Melilla, el 17 a las 17


        Los cuatro de Comandancia: Romerales, Ferrer, Rotger y Seco

El título de este artículo hace referencia al artículo del historiador Carlos Seco Serrano, publicado en 1964, con motivo de los 25 años de Paz, denominación decretada por la Dictadura de Franco. El título fue utilizado por Gil Honduvilla1en 2009, sin una atribución completa, algo de lo que se quejó Seco Serrano, en una conversación que mantuvimos. Aun así, es uno de libros que indagan mejor en el inicio del golpe de Estado en Melilla. Al ser comandante jurídico, tuvo acceso a expedientes y causas procesales, que habitualmente se niegan al resto de los mortales, y hacen su relato muy veraz.

En 1999 publicamos en El Telegrama de Melilla del siglo XXI, la 1ª serie sobre el inicio del golpe de Estado, conocido también como alzamiento militar. Era lo primero que se publicaba en la ciudad, por eso llevó el título de «La historia nunca contada sobre el alzamiento en Melilla». También se publicó la primera lista pública de represaliados, entre ejecuciones y asesinatos, en la ciudad. Los artículos ocuparon 3 meses y hubo que aumentar la tirada del periódico. Uno de ellos, el de Ferrer y Rotger, fue traducido al mallorquín y publicado en el Diari de Balears, el 14 de noviembre de 1999.

Las diferencias

Manuel Romerales no puede ser nunca lo mismo que el taimado y oscuro coronel Soláns Lavedán, jefe del golpe en Melilla y sustituto espurio del cargo que ocupaba en la Comandancia General de Melilla. Los comandantes Seco y Ferrer, y el capitán Rotger, leales hasta el fin a la figura de y cargo de Manuel Romerales, no son ni serán nunca lo mismo que Zanón, Seguí o Blanco Serrano . Los tres primeros defendían el juramento prestado al gobierno y la lealtad debida a su general, y los otros cuatro eran simplemente los asaltantes. El golpe del 17 de julio era militar, y por eso solo los militares estaban enterados del mismo. En esta ocasión se cuidaron mucho de no dejar señales visibles. No solo Romerales, sino ninguno del resto de mandos militares tenía idea alguna de lo que se estaba fraguando a sus espaldas. La victoria final de los sublevados, después de tres años de guerra, no justifica, que hoy en día se siga teniendo consideración histórica y moral hacia alguno de estos jefes militares sublevados. Hicieron algo absolutamente ilegítimo en un Estado democrático, por muchos defectos que se le quieran achacar, y fue la sublevación militar y el asalto al Poder mediante acción armada. Si alguien merece reconocimiento no es el asaltante, sino los defensores, aunque perdieran. Es hora de cambiar ese recuerdo y ese homenaje. No la historia, ni los hechos, lo cual es imposible.

La maldad institucional de la Justicia franquista

Fusilar a Romerales, apenas un mes después de haberle destituido por la fuerza, en una farsa de juicio, fue un acto de maldad institucional. No estaban facultados para llevar a cabo ese juicio y ni mucho menos para llevar a cabo esa condena. Tampoco en los casos de Ferrer y de Rotger, últimos ejecutados de diciembre de 1936 y del año. Gil Honduvilla desgrana varios de los defectos procedimentales de los juicios y de la ausencia de garantías, y aporta una información muy reveladora. Pero lo que fallaba era la base, o sea, el juzgar por rebelión o traición, a los que se habían mantenido leales. Esto lo diría alguien tan relevante como Serrano Suñer, abogado, unos años antes de su muerte, en la revista Interviú: «La mayor aberración jurídica del franquismo fue juzgar por rebelión, a quienes fueron leales a su gobierno». En realidad, los tribunales militares eran las Checas del franquismo. Tenían las mismas garantía unos que otras. Juzgar al general Romerales el 25 de agosto, dictar sentencia de muerte el 26, sin instancia de apelación posible y fusilarlo el 28, es un acto institucional criminal. Deberían ser anuladas por Decreto Ley, todas las sentencias dictadas por tribunales militares entre 1936 y 1945, bajo la acusación de «auxilio a la rebelión» o «traición». Sin leer nada más, con un solo Decreto.

