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Barajando Trasmediterránea


El contrato pandémico

No es posible saber de todo, sin embargo la obligación es escribir de cualquier cosa que tenga relación con la ciudad de Melilla. Esto obliga a leer mucho, a estar al día de casi todo, y lo más importante, a contar con la ayuda de aquellos que conocen temas muy específicos, como el de la navegación y el de las líneas marítimas del Estrecho. La ciudad de Constantinopla cayó en poder de los Otomanos en 1453 porque la marina de Venecia (la más poderosa de la época) le negó su auxilio, y sin embargo sostuvo el asedio durante casi dos meses, porque contó con la ayuda de la marina de Génova. Esto quiere decir que los Estados apenas tienen control sobre las compañías marítimas y que los mares tienes sus propias leyes. Las navieras cambian frecuentemente los nombres de los barcos, los mudan de lugar e incluso los cambian de bandera. También pueden cambiarse las líneas.

Los artículos escritos sobre nuestras comunicaciones marítimas son tantos, o quizá más, como años tiene El Alminar. En este década hemos pasado del mejor contrato marítimo de la historia, al peor; del barco rápido (Millenium 3) al más pequeño posible, el Pinar del Río de Balearia; del “contrato cero” al de la pandemia, de barcos buenos y nuevos, a otros viejos y lentos. Lo que sí puede destacarse, en opinión de antiguos capitanes de marina mercante, es la progresiva falta de control de las Administraciones, sobre las compañías navieras. En este concretamente, salvo el requisito de mantener ciertas frecuencias, a las que ya obliga el propio contrato, el Estado no exige nada más, y desembolsa 11,4 millones de euros. Es verdad que es un contrato de pandemia, que Armas-Trasmediterránea está en quiebra técnica, y que llevan un año prácticamente sin ingresos, manteniendo solo el negocio de la carga, y muy disminuida, dedicada solamente al abastecimiento de la ciudad, porque el comercio con Marruecos está desaparecido.

En las últimas dos décadas hemos contemplado la privatización de Trasmeditarránea, su venta al grupo Acciona, la compra posterior de la misma por parte de Armas, cuando ésta ya arrastraba grandes problemas financieros. También hemos asistido al lento desembarco de Balearia, la naviera de la familia Matutes, que incluso ha puesto el nombre de patriarca, Abel Matutes, político popular y ex ministro de Asuntos Exteriores, a su barco más moderno y capaz.

Barcos, contratos y sobres

Nadie en su sano juicio puede creer que un sobre de un concurso público pueda dejarse vacío, o que compañías experimentadas cometan errores en la oferta del contrato, y pongan la matrícula de una furgoneta en vez del nombre de un barco, o que equivoquen el trayecto entre Melilla y Almería con la línea de ferrocarril entre Linares y Alcázar de San Juan. No es creíble, porque las navieras no invade las líneas marítimas de otras. Mas bien parece un reparto ordenado, dada la situación financiera de Armas, que volverá a recluirse en el territorio insular canario, abandonando su línea estrella, la de Motril. En las revistas de información naviera se especula con la llegada de la marina de Génova al tráfico marítimo de las Islas Baleares, lo que a su vez desplaza a Balearia hacia el Estrecho, con la casi desaparición de Trasmediterránea, que solo mantiene la línea de Málaga como única y última cabeza de puente. Armas-Trasmediterránea ha pedido un rescate al Estado por importe de 100 millones de euros, que de no ser atendido, provocará a su vez que venda o ceda este línea, a Boluda Corporación Marítima. Ya escribimos en una ocasión anterior, que resultaba irónica la liquidación de la legendaria Trasmediterránea, en plena conmemoración de su centenario.

Los defensores del contrato, solo aciertan a decir que es un contrato pandémico, de mínimos, dado que el tránsito de pasaje está reducido al mínimo, y que solo se mantiene el tránsito de carga, con el objetivo de abastecer la ciudad. Sin embargo, los horarios fijados, cuando vuelva el movimiento de pasajeros, no alentarán al uso del barco. Los trayectos y frecuencias que se pierden, rara vez vuelven a recuperarse, como sucedió en el transporte aéreo. Es más, se ha ampliado el periodo de antigüedad de los barcos, hasta los 20 años.

