Mujeres en el Gulag


                               Mujeres que hablan de mujeres

                   Estamos acostumbrados a que los hombres, literatos, ensayistas, novelistas, historiadores, filósofos nos cuenten todo, incluido el mundo de las mujeres, o la parte del mundo que les correspondería relatar a ellas. De cada 10 libros publicados o de éxito, 7 u ocho suelen estar escritos por hombres. La visión y el modo de estar en el mundo no es el mismo en un lado que en el otro. El mundo de las mujeres no es el mismo que el de los hombres. El Alminar se asemeja a un río porque también tiene sus afluentes y manantiales de los que se nutren y acrecientan su caudal.

                  La gran diferencia entre los campos de prisioneros del sistema soviético, conocidos como Gulag, y los campos de prisioneros del nazismo es que los primeros eran de trabajo esclavo, y los segundos simplemente de exterminio. No son comparables ni siquiera en cifras. En el sistema del Gulag murió mucha gente, por miles o incluso millones, también en los desplazamientos entre campos. Todos eran prisioneros políticos y realizaron enormes obras de infraestructura de modo esclavo, pero su finalidad no era exterminar poblaciones por características raciales, ni realizar experimentos genéticos.

                     La diferencia entre los libros de memorias sobre los campos de exterminio nazis, y los del Gulag es también apreciable en cuanto a numero. En los últimos tiempos cada año se publican varios libros sobre las experiencias de supervivientes del Gulag, preferentemente de mujeres. Los más característico son los de Anna Lárina (esposa de Nicolai Bujarin), y Nadezhda Mandalstam. Sin embargo, entre los relatos de las mujeres surge también los retazos de la vida. Narran el horror indudable e innegable de los campos de trabajo, sobre todo de los encuadrados en el Circulo Polar, en la región de Kolymá (el infierno helado). La supervivencia en los campos nazis era ínfima.

                   En Los Hornos de Hitler ( Hitler´s Oven) de Olga Lengyel lo que se narra es el horror puro y duro, sin concesiones para nada; mientras que en Lo que no puedo olvidar, de Anna Lárina, sí aparece la vida, la supervivencia, la solidaridad entre mujeres, como clase, para sobrevivir a un espanto de esas características. Las mujeres rusas eran desterradas con sus hijos a los campos, o tenían hijos allí, y había que vestirles, alimentarles y cuidarles. En los campos soviéticos no se mataba a los niños, como en los nazis, y esta es también  una diferencia decisiva. En los últimos tiempos, y al dictado de la maquinaria ideológica imperante y dominadora,  se quiere equiparar el nazismo con el comunismo, sin que admitan demasiadas analogías. Para que no quede duda alguna, diremos que los campos de los Jemeres Rojos en Camboya eran de exterminio, y Pol Pot uno de los personajes más infames de la historia, que sin embargo no se diferencia mucho de Leopoldo II de Bélgica, quien sin embargo no suele estar en las listas habituales de genocidas.

        El último de los libros publicados sobre los testimonios de mujeres en el Gulag es el de Monika Zgustova, Vestidas para un baile de nieve, con novedosos e impactantes testimonios de mujeres supervivientes de los campos de Stalin.

             En Rusia existe la Organización de Derechos Humanos Memorial, que lleva décadas publicando los nombres de todos/as los represaliados en la época de Stalin, así como la de todos los prisioneros y desterrados/as. Están publicando y digitalizando todos los expedientes de prisioneros, de los juicios y rehabilitando la memoria de todas las víctimas.

 

 

 

 

Carnaval frío de 2018


        El carnaval de Melilla está condenado por las tres religiones monoteístas. La cristiandad más ortodoxa está incrementando su rechazo a una fiesta, absolutamente asociada a la cuaresma. Tanto que no serían lo mismo la una sin la otra. El judaísmo no participa en este tipo de celebraciones, y el islamismo creciente lo tiene calificado como «haram», aparte de ser completamente ajeno a su cultura. Tampoco había nada de transgresión o crítica al poder, eso es algo que está erradicado desde hace dos décadas en nuestra ciudad.

