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Conciertos a la luz del bordillo


                   En Melilla todo se queda en la propaganda. Los conciertos “a la luz de La Luna” suenan muy bien si uno no va a ellos y se limita a ver los anuncios,  y a lo que publiquen los medios de propaganda al día siguiente. Si se convoca al público de Melilla para que acuda a ellos, lo menos que se puede ofrecer es un trato digno y lugares en donde sentarse. Hasta la fecha he acudido a dos de esos conciertos, el de Mikel Erentxun en la plaza de Armas (supuesto auditorium al aire libre), y el de anoche de Natalia Dicenta.  En el primero la gente se quejó de dos cosas, la primera es que el artista miraba solo a los clientes del chiringuito y estaba muy alejado de las gradas en las que se situaban el público. La segunda queja, que sí apareció en un medio de comunicación, es que en las gradas no había iluminación de ningún tipo Lo que hacía peligroso el moverse por las mismas) ni sillas en donde sentarse. No todo el mundo puede sentarse en la piedra ni aguantar su dureza. También la gente se viste para este tipo de eventos y no puede acabar con sus vestidos y trajes limpiando el polvo del camino. Es una desconsideración absoluta.

                        El concierto de Natalia Dicenta

     Una artista como Natalia Dicenta se merece otro tipo de trato.  No se puede traer a artistas de esta categoría y luego abandonarlos en cualquier plaza público, sin iluminación sobre el artista, que estaba casi en penumbra y sin condiciones acústicas de ningún tipo, como la plaza de Estopiñan. Si el espectáculo se paga con dinero de los contrinuyentes y se solicita su presencia y se le invita a acudir, entonces hay que ofrecerle un trato digno, sillas en donde sentarse y también visibilidad sobre el artista. Nada de eso había anoche en el concierto de Natalia Dicenta.

         Eran muchas las personas mayores y de todas las edades que acudíeron al concierto, y luego no tenían en donde sentarse, ni casi lugar para ver con cierto decoro la actuación. Además, para la próxima vez: “Corten el tráfico en la plaza y cubran de sillas toda esa zona”, porque los que decidieron quedarse, tenían que apartarse continuamente para dejar pasar a los coches. Una absoluta flata de respeto. Esa plaza no reune condiciones para conciertos, sin contar la dificultad de acceso, pues se llega a ella a través de las escaleras de los algibes, barrera infranqueable para personas con dificultades físicas. Tampoco existen urinarios públicos en las inmediaciones.

       No se entiende nada en Melilla. Los conciertos son para los melillenses o para dar cierto atractivo a las noches de Melilla La Vieja, por lo que el área encargada de los mismos debería ser Cultura o Festejos, pero nunca Turismo. Por cierto, el Viceconsejero estaba allí, apaciblemente sentado, mientras decenas de melillenses, muchas persoans mayores, poblaban los bordillos, el suelo o permanecían de pie. Créanme , no es criticar por criticar. Es que si se convoca al público, hay que ofrecerle un trato adecuado y eso es una obligación legal, no un capricho.

 

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Dentro de los aljibes españoles


 

                    

                          El decantador del 2º aljibe de Melilla

         Hay dos aljibes de la Melilla española. Hay dos decantadores. Por razones que nadie supo nunca, solo se rehabilitó un aljibe y un decantador, que son los que se muestran al público. Tienen absolutamente toda la documentación posible, que es prácticamente toda la existente, pero todo es reservado. Ocurre que incluso ellos mismos, a veces, pierden noticia de sus cosas. olvidan y luego por casualidad, recuperan y lo presentan todo como nuevos e insólitos hallazgos: “Urbi et Orbe” (a la ciudad y al mundo). Ellos se reservan el acceso a todo, a cualquier zona de Melilla La Vieja.

           Para visitar algo que esté cerrado, que es casi todo, hay que pedir permisos, desde abajo, e inmediatamente toda la cadena de la nomenclatura se pone en alerta. Se pulsa el llamador en el piso bajo, y en apenas una hora, la alarma ya está encendida hasta en el piso más alto de la nomenclatura. Hace un mes, pillé abierta, por pura casualidad, la puerta del decantador del 2º aljibe. Una oportunidad así no se presenta dos veces y como siempre llevo la cámara en uso (la necesito tanto como el teléfono movil), hice todas las fotos que pude, hasta que me cerraron la puerta, de malos modos, por quien tiene la orden de avisar inmediatamente si observa a alguien haciendo fotos en el Área 51, o en el perímetro prohibido.

               No quise crear problemas a quien no tiene culpa de esas cosas y decidí no publicar la fotos, tampoco había fotografiado la “tumba de Alejandro Magno”, pero la cadena de la nomenclatura se puso en estado de alerta. La semana pasada oí al Viceconsejero de Turismo decir que se iba a rehabilitar tanto el 2º decantador, como el 2º aljibe, para que puedan ser vistos por el público, por los turistas. Entonces ya me quedó clara la cadena y la consecuencia de mi visita fortuita. Aún así, me parece una medida excelente poner en uso público ese 2º aljibe, para que pueda ser visto y visionado por los melillenses. Sorprende que sea el área de Turismo la que se encargue de eso, y no aparezca Cultura por ningún lado. 

              La Viceconsejería de Turismo está haciendo cosas por intentar que la Ciudad Vieja vuelva a ser parte y objeto de las visitas de los melillenses. Otra cosa es que solo lo estén intentando en una dirección, la de la hostelería, y que no exista una infraestructura de apoyo. No tiene explicación que el ascensor lleve ya dos años sin servicio. Si se hace una cosa y falla todo lo demás, nada cuajará de modo perdurable.

 Nota: Turismo ha anunciado que a partir del mes de julio podrá ser visto el 2º aljibe y el 2º decantador. Los lectores de El Alminar de Melilla verán al menos este 2º decantador, que ahora solo es un cuarto de los trastos, en rigurosa exclusiva y primicia.