- Tres veces siete
- Brisa sobre las velas
¿Hasta dónde llegará El Alminar?, ¿quién lo leerá en el futuro?, ¿cómo se conservará todo lo escrito?, ¿qué quedará de todo esto?. Han pasado dos años, 25 meses, 400.000 visitas, 7000 comentarios, casi mil artículos. Hay un grupo de personas fijas, que nos acompañan casi desde el principio y todavía permanecen. Hay quienes entran y salen de modo intermitente, y nos están diciendo que continúan. Hay quienes han desparecido y no han vuelto más. Esa es la libertad que ofrecemos. ¿Hemos conseguido hacernos entender?. ¿Cuántas veces tenemos que perdonar las ofensas, preguntaba Pedro?, y se le respondió: «hasta setenta veces siete». Se busca un significado en cada cosa que vemos o hacemos, porque es necesario recibir señales de modo constante. Nadie quiere andar errado o sin saber por dónde va, por eso siempre es necesaria la luz de un candil, por pequeño que este sea. Hay temor en las calles y en las casas de la ciudad, hay temor entre las personas, porque la incertidumbre está ya instalada en todos lados. No hay nada más fácil que ensamblar las profecías, después de haber ocurrido el suceso. Lo difícil es hacerlo antes. No es algo que hayamos hecho en demasía, no es bueno hacerlo, no debe hacerse.
Nuestro intento, es el mismo que expresara Wittgenstein en sus «Observaciones a la Rama Dorada de Frazer»: Es decir, hay que descubrir la fuente del error puesto que, en caso contrario de nada sirve escuchar la verdad. Ésta no puede penetrar si otra cosa ha ocupado su lugar. Para convencer a alguien de la verdad no basta con constatarla, sino que se debe encontrar el camino que va desde el error a la verdad. He de sumergirme siempre, una y otra vez, en el agua de la duda.
¿Estamos consiguiendo algo?, Eso no puede ser dicho desde dentro, sino desde fuera. ¿Hasta cuando durará El Alminar?, al menos hasta tres veces siete. Al igual que las velas, hemos registrado hasta la más suave brisa o cambio en la dirección del viento, sin que la luz se apague.

