El garaje de San Juan en Melilla


        En realidad este garaje no tiene nombre, yo le llamo de San Juan porque está situado en las inmediaciones del Torreón y los almacenes de San Juan, que actualmente ocupan el Club Scorpio y la AEM (Asociación de Estudios melillenses). En los primeros años de la década de 1990, cuando se construyó ese aparcamiento público, aparecieron unos restos de muralla y también unos antiguos hornos de Intendencia (de los que nuestros expertos desconocían su existencia). Hasta hace tres años no me había interesado por su presencia, aunque sí conocía su existencia. Pensaba que unos hornos del siglo XVIII o XIX no eran mas que eso, unos hornos. Sin embargo era una deuda pendiente y decidí acercarme allí y fotografiarlos.

      Me dejaron una grata impresión los restos, sin embargo me extrañó no ver por allí una mínima placa que informase de la datación o procedencia de los restos, como sí ocurre en las murallas del siglo XVII descubiertas en Málaga en el aparcamiento de Marqués de Larios. Allí sí se informa y sí se dice lo que es, tanto en el interior como en el exterior. En Melilla nada, y eso que aquí existe la Fundación Melilla Monumental, supuestamente encargada de la conservación y difusión de los vestigios históricos, y cuyo coste anual se acerca al millón de euros, el de La Fundación.

      Las bóvedas de los hornos y las chimeneas son fácilmente reconocibles, sin embargo, ese resto de muralla no cuadra con el resto de la construcción, parece que hay edificaciones superpuestas, incluso de siglos diferentes, pues los materiales no son los mismos. Los materiales se reutilizan, las construcciones se superponen. Otras cosa que llamó mi atención fueron los silos, que son bastante profundos y el pensar si han sido excavados o no, si proceden de la época de los hornos o si son anteriores y posteriormente reutilizados.

          Lo peor no es que todo está sin señalizar, es que está mal conservado, que muchas partes se están desmoronando y que en Melilla, en donde hay un agujero, en este caso una bóveda, el lugar se convierte en basurero o en una «papelera monumental».

    Aquí dentro no podemos echar la culpa a nadie, porque es un lugar vigilado, osea que si esto está lleno de basura, los únicos que transitan por la zona son los ciudadanos  que acuden a aparcar o a retirar sus vehículos.   Es lamentable que en Melilla cualquier cosa acabe de esta manera. Es descorazonador que las entidades supuestamente protectoras del Patrimonio no sean capaces de gestionar estas cosas, pese a los abundantes presupuestos que manejan. Aquí, aparte de limpieza, debería estar todo correctamente señalizado, identificado y sobre todo, datado y conservado, porque los hornos se están desmoronando.

Escaleras del Cerro de Camellos


 

                    Una ladera en 214 peldaños

     El Barrio de La Victoria está instalado en la loma del Cerro de Camellos, y al mismo se accede, desde siempre,  atravesado las laderas del cerro, uno de los más clásicos, junto con el de La Higuera o Santiago, de todos los que rodeaban a la antigua ciudad de Melilla. Uno de los cerros desaparecido era el de San Lorenzo. Una de esas veredas o sendas clásicas para subir al monte era la situada en este flanco, al que se dotó de una escalinata en la década de 1960, cuando se inició la construcción del barrio. Tenía y tiene 214 peldaños y durante una etapa de mi vida la transite con bastante frecuencia. Hoy he tenido que atravesarla, en sentido descendente, para ir a recoger mi coche al taller, pero en sentido inverso, osea ascendente, hace muchos años que no he vuelto a subirla. El cerro de Camellos tiene sus laderas colonizadas, en calles edificadas sobre los mismos cambios de nivel del cerro, en su antiguo perfil de terraza. Es toda una reliquia histórica y geográfica.

            Las escaleras eran  más anchas hace años, pero fueron adelgazadas para construir un vial de tráfico que permite atravesar el cerro en coche y descender por él hasta las estribaciones del Tesorillo. Sólo en la mitad superior conservan su amplitud original. Alguien tuvo la feliz idea de numerar sus escalones, 214, en sentido inverso al de la subida, y así conocer en todo momento cual es la cantidad exacta que queda para culminar la ascensión.

Ánimas sin nombre


             Los que ya no tienen nombre

    En Melilla, tan importante como los cultos paganos de «el soldado de los milagros», del curandero «Antonio Moreno», o de otras diversas tumbas del cementerio, son lo que se conoce como «la fosa de las ánimas» del cementerio antiguo o histórico y la gran fosa municipal, que está al principio de las escalinatas que conducen al osario de la hecatombe de Monte Arruit. En esta última fosa, además de todos aquellos a los que le caducan las tumbas y enterramientos temporales, están la mayor parte  de los represaliados por el franquismo, a los que no se les permitió tener tumbas a perpetuidad. El franquismo, siniestro y vengativo, temía que las tumbas de aquellos que murieron en defensa de La República, acabaran conviertiéndose en lugares de culto popular y por ello, pasados los cinco años, enviaba los restos de todos a la fosa común y así nadie pudiera identificarlos nunca. Esta fosa municipal, que en realidad son tres consecutivas, alberga, entre otros muchos, los restos del martirizado exsacerdote  Diego Jaén Botella.

