Turégano califal


 

Enrique Delgado

                  Turégano  es una villa segoviana situada en el centro de la provincia, apenas a 50 kilómetros del río Duero, la gran frontera durante dos siglos entre musulmanes y cristianos. Su emplazamiento no pasó desapercibido ni a romanos, ni a los árabes musulmanes. La colina que alberga el castillo, uno de los más bellos de la provincia, domina todos los accesos a la villa desde los cuatro puntos cardinales, lo que convertía el enclave de Turégano en un lugar ideal para vigilar el norte, e impedir los avances hacia el sur.

              Sorprenden muchas cosas en esta pequeña localidad de casi un millar de habitantes, de imprescindible visita. La más, es que haya conservado el perímetro, tres torreones y parte de los lienzos de las potentes murallas califales, erigidas hace más de mil años, probablemente por el califa Alhaken II en 964, cuando reconquistó parte de la provincia de Segovia.

                      La línea del Duero fue un frente inestable del que no hay demasiados datos, salvo en sus principales poblaciones, lugares y batallas míticas. A lo largo del tiempo muchas zonas pasaban de unas manos a otras en una alternancia casi pactada. Ocupados musulmanes y cristianos en mantener los territorios, conquistar otros nuevos, o recuperar los terrenos perdidos, casi nadie se dedicó a ejercer la labor de cronista.

                      Así pues, lo que alberga Turégano casi en silencio, no es un castro árabe, sino los restos de una potente alcazaba califal, casi con toda probabilidad del siglo X. Estas tierras fueron objeto de disputa entre el mítico conde castellano Fernán González, y uno de los últimos califas de Al-Andalus. Es muy probable que el inmortal gran visir andalusí Muhammad ibn Abí Amir Al-Mansour, utilizara como base esta alcazaba en sus aceifas anuales hacia el norte cristiano, y que solo acabaron tras su muerte en Medinacelli en 1002.

                   La villa de Turégano entra definitivamente en la historia cristiana en el año 1123, cuando la Reina doña Urraca y su hijo Alfonso VII, otorgaron el señorío de la villa al obispo Pedro de Agén, cuando ya quedó asegurado casi todo el territorio comprendido entre los ríos Duero y Tajo, tras la conquista de Toledo en 1085. Fueron necesarios casi dos siglos para hacer retroceder la frontera  de un río al otro. ¿Qué pasó en todo ese tiempo intermedio?. Es difícil de saber por apenas quedó constancia documental o física de un pasado, que quedó sumergido en la noche de los siglos.

                   Es sorprendente la preservación de estos torreones, que conservan todavía el paso interior de ronda, con arco ojival, muy similares a los que pueden verse en uno de los torreones de las murallas califales de Ceuta. Algunos de los elementos apuntan a una posterior reutilización cristiana del enclave, hasta la definitiva construcción del castillo de Turégano, en su forma y presencia actual. Está claro que la reutilización, e incluso la incorporación de algunos muros a las definitivas construcciones cristianas, explican la presencia de estos muros y torres, más de 1000 años después de su construcción.

                                              Turégano, la villa cristiana

                     En la iglesia de Santiago, en el ábside, se conserva el más espléndido Pantocrátor realizado en piedra de todo el arte románico español. Victoriano Borreguero en el cronista de la villa de Turágano, uno de cuyos libros «Piedras con alma», nos ha servido de guía para elaborar el presente artículo. Turégano tiene muchas cosas que ver, que descubrir y que contar, a través o desde sus piedras monumentales, que siempre hablan a quien quiera escucharlas.

La costa de los flamencos


 

                                                    El humedal de Cabo de Gata

                    En España existen dos localizaciones con el mismo nombre, el cabo de Gata en Almería,  uno de los más importantes del país, y la sierra de Gata en Cáceres. Durante siglos, a Homero, el padre de la literatura europea, los académicos de la Historia le conocieron como «el viejo embustero», sin embargo todo estaba donde él decía. Lo que sucede es que la geografía antigua es muy difícil de interpretar, ya que los nombres no suelen coincidir, y estos se han visto muy modificados con el paso de la historia y la evolución de las lenguas.

                   En La Odisea, Homero hablaba de las Rocas Errantes, de enormes agujas de piedra que se elevaban desde el mar hacia el cielo, de grandes sifones de agua con terroríficos sonidos, de peligrosas costas que partían y agrietaban los cascos de maderas de los barcos. La conquista de Troya se pagó muy cara, y los mismos dioses que apoyaron a los griegos, al final se acabaron vengando de ellos. El destino y la fortuna son muy mudables.