La tarde del 17 de julio en Comandancia

A su regreso de la reunión con el delegado gubernativo Gil de Terradillos, Manuel Romerales debió entrar en su despacho oficial completamente aturdido. Se acababa de enterar de que existía una inminente conspiración, pero sin que nadie conociera su alcance y profundidad. Rodeado de los leales Ferrer, Seco y Rotger, que llegó pasados unos minutos, empezó a realizar llamadas a los jefes de regimientos. Ferrer Madariaga salió en dirección al suyo y allí fue detenido. Seco sí lo sitúa en algún momento en el despacho de Comandancia. Pero el ambiente era tenso y violento. Solans, el jefe de la conspiración apareció el último, cuando se aseguro de que la Comandancia ya no recibiría ningún tipo de auxilio. El mismo Solans, y Zanón conminaron a Romerales a resignar el mando, para evitar consecuencias irreparable. Le amenazaron de muerte sin disimulos. El capitán Rotger se interpuso en algún momento frente a los que forzaban a Romerales a resignar el mando. de manera contundente le decía: «No entregue el mando, mi general, es una traición». Solans, que llegaría a teniente general durante la dictadura, observaba todo siempre desde una esquina, interviniendo lo indispensable. Su mano derecha, Seguí Almuzara, entro violentamente en la Comandancia y encañonó al Comandante General. El hecho es, por tanto, que Manuel Romerales no resignó el mando. Fue detenido, junto con Seco y Rotger, de una manera bárbara y brutal, por Seguí, que vestía ilegalmente el uniforme, pues había abandonado el Ejército con la llamada Ley Azaña. Este militar retirado, murió en Santa Marta de los Barros, en Badajoz. el 19 de agosto de 1936, en situación de combate.

¿Por qué se ejecutó a Romerales, a Ferrer y a Rotger?

Gil Honduvilla desmonta sin paliativos el proceso a Romerales, pero no incide en la base, que era nulo de pleno derecho. Todo era un teatro, un representación bufa, que escondía un verdadero temor. En agosto de 1936, la suerte de la guerra civil no estaba echada, de hecho no lo estuvo hasta otoño de 1938. Si las tornas hubiesen favorecido al Gobierno de la República; Romererales, Ferrer, Rotger y Seco, hubiesen sido testigos de cargo contra todos los alzados. Y ese temor los llevó a ejecutarlos rápido, en previsión de que alguno de ellos pudiera hacer llegar declaraciones al extranjero. Por eso estuvieron todos en situación de incomunicación.

Melilla no se adelantó al Golpe, era lo previsto, como en una fila de fichas de dominó. La sublevación de Mola no valía nada, si no lo hacía el ejército de Marruecos, algo clave en todo el proceso. Todo se retrasó en la península, en previsión de que no fueran las cosas bien en la ciudades del Protectorado. De hecho, se descartó a nuestra ciudad para el transporte de tropas, porque Almería y Málaga permanecieron leales al gobierno, y a Ceuta, porque la marina republicana se mantuvo también leal. Para ese transporte, vital para los sublevados, se adoptó la ayuda de la Lufwaffe de la Alemania nazi.

Melilla no fue la Adelantada, eso es un invento de la historiografía franquista. Como muy bien dijo Romerales en su última charla con Gil de Terradillos, «apenas contaba con tres o cuatro oficiales leales«, frente a una de las fuerzas más poderosas del Ejército español, los Regulares de Nador, que fueron los que ocuparon la ciudad, en la tarde del 17

Notas: (1) Marruecos, ¡El 17 a las 17!, Joaquín Gil Honduvilla

El VI Recinto de Melilla


La puerta de la ciudad desaparecida

  La niña le miró a los ojos y con una voz casi inaudible, salvo para unos oídos acostumbrados, dijo: – Padre, a veces veo muertos-. Sin inquietarse lo más mínimo, le preguntó: – ¿Dónde, hija? – En el sexto recinto-, fue su lacónica respuesta.  Le pasó cariñosamente la mano por la cabeza, y él afirmó: -«Eso es imposible, mi niña, solo hay cuatro».