Luego está la precariedad laboral en el interior de los barcos, la casi desaparición del servicio interior (restaurante, tienda, cafetería), o la más que cuestionable calidad de la limpieza en el interior de los buques, salas comunes y camarotes, imprescindible en tiempos de pandemia. La exigua tripulación, debe hacerse cargo también de la limpieza y desinfección en el interior de los barcos. En la situación actual, esto debería haber ocupado un apartado especial. Pese a la complejidad del mundo de los transportes, la ciudad de Melilla no cuenta con nadie dedicado a vigilar y manejar esta circunstancias, o que entienda de ellas, desde el Gobierno de la Ciudad. Lo de Turismo y Transportes es un genérico, cuando se necesita un gestor específico.

¿Adiós a la línea marítima de Motril?


Armas sorprende en Año Nuevo con un barco viejo

   Los pasajeros que hemos utilizado la línea marítima de Motril en el día de hoy, hemos sido sorprendidos con el barco más viejo de la naviera Armas, el Volcán de Tauce, que data de 1995 y que ya no está en las condiciones adecuadas para el transporte de viajeros de media distancia. El barco se ha movido hasta con el mar en calma, además de tardar 7 horas en realizar el trayecto entre la localidad granadina y Melilla. Lavabos semiarruinados, sillas desvencijadas, un aspecto general de hotel viejo y un ambiente que nos recordaba a los peores días y momentos de Trasmediterránea/Acciona

         El caso es que Armas no realiza el trayecto entre Motril y Melilla los viernes, pero en vez de advertir esa circunstancia a las agencias de viaje, se decidieron por poner un enlace de refuerzo, pero con un barco viejo y lento, pero eso sí, al mismo precio y tarifa que el Volcán de Tinamar, que es el que habitualmente realiza la conexión entre ambas ciudades. Un despropósito para iniciar el año.

                 Un nuevo contrato marítimo por 25 millones de euros

     En Granada están muy interesados en todo lo concerniente a las líneas marítimas con Melilla, por lo que su periódicos informar con detalle de lo que ocurre con los barcos, ya que Motril quiere mantener a toda costa el enlace de Armas. En el Ideal de Granada nos hemos enterado de que “el mejor contrato marítimo de la historia”, se va a llevar a cabo con la subvención más alta del siglo, 25 millones de euros (4.100 millones de las antiguas pesetas), como aportación del Estado. Al final ha sido Marina Mercante la que ha realizado toda la gestión, porque desde la Ciudad Autónoma no han sido capaces de gestionarlo.

      Según cuenta el diario granadino, Armas se presenta al concurso para luego tener derecho a impugnarlo, si como parece la naviera Acciona resulta la ganadora, porque lo que quiere seguir manteniendo es el enlace motrileño, que le está siendo rentable tanto en el transporte de pasajeros como en el de carga. La naviera Balearia, de la que es copropietaria la familia Matutes (perteneciente a la casta económica española), tiene problemas financieros y podría no poder hacerse cargo de los enlaces marítimos, pese a haber participado en el concurso.

          Acciona/Trasmediterránea está en venta y el fondo de inversión Cerberus (el can del infierno), solo ha ofrecido 120 millones de € a la empresa española, que no llega a la mitad de la cantidad por la que compró la naviera la familia Entrecanales (perteneciente de igual modo a la casta económica ibérica).

              La situación sigue siendo confusa y no histórica, como dicen los medios propagandísticos locales. Si Armas se hace con el contrato marítimo, a su pesar, desaparecería la línea de Motril, por lo que estaríamos en la situación de antaño, abocados a una sola naviera. Si por el contrario son  Acciona o Balearia las que se adjudican el contrato, y se mantiene el enlace de la costa de Granada, nos quedaremos como estamos, lo que ya se ve como un bien, pero por el doble de lo que pagábamos antes.

       Como colofón y pese a tener la estación marítima más moderna del mundo, los pasajeros sin vehículos siguen desembarcando a pie por la bodega. Esta es la gestión real que nos están ofreciendo, pero no es la que ellos utilizan. Los gestores van en avión y en business class. El problema es que ellos no prueban lo mismo que nos ofrecen.

