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Bolardos, abrelatas y otros obstáculos


           En todo este tiempo de desconexión sobre el acontecer diario de la ciudad, nos hemos reafirmado en un concepto anterior: Aquello de lo que no se escribe, no se ve; lo que no se muestra, no capta la atención; lo que no se denuncia no se repara. Hace falta un cambio de rumbo en la ciudad, porque parece que seguimos caminando por la senda marcada con anterioridad. La política de obras  a mansalva, muchas de ellas ya decididas, no funciona. Necesitamos otro modelo que no se parezca en nada a lo que hemos padecido durante dos décadas. Meter el arado más profundo no sirve de nada, porque se acaba impactado con el terreno rocoso y el movimiento se detiene.  Hay que corregir el errado rumbo anterior y empezar a rectificar obras mal hechas.

                                                   La ciudad inmovilizada

          Maceteros metálicos o abrelatas, bolardos, y otros obstáculos que solo contribuyeron a hacer más difícil la maniobrabilidad, la movilidad y el acceso de los vehículos de emergencias. Hay lugares en los que ya no es posible pasar casi ni andando. El modelo de supuestos “adornos urbanos”, solo es un modelo de negocio común para las ciudades, incluyendo el arbolado urbano.

                   Los maceteros metálicos son peligrosos y no sirven para nada. Los bolardos de protección de aceras mal instalados, crean dificultades de paso a los vehículos, y causan accidentes. Se extendieron las aceras y se estrecharon las calzadas, con lo que aumentaron las dificultades de paso, incluso para motocicletas y bicicletas. Vemos a diario como los ciclistas buscan las zonas más despejadas posibles, alejadas incluso del carril bici.

              Empezar la movilidad sostenible de una ciudad por el carril de bicicletas, es empezar una casa por su tejado. Todo lo que se ha conseguido es expulsar al transporte urbano de sus recorridos tradicionales y limitar su alcance. Durante unas obras en las calles centrales del barrio del Real, la COA o autobús urbano melillense, tuvo que hacer parte de su recorrido por la calle Mar Chica, y ese sería el objetivo. No puede ser que haya que atravesar medio barrio para buscar la parada más próxima. El transporte público debería ser lo principal. Sin una red lo más extensa posible de autobuses urbanos, no hay movilidad ni sostenibilidad para una ciudad.

             Se derriban las señales, se golpean los bolardos, se atascan las rotondas. Nada ha funcionado porque nada se pensó bien. Es hora de cambiar el rumbo y corregirlo todo.

 

 

 

 

Aparcar sin miramientos


   En la mañana de ayer día 21 de diciembre, alguien creyó haber encontrado el aparcamiento de su vida, y sin consideración alguna, sin miramientos de ningún tipo, sin la más mínima voluntad de respeto hacia el resto de los conductores, dejó allí aparcado el coche y se marchó a realizar gestiones, compras o lo que sea. El caso es que cegó completamente el carril de circulación en la plaza de los Héroes de España (la nacional). Llegó la COA, el autobús urbano de Melilla y el atasco monumental. Dos COAs, una detrás de otra, tuvieron que hacer una complicada maniobra marcha atrás y salir en dirección contraria hacia La Avenida, tomando el escape de la calle de Justo Sancho-Miñano.

        Ese aparcamiento fue un acto bárbaro. Hay una minoría que no respeta nada, que aparca como y donde quiere. A la que no le importa dejarte encerrado  el coche, utilizar el espacio de dos aparcamientos o aparcar los vehículos en sentido contrario. Se creen más listos que nadie. Casi todos nos molestamos en buscar aparcamiento en condiciones, en dar vueltas y más vueltas hasta encontrarlo y llegado el caso, procurar dejar el espacio suficiente para facilitar las maniobras. Algunos no, y contra esa minoría hay que ir de modo contundente.

     Estas navidades  tanto la Policía Local,  como los Agentes de Movilidad, están siendo bastante tolerantes. Hay zonas que no son específicamente de aparcamiento, pero en las que se permite hacerlo, porque no se interrumpe el tráfico, ni se dificulta maniobra alguna. Sin embargo, hay una minoría, que acaban estropeando las cosas para todos. Esto que he presenciado, ha sido incalificable, por eso lo coloco en vandalismo urbano, ni siquiera en foto denuncia.