   En el año 2012 se iniciaron las obras del centro tecnológico,  en total desconocimiento de lo que pudiera encontrarse bajo el suelo. Esto lo escribimos en el Alminar en su momento.  Solo la insistencia,  en solitario, de este blog, forzó la conservación de ese paño de la muralla del fuerte de San Miguel,  a la que el Cronista Antonio Bravo, denominó como «camino cubierto de San Miguel «. Desde ese año, el resto del fuerte histórico de San Miguel y del Rastrillo de Espadas,  se han ido deteriorando sin remedio,  ni solución. El lugar tiene un inconfundible y penetrante olor a orina y heces humanas.

La línea de defensa en 1700

  La línea de defensa en 1700, año de la muerte de Carlos II, el último Austria español,  la constituía el baluarte de San Fernando y el foso de los Carneros. Pero la línea de defensa es también la de ataque. Los españoles intentaban alejar lo más posible esas líneas de defensa y también ganar terreno para huertas.  La Guerra de Sucesión dejó a Melilla y su defensa en un 2⁰ plano político,  y en manos de la intuición de sus alcaides y gobernadores. Por fortuna para todos,  estábamos en manos de las mejores cabezas, como Blas de Trinchería, o Martín Zermeño.

  La zona se conquista y edifica a partir de ese año, y estará culminada para 1717, cuando los rifeños asedian el fuerte de San Miguel,  pero sin éxito.  Este fuerte, que quedó arruinado, se edifica a su vez sobre las ruinas del fuerte de San Marcos, que por entonces era solo un amontonamiento de piedras y barro. Suponemos que todo eso se produce sobre el nivel de suelo conocido, en donde están los restos de los muros actuales y los del Rastrillo. Entonces, ¿ Qué es lo que vemos a tres metros bajo el suelo?

  La ciudad desaparecida

  San Miguel, San Carlos, Victoria y Rosario son fuertes que se extienden hacia la cota alta de la colina o cerro de la Alcazaba, zona recurrente de hallazgos arqueológicos,  y enterramientos humanos,  que jamás se han mostrado a los melillenses.  Todos esos fuertes se edifican sobre el nivel de suelo existente, que es el que vemos, porque nadie entierra un fuerte defensivo.

  Aquí vemos lo que pudieran ser muros anteriores a la presencia española, cimentaciones de muros. También podría tratarse de túneles y galerías,  pero entonces para nada servirían las puertas y ventanas que hemos visto bajo tierra.  La ausencia de noticias ratifica que lo descubierto no está en los mapas, ni estaba en las previsiones, como pasó en la iglesia de La Purísima.

  Cada día aparecen noticias sobre descubrimientos arqueológicos en cualquier ciudad española que se encuentre en obras. En Melilla no se comunica ni pública de forma oficial  nada, ni pasados los años, como los silenciados muertos del IV Recinto. Este es el VI, el que está bajo tierra, y que todavía no existe. Entre muro visible desde el exterior y la construcción oculta, existe una zona de sedimentación de terreno, lo que llevaría a una datación muy diferente entre la parte alta y la baja, de al menos dos siglos, si no más. Las ciudades se superponen, y unas construcciones se levantan sobre otras anteriores. Esa es la ley de la Historia.

Han pasado 13 años desde el primer hallazgo, el de la aspillera. La zona histórica está en una estado ruinoso y maloliente. Imaginamos que se esperaba que todo se viniese abajo por la propia inercia, pero esto ya lo cambia todo. Esta zona registró dos siglos de combates, los vestigios, incluso humanos, deben ser abundantes.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/04/11/hallazgo-en-el-fuerte-de-san-miguel/

Consuelo González Ramos


Un nombre para el Hospital Universitario de Melilla

  Consuelo González Ramos, es tres nombres en uno solo, porque también es Celsia Regis y Doñeva de Campos, como acertadamente lograra unificar  la profesora Mª Ángeles Sánchez,, en su libro Mujeres en Melilla, editado por el sindicato de enseñanza SATE/STES, en 2002.