                 Hay otros muchos nombres en la narración homérica, pero quien quiera conocerlos, deberá leerla. Del propio texto conocemos que las sirenas tenían cabeza de ave y cuerpo de mujer, y sobre todo, un potente y atrayente canto. En esta descripción no parecen entrar la focas, la ya desaparecida focas monje del mar Mediterráneo, y si parece describir a los flamencos, que habitaban en una isla.

                        La navegación de la época se realizaba en paralelo a la costa, teniéndola siempre a la vista, ya que servía como orientación. Sin embargo, la distancia era lo suficientemente grande como para provocar distorsiones. El sinuoso cuerpo de los flamencos y sus elegantes y altas patas, podía parecer figuras humanas a los marinos de la época. Para abundar en las coincidencias, los flamencos sí emiten un canto, bastante ensordecedor, y siempre están en humedales y con abundante vegetación en su alrededor, que contrasta con la aridez de la costa volcánica del Cabo de Gata.

                        Nada de esto puede confirmarse, pero tampoco desmentirse, por eso algunos historias permanecen para siempre.

 

Constantinopla, 29 de mayo


        En la tarde del martes 29 de mayo de 1453, el sultán Mehmet II, escoltado por los Jenízaros, atravesó la derruidas murallas de Constantinopla por el valle del Lycos en dirección a la gran catedral de Santa Sofia, la obra más hermosa que jamás se haya construido para dar culto a Dios. Las órdenes eran claras, no se podían tocar ni Santa Sofía ni la iglesia de los Santos Apóstoles. La conquista otomana fue mucho más respetuosa con la ciudad que lo que había sido el salvaje asalto a la misma por parte de los integrantes de la peste de la Cuarta Cruzada de 1204, llevada a cabo en nombre del Papa romano Inocencio III. Los griegos no perdonaron nunca el saqueo y la profanación de Santa Sofía por parte de los cruzados latinos.

         Mehmet II oró en ella en la tarde noche del 29, cuando ya había sido transformada en mezquita. Las crónicas cuentan que lloró al ver el estado en que había quedado la capital bizantina.

         Los bizantinos iniciaron las peticiones de ayuda al Occidente europeo en 1451, tras conocerse la noticia de la subida al trono de Mehmet, el hijo de Murad. Sin embargo, los recelos pesaban en ambas partes. Roma siempre sintió envidia del prestigio de Constantinopla, con la que rivalizaba. Las desavenencias eran históricas, políticas y religiosas. Por su parte, los bizantinos recelaban de la ayuda latina, pues el recuerdo del asalto de 1204 seguía vivo.

         Constantino XI Paleólogo, último emperador de Constantinopla estaba dispuesto a tragarse todo el orgullo de siglos, con tal de salvar a su ciudad. Sin embargo, la oposición de los nobles bizantinos encabezados por el Megadux Lukas Notaras, que no estaban dispuestos a abdicar de  la tradición histórica y someterse al Papado, acuñaron un  lema que pasó a la historia: «Antes el turbante turco, que la mitra Papal». Pese a todo, se celebró una misa de unificación y Constantino aceptó la primacía romana, lo que provocó la desafección del clero ortodoxo, encabezado por Jorge Scholarios (quien luego se convertiría en el primer Patriarca bajo dominio turco, con el nombre de Guennadio) y de parte de los nobles. Según ellos, el sometimiento al Papado sería solo una humillación sin beneficio alguno. Sin embargo, perder la ciudad era mucho peor, como pensaba el emperador.

         El sitio de Constantinopla se inició el 2 de abril, cuando las primeras tropas turcas se dejaron ver por los bizantinos y fueron tomando posiciones a ambos lados del mar de Mármara. El Sultán Mehmet solo temía la ayuda occidental, pero ya habían calculado que esta, de producirse, se decidiría muy tarde. sus previsiones fueron correctas, pues el Papa ordenó el auxilio de la ciudad el 6 de junio, cuanto ya llevaba 8 días en poder de los otomanos. Las naves venecianas de auxilio conocieron la noticia el día 9 en Creta, cuando se encontraron con los últimos barcos que habían abandonado la ciudad. Un monje cretense anotó en su diario: No hubo ni habrá jamás, un suceso más terrible*, y tenía razón. La noticia llegó a Venecia el 28 de junio, a Bolonia y al cardenal Besarión el 4 de julio, y finalmente al Papa el día 8. El abatimiento fue absoluto.