          Todo ha sido un desfile muy ordenado, con ambiente frío y escasa conexión del desfile con el público. Hay demasiado carnaval en la Cabalgata de Reyes, y demasiado Disney en la de Carnaval. No se trata de lanzarse de lleno a los siete pecados capitales, pero sí al menos elevar un poco el tono de crítica, y hay muchos motivos, y el de transgresión, aunque sea visual y estética.

             Una cabalgata debe tener un concepto desde la primera carroza hasta la última, y también un desarrollo de contenido. No había bandas de música, ni chirigotas, ni nada por el estilo. Todo demasiado vigilado, en el que la indumentaria más lograda era la de «la policía», a la que se le podría otorgar hasta un premio honorífico por grupos. Lejos quedan ya los tiempos de los escándalos con las mulatas brasileñas, y la sobreprotección policial que debían llevar. Hay pocas asociaciones de vecinos participando en el desfile. Las carrozas se sortean cada año, lo que impone un límite físico. No existe la participación libre, no vaya a ser que se infiltre un grupo transgresor que realice una parodia de «la cueva de Alí Babá», o insinúe cualquier otra cosa que cause espanto al Poder, como el nombre de una ópera, tal cual «el ocaso de los dioses», o incluso un  problema menor, de los muchos que hay en la ciudad.

            Febrero suele ser un mes frío e inclemente en Melilla. Este año la celebración ha coincidido con la parte central del invierno, dado el adelanto del ciclo de la cuaresma. El tiempo de carnaval acaba el día antes del miércoles de ceniza, que este año es el próximo día 14 de febrero.

La guerra del Estrecho: Armas y Acciona


       Estuvieron muchos años convenciéndonos de las bondades de la economía de mercado y de la  libre competencia, pero nos estaban engañando. Nos hacen caminar sin remedio hacia los monopolios, ya sea en el sector bancario, en el de la alimentación, en el sanitario, o en el de los transportes.  La desaparición del control del Estado sobre importantes sectores económicos solo trae la pérdida de calidad, la desregulación, y el lucro privado, pero no a cambio de calidad.

                  Cuando José Mª Aznar liquidó Trasmediterránea

     La etapa del gobierno de José Mª Aznar fue una de las más corruptas de nuestra reciente historia democrática. Su tan repetido milagro económico no fue otra cosa que «hacer caja» a base de vender o privatizar empresas que hasta ese momento eran estatales, como Telefónica, Iberia, Argentaria o la propia Trasmediterránea, cuya titularidad acabó en manos de empresas o amigos del círculo íntimo del Poder. Todos los grandes escándalos de corrupción que ahora se investigan y juzgan, se fraguaron en la casi década de 1996-2004 (Valencia, Madrid). Se vendieron las joyas de la corona.

      Trasmediterránea fue privatizada en 2002 en medio del escándalo político, ya que la oposición acusó al Gobierno de Aznar de favorece a «amigos» del Poder. El consorcio de Acciona estaba participado entre otros por el ministro Abel Matutes o incluso la naviera Armar. El pago total, según la cifras de la época fue de 260 millones de euros (1). En el momento de su privatización, Trasmediterránea generaba unos beneficios de explotación de 25 millones de euros. Los sindicatos UGT y CCOO estuvieron de acuerdo en el proceso, porque se «mantenía el volumen de empleo», algo que a la postre no resulto cierto.

                            La extraña venta de Trasmediterránea

    Armas es un naviera que opera en las Islas Canarias, con un capital social de 28 millones de euros y según el capitán de marina mercante Rafael Roselló, tiene 700 millones de euros de deuda en hipotecas marítimas, por lo que difícilmente podría hacer frente a la compra de una compañía como Trasmediterránea. Se trataría pues de una maniobra especulativa y presuntamente fraudulenta. La oferta de 0€ por el contrato marítimo de las líneas de Melilla con la península por parte de Acciona, debió hacer saltar las alarmas, sin embargo todo fue dado por bueno por el Ministerio de Fomento.