  La batalla política (porque todo en esta sociedad lo es) de los nombres, se libra y gana en todos los ámbitos,  desde un hospital, colegio o una calle, hasta en un modesto callejón. No se puede dejar ningún espacio vacío y sin la defensa correcta. Renunciar a la defensa o propuesta de un nombre adecuado para el Hospital Universitario,  es un error, porque la derecha,  si tiene ocasión,  pondrá el suyo, sin miramientos, y sin tener en cuenta a nadie,  que no pertenezca a sus propios consejos

En los años oscuros del poder omnímodo, en los que nadie podía publicar nada en ningún lado, dimos refugio en nuestro humilde blog a Ignacio Velázquez, primer presidente autonómico de Melilla,  lo que es un indicio claro de lo mal que estaban las cosas.  Si el último refugio era, y sigue siendo El Alminar de Melilla, es que detrás nuestra solo espera el abismo y la oscuridad total.

   En aquellos oscuros años, el ex presidente melillense, nos cedió su artículo biográfico sobre Fidel Pagés, nombre que ya ostentaba desde 1926, el hoy desaparecido Hospital Militar melillense,  y que tuvo hasta su demolición. No quitaremos una sola letra o coma de ese artículo, ni de esa importante figura. Sin embargo,  una obra nueva,  en una época distinta,  precisa un nuevo nombre.

  El hospital militar Pagés fue cerrado en 2010 sin alternativa posible (en los años del milagro económico de José María Aznar) volcando toda la actividad sanitaria militar, muy específica,  sobre la Seguridad Social y el hospital Comarcal. Con el cierre desapareció también el nombre, que ahora se quiere recuperar.

  La cuestión ahora es saber sí el nuevo nombre debe proceder de las canteras del pasado,  o de las actuales, con la subsiguiente controversia. Consuelo González Ramos (1877-1956), fue maestra, periodista, escritora, y en lo que nos interesa, enfermera en Melilla durante la Campaña del Kert (1911-1912). Como escribe Velázquez   en su artículo, la mortandad entre los militares se redujo notablemente , tras las iniciativas quirúrgicas de Fidel Pagés, y la intervención temprana,  pero antes de todo eso, estaba la atención sanitaria en el área de combate, a cargo de enfermeras y sanitarios, en donde no existía higiene ninguna, y mucho menos asepsia.

  Toda esta labor y organización sanitaria novedosa, se llevó a cabo a partir de 1909, cuando las cosas empezaron a ponerse serias en el norte de Marruecos. Las pioneras fueron mujeres enfermeras, como Consuelo González Ramos, que además publicó un libro: La mujer en la Campaña del Kert. Además de lo ya mencionado,  se la considera una de las precursoras del  feminismo en España e hispanoamérica. Fue concejala del Ayuntamiento de Madrid en la última etapa de la Monarquía de Alfonso XIII. 

   Desapareció en la oscuridad del franquismo y se desconoce el año exacto de su fallecimiento. Sería un nombre adecuado para el rescate.  Si no se hace ahora, lo harán otros, y no propondrán estos nombres.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2019/10/24/sin-nombres-de-mujeres/

 

Un siglo de violencia machista en Melilla


El crimen de la calle Castelar

Enrique Delgado

Es la primera referencia que tenemos de un crimen machista en Melilla, aunque entonces no se la denominaba así. La noticia es de julio de 1925, hace exactamente un siglo. En el texto de la noticia ni siquiera se emplea la palabra crimen. Todo es tragedia y adjetivos imposibles. La conciencia iba por otros derroteros.

El calor de julio atorra las mentes, sobre todo a una obsesionada, y probablemente enardecida con el vino. Eran las dos de la tarde cuando se escucharon unas detonaciones en el número 29 de la calle Castelar. En esa época, los melillenses estaban familiarizados con el estampido de las armas de fuego. Los vecinos, los transeuntes, y los clientes de los bares de las inmediaciones se congregaron frente a la puerta. Uno de ellos, se acercó «al marido», dice directamente el texto, que con el arma en la mano, no opuso la menor resistencia y se dejó acompañar hasta un agente de la autoridad. Acababa de matar a su esposa y al amante, de precisos disparon en la cabeza.