                                    El misterio de la puerta de Kylokerkos

           Los soldados griegos, los genoveses, los venecianos e incluso los catalanes eran unos 5000, frente a los 50.000 del ejército del Sultán. Pese a la diferencia, incluida la muy superior artillería otomana, puede decirse que los defensores de la ciudad habían ganado la batalla táctica. La triple muralla de Constantinopla tenía unas puertas que comunicaban los distintos perímetros. En las primeras luces del día 29 sucedieron dos hechos trágicos, el primero fue la herida mortal de Giovannni Gustianiani, el heroico genovés que tenía a su cargo la defensa de las murallas terrestres de las ciudad, lo que provocó el pánico entre sus tropas.

              El segundo hecho sería el más grave, y es que alguien (la sombra de la traición) dejó abierta la puerta interior de Kylokerkos, por la que entraron los Jenízaros, subiendo hasta la torre de Blanquernas. Los defensores de la ciudad, al ver los estandartes otomanos sobre las murallas dieron la ciudad por perdida y el pánico se extendió a lo largo de toda la muralla. Las tropas del Sultán entraban ya en la ciudad a través de las brechas abiertas. Al ver la situación, Constantino XI se despojó de sus insignias imperiales y junto a Francisco de Toledo y Juan Dálmata, se arrojó contra un grupo de atacantes turcos, desapareciendo para siempre. Dicen que su cadáver fue reconocido por los calcetines, bordados con el águila imperial de Constantinopla.

           Nadie pudo reponerse nunca de esta pérdida, porque en Constantinopla se perdió todo, desde las obras de arte religioso más importantes de toda la cristiandad, como el icono de la Hodigitria, pintado por el evangelista Lucas; hasta los edificios más espectaculares erigidos hasta entonces. Las iglesias se salvaron en su mayor parte, bien para ser transformadas en mezquitas, o para proseguir su culto cristiano ortodoxo. Mehmet II era un hombre religioso, y otorgó la protección de sus tropas a los templos bizantinos.

           Los acuerdos para respetar los lugares de culto de la Iglesia cristiana ortodoxa se mantienen hasta hoy en día, en el que Bartolomé I sigue ejerciendo el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla desde la actual Estambul. Tres iglesias siguen activas en Estambul: Santa María de los Mongoles, San Demetrio Kavanou y San Jorge de los Cipreses.

Fuente: *La caída de Constantinopla, Steve Runciman.  Fotografías: Caner Cangül y del autor.

 

 

 

Las apariciones de Santiago


          Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y Salomé (Iacobos en griego) se apareció a los cristianos en trances difíciles y desaparece en Melilla desde hace un año. Las misteriosas apariciones y desapariciones de la figura del santo en la capilla que lleva su nombre, está provocando extrañeza y comentarios en los visitantes de la Villa vieja.
La situación de esta nervadura decorativa de estilo gótico sobre la embocadura del túnel y puerta de Santa Ana y tras el emplazamiento de la Avanzadilla, divide a los estudiosos que han dedicado sus estudios a las fortificaciones de Melilla (Bravo Nieto y Rodríguez Puget). ¿Quién la edificó y porqué?, no es algo que pueda tener una explicación definitiva, habida cuenta de que la puerta nueva o de Santiago está algo más allá, sobre el foso homónimo, en parte natural y de fábrica. Terremotos, derrumbes naturales y por motivos bélicos, han transformado continuamente el aspecto físico de la ciudad emergida sobre el peñón rocoso. El poco cuidado de las rehabilitaciones realizadas a partir de 1970, más centradas en el aspecto estético que en el histórico, han eliminado cualquier vestigio original. Todo está reconstruido, transformado, reutilizado, pero con un sentido. La llamada capilla de Santiago, cuya situación original pudo no ser esa, recuerda también a las bóvedas califales, realizadas por artesanos mudéjares en iglesias cristianas.
Santiago era invocado con fines de protección en el año mil, frente al adversario musulmán. Antes de que existieran las palabras actuales, como la referida, había que nombrar las cosas de otro modo. Agar era la esclava de Abraham, madre de Ismael, de cuyos descendientes se forjó el islam, pero como la palabra no existía en aquellos siglos, se les denominaba como agarenos o ismaelitas. Por tanto, los nombres se colocan con varios fines, uno de ellos como protección. En la Melilla de 1500, más allá de los límites de la puerta de Santiago, solo se encontraba el campo exterior o enemigo. Sería pues lógico que alguien que atravesase esa puerta, invocase la protección del apóstol, uno de los más cercanos al propio Cristo. Los nombres también se utilizan para esconder o para sustituir. Los más utilizados para sustituir a los anteriores lugares de culto musulmanes fueron San Miguel o Santiago y Encarnación para las catedrales e iglesias principales.
En la década de 1970, siendo alcalde Mir Berlanga, se rehabilitó la capilla de Santiago bajo la bóveda decorativa de estilo gótico, aunque su construcción fuera en pleno Renacimiento. Se instaló una pequeña hornacina, un suelo decorativo que reproduce la nervadura y algunos otros elementos. Sin embargo, la pequeña imagen del apóstol, suele mostrarse y luego desaparecer, desde hace un año. Melilla es una ciudad en donde no se comunica nada, ni se da noticia alguna sobre qué se hace en las obras relacionadas con la cultura común. Es la gente interesada por su ciudad, la que está atenta a todo y da la voz de aviso. La primera desaparición data de septiembre del año pasado, la última del presente mes.
La hornacina estaba pintada de color azul el año pasado y fue abierta para limpiar los cristales. La imagen puede haber sido retirada por parecidas razones, o por preservarla, dada la inseguridad que suele haber en la zona, tanto por el día como por la noche. Quizá también pueda ser que Santiago está ya desubicado en Melilla.