    El capitán de marina mercante Rafael Roselló ha dirigido y presentado escritos denunciando toda esta situación en la Fiscalía Anticorrupción, en la Comisión Nacional del Mercado de Valores, en la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia y en el Ministerio de Fomento. También ha dirigido una carta al Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, dándole cuenta de todas sus averiguaciones, y se le ha respondido agradeciéndole sus averiguaciones, de las que se informará al presidente del Gobierno.

   La primera pregunta que surgiría es la de porqué es un ciudadano común el que realiza todas estas averiguaciones y denuncias, y no el propio gobierno de la ciudad. En este caso sería porque o no se enteran de las maniobras o están fuera de los circuitos de información. En el caso del Gobierno de la Nación y de sus  entidades de vigilancia, en opinión del capitán Roselló, sería porque los intereses son tantos y tan fuertes, que simplemente dejan hacer, cuando en realidad deberían intervenir. Lo que no dejan dudas son sus escritos a todos los organismos en instituciones mencionadas y que se han publicados en medios de comunicación independientes (2).

   Tras anunciar la venta de Trasmediterránea, la cotización de Acciona se disparó en Bolsa, a la vez que la naviera Armas lanzaba una ampliación de capital por valor de 300 millones de euros (3).

              Las consecuencias de la compra de Trasmediterránea para Melilla

    Trasmediterránea ha estado mal gestionada por Acciona, en opinión de Roselló, pese a lo cual el último ejercicio se saldó con un unos beneficios de 16 millones de euros. Se han perdido empleos y se ha perdido calidad de los mismos. Si el Estado no impide la compra de la naviera Trasmediterránea por Armas, se perderán líneas y enlaces con la península (de momento ya se han perdido todos los barcos rápidos); y lo que sería más preocupante, la posible entrada en el puerto de Melilla de la naviera marroquí AML (https://www.aml.ma/es/).

      En opinión de Rafael Roselló, el Estado debe impedir esta venta o compra fraudulenta, y permitir que una nueva operadora marítima, que ya está en formación, se haga con Trasmediterránea, cuyo valor real apenas supera los 50 millones de euros, y no los 260 que Armas va a pagar por hacerse con la naviera más clásica del Estrecho. Este nuevo consorcio marítimo cuenta con la participación de armadores, marinos profesionales y navieras. Su objetivo es salvar Trasmediterránea como marca, reflotarla y modernizarla.  Todo está en juego en este momento, desde el cabotaje nacional, hasta la propia marina mercante española, en opinión del capitán Roselló.

Notas:

(1)https://cincodias.elpais.com/cincodias/2002/08/02/empresas/1028295587_850215.html

(2)https://www.elestrechodigital.com/destacado/denuncia-una-presunta-alteracion-las-cotizaciones-acciona/

(3)https://www.elconfidencial.com/empresas/2017-10-25/acciona-trasmediterranea-naviera-armas-venta_1466454/

Último día en el Docker


                                 Esta familia de 5 miembros pasará su última noche bajo el techo de uralita de los antiguos aparcamientos del Hospital Militar. Un buen amigo del Alminar, que leyó atentamente todo lo ocurrido con el accidente medio ambiental del pasado 15 de diciembre, en el que la caída de un eucalipto gigante pulverizó parte de la cubierta de amianto de un barracón, y convirtió la zona en el Chernóbil melillense, me advirtió: «Si vuelves allí toma precauciones, yo paso por allí todos los días y me da miedo, tanto que me cubro la boca y la nariz con la bufanda».

                               Hemos vuelto al Docker y le hemos hecho caso y tomado precauciones. De una autoridades que ni siquiera han comentado el incidente, no es posible fiarse. Sabemos que las placas de uralita han sido retiradas por una empresa especializada y que los trabajadores iban cubiertos con trajes especiales. La zona se ha acordonado con una cinta cuya leyenda dice: No pasar, amianto. Sin embargo el peligro del amianto, el mineral letal, no es que se haga caso de la advertencia y no se pase, es que sus volátiles partículas salen y circulan por el aire.

                             Con posterioridad al accidente de diciembre de 2017 supimos que se produjeron varios, al menos hasta tres, y que grandes ramas de los árboles talados perforaron al menos las cubiertas de otros dos barracones más, aparte del que fue objeto de la noticia. Tenemos las fotografías que lo prueban. Ese barracón ya no existe, ni ninguno de los otros que estaban de amianto hasta los topes.