          La fosa de «las ánima benditas», que es como se la conoce en Melilla, es en realidad la fosa común del cementerio histórico o del primer cementerio de Melilla, tras la expansión del territorio. La gente la venera tanto como a las otras afamadas tumbas que han dado celebridad al cementerio melillense, pero a decir de mucho, es la más potente de todas en cuanto a eficacia milagrera. Las leyendas e historias que cuenta de «las ánimas» en Melilla, dan para escribir un libro, la única advertencia que se hace, es que si se les pide un favor a «las ánimas», hay que tener cuidado en no incmumplir la promesa realizada una vez obtenido el favor.

  Nota: En las fosas municipales, deberia instalarse una placa que recuerde a los represaliados por el franquismo, con los nombres de todos los que se tenga cosntancia de que están allí enterrados (como sí han hecho en Ceuta).

CGML. Los otros secretos


                 CGML (Casa Gobernador Melilla). Área 51

        Dentro de La Casa del Gobernador, en la actualidad completamente sellada, con prohibición absoluta de paso, en donde no se pueden hacer fotografías de ningun tipo, ni reportajes fotográficos no controlados, existe una puerta que da acceso a una escalera llamada noble, allí existe el águila más grande de las que quedan en Melilla de la época franquista, Hay arcos cegados. dependencias con distintas alturas sobre el suelo:  No todos van a ser restos medievales y esqueletos.  Las potentes cimentaciones del siglo XVIII penetran varios metros en el suelo y el yacimiento está completamente alterado.

            Además hay una historia, mitad leyenda,  que habla de una princesa musulmana enterrada en Melilla, dicen que debajo de una palmera. La orden en CGML  Área 51 es no tocar, bajo ninguna circunstancia las palmeras. Es curioso ver como en el patio, se excava alrededor de las palmeras, pero el suelo bajo ellas se queda intacto. Es la leyenda de la princesa que yace bajo la palmera.

        Mientras los fantasmas deambulan por el edificio, recorremos sus salas, fotografiamos todo y pensamos en qué secretos guardan esas puertas que no llevan a ningún sitio, en esas habitaciones elevadas y en qué esconden bajo su suelo, en quién pasaría bajo esos arcos cerrados. Dicen que ahí había cuadras y cocheras, pero está claro, a tenor de lo poco que se sabe de lo excavado que había algo más.

       Estos días atrás estaban pintándolo todo, incluido el interior del patio, para que luzca bonito el 17 de septiembre, el Día de Melilla. Próximamente instalarán tiendas de souvenirs, un centro de visitantes para ver la excavación y quizá alguna dependencia oficial. Todo muy inconcreto, puede ser eso o nada.

     

El morabo de Sidi Hamed el Hach


En lo mas alto del Monte Gurugú

       Lo que conocemos en Melilla como monte Gurugú o Gourougou (en su versión marroquí), es en realidad un mazico montañoso de varios picos, siendo el mas alto el de Sidi Hamed el Hach o » Hamed el peregrino». Realmente Gurugú es un nombre que no se sabe como aparece, pues nunca lo llamaron de ese modo los geógrafos árabes que se acercaron a la zona, ni los anteriores a ellos. Hay un monte Gurugú en las cercanías de Alcalá de Henares. Lo que si se sabe es que expedicionarios franceses como Debrel lo denominan como «Yebel Sidi Hamed el Hach» o Gurugú como segunda denominación y que a la larga es la que se acabó imponiendo.

       Las reticencias hacia los árabes no desaparecieron nunca en el Rif, pero la religión islámica se abrió paso con la celeridad del rayo por todo el magreb, borrando cualquier rastro religioso anterior. Unos dicen que el culto a «los morabos» (personas de reconocida santidad pública), son anteriores al Islam, otros sostienen que sin estos «morabos», la religión islámica no se hubiese extendido de un modo tan uniforme y extenso y que fueron imprescindibles para imprescindibles para esa islamización. Ambas teorías podrían darse la mano. El caso es que no parece existir ningún lugar de culto «morabítico» anterior a la llegada del Islam o que haya sobrevivido a este.

          La Guerra de Marruecos asoló toda esta zona a principios del siglo XX y todo quedó sembrado de muerte y de bombas, incluido el propio morabito original, que fue arrasado en La Guerra de 1909. Hoy no queda rastro de todo aquel horror y en la zona reina una quietud sobrecogedora. Las vistas en días de poniente son espectaculares y la calma y el silencio que envuelven al Yebel de Sidi Hamed el peregrino, hacen que uno se reconcilie con la naturaleza. Son muchos los melillenses que hacen recorridos tanto a pie como en bicicleta por estos montes, hay uno: Ricardo Ruíz Varea, que incluso tiene un blog de rutas, cuyo enlace añado.

