. El plan de la ciudad accesible está resultando un plan de ciudad en colapso. Las dos falsas rotondas de la calle Duquesa de La Victoria, especialmente la de la desembocadura en la avenida de La Democracia, estrangulan el tráfico en todas direcciones. En horas punta y en épocas de colegio, el embotellamiento llega hasta la calle alcalde Antonio Díez.

                   El estado de obras, el apresuramiento en el ya definitivo último año de legislatura local, y probablemente del de una época, que se cerrará de modo inexorable, Los tiempos nuevos nos acabarán alcanzando de un modo u otro. Sin embargo, lo reseñable aquí es la falta de consideración con el ciudadano, que supone este modo de hacer las cosas.

            También se han cortado todas las intersecciones de la calles Duquesa de la Victoria, la última en la prolongación de la calle Seijas Lozano, de manera que ya hay que recorrerla entera si se quiere cambiar el sentido de la circulación. Se dificulta la circulación privada, y también la del transporte, pero lo que se empeora de modo claro es el transporte urbano y el de los vehículos de emergencias. Se cierran unas calles y se saturan otras. Todo un plan rector.

 

 

 

Historias de las cabinas


 

           Las cabinas existen todavía y funcionan. La telefonía móvil nos ha cambiando la vida, tanto que ya vivimos pendientes del teléfono. Incluso parece una tragedia el dejarse el teléfono móvil en casa, o estar dos días in conexión a internet o pasar por una zona sin cobertura, o lo que es peor, quedarse sin batería.

           Sin embargo, no ocurre absolutamente nada si olvidamos el teléfono portátil, porque estamos perfectamente comunicados. Las cabinas telefónicas están todavía ahí. Ya casi nadie se acuerda de las tarjetas con saldo para utilizarlas. En los últimos meses he olvidado el móvil en casa dos veces, y he tenido que hacer uso de las cabinas. en ambas ocasiones funcionaban. Resultaba como un viaje al pasado descolgar el auricular, esperar el tono y proceder a realizar la llamada, tras introducir una moneda de euro, que en el pasado reciente era de 100 pesetas. En ambas ocasiones, las personas que pasaban cerca de donde yo estaba, miraban con perplejidad, e incluso esbozaban una sonrisa. Es cierto ya no se ve a nadie llamando por las cabinas de calle, pero están ahí.

             La primera vez que escribimos sobre ellas fue en 2012 *, y las calificamos como reliquias útiles. La reciente avería en la red de telefonía móvil y en la de fibra óptica ha mostrado su vulnerabilidad. La telefonía de hilo sigue teniendo un hueco en nuestra sociedad, en nuestro mundo. El uso de las cabinas tiene un problema y es que como nuestros hábitos han cambiando tanto, ya no cogemos el teléfono a números desconocidos, por lo que aunque siga cumpliendo su función, al otro lado ya no coge nadie. Es lo que tiene el abuso de los números falsos y la piratería telefónica. Por este motivo pediríamos a Movistar, que identificase el número de llamada desde la cabina.

               La empresa que se encarga del mantenimiento de las cabinas es Cabitel. También es un hecho que en pocos lugares se encuentran tan vandalizadas como en Melilla. Hemos visto cabinas en otras ciudades de España, o incluso en París o Roma y su aspecto no recuerda siquiera levemente al de nuestra ciudad. Las cabinas de teléfonos están a punto de desaparecer, aunque ya hay un movimiento para «salvar las cabinas». A lo largo del presente año, el gobierno ya extinto de Mariano Rajoy le otorgó una prórroga de otros dos años. Del mantenimiento de las cabinas todavía dependen unos 1000 empleos en España.

                   Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/07/31/cabinas-telefonicas/

El garaje del infierno


 

 

