Archivo de la etiqueta: Aniceto Carvajal

Aniceto Moisés Carvajal Sobrino


         

             

                     Las dos vidas del héroe de Navalcán

Enrique Delgado

      Aniceto Moisés Carvajal era Jefe del Estado Mayor del Ejército del Ejército del Este, a cuyo mando se encontraba uno de los mejores generales del Ejército de la República y de España, Vicente Rojo Lluch, en palabras del coronel ex director de la Academia Militar de Zaragoza, Carlos Blanco Escolá. En marzo de 1939 se encontraba en Solsona (Lleida), cuando se proclamó el cese el fuego y la rendición incondicional de La República. A partir de ese momento, 400.000 efectivos militares republicanos, pertenecientes al Ejército Popular del Este y del Ebro, atravesaron la frontera en dirección a Francia. En Madrid quedaba atrapado el Ejército del Centro a cuyo frente se encontraba el general José Miaja y los coroneles Modesto y Segismundo Casado.

        Existe una historia difícil de comprobar, en  la que Franco habría ordenado que si algún oficial republicano se identificaba como Aniceto Carvajal Sobrino, fuese conducido sin preguntas ni dilaciones a su presencia. No es posible afirmar si se cursó algún cable a la frontera francesa, o a las unidades republicanas en este sentido. Quizá sí, y el general Franco le hiciese vía telegráfica, o mediante alocución, la promesa de perdón, al Laureado héroe de Navalcán (Toledo). Lo que sabemos es que la rechazó, y que decidió marchar al exilio con el Ejército del Gobierno al que había jurado lealtad. Éste es su gran gesto heroico.

         La respuesta a esa extraña distinción, en quien no solía hacerlas con nadie, se encontraba en un lugar remoto en el tiempo, concretamente en Sidi Mesaud, año 1924, lugar en el que por su comportamiento Aniceto Carvajal recibió la más alta y exigente condecoración de las Fuerzas Armadas españolas. La Gran Cruz Laureada de San Fernando en 1929. El hecho militar está relatado en un artículo del periodista melillense Salvador Ramírez,  con información de José Marqués en 2007, en un desaparecido periódico digital melillense, aunque está suficientemente documentando en otras fuentes.

                                    Navalcán, la cuna del héroe

           Navalcán es un pequeño pueblo de la provincia de Toledo, que es la cuna de uno de los más grandes héroes de la historia militar contemporánea española y además en un doble sentido. Allí nació Aniceto Moisés el 4 de septiembre de 1896, hijo legítimo de Segundo Carvajal y de Cándida Sobrino. Tenemos además documentada la existencia de otros dos hermanos, Ricardo y Antonio, también militares. Antonio quedó en zona republicana, por lo que fue expulsado del ejército en 1938 por el infame delito franquista de “auxilio a la rebelión”, aunque consiguió anular la sentencia en 1945.

           La evolución de Aniceto Moisés Carvajal lo traería hasta África y concretamente a Melilla, en las operaciones de reconquista del territorio marroquí tras la derrota de Annual. En 1924 se produce el combate de Sidi Mesaud, en donde alcanzaría la gloria militar, que le sería concedida en forma de Cruz Laureada de San Fernando, cuando ya era capitán en el Tercio de Ceuta, en donde cada año, celebran una carrera anual con su nombre. En 1930 su hermano Antonio ingresó en la Academia General Militar.

          El 10 de abril de 1931 contrajo matrimonio con la hija mayor del General Sebastián Pozas Perea*, María Elisa Pozas Camarasa (Reus 1906- México DF 1996). Desde ese momento, su vida militar estará asociada a la de su suegro. En 1936 Sebastián Pozas es Inspector General de la Guardia Civil, y Aniceto Carvajal su secretario particular. Ambos participarán con el Ejército del Centro en las Batallas del Jarama y de Guadalajara. En 1938 obtiene su ascenso a Tte. Coronel y es destinado al Estado Mayor del Ejército del Este, en donde le alcanzará la rendición incondicional, exigida por Franco, del Ejército de La República. La valentía personal la tenía acreditada, la moral la adquirió cuando le dijo “no” al tirano y su promesa de perdón. Prefirió irse al exilio,  con el derrotado ejército del Gobierno al que había jurado lealtad. Esto equivalía a llamar traidor en su cara al propio Franco.

                            México, la vida en el exilio

        El tiempo del exilio fue duro y se inició en febrero de 1939. El buque Frande arribó al puerto de Veracruz en México el 20 de abril de ese año, con el General Sebastián Pozas Perea, su esposa Vicenta Camarasa Arrufat y su hija menor Mª del Carmen Pozas Camarasa, nacida en 1915. Junto a él iba su otra hija, Mª Elisa y su yerno Aniceto Moisés, con sus dos hijos, Ricardo y José Antonio.  México dispensó una fraternal acogida a los exiliados españoles. Tanta fue la gratitud hacia este país hermano, que la escritora Carlota O´Neill, que también arribó a México en 1941, tituló la primera edición de sus memorias como Una mexicana en la guerra de España.