Se trataba de Aurelio L. S., funcionario de la Compañía Española de Minas del Rif, que tenían arrendadas las habitaciones de la planta baja. Tenían tres hijos de nombres: Africa, Aurelio y Enrique. La mujer asesinada era Leonor Villaverde. Al parecer, según los vecinos, los altercados en el matrimonio eran frecuentes. Él estaba obsesionado por los celos, y regresaba a casa frecuentemente y en horarios distintos, con el fin de sorprender a su esposa, incluso a los pocos minutos de haber abandonado la casa. El veneno de la sospecha, fue al parecer activado por «denunciantes anónimos», que advirtieron tanto al marido, como a la esposa, de que el barrio conocía lo que allí se fraguaba, según relataron los vecinos a los peridistas o en los coloquios y tertulias improvisadas a pie de calle. El otro implicado e igualmente abatido, fue Francisco C., que ocupaba las habitaciones contiguas, y en donde se «consumaba» la infidelidad, según el relato. El amante fue sorprendido debajo de la cama y allí mismo abatido de un certero disparo. La mujer corrió por el pasillo y recibió varios impactos homicidas. Aurelio, consciente de todo afirmó que «había matado a su mujer y a su amante», para añadir que «esa mala mujer le había destrozado la vida». Versión que por supuesto corroboraron los vecinos, afirmando que Aurelio, un buen hombre, «no merecía ser deshonrado de esa manera».

Aurelio. además de su oficio principal, ejercía como cajero en Casa Montes y como contador en la asociación del Tiro Nacional. No sería de extrañar, aunque no se menciona, que realizase ejercicios de tiro, por la precisión de los disparos efectuados. Leonor quedó en estado preagónico, y fue conducida a la Casa de Socorro, en donde se produjo su fallecimiento. El matrimonio era natural de Torrox, localidad a la que acudían en los periodos vacacionales, y de la que se planteó «devolver a sus familiares», dado su comportamiento, pero no pudo hacerlo «por carecer de documentación». Este dato muestra claramente la situación de indefensión jurídica de la mujer, y de subordinación al marido, hace tan solo un siglo en España.

La primera víctima documentada de violencia machista en Melilla

Leonor Villaverde Medina, contaba solo con 38 años en el momento de su muerte. Era natural de Torrox y tenía 3 hijos. En el momento de los hechos, solo hablaba en la casa del vecino, o ni siquiera eso. Según avanza el relato periodísitco, desaparece la noción de cualquier evidencia. El marido regresaba a casa a cada instante. En el caso que nos ocupa, acaba de salir de casa después de almorzar. Al verse sorprendida y dada la actitud violenta de Aurelio, Leonor comenzó a gritar, acudiendo Francisco en auxilio, recibiendo casi de inmediato un disparo fatal. Aurelio realizó hasta 6 disparos, de los cuales al menos tres, alcanzaron a su esposa. En ningún momento el redactor se cuestionó de dónde había salido el revolver, pero al menos dejó el testimonio, en El Telegrama del Rif.

Indalecio, padre de Leonor, pago la sepulura de su hija, por 5 años, pasados los cuales fue llevada al osario general. De los tres hijos nada sabemos, salvo que primero fueron alojados en casa de un familiar, residente en la misma calle. El suceso, estaba destinado a caer en el olvido absoluto, salvo por una casualidad que nos ha permitido encontrarlo. No estaría de más, que esta primera víctima documentada de violencia machista, sea recordado en Melilla de algún modo.

Héroes, dioses y tumbas


 

En 1915 se puso sobre la mesa la posibilidad de crear un nuevo cementerio sobre la llanura de Mezquita, dada la gran distancia existente entre los barrios exteriores y el cementerio de la Purísima, que empezaba a quedarse pequeño, es más, ya se le consideraba colmatado. Un año después, en 1916, se compra una amplia propiedad a los cabileños de Mazuza, para edificar el «gran cementerio de Melilla». Nada de esto se realizaría.