                         La Consejería de Medio Ambiente no ha dado señales de vida, no ha comunicado nada a la ciudadanía, el pacto de silencio sobre el amianto es real. No ha informado sobre si se hicieron mediciones para detectar partículas de amianto en el aire. No sabemos si esa excavadora que aniquila los restos de los barracones, y que levanta gran cantidad de polvo, puede llevarse también consigo algún fragmento de la uralita, o si está esparciendo las peligrosas fibrillas de amianto, invisibles y letales.

                                Hace unos días en una obra en el cementerio de La Concepción, vimos en el saco que contenía las placas de uralita la siguiente advertencia: Respirar polvo de amianto es peligroso para la salud. Se trata precisamente de eso, que el polvo viaje y sale de su zona de origen. Aquí no hay advertencia ninguna y las personas deambulan por las inmediaciones. No sabemos si esto es un entorno seguro porque nadie lo ha comunicado de modo oficial.

                               La familia desalojada

               El 2 de febrero, o sea mañana, esta familia que lleva aquí viviendo más de dos años, debe desalojar el aparcamiento, porque se va a desmontar la cubierta de uralita y luego se va a demoler el muro. Ningún responsable de la Consejería de Servicios Sociales se ha interesado por su estado, ni les han ofrecido una alternativa a la vida en la calle.           Tienen intención de trasladarse a algún lugar cercano, con sus pertenencias, pero preferirían alguna solución que pusiese fin a su vida sin techo. Carecen de recursos económicos y han esperado hasta el último momento alguna visita de la Consejería. La nube de polvo de la uralita les cayó encima el pasado 15 de diciembre.

El Mercado del Real


              A solo un año del fin de la legislatura autonómica (2019), el gobierno de Melilla ha definido como prioridad «salvar o encontrar un futuro» al mercado del Real. Hace 5 años* (2013), lanzamos un aviso sobre el declive irremediable de este tipo de mercados en Melilla. A lo largo de ese lustro, el mercado de Cabrerizas, que en principio iba a ser solo remodelado, ha desaparecido definitivamente. El mercado central se encuentra en crisis completa, y el del Real en situación terminal.

            La proliferación de fruterías en las inmediaciones de los mercados, de autoservicios, de supermercados, de pescaderías e incluso la venta ilegal de productos perecederos en los alrededores, han acabado por lastrar las posibilidades de supervivencia de los mercados tradicionales. Son demasiados años sin llevar a cabo medidas eficaces, o sin ni siquiera tomar medidas.

                      El mercado del Real apenas tiene ya activos 12 puestos, de los más de cien que llegara a albergar. La pérdida más significativa fue el cierre en sus instalaciones del establecimiento de comidas preparadas «El Asturiano», que ha fijado su ubicación definitiva y única en la calle Ibáñez Marín. Las instalaciones del mercado del Real fueron inauguradas en 1941. Hoy es un edificio frío en invierno, muy húmedo y se encuentra completamente destartalado. Sus pasillo están vacíos, carece de despacho de pan, y el último establecimiento de «ultramarinos», desapareció hace más de cinco años. Solo resisten la cafetería,  tres carnicerías y otros tantos puestos de frutas y verduras, más los del pescado.

                 Los mercados tradicionales o de abastos, la célebre plaza, tienen el gran handicap del horario. Para tener un futuro tendría que buscarse  alguna actividad alternativa, pero la proliferación de la misma  oferta en cualquier manzana del barrio, impide encontrar una solución. En su estado actual, el mercado del Real no tiene futuro. Es un edificio obsoleto con varios problemas, uno de los principales es la cubierta de uralita o amianto, que debe ser sustituida completamente. En realidad debería ser remodelado de modo completo, pues ya solo es la carcasa.