       Los morabitos son lugares de culto y de reposo. Suelen estar rodeados de una vegetación típica y además cuentan o contaban, con una zona habitacional en la que se podía descansar, cocinar o refugiarse. Antes había una persona o familia que vivía en el lugar y se preocupaba de mantenerlo en óptimas condiciones, tanto para sí mismo, como para los posibles peregrinos. Ocurre también que la nueva ola islamizadora considera todos estos lugares y estos cultos como contrarios al Islam, por lo que están siendo abandonados, o incluso algunos como el de Sidi Embarek (Ceuta), atacados e incendiados.

       También se puede estar produciendo el mismo fenómeno secularizante que en las sociedades occidentales de tradición cristiana y este tipo de cultos se esté abandonado de modo gradual. Hay santos más populares que otros y santos de gran raigambre en el pasado están hoy absolutamente olvidados.

     El morabo de Sidi Hamed el Hach (la reconstrucción española de 1920), se encuentra en un estado de absoluto abandono y parece que la tumba del peregrino ha sido removida o profanada. Hay pintadas en árabe, que sabrán leer los arabófonos y que espero que nos informen de su texto.

Amanece sobre la Alcazaba de Málaga


Lo primero que se ve al llegar en barco desde Melilla, tanto a Málaga como a Almería, son sus imponentes alcazabas árabes. Hasta el pasado siglo XX ambas estuvieron muy descuidadas en cuanto a monumentos, pues hasta el siglo XVIII fueron utilizadas con fines militares. Luego vino el abandono y el olvido, pero como siempre digo, el olvido preserva, aunque parezca una paradoja, aunque quizá lo sea. el caso es que ambas ciudades nos ofrecen dos imponentes monumentos de mas de mil años de antigüedad y que se han convertido tanto en emblemas de la ciudad, como en objeto de estudios arqueológicos y en fuente de conocimiento  y de cultura. Málaga y sus obras del metro están sacando a la luz los restos y los límites de sus antiguas murallas musulmanas, porque aparte de la majestuosa alcazaba, un alminar que pertenece hoy a una iglesia, el mercado de las atarazanas, magníficamente rehabilitado, conserva pocas cosas más de su pasado islámico en la capital. Aun así, y con financiación Saudí, se está construyendo en ella la mayor mezquita de toda Andalucía, la más moderna y lo que será el mayor centro de estudios islámicos de España. Todo un acierto y una reconciliación con parte de su pasado, en una ciudad que es símbolo de las tradiciones cristianas y que posee, una de las más imponentes Semanas Santas de Andalucía, que es como decir de España.

La alcazaba de Melilla


 

        Las ciudades musulmanas se dividían en dos distritos principales, la alcazaba o distrito militar y la medina o distrito administrativo. También existían los arrabales y las almunias. Tras cinco siglos de guerras y de demoliciones poco o casi nada ha quedada de la ciudad musulmana en Melilla, salvo los nombres. En donde debió situarse la alcazaba  y  que se sigue llamando como tal, no queda casi nada «en superficie» y lo que era la zona de la medina es lo que conocemos como Melilla La Vieja y Plaza de Armas, que también conserva su nombre y se llama barrio de Medina Sidonia. Es un curioso guiño histórico. Hay un plano del siglo XVI en donde se aprecia claramente  todo el perímietro de La Alcazaba, con su murallas originales (algunos segmentos persisten bajo el parque Lobera),y que fueron ocupando los españoles poco a poco.

      Las alcazabas  y atalayas defensivas se situaban en los lugares mas prominentes y con mejor visibilidad, para así poder vigilar toda la zona. las armas de la época (siglos X al XV) eran de corto alcance, y pr tanto, era muy necesaria la advertencia previa de cualquier movimiento para poder poner las defensas en orden de batalla. La Alcazaba cumple todos los requisitos estratégicos para haber estado ahí la alcazaba musulmana. Los españoles, hasta que no aseguraron y dominaron ese punto en el siglo XVIII, estuvieron siempre hostilizados por los rifeños. Si ese cerro no hubiese estado dominado en el asedio de 1775, cuando el Sultán de Marruecos ya disponía de artilería de largo alcance, la suerte corrida por Melilla muy bien pudiera haber sido otra.

          En esta foto de la década de 1970 se aprecia lo que era el antiguo barrio de La Alcazaba y se pone de manifiesto que lo que se debería haber conservado era mucho. Hoy hubiese dado un gran perfil histórico a la ciudad de Melilla. Queda muy claro que las autoridades y responsables de la época, pese al halo mítico con el que quiere envolverlas la historiografía local, hicieron muy poco por conservar nuestra historia real y se decidieron por «una leyenda» que nada tiene que ver con nuestro pasado.