                 Las cosas pueden ocultarse uno, dos, cinco, diez años, pero al final acaban estallando y saliendo a la luz. Toda la ciudad, sus infraestructuras (carretera perimetral), fuerzas de seguridad, almacenes, fronteras, dos polígonos de naves industriales, a disposición del ya descontrolado comercio atípico. El colapso de la ciudad es absoluto, completo. No hay más actividad económica que esa.
La suerte, el azar, se ha aliado una vez más con los ciudadanos de Melilla, como en el pavoroso incendio del 11 de marzo de 2007, en los almacenes de la Cooperativa Farmacéutica*. Si en aquella ocasión y en esta no ha habido que lamentar desgracias personales, se debe a la combinación del azar y de la profesionalidad de los Cuerpos de Bomberos y Policiales de la ciudad, a sus funcionarios y trabajadores. Ellos están muy por encima de lo que su labor exige, sin embargo no puede decirse lo mismo de los responsables políticos, de aquellos que deben velar porque esta cosas no ocurran.
Un incendio es algo fortuito, pero el almacenamiento a mansalva no. Lo que las dantescas imágenes del incendio del almacén de Mar Chica han dejado al descubierto es, un atiborramiento de mercancías textiles (mantas), hasta el mismo techo del local. No solo es que supere lo legalmente establecido, sin cámaras de aire ni espacio para que actúen los supuestos sistemas de detección de incendios, es que supera lo razonable y desafía a la lógica y al sentido común.
Esto solo puede ocurrir tras décadas de dejadez, de no inspeccionar absolutamente nada, porque quien debe impedir esto es quien concede las licencias comerciales, las de explotación, las de uso, o sea, la Administración Local. Hay una responsabilidad del almacenista y otra de la Administración.

                         Pasadas 10 horas de iniciado el incendio, todavía se seguía luchando contra los rescoldos, humeantes y amenazadores. Las llamas intentaban resurgir bajo la enorme masa de espuma que intentaba sofocarlas. Los Bomberos de Melilla pueden sentirse muy satisfechos de la labor que han realizado hoy, otros no. Este incendio ha puesto de manifiesto lo que está ocurriendo en la ciudad, ya no es posible mirar a otro lado. la propaganda ya no sirve, ni siquiera resulta creíble, frente a la inmensa elocuencia de las imágenes.

    Nota:http://www.elinformaldefran.com/2007/03/incendio-en-la-cooperativa-farmacutica.html

 

El estanque de los sargazos


 

           El 16 de septiembre de 1492, la expedición de Cristobal Colón Colón llegó al Mar de los Sargazos, cuya navegación les causó gran temor, por la abundante vegetación. Llegaron a pensar que ese era indicio de la cercanía de la costa, o de la poca profundidad de las aguas. Estaban equivocados en ambas cosas.

           Es evidente, si se consulta El Alminar a lo largo de estos 7 años, que el mantenimiento del parque forestal (forest park), está resultando difícil. En las décadas en las que aquello fue la Granja Agrícola, se mantenía mejor, incluso sin cuidados de ningún tipo. El terreno, aunque sea un decorado, se desplaza y ocasiona desperfectos, sobre todo en los caminos rurales.

                Los ríos artificiales puede ser bonitos, pero precisan de cuidados, porque la vegetación se apodera de todo. En ellos, pese a la escasa cantidad de agua circulante, hay algo de oxigenación y la vida natural se mantiene. Un estanque, como el central, es algo diferente, porque se trata de agua estancada, sin movimiento, y si se deja crecer la vegetación, el musgo o los sargazos colombinos, se produce un déficit de oxígeno que va acabando con cualquier posibilidad de vida o fauna piscícola. Las carpas ya hace mucho que no están.

              En Melilla todo parece bonito, hasta que te acercas demasiado y puedes ver y comprobar su estado real. El estanque forestal ofrece una bella imagen, hasta que te acercas al muro que lo circunda. Desde la lejanía, pueden apreciarse ciertas masas oscuras que se mueven en la zona central del lago, pero siempre cabe la posibilidad de un espejismo.

                A lo largo del septenio alminarense, en el que estamos dando testimonio de lo que acontece en la ciudad, hemos visto desecar dos veces el estanque central**, aparecer y desaparecer las ranas, enturbiarse las aguas, e incluso desatarse allí una tempestad. Ahora todo está lleno de sargazos. De todo esto y mucho más hemos dejado testimonio escrito.

                                       La alameda seca

         El álamo es un árbol que ha generado un sustantivo propio, alameda. Es un árbol caducifolio que puede elevarse hasta el infinito, siempre que tenga humedad bajo el suelo o que esté junto a un río, porque es un árbol de ribera. Estamos en la proximidad de la estación seca y estos se encuentras casi seco, cuando deberían estar florecidos. El rumor de las hojas de los álamos con el viento, es uno de los más relajantes y característicos que existen. Su esbeltez es perfectamente distinguible en el horizonte. En Melilla están como se ve.

 

Notas:https://elalminardemelilla.com/2012/02/19/desecada-la-laguna-del-parque-forestal/ ;https://elalminardemelilla.com/2011/10/13/en-busca-de-nessie/