            El desarrollo económico de la ciudad está descontrolado, con cientos de establecimientos del mismo tipo. Otros sectores económicos vigilan mucho la posible competencia. Debe existir un límite y tope para cualquier actividad. No pueden darse licencias infinitas en un determinado sector, y restringirlas hasta el paroxismo en otros. Hay desorden y eso se deja notar en la ciudad. Desde Navidades está anunciada una visita del gobierno de Melilla al Mercado del Real, que todavía no se ha producido.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/07/15/la-caida-de-los-mercados-en-melilla/

 

 

La colina del sílex en Melilla


                                                    El país berebere

               El país berebere, como acertara a llamarle Angelo Ghirelli, ocupaba toda la parte norte de África, desde el mar Rojo, hasta el océano Atlántico. A lo largo de muchos años, Ghirelli recorrió todo el norte de Marruecos documentando la presencia humana, reconocible claramente desde el Paleolítico. Paul Pallary, arqueólogo francés, estuvo por la zona en el principio del siglo XX, visitando la isla del Congreso e incluso la comarca de Melilla. En Chafarinas concluyó que la falta de agua  solo podía llevar a la conclusión de que las islas fueron habitadas antes de su separación del continente, o que los nativos de la zona tenían medios y capacidad para acceder hasta ellas y llevar agua. En la isla recogió muchas abundantes muestras de sílex tallado.

               En Melilla, Pallary encontró jaspes y sílex tallados también en una cantidad abundante, tanto en la propia ciudad, como en las colinas circundantes, en torno a los cauces del río de Oro y sus arroyos y en dirección al monte Gurugú. La región es rica en basaltos, jaspes y calcedonia, materiales fáciles de extraer y de tallar. En el lecho del río encontró un hacha de ofita.

                                            Sidi Guariach, la colina del sílex

                  Sidi Guariach no tenía hace varios miles de años el aspecto actual, probablemente formaría una colina de mayor volumen, con cavidades naturales, y con un arroyo en las inmediaciones, llamado ahora de Alfonso XIII. La guerra, los desmontes posteriores y la apertura de carreteras alteraron la zona. Sin embargo, esas alteraciones pueden sacar a la luz yacimientos ocultos, como la cantera de sílex de Sidi Guariach, citada por José Mª Tomassetti, soldado de reemplazo en Melilla en 1992. Esta investigación y trabajo de campo,  publicada por la UNED de Melilla en 1996, fue sin embargo la última. Nadie más ha parecido interesarse por las «industrias líticas en sílex» de la comarca de Melilla.

                    El conjunto de Sidi Guariach es descrito por Tomassetti como un conjunto de dos cerros y un amplio abastecimiento de agua, con la presencia de hasta cuatro pozos y un arroyo. «El cerro está modelado sobre calizas/molasas pliocenas que se asientan sobre un profundo paquete de traquiandesitas, también pliocenas». En esa época, 1992, identifica la existencia de restos arqueológicos, no conservados posteriormente, y de los que no se ha vuelto a tener noticia. La acción erosiva y humana, alteraciones del terreno, propician el afloramiento de restos y de materiales sin necesidad de excavación previa. José Mª Tomassetti también identificó la existencia de dos fallas, en dirección al colector principal, en dirección E/W.

                   Pasados 25 años de estas prospecciones, la zona está todavía más alterada, por la urbanización y parcelación del terreno para nuevas urbanizaciones. Sin embargo, en una de esas parcelas, delimitada por la calle de Carlota O´Neill en su borde superior, afloran a simple vistas grandes piedras de esa primitiva cantera de sílex. Algunos bloques podrían estar desplazados, pero otros no, pues están fijados al terreno. Además, las parcelas están en niveles diferentes, y las curvas muestran claramente la distinta composición geológica del terreno. Los grandes fragmentos de sílex están en la parte más baja, o sea la más antigua geológicamente.

                                            La industria lítica

      Todo el material extraído en 1992, hasta 825 fragmentos, «estaban fabricados en el sílex local, de calidad media y con frecuentes inclusiones cristalinas y fosilíferas, en estado natural de color marrón e intensidad variable». Del total de las piezas halladas, se descartaron 318, dadas sus alteraciones o fragmentaciones múltiples. El conjunto se encuadraba en dos amplios grupos, los restos de talla y los útiles propiamente dichos.                Esto que mostramos son los restos de la cantera, visibles gracias al gran deterioro del terreno. La abundancia del sílex hallado, los restos de las fallas, e incluso el agrupamiento (natural o artificial) de grandes bolos de basalto en una de las franjas, harían que mereciese la pena una exploración arqueológica exhaustiva, antes de su irreversible pérdida final.

