La ratonera urbana


 

                          Sin previo aviso, sin anuncios en las entradas de las calles, sin posibilidad de salir una vez dentro del embudo, el lunes se iniciaron una obras de pavimentación en el Barrio de Concepción Arenal. La calle Querol quedó cortada de principio a fin, lo que convirtió a las calles de los maestros Mariano Bartolomé y José Molinares en sendas trampas para ratones, o vehículos en este caso. Todo cortado de una sola tacada y sin ninguna vía alternativa.

                             El estrangulamiento del tráfico llevado a cabo en distintas zonas de la ciudad, por planificaciones que no tienen en cuenta nada, está convirtiendo la circulación en un infierno, con una consecuencia clara, la inutilización del transporte público, que ya es realmente un transporte periférico. El plan de la ciudad accesible está resultando un plan de ciudad en colapso. Las dos falsas rotondas de la calle Duquesa de La Victoria, especialmente la de la desembocadura en la avenida de La Democracia, estrangulan el tráfico en todas direcciones. En horas punta y en épocas de colegio, el embotellamiento llega hasta la calle alcalde Antonio Díez.

                   El estado de obras, el apresuramiento en el ya definitivo último año de legislatura local, y probablemente del de una época, que se cerrará de modo inexorable, Los tiempos nuevos nos acabarán alcanzando de un modo u otro. Sin embargo, lo reseñable aquí es la falta de consideración con el ciudadano, que supone este modo de hacer las cosas.

            También se han cortado todas las intersecciones de la calles Duquesa de la Victoria, la última en la prolongación de la calle Seijas Lozano, de manera que ya hay que recorrerla entera si se quiere cambiar el sentido de la circulación. Se dificulta la circulación privada, y también la del transporte, pero lo que se empeora de modo claro es el transporte urbano y el de los vehículos de emergencias. Se cierran unas calles y se saturan otras. Todo un plan rector.

 

 

 

Historias de las cabinas


 

           Las cabinas existen todavía y funcionan. La telefonía móvil nos ha cambiando la vida, tanto que ya vivimos pendientes del teléfono. Incluso parece una tragedia el dejarse el teléfono móvil en casa, o estar dos días in conexión a internet o pasar por una zona sin cobertura, o lo que es peor, quedarse sin batería.

           Sin embargo, no ocurre absolutamente nada si olvidamos el teléfono portátil, porque estamos perfectamente comunicados. Las cabinas telefónicas están todavía ahí. Ya casi nadie se acuerda de las tarjetas con saldo para utilizarlas. En los últimos meses he olvidado el móvil en casa dos veces, y he tenido que hacer uso de las cabinas. en ambas ocasiones funcionaban. Resultaba como un viaje al pasado descolgar el auricular, esperar el tono y proceder a realizar la llamada, tras introducir una moneda de euro, que en el pasado reciente era de 100 pesetas. En ambas ocasiones, las personas que pasaban cerca de donde yo estaba, miraban con perplejidad, e incluso esbozaban una sonrisa. Es cierto ya no se ve a nadie llamando por las cabinas de calle, pero están ahí.

             La primera vez que escribimos sobre ellas fue en 2012 *, y las calificamos como reliquias útiles. La reciente avería en la red de telefonía móvil y en la de fibra óptica ha mostrado su vulnerabilidad. La telefonía de hilo sigue teniendo un hueco en nuestra sociedad, en nuestro mundo. El uso de las cabinas tiene un problema y es que como nuestros hábitos han cambiando tanto, ya no cogemos el teléfono a números desconocidos, por lo que aunque siga cumpliendo su función, al otro lado ya no coge nadie. Es lo que tiene el abuso de los números falsos y la piratería telefónica. Por este motivo pediríamos a Movistar, que identificase el número de llamada desde la cabina.

               La empresa que se encarga del mantenimiento de las cabinas es Cabitel. También es un hecho que en pocos lugares se encuentran tan vandalizadas como en Melilla. Hemos visto cabinas en otras ciudades de España, o incluso en París o Roma y su aspecto no recuerda siquiera levemente al de nuestra ciudad. Las cabinas de teléfonos están a punto de desaparecer, aunque ya hay un movimiento para «salvar las cabinas». A lo largo del presente año, el gobierno ya extinto de Mariano Rajoy le otorgó una prórroga de otros dos años. Del mantenimiento de las cabinas todavía dependen unos 1000 empleos en España.