Desaparece la librería Internacional


            Situada en la calle Carlos de Arellano y tras una década larga de actividad, «Wally» el librero,  pone fin a su actividad como vendedor de libros de segunda mano, usados o viejos. Antes de este local, estuvo situado en otra local más pequeño, en un edificio colindante que ya fue derribado y luego reconstruido, en el lateral de la calle de Luis Morandeira. Toda esta zona fue remodelada, peatonalizada, e incrementado el valor de la zona, aunque el resultado quedara lejos de lo pretendido. Todavía existen algunos edificios antiguos, como éste, que marcha hacia la desocupación completa. Hay otros en esta mismo tramo de la calle, y otros algo más arriba, que serán objeto de derribos en un futuro no muy lejano.

                                      El lugar de los libros antiguos

            Cuando acabe el mes de febrero, todos estos libros desaparecerán de la librería Internacional, y el local quedará expedito. Centenares de estos títulos desaparecerán, junto con sus autores, para siempre. No todo está informatizado y gran parte de este saber se perderá. Es cierto que muchos libros se convierte en viejos nada más ser publicados, pero como se dice en El Quijote: «No hay libro tan malo que no contenga al menos algo bueno», y es verdad. Siempre hay algún párrafo, quizá una sola frase, una fotografía o incluso un dato, por el que merece la pena ojear los libros antiguos y usados, y salvarlo de olvido completo. E

               Los libros, las enciclopedias, las colecciones de revistas, empiezan a perder su lugar en las casas y en nuestras vidas. Sin embargo, nunca será lo mismo abrir un libro, dejar una pequeña marca o señal entre sus páginas y volverla a encontrar y releer pasados los años. En El Alminar dejamos marcas, e incluso pequeñas anotaciones en las páginas, que son también una señal para el futuro. No hay nada comparable con el placer de encontrar un libro usado con alguna estampa o fotografía dentro, alguna  señal, un subrayado, e intentar pensar qué es lo que llevó al anterior propietario a dejarla allí. Todo esto no existe en el libro digital.

                  En algunas ciudades, e incluso en las bibliotecas públicas, existen puntos de intercambio, en donde continuamente se dejan libros que ya no interesan, o que no volverán a ser leídos, y que a lo mejor interesan a otros. Es verdad que los libros sí ocupan lugar y que no todo puede ser conservado en las casas. Tampoco todo merece serlo. Hay que expurgar de modo constante las bibliotecas. En la Biblioteca Pública de Melilla existe un sótano con varios miles de libros que ya casi nadie lee, consulta o que ni siquiera sabe que existe ese lugar de los libros perdidos.

                    Hace cuatro años escribimos sobre este espacio único en la ciudad de Melilla. Hoy comunicamos su próxima desaparición, cuando acabe febrero. El viejo mundo desaparece.

 Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/03/17/la-libreria-internacional/

 

 

 

Historia de Navidad desde Irán


El griego Alejandro de Macedonia llegó a las tierras de Persia en el siglo IV aC. y desde entonces el mundo cambió para siempre. El arte griego fue influido por el oriental y a su vez, el arte de Oriente recogió las influencias helenísticas. Nunca más fueron igual las cosas. El mundo fue ya diferente. La influencia y similitudes de Persia en Occidente son muchas. El islam Chií es el único que ha desarrollado una institución clerical similar a las de las iglesias cristianas. Es difícil no reconocer en las imágenes de los ayatolás iraníes a los cardenales católicos o los patriarcas ortodoxos. Los alminares vinieron de Persia con la expansión islámica y dieron origen a los campanarios. Las cúpulas bizantinas son originarias de Oriente y luego adoptadas en el arte occidental. Hay que recordar que el Imperio Bizantino existió hasta el siglo XVI. Tanto es así que la cúpula azul del mausoleo de Oljaytu (1302-1312) en Soltaniyeh, provincia de Zanjan, es considerada una anticipación de la cúpula de la catedral de Florencia, o al menos de la misma importancia artística.

Historia moderna de Irán

En la Navidad de 1978 el ejército de la URSS entraba en Afganistán, mientras el Imán Jomeini dirigía desde desde Paris la revolución contra el régimen títere del Sha de Persia, burda recreación del pasado del imperio Persa, apuntalado desde las democracias occidentales, con la ayuda del «gendarme del Golfo», el Iraq de Saddam Hussein, el amigo de Occidente. Son ya muy pocas las posibilidades de localizar fotografías de líderes políticos de Occidente junto a Saddam. Dentro de no mucho tiempo ya casi nadie recordará estas historias.

El derrocamiento del Sha Reza Palevi se produjo por una revolución popular en la que estaban representados todos los sectores sociales. El shiismo representaba la voluntad de recuperar la identidad nacional y cultural de Irán, en oposición al modelo occidental impuesto bajo el Sha Palevi. En aquellos momentos existían dos tendencias en la revolución iraní, la clerical representada y dirigida por el Imán Jomeini, y la laica, promulgada por Alí Shariati (1977).

La caída del Sha y el triunfo definitivo de la revolución y la proclamación de la República Islámica de Irán se produjo el 11 de febrero de 1979, con el Imán Jomeini como líder supremo.

La expulsión de las industrias petroleras americanas y el inicio de los problemas políticos y sociales fue casi inmediata, como la toma de rehenes en la Embajada de los Estados Unidos en noviembre de ese mismo año. Las sanciones economicas estadounidenses no se hicieron esperar.

1980, la Guerra Irán-Iraq

En el fondo de todo subyace la guerra religiosa entre el hegemónico islam suní y el minoritario chií. Saddam, el gendarme de Occidente, denunció en septiembre de 1980 los acuerdos sobre le desembocadura de Shatt el Arab, y ese fue el inicio de la guerra irano-iraqui.

Iraq fue apoyado por Occidente, Estados Unidos y Arabia Saudí, con el fin de desmoronar el incipiente Estado iraní, aunque produjo el efecto contrario, o sea, su consolidación definitiva. Desde entonces persisten las sanciones económicas americanas, que impiden cualquier comercio de cualquier país del mundo con los iraníes, con cualquier tipo de producto. En la actualidad estás sanciones estrangulan y dañan irremisiblemente las economías de Venezuela, Corea del Norte, Cuba y Rusia.

Pylak Avedian y Zorik Moradian, mártires cristianos armenios de Irán

Esta historia surge con alguien que felicita la Navidad desde la República Islámica de Irán, compartiendo una fotografía de una mujer depositando velas y exvotos sobre una tumba orlada con una bandera iraní. La similitud del culto con las prácticas cristianas es notoria. Al preguntar por más datos acerca de la fotografía nos informan de que se trata de un joven soldado iraní cristiano, de ascendencia Armenia. El otro lugar en donde los cristianos armenios se salvaron del genocidio turco fue en Irán.

Todos los fallecidos iraníes en la guerra irano-iraquí son considerados mártires, en lo que denomina como la «guerra impuesta» o «guerra santa». La condición de mártires les permite seguir vivos en la memoria colectiva, y ser objeto de constante veneración y culto. La guerra Irán-Iraq se prolongó hasta 1988, en una duración similar al conflicto afgano-soviético. La cifra de muertos o mártires iraníes no se conoce con exactitud, pero alcanza los 183.6230 según la Fundación de Mártires y Veteranos, una organización oficial iraní.