          Entre los restos de talla y lascas de sílex encontrados, destaca uno que por su forma pudiera tratarse de un bifaz de tipo Achelense, en opinión de un experto. Este útil prehistórico estuvo en uso hasta el Paleolítico medio, lo que podría documentar una presencia constante de población mauritana en la comarca de Melilla, de tierras fértiles y abundante agua.

         Toda esta investigación coincide con la publicación en Ceuta de un libro sobre la obra de Angelo Ghirelli, por el doctor en Historia Antigua Enrique Gozalbes Cravioto, que además es autor de la obra «La ciudad antigua de Rusadir», obra imprescindible sobre la evolución histórica de Melilla.

 

 

 

 

Convivir con el amianto


            Lo instalaron entre 1940 y 1980, en cantidades casi epidémicas, y todavía sigue junto a nosotros/as. Hay un pacto de silencio que nadie se salta, la ciudad está inundada de este mineral letal, pero no hay un solo plan previsto para su retirada. Mientras tanto, en una situación de colapso sanitario, se siguen invirtiendo cantidades mil millonarias en maquillaje urbano, como las falsas zonas peatonales del barrio del Real, Carlos de Arellano, barrio del Industrial, o el pseudo carril bici del Paseo Marítimo, mientras se racanea hasta el extremo las inversiones en el futuro de la ciudad. Nos es lógico gastar 10 millones de euros en las zonas mencionadas, y no planificar una verdadera alternativa medioambiental para Melilla.

            Hay algo que ya hemos conseguido y es que el amianto o uralita ya esté en las carpetas de las mesas de los despachos, aunque nadie se atreva a hablar de él en público. En los primeros días de enero comenzó la retirada del amianto en el cementerio de la ciudad, en secreto, sin la menor noticia pública, pero eso sí, con todas las protecciones requeridas para este tipo de material. El contraste es tremendo entre las imágenes de la zona sellada en el cementerio, mientras que se hacía explotar un techo de uralita sobre las mismas narices de los ciudadanos en el hospital del Docker, y no solo el que pudimos fotografiar, pues tenemos constancia de que se repitió el incidente, caída de arboles sobre las cubiertas de uralita, en al menos otros dos barracones. En el acuartelamiento Pedro de Estopiñán, una gran sección de uralita está a punto de hundirse.

             La advertencia resulta curiosa y alarmante a la vez: respirar polvo de amianto es peligroso para la salud, en el cementerio. Mientras tanto, numerosas zonas de la ciudad conviven con amianto fracturado, como el cuartel Gabriel de Morales, junto al de Santiago, o lo tienen casi encima, como las viviendas sociales de la calle Luis de Ostáriz, y que recientemente se ha cubierto con una malla protectora. Los ciudadanos pasean bajo el amianto en el Mercado del Real, y en los pabellones deportivos de la Hípica y en el  Lázaro Fernández, o incluso lo tienen como techo de viviendas, como una que identificamos en la calle Nápoles. Está por todos lados, incluso en forma de bidones de agua, en forma masiva y en pleno centro de la ciudad.

            Tan preocupante como la que se ve, que ya es mucha, está la que podría haber sido eliminada de manera clandestina, cuando el Ministerio de Defensa abandonó estos cuarteles. Junto a los restos de barracones con techumbres de uralita, están los que ya no la tienen, y de la que parte está fracturada en el suelo o desaparecida y evaporada. Las preguntas son directas: ¿Cuándo fue eliminada toda esa uralita, quién lo autorizó o miró hacia otro lado, y sobre todo a dónde fue a parar?. Fragmentar y triturar la uralita de forma clandestina, en los vertederos de escombros, es una de las peores soluciones posibles, además de un delito medioambiental, y un riesgo gravísimo para la salud de los ciudadanos. Hay muchísimas preguntas, ninguna respuesta.