                   Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/07/31/cabinas-telefonicas/

El garaje del infierno


 

 

                 Las cosas pueden ocultarse uno, dos, cinco, diez años, pero al final acaban estallando y saliendo a la luz. Toda la ciudad, sus infraestructuras (carretera perimetral), fuerzas de seguridad, almacenes, fronteras, dos polígonos de naves industriales, a disposición del ya descontrolado comercio atípico. El colapso de la ciudad es absoluto, completo. No hay más actividad económica que esa.
La suerte, el azar, se ha aliado una vez más con los ciudadanos de Melilla, como en el pavoroso incendio del 11 de marzo de 2007, en los almacenes de la Cooperativa Farmacéutica*. Si en aquella ocasión y en esta no ha habido que lamentar desgracias personales, se debe a la combinación del azar y de la profesionalidad de los Cuerpos de Bomberos y Policiales de la ciudad, a sus funcionarios y trabajadores. Ellos están muy por encima de lo que su labor exige, sin embargo no puede decirse lo mismo de los responsables políticos, de aquellos que deben velar porque esta cosas no ocurran.
Un incendio es algo fortuito, pero el almacenamiento a mansalva no. Lo que las dantescas imágenes del incendio del almacén de Mar Chica han dejado al descubierto es, un atiborramiento de mercancías textiles (mantas), hasta el mismo techo del local. No solo es que supere lo legalmente establecido, sin cámaras de aire ni espacio para que actúen los supuestos sistemas de detección de incendios, es que supera lo razonable y desafía a la lógica y al sentido común.
Esto solo puede ocurrir tras décadas de dejadez, de no inspeccionar absolutamente nada, porque quien debe impedir esto es quien concede las licencias comerciales, las de explotación, las de uso, o sea, la Administración Local. Hay una responsabilidad del almacenista y otra de la Administración.

                         Pasadas 10 horas de iniciado el incendio, todavía se seguía luchando contra los rescoldos, humeantes y amenazadores. Las llamas intentaban resurgir bajo la enorme masa de espuma que intentaba sofocarlas. Los Bomberos de Melilla pueden sentirse muy satisfechos de la labor que han realizado hoy, otros no. Este incendio ha puesto de manifiesto lo que está ocurriendo en la ciudad, ya no es posible mirar a otro lado. la propaganda ya no sirve, ni siquiera resulta creíble, frente a la inmensa elocuencia de las imágenes.

    Nota:http://www.elinformaldefran.com/2007/03/incendio-en-la-cooperativa-farmacutica.html

 

El estanque de los sargazos


 

           El 16 de septiembre de 1492, la expedición de Cristobal Colón Colón llegó al Mar de los Sargazos, cuya navegación les causó gran temor, por la abundante vegetación. Llegaron a pensar que ese era indicio de la cercanía de la costa, o de la poca profundidad de las aguas. Estaban equivocados en ambas cosas.

           Es evidente, si se consulta El Alminar a lo largo de estos 7 años, que el mantenimiento del parque forestal (forest park), está resultando difícil. En las décadas en las que aquello fue la Granja Agrícola, se mantenía mejor, incluso sin cuidados de ningún tipo. El terreno, aunque sea un decorado, se desplaza y ocasiona desperfectos, sobre todo en los caminos rurales.

                Los ríos artificiales puede ser bonitos, pero precisan de cuidados, porque la vegetación se apodera de todo. En ellos, pese a la escasa cantidad de agua circulante, hay algo de oxigenación y la vida natural se mantiene. Un estanque, como el central, es algo diferente, porque se trata de agua estancada, sin movimiento, y si se deja crecer la vegetación, el musgo o los sargazos colombinos, se produce un déficit de oxígeno que va acabando con cualquier posibilidad de vida o fauna piscícola. Las carpas ya hace mucho que no están.

              En Melilla todo parece bonito, hasta que te acercas demasiado y puedes ver y comprobar su estado real. El estanque forestal ofrece una bella imagen, hasta que te acercas al muro que lo circunda. Desde la lejanía, pueden apreciarse ciertas masas oscuras que se mueven en la zona central del lago, pero siempre cabe la posibilidad de un espejismo.

                A lo largo del septenio alminarense, en el que estamos dando testimonio de lo que acontece en la ciudad, hemos visto desecar dos veces el estanque central**, aparecer y desaparecer las ranas, enturbiarse las aguas, e incluso desatarse allí una tempestad. Ahora todo está lleno de sargazos. De todo esto y mucho más hemos dejado testimonio escrito.

                                       La alameda seca

         El álamo es un árbol que ha generado un sustantivo propio, alameda. Es un árbol caducifolio que puede elevarse hasta el infinito, siempre que tenga humedad bajo el suelo o que esté junto a un río, porque es un árbol de ribera. Estamos en la proximidad de la estación seca y estos se encuentras casi seco, cuando deberían estar florecidos. El rumor de las hojas de los álamos con el viento, es uno de los más relajantes y característicos que existen. Su esbeltez es perfectamente distinguible en el horizonte. En Melilla están como se ve.

 

Notas:https://elalminardemelilla.com/2012/02/19/desecada-la-laguna-del-parque-forestal/ ;https://elalminardemelilla.com/2011/10/13/en-busca-de-nessie/

 

 

La garza solitaria


 

              En el parque forestal de Melilla, aparte de la decoración vegetal, ya no hay fauna animal. Las carpas desaparecieron hace tiempo, porque no se podía mantener la oxigenación del agua. Los dos estanques están yermos de vida. Apenas resiste alguna tortuga. En otro tiempo también existieron las ranas, pero provocaban molestias a los vecinos con su croar. No hay ningún especie animal que evite la proliferación de los mosquitos de aguas turbias. Antaño también se dejaban ver los murciélagos por estos lares, pero tampoco quedan. El mundo animal huye de la deforestación sintética.