El 8 de junio de 1915, quedaron concluidas las obras del nuevo mausoleo de los caídos en las campañas de Africa, construido con suscripciones nacionales populares. El vicario episcopal Miguel Acosta, asistido por el coadjutor Martín Pinazo, y el capellán castrense Francisco Ontiveros, bajo la presidencia del general Villalba, bendijo los osarios, las bóvedas y la capilla del nuevo Mausoleo. La construcción del Mausoleo destinado a albergar los restos de los héroes de las Campañas de África, se inició el sábado 7 de enero de 1911, con la presencia del Rey de España Alfonso XIII, del presidente del Consejo de Ministros José Canalejas, la Reina Victoria Eugenia y otras autoriades del Estado y de la ciudad de Melilla. En aquellos momentos y en aquellos años, nadie podía saber que todo iba a dar un vuelco extraordinario, no solo en Melilla y en Marruecos, sino en España entera, cambiando nuestra historia para siempre. El Rey Alfonso XIII visitó con todo su séquito, el Barranco del Lobo, lugar que fue la primera señal de lo que iba a venir, y cuyas consecuencias también fueron muy trágicas, sobre todo en Barcelona.

Al año siguiente de esta efeméride, José Canalejas fue asesinado en Madrid en un atentado terrorista anarquista, el 12 de noviembre de 1912.  En los fondos documentales de Patrimonio Nacional hemos encontrado una extraordinaria fotografía de Alfonso XIII y Canalejas en Melilla en 1911.

Centro de Historia y Cultura Militar

Dependiente del Ministerio de Defensa, este Centro se dedica a la recopilación de datos, hojas de servicios, nombres, fechas, lugares, de todos los militares muertos en Las Campañas de Marruecos, entre 1893 y 1927. La primera de todas es la denominada como Guerra de Margallo, cuyo panteón fue erigido en 1896. Sin embargo, en 1909 debieron añadirse todos los muertos en el desastre del Barranco del Lobo. Hoy en día alberga, además de la tumba del general Margallo (Laureado de San Fernando), otros 45 nichos identificados, 7 de ellos Laureados, y el del propio General Pintos. La denominada como «restos anónimos Barranco del Lobo», contiene los restos de algo más de 400 fallecidos. Estas cifras, con ser ya muy abultadas, se multiplicarían por 20, en lo que adquiriría un nombre propio imborrable, Annual. Esta hecatombe de un ejército español, probablemente la mayor de la historia, cambiaría la inicial concepción del Mausoleo de las Campañas, que pasaría a convertirse en uno de los osarios colectivos más grandes de la nación.

Melilla tiene enterrados en su cementerio a 47 militares con la máxima distinción militar, la Gran Cruz Laureada de San Fernando, y un único bilaureado, el general José Sanjurjo, desde 2017. La novedad que alberga el trabajo de los militares que se encargan de las Campañas de África en el Centro de Historia Militar, es el acceso a los datos mediante códigos QR. De momento está operativo el de los 47 laureados enterrados en el cementerio de la Purísima, con el que se puede acceder a sus datos biográficos, hoja de servicios, partida de defunción, y fotografía personal.

Todos los nombres de los muertos

¿Se llegará a conocer el nombre de todos los muertos y su número total? Es difícil de saber, pero cada año se aproximan más a la cifra total. El caso es que en lo posible no se olvide ningún nombre y ninguna historia. La cifra total conocida hasta ahora es de 14.908 nombres, de los cuales 7998 son fallecidos documentados y 6909 desaparecidos. La base de datos está en actualización constante, y se envían a los que se suscriban a ella mediante un correo electrónico identificado. Eso sí, la mayor parte de ese total son y permanece sin identificar. En el Mausoleo inaugurado por el monarca Alfonso XIII, en su osario central, bajo la cúpula, se encuentran los restos mortales de los 2997 militares sacrificados en la masacre de Monte Arruit.

   La base de datos, financiada por el Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, está gestionada por los militares Francisco y Pedro Moreno Lara, y el Centro de Estudios Sesmero. Los datos pueden ordenarse de diferentes modos (campañas, provincias, edades) y cuenta también con una relación de las unidades militares que actuaron en Marruecos.