      ¿Cuándo murió el héroe?. Aniceto Moisés Carvajal Sobrino murió un 24 de marzo de 1962 en la ciudad de México. ¿Se atreverá la Comandancia Militar de Melilla, al igual que hizo con el golpista Sanjurjo, a traer los restos del laureado legionario al Panteón de Héroes de Melilla?. Muchos nos tenemos que no. El general Sebastián Pozas murió en México DF el 29 de noviembre de 1946.

      Nota: La información biográfica y las fichas del exilio de las hijas del general Pozas, me han sido proporcionadas por el genealogista mexicano Juan Goméz-Gallardo, y el Ayuntamiento de Navalcán.

(1)http://fotografiasdemelilla.blogspot.com.es/2012/03/el-morabo-de-sidi-mesaud.html; (2)https://melillaizquierda.blogspot.com.es/2012/10/sebastian-pozas-perea-el-olvidado-jefe.html

Anuncios

La Legión y una historia republicana


 

    Fermín Galán y Aniceto Carvajal, republicanos y Laureados de La Legión

         ¿Se puede escribir algo distinto sobre La Legión?, por supuesto, siempre se puede escribir algo nuevo, pero hay que mirar donde otros han mirado y ver lo que otros no han visto. La Legión es lo que es y nunca dejará de serlo, pero eso no quiere decir que se exalte siempre a Franco, Astray o Valenzuela.  Hay otros ejemplos y otros nombres de oficiales de La legión, como los proto mártires republicanos Fermín Galán y García Hernández, y el también Laureado Aniceto Carvajal.  El primero tuvo dedicada la calle que hoy lleva el nombre de avenida de La Democracia.

                    Los otros Laureados y un coronel de La Legión

         Esta anécdota que voy a contar, es absolutamente cierta, y viene a cuento, porque en el desfile de Día de las Fuerzas Armadas, el speaker de Comandancia, al narrar lo méritos y hazañas de La Legión dijo: “Asturias, 1934, en ayuda de La República” . Es verdad, es un hecho histórico que un Gobierno republicano llamó a los legionarios de Yagüe, para sofocar, reprimir o acabar con la revuelta de los mineros revolucionarios, provocada por sus infernales condiciones de trabajo.  Es verdad también, que La Legión se empleó con  su dureza africana y legendaria en reprimir esa revuelta, eso sí, con mandato gubernativo. Ambas cosas son ciertas y no se puede citar lo uno, sin que venga detrás la segunda parte, la que no se quiere recordar.

        En la década de 1990, ya asentada La Democracia en España, llegó a Melilla un nuevo Coronel del Tercio Gran Capitán 1º de La Legión, Francisco José Sánchez Barbero. Al serle presentada las dependencias del acuartelamiento, se le mostraron también el Museo y la sala de honores. El oficial encargado le dijo al nuevo coronel: estos son los retratos de los laureados de La Legión, a lo que el nuevo Jefe del Tercio replicó: ¿dónde están los dos que faltan?. La perplejidad del oficial fue absoluta, y el Coronel siguió ahondando en la vieja herida y añadió: si los laureados de La Legión son x, aquí hay dos menos, los quiero aquí antes de que acabe el día.  

            El nuevo Coronel sabía perfectamente que los que faltaban eran Fermín Galán, sublevado de Jaca en 1930 y Aniceto Carvajal*. Registraron todo el acuartelamiento del Tercio, recurrieron a todos los coleccionistas de fotos de Melilla, en busca de los retratos de los dos laureados, entonces no existía el recurso de internet, y dicen que al final encontraron sus retratos, en una caja, dentro de un armario. No los habían tirado, porque los legionarios no hacen eso con ninguno de los suyos, aunque los consideren errados.

           Cuento esto, porque es una anécdota que no merece perderse. Cuento todo esto, porque La Legión de 2013, ya no es la de 1936. Este año se ha editado una novela del laureado legionario Fermín Galán, sobre sus experiencias como teniente legionario en el Rif, la más brutal de las guerras en las que haya intervenido España. Ha pasado desapercibida, la novela, y no debería ser así. Mucho solo conocen de La Legión sus intervenciones en misiones humanitarias, y su inigualable desfile en Málaga, junto al Cristo de La Buena Muerte, y es bueno que sea así.  El Tercio es la suma de todo.

           Nota: corrección de la historia, aportada por Corona 71