          Es el parque forestal con superpoblación de nombres (Rey Juan Carlos, Felipe VI, habitación Gloria Fuertes, y centro de interpretación de la naturaleza Ramón Gavilán). Hay algo que no se entiende y es por qué este último nombre tiene dos lugares dedicados en Melilla, uno de ello, y recientemente, la Universidad a Distancia.

           En este tipo de naturaleza poco hay que interpretar. El parque es realmente un solarium, por no escribir secarral, en donde la fauna no resiste, como los pobres y ya extintos mapaches, de los que dimos cuenta hace no mucho tiempo. Los burros si aguantan y las acémilas, junto con la vaca y las siempre inquietantes cabras, pero nada más.

       Aquí no hay nada que pescar, parece pensar la garza y es cierto. No hay nada que llevarse al pico. Pese a toda la lluvia caída, no hay sensación de verdor, ni frondosidad vegetal, ni siquiera sensación de ambiente fresco. El calor y la estación seca se acercan de modo inexorable. Todo es un decorado, debajo de la tierra pardusca, hay una manta o tela que impide la proliferación de la vegetación. Incluso los álamos de la zona alta parecen estar secándose. Son árboles que proporcionan abundante sombra, pero necesitan mucha agua o la proximidad de un río. Nada de eso hay aquí. Solo la garza solitaria.

 

 

Una carretera estratégica


  Preferencia de paso para carros de combate

     La carretera de circunvalación es una carretera estratégica, esto quiere decir que se adapta a la orografía del terreno, de hecho se construyó sin puentes y respetando los badenes de los arroyos, lo que la convertía en inundable. También se la llama carretera perimetral.

      En un tiempo, un consejero de Fomento, cuando se inauguró el tramo de carretera del polvorín de Horcas, llegó a decir que gracias a esa obra: «los camiones de gran tonelaje podrían ir desde el puerto hasta la frontera sin necesidad de atravesar el centro de la ciudad». Era una frase hueca, una fantasmada, porque el acceso a la carretera por encima de la plante incineradora es casi inaccesible a los camiones de gran tonelaje. Además, las rampas de la zona del barranco del Nano son impracticables para camiones y exigirían la construcción de rampas de frenado.

       El problema ahora es que la carretera perimetral, de circunvalación o ML 101, es inaccesible entre martes y jueves debido a la ocupación de la misma por los coches del comercio atípico o contrabando. Ya hemos calculado que desde el domingo por la tarde, se empiezan a asentar en la misma una media de 200 vehículos por kilómetro, y llegan a ocupar más de dos kilómetros de su trazado.

       Por si fueran pocas estas dificultades, es una vía estratégica, adaptada a las necesidades de la Defensa Nacional, y por parte de su recorrido es normal encontrarse con vehículos militares Humvee multi-propósito, en sus patrullas tácticas, o incluso con carros de combate, como el que obligó a detener el tráfico atípico para permitir su paso por la vaguada del arroyo de Farhana.

       Puesto a pedir, no puede haber mayor  emoción en un campo de golf que la que ofrece el de Melilla, junto a ejercicios tácticos, saltos a la valla, o aterrizaje de aviones.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2015/04/07/una-carretera-en-las-nubes/

Última imagen de un árbol


        La última imagen de este árbol junto al mercado del Real fue tomada hace un año, en mayo de 2017. La poda constante y total, año tras año, echa a perder la solidez del árbol, sus ramas principales y seca sus troncos. El árbol pierde luego su resistencia frente a los vendavales. El terreno sobre el que se asientan es también muy importante, para que se enraícen y se agarren con firmeza al suelo.

       En esa última imagen una solitaria hoja verde parecía pedir auxilio. Era su último soplo vital.  Si no lo hubiésemos fotografiado no podríamos mostrarlo. Ha pasado un año desde esa fotografía y el árbol ya solo es leña y un vago recuerdo que termina disolviéndose. En su lugar, y a modo de expiación han instalado allí unos macetones, pero nada podrá sustituir al árbol que estuvo allí desde siempre. Sus congéneres del otro lado de la calle, o de la acera de enfrente no están en mucho mejor estado.

      Ha costado mucho recuperar esa imagen, perdida entre otros tanto miles. En solo tres día El Alminar llegará a su 7º aniversario. Durante años vimos árboles tapados en las calles del barrio del Hipódromo. Eran laureles y constituían un misterio. Aquello ocurrió en los dos primeros años del Alminar. Hoy nada queda de aquellos árboles, que eran laureles. Nada sabemos de qué problema tenían, cuál era el motivo por el que se tapaban, ni de por qué finalmente han desaparecido.

        Si no lo hubiésemos escrito y  fotografiado en aquel tiempo, no existiría el recuerdo, ni la constatación del hecho. En aquel momento parecía hasta absurdo escribir o fijarse en algo que parecía no tener sentido, y sobre todo seguir insistiendo en ello. Han pasado los años, el blog sigue aquí, y con él la memoria escrita y visual. Es la única manera de fijar las cosas y tener conexión con el pasado. Hubo hasta algún comentarista que decía que eran laureles venenosos o tóxicos.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/02/03/los-arboles-tapados-del-hipodromo/