Nota:https://drive.google.com/file/d/1iMEhC9ICi2AybiaOvZdIhwxdEgsFzUO3/view?usp=drive_link

Reflexiones desde el barranco de Cabrerizas


Alguien, mucho antes que nosotros

Alguien, mucho antes que nosotros, talló este sílex, pero no lo traían de aquí, sino de la colina del Sílex y la de los Talladores. Estamos hablando de unos mil o dos mil años antes de que la primera expedición fenicia arribara a nuestras costas, al valle de Melilla. Se pueden entender las razones por las que nadie se tomara, en el pasado, la molestia de conocer quién estuvo aquí antes que nosotros. Lo que no se puede comprender es porqué no se hace ahora, cuando son muchas las referencias históricas, y también los indicios sobre el terreno. Se ha buscado el neolítico por toda la periferia, inlcuidos los islotes, pero nunca sobre la propia ciudad.

Lo que está sucediendo en el Barranco de Cabrerizas es «el eterno retorno de lo mismo». Repasando en el origen del Alminar, hace 14 años, encontramos este artículo dedicado a esta zona singular, asombrosamente virgen hasta el mes pasado. Es el 4º artículo de la ya larga historia de este blog (https://elalminardemelilla.com/2011/05/08/el-barranco-de-cabrerizas/ ) Volvimos a recordar la existencia de un proyecto de urbanización para 400 viviendas en la zona, en aquel año y que por diversas circunstancias cayó en el olvido. Sin embargo, no hay idea de construcción que se abandone, por muy descabellada que sea. En la salida de este barranco están las calles de la Cal, Granito y Mármol, y enfrente la urbanización de Tadino de Martirengo y la huerta Embarek.

Los pobladores del barranco de Cabrerizas

Desconocemos los nombres antiguos de la geografía de la comarca de Melilla, incluido el del río de Oro, así que rebautizaremos todos los cerros, salvo el de Camellos y Cabrerizas. Tenemos pues el del Sílex o Constitución, en donde se hallaron estructuras compatibles con asentamientos de la Edad del Bronce, y del que queda solo un pequeño resto, pero suficiente. Lo más significativo y mantenido hasta la fecha, es el barranco del que llevamos escribiendo desde el origen del Alminar. ¿Por qué se ha mantenido hasta ahora? Pues porque se trata de un barranco, con laderas a Hidúm y Cabrerizas, y es muy difícil urbanizar sobre él, y porque hasta hace unas décadas la parte alta era zona militar. Su mayor deterioro se ha producido en los 5 años anteriores, con la invasión del terreno para el vertido de escombros. ¿Quiénes serían los pobladores de los cerros? Probablemente serías pequeños grupos familiares dedicados a la recolección, caza y pastoreo, pues se encuentran siempre restos de animales en los mismos lugares en donde aparecen restos de utensilios de factura humana. Un producto seguro de la zona era la miel, que ya aparece en algunas monedas, el otro era la cañailla, del que se obtenía el color púrpura, muy buscado por los exploradores fenicios. No hay artefactos de metal, o al menos no han aparecido, y el elemento más significativo para la talla, es el sílex u oro neolítico. Esa es la franja en la que nos movemos, o sea, entre 2 y 5 mil años atrás. Hay cuevas y oquedades en el barranco, algunos todavía tapados, que podrían haber servido como habitáculos humanos y de animales, que han estado en uso a lo largo de 4 mil años.

¿Qué otros indicios existen? En la parte media del barranco, por debajo de la zona más plana, entre ambas laderas, existe un muro de piedra seca para contener el terreno, que no tiene que ver con la obra más reciente, de piedra basáltica del Gurugú. Parece un muro para sostener un antiguo camino o calzada, y está macizado con el terreno, lo que indica su antigüedad. No es algo reciente, porque no presenta similitudes con lo anterior existente. Es piedra muy amarilla, caliza traída de otro lugar. Todo eso parece haber aflorado recientemente y está en dos niveles distintos. También hay huesos de animales grandes, y multiples fragmentos cerámicos, y de lascas de sílex de clara fragmentación humana. Y esto solo es una vista sobre el terreno, con una prospección simple. Todo este entorno debe ser conservado y analizado convenientemente, de modo científico y bajo la tutela de universidades. La verdad está ahí fuera.