Pylak Avedian, hijo de Tomas y Khatoon, era nieto del sacerdote Arsham Arakilian, natural de la provincia de Isfaham. Tras graduarse en la educación secundaria, fue reclutado, muriendo al inicio de la guerra. Zorik Moradian es el primer caído armenio en esa misma guerra. En Irán, la iglesia cristiana armenia no es perseguida y goza de protección constitucional.

En total, 70 cristianos armenios murieron en la guerra. 4 quedaron como desaparecidos y 35 fueron hechos prisioneros. En la actualidad hay 108 veteranos.

Hospital Comarcal de Melilla


           El Hospital Comarcal de Melilla es una infraestructura obsoleta inaugurada en 1991 por el ministro socialista Julián García Vargas. El Hospital está colapsado, saturado, sobreutilizado y a duras penas cubre las necesidades de la población melillense. El nuevo hospital debería haber entrado en funcionamiento en 2016, pero el parón impuesto por el gobierno de Mariano Rajoy a la Sanidad Pública, hizo un daño difícil de perdonar electoralmente, y del que Melilla tardará una década en recuperarse. El nuevo hospital no estará funcionando antes de 2022. Eso quiere decir que el actual seguirá en uso y desbordado un lustro más.

              Después de un parón como el presente, cuesta volver a ponerse en marcha, pero antes de hacerlo es obligado reconocer deudas y agradecimientos. Un cartel del SATSE, pregunta a los usuarios y pacientes del hospital si 5 enfermeras pueden atender a 1000 pacientes. La respuesta es un no rotundo. Tampoco es posible que uno o dos especialistas por área médica atiendan al mismo número de personas, ni que dos o tres médicos de urgencias atiendan la demanda de este importante servicio.

         Sin embargo lo hacen, con una profesionalidad fuera de dudas, en condiciones difíciles, sin espacio para desenvolverse con comodidad, sin los materiales requeridos, teniendo que inventarse soluciones a contingencias hospitalarias. Todo sucede a la vista de todo el mundo en un espacio tan reducido.

                                            La Navidad hospitalaria

          Una imagen de san Juan de Dios, soldado portugués del siglo XVI, creador de la enfermería hospitalaria, patrono de la profesión y fundador de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios,  preside la zona de control de la 2º planta del hospital, ala de Traumatología y Urología. Antes de la aparición de Joao Cidade Duarte, futuro san Juan de Dios, sobrevivir a una enfermedad era algo casi milagroso, pues no existía cura o tratamiento alguno. Se moría aturdido por el propio dolor, o envuelto en daños espantosos. Hoy los hospitales son lugares en donde se lucha por la vida: por la que nace, por la que hay que conservar o por la que llega a su término.

            Nada puede decirse o preverse. Nunca pude imaginar que pasaría 10 días de mi vida, internado en este hospital, y atendido y cuidado por médicos, enfermeras y auxiliares de clínica, antes de que acabara el año. La razón última fue mi confianza absoluta en la plantilla sanitaria de Melilla, algo que extrañó a muchos, que hacían un gesto extraño, cuando les decía que sería intervenido en Melilla. Luego pude comprobar hasta qué punto son buenos/as profesionales, y sobre todo, humanos.

             Aquí se trabaja las 24 horas al día sin descanso, en un ritmo constante de nuevos ingresos y altas hospitalarias. No hay un solo instante para la distracción, incluso por encima de la resistencia física personal. Mi agradecimiento pues, a la vista de todos, para los doctores Ríos, Kociarsky, Aberchán. A las enfermeras Mónica, Mariola y Paco, insuperables en los instantes difíciles; y a Isabel, Marta, Mimon, Macu y todas las auxiliares de enfermería que pasaron por la habitación una y otra vez. También le agradezco al Vicario Eduardo Resa, su visita del día 30 de noviembre. Sin que pudiera saberlo, al día siguiente se convirtió en paciente hospitalario, tras caerse y romperse un brazo en su vivienda arciprestal. Sin olvidar tampoco a Roman, el anestesista.

              Allí también será Navidad dentro de unos días, y no cesará ni la actividad, ni la dedicación. No dejaré de pensar en ellos, pero especialmente esos días. A todas y todos: Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.