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Tarde para la patrona de Melilla


                La tarde de cada 8 de septiembre es para la patrona de Melilla, la Virgen de la Victoria. Con su desfile procesional se cierra la Feria de la ciudad y también entreabre la puerta del otoño.  Este año hemos esperado a la Virgen de la Victoria en el mismo lugar que el año pasado, sin embargo, llegó una hora más tarde que en 2014. Es demasiado tarde para la patrona. La población melillense de confesión cristiana,  es poco mayor que la de un pequeño pueblo peninsular. Probablemente la afluencia de público sea similar en términos porcentuales, pero en Melilla eso se nota mucho más. Nunca hay más de 1000 personas congregadas y eso se deja notar. La sociedad puede ser multicultural, pero la confesión religiosa es algo distinto.

                A algunos que no lo saben, les sorprende que una imagen en madera, representación de una advocación cristiana de la Virgen María, de la Victoria en este caso, sea alcaldesa honoraria y perpetua de la ciudad. Esa decisión, insólita a todas luces, fue tomada por un ayuntamiento democrático en 1996, en concreto el del popular Ignacio Velázquez. Algo así hubiese sido entendible en épocas pretéritas, pero no en una época tan reciente.

                   Otra cosa que rechina, es la presencia de autoridades en las procesiones ejerciendo como tales. Pueden ir, obviamente, pero mezcladas entre el público. Una de las cosas sobre las que debe meditar la Santa Madre Iglesia, es en seguir fomentando y participando de esta mezcla entre lo político y lo público, al menos en procesiones oficiales. Quien sea practicante católico debe ir, pero como uno más, confundido entre el resto de los fieles. Por lo visto, año tras año, es una ocasión para el hastío y para el propio lucimiento.

                    En un libro leído recientemente sobre el obispo Pedro Casaldáliga, se cerraba con esta extraordianaria máxima: “No basta con ser creyentes, hay también que ser creíbles”. Muchos de los que iban en esa procesión no están en ninguna de las dos categorías.

                          En El Alminar nos quedamos con la imagen de la Virgen de La Victoria, con su portadores, con los fieles anónimos, con la banda de música y con la siempre vistosa escolta de Regulares. Este año no mostraremos a los figurantes.

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Francisco Pérez Álvarez, descanse en paz


               Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

           Hoy tres de mayo, festividad no canónica de la Santa Cruz, ha fallecido el que fuera Hermano Mayor de La Cofradía de La Victoria, Francisco Pérez Álvarez, a la edad de 81 años. En la vida se producen a veces extrañas coincidencias, y no dejar de ser llamativo, que un “hombre de iglesia”,  como él se definía, culmine su vida, en el día en el que se conmemora aquello a lo que este hombre siguió durante toda su vida, la Cruz de Jesucristo, representada por su Iglesia. Para casi la totalidad de los que le conocían, era el ejemplo del hombre bueno, de sentimientos franciscanos, gran defensor de la Iglesia del Pueblo, y templo patronal melillense.  Dicen que uno de los días más tristes de su vida, fue el de la marcha de los capuchinos en Melilla La Vieja, en la que estuvieron asentados durante más de cinco siglos, desde 1497  hasta 2004.

           Francisco Pérez Álvarez fue también administrador del Telegrama de Melilla, hasta su cierre en 1984. Fue un prolijo articulista e historiador religioso a lo largo de muchos años, aunque no llegara a publicar libro alguno. Ejerció esa oscura y poco reconocida labor de evitar que las historias se pierdan, pero también, la más necesaria de todas. No siempre debe buscarse  el reconocimiento vano, y Francisco Pérez Álvarez no lo busco en ocasión alguna. En 1993 fue pregonero de la Semana Santa de Melilla.

              Su erudición y  grado conocimiento de la historia de la religiosidad cristiana melillense era absoluta, y aunque era un hombre devoto, no era nada mojigato, ni tampoco alguien que se arrima a los pasillos eclesiásticos para conseguir posición o notoriedad social . En la Iglesia no hay derecha ni izquierda, sino lado de la epístola y lado del evangelio. En las conversaciones que mantuve con él en los últimos años, puedo asegurar, que podía rebasar a su interlocutor, por cualquiera de los dos lados. Si algo consiguió de La Iglesia, como el nombramiento episcopal como acólito en 2003, fue por propio tesón y conocimientos, y sin hacer pasillo.

                 Como le dijo Jesucristo a Poncio Pilato: “no tienes nada en tus manos”, y es verdad que no decidimos ni el principio, ni el final. El ejemplo está aquí, y está hoy, con esta entrada que no pensaba hacer, en un día como este. Hace ya año y medio que decidí crear la categoría del “obituario”, para despedir, con palabras sencillas, a personas que a mi juicio, lo merecen. La muerte no forma parte de la vida, la muerte no se vive, pero siempre nos acompaña, más en unas épocas que otras.

        Que descanse en paz, el Hermano Mayor de La Victoria, Francisco Pérez Álvarez.