El contrato marítimo de Melilla


 

                     Entre Acciona y Armas

      Decían mis profesores de matemáticas, que las incógnitas hay que despejarlas siempre desde el principio, para así poder entender el problema. En estos días estamos escuchando a los miembros del Gobierno de Melilla decir cosas en relación con el nuevo contrato marítimo, sin que nadie se entere de nada, entre otras cosas porque no quieren que nos enteremos de lo que realmente se traen entre manos.  El Presidente de Melilla, Juan José Imbroda,  dijo: “Este es el contrato que se merecen los melillenses”. Dicho así, y con esa manera tan desabrida que tiene de decir las cosas, más sonaba a amenaza o a un : “ahora os vais a enterar de lo que vale un peine. Vais a viajar todos en butaca y de día”.

           ¿Con quién se ha reunido el Presidente de Melilla para hacer una afirmación tan categórica y de carácter absoluto?. Por lo que se está viendo, transportistas, comerciantes, agencias de viaje, agentes sociales, partidos políticos, ciudadanos particulares; que han expresado su opinión contraria a la supresión de los horarios nocturnos, no se ha reunido con nadie. Por lo tanto, no puede realizar una afirmación de esa categoría, y pretender hacerla pasar por cierta. No se han reunido con nadie, porque nunca se reúnen con nadie. Hacen lo que a “ellos” les interesa y que luego deciden que es el bien común.

                                Algunas cosas que hay que decir

        Lo primero que hay que decir, es que cuando se hace un pliego de condiciones muy exigente, y con unos horarios determinados, que casi coinciden con los que actualmente oferta la naviera Armas,  es porque se pretende, que salvo sorpresas, determinada compañía y no otra, tenga las mayores probabilidades de quedarse con el sustancioso contrato marítimo entre Melilla y la península. Además hay un regalo adicional de 1.600.000€, que nunca hasta la fecha se había pagado, y del que todavía no han conseguido explicar claramente,  cuál es el supuesto beneficio de desembolsar una cantidad así. Si se dan estas circunstancias, es lícito pensar que existe algún interés no declarado en hacer un cambio tan radical de horarios, de barcos e incluso de compañía naviera.

                                                Viajar de día

           El viaje de día es más barato, pero para la compañía naviera. Los costes de explotación son menores y los beneficios son mayores. Es así de sencillo. Las compañías obtienen en nuestra ciudad la mayor parte de sus ingresos con la carga, no con los pasajeros. Los pasajeros somos la parte más pequeña y menos rentable, de la tarta de las comunicaciones marítimas. Ni unos, ni otros, piensan en nosotros. Cualquiera que viaje en barco con asiduidad o esporádicamente, lo sabe.

          Los melillenses cogemos el barco por obligación y por necesidad, casi nunca por ocio, salvo en el periodo vacacional. Una de las boutades más grandes que se han dicho estos días, por un miembro del Gobierno de Melilla,  ha sido la de: “Con estos horarios, los melillenses podrán salir de la ciudad por la mañana y e irse a un buen restaurante en Málaga”.

             El barco nocturno diario es algo a lo que no se puede renunciar. El último vuelo de Melilla sale a las 8 de la tarde y si el último barco tiene su horario de salida a las tres de la tarde, eso quiere decir que el ciudadano de Melilla estará incomunicado en la ciudad durante doce horas, las que median entre las 8 de la tarde y las ocho de la mañana del día siguiente. Cualquier urgencia que luego precise un viaje posterior entre Málaga y otra capital española, quedaría eliminada de la agenda de los melillenses. 

        Nota:  La reducción del tiempo de viaje llevará aparejada la reducción de camarotes. Con viajes inferiores a 6 horas, la naviera no tiene obligación de ofertarlos, o puede reducirlos al mínimo imprescindible. Nos esperan menos horas de viaje, pero casi todas en butaca.

        PD: Este es el verdadero problema de los viajes en Melilla, de los viajes por necesidad. Todo está ya escrito, aunque ellos descubran la pólvora cada día. https://elalminardemelilla.com/2011/07/11/salir-de-melilla-y-regresar/