El enigma de Enrique Gozalbes


Regreso a la colina del Sílex

En enero de 2018 visitamos por primera vez «la colina del Sílex». Unos meses después Enrique Gozalbes escribía este enigmático mensaje en El Alminar: «Hay aspectos interesantes en Sidi Guariach ¿Podría usted ponerse en contacto conmigo por mail?» Lo hicimos, pero falleció poco después y no pudimos resolver la cuestión. Todo esto es un homenaje a su labor inacabada.

   Después de pensar en esa frase durante estos 7 años, y visitar la zona en innumerables ocasiones, podríamos tener una posible respuesta a esta pregunta. ¿Qué pudo llamar la atención de este eminente historiador y profesor universitario? Es evidente que nada relacionado con la formación geológica del terreno, pues se trata de los restos de una colina semidesmoronada por las obras de urbanización de la zona, compuesta de sedimentos arcillosos, bombas de basalto procedente del macizo volcánico del Gurugú, y de grandes fragmentos de sílex, el oro neolítico.

Lo que pudo llamarle la atención, y que no pertenece al terreno, son los grandes bloques de piedra perfectamente alineados y cortados, en la sección superior derecha de la falla, algunos ya caídos sobre el nivel inferior. La alineación y el corte, totalmente distinguibles de la acumulación desordenada del «debris flow» (flujos de escombros en los que masas de suelo cargadas de agua y roca fragmentada fluyen por las laderas de las montañas, se canalizan hacia los canales de los arroyos, arrastran objetos en su camino y forman depósitos espesos y fangosos en los fondos de los valles)1. Esa alineación y corte pudieron orientar sus ideas hacia restos «organizados» por mano humana neolítica, que es lo que estamos buscando, y que ya detectó José Mª Tomassetti Guerra en 1992, durante su etapa de servicio militar en Melilla: «Una simple visita de reconocimiento nos sirvió para verificar la existencia de restos arqueológicos»2. En su obra La Ciudad Antigua de Rusadir, Gozalbes menciona «los restos de cabañas de la Edad del Bronce«, liquidados sin estudiar, en la construcción del grupo de viviendas de La Constitución. Esto nos sitúa en al menos 3 milenios AC., pero buscamos la presencia neolítica en la comarca de Melilla, unos mil años antes, en el IV milenio AC, de que existen materiales y abundantes objetos, en modos análogos a los encontrados en el monte Gurugú, o incluso en las Islas Chafarinas.

Las colinas ofrecen todo lo necesario para los asentamientos humanos. Son más fáciles de defender, tienen gran visibilidad sobre la zona y disponen de arroyos y pozos en sus proximidades. El presente año 2025, será el que dediquemos a la búsqueda de indicios de la «cultura alminarense» en la comarca y entorno melillense.

El problema de los yacimientos en Melilla

El primer problema identificado en los terrenos candidatos a albergar yacimientos arqueológicos, es la presencia permanente de escombros de todo tipo, pues conviven perfectamente objetos arrojados hace apenas unos meses o años, con otros dejados en el lugar hace cuatrocientos o miles de años. El segundo es que la mayor parte de los terrenos en donde afloran indicios, con la Colina del Sílex, están ya abiertos con la sensibilidad de una pala excavadora, por lo que cientos de ellos ya están destruídos. Sin embargo, esa apertura sin miramientos, nos ofrece la oportunidad de mirar, observar y encontrar sin prospectar. En esta última visita a la colina, hemos hallado otros dos pequeños artefactos de sílex tallado, la piedra taller, y seis pequeños fragmentos de una fina vasija de color negro, con claras evidencias de ser antiguas. Esa es la ventaja de un terreno abierto, que muestra todos sus secretos. El melillense antecesor, la cultura alminarense, está esperando su oportunidad

   Nosotros vamos a abrir todas las puertas de entrada para encontrar, un yacimiento en el propio terreno melillense. El lema de: se destruye,  se oculta, se tapa; no puede seguir vigente en la ciudad.  Todo el mundo académico decía que Schiliemann se equivocaba, y llamaban a Homero «el viejo embustero». Recordamos también, que Atapuerca es solo una trinchera de ferrocarril abierta. Un terreno abierto siempre muestra sus secretos.

Notas: (1) Definiciones, Wikipedia.  (2) Aldaba, UNED, 1996.