Felipe V y la Colegiata de San Ildefonso


Al llegar a España como primer Rey Borbón en 1700, a Felipe V le ocurrió los mismo que a Carlos I de España, primer Rey Habsburgo, en 1516, y es que se encontró con una guerra. La de las Comunidades en el caso del primer Austria, con final en 1521. Felipe V se encontró con la guerra de sucesión, que no de secesión. Sin embargo, aunque la parte final y más conocida sea la guerra en Cataluña, no es menos cierto que el que lideró esta «guerra dinástica» fue el Reino de Aragón, juntos con los Reinos de Valencia, Mallorca y el Principado de Cataluña, que apoyaron al archiduque Carlos Francisco de Habsburgo. Este guerra se prolongaría a lo largo de 15 años, entre 1701 y 1715.

Los Decretos de Nueva Planta fueron aboliendo los derechos e Instituciones de los Reinos hispánicos. Los derechos y fueros de Valencia y Aragón se abolieron en 1707, los de Mallorca en 1715 y finalmente los de Cataluña en 1716. España dejó de ser una suma de Reinos, para constituirse en un Reino y Corona unificadas en la persona de Felipe V. En realidad, los Decretos de Nueva Planta o «nueva implantación» de la Monarquía, afectatoj incluso a los derechos e Instituciones de Castilla. No dejó títere con cabeza, o por decirlo de otro modo, dejó a una sola cabeza como representante de la monarquía. El monarca español ya no era un «primus inter pares», sino una sola cabeza reinante.

La división dinástica entre los Borbones y sus partidarios, y los Habsburgo y los suyos, conocidos como «carlistas», siguió vigente durante los dos siglos posteriores, originando tres guerras carlistas, que marcarían todo el siglo XIX español. Incluso en el golpe de Estado franquista, estuvieron presentes los carlistas, como la facción más tradicionalista e inmovilista del nuevo Régimen, instaurado tras la Guerra Civil (1936-1939). Las cuestiones de fondo distan mucho de estar resueltas, aun cuando ahora ya no se reclame el regreso de un representante de los Habsburgo, sino la proclamación de la república en Cataluña.

Ni en historia, ni en política, ni en filosofía, religión, o en ninguna otra materia pueden proclamarse verdades que sean absolutas, o tenidas como tales por todas y todos. Quien quiera o pretenda una justificación para su causa, la hallará en cualquier lado, o lugar recóndito de la historia. No es que todo sea relativo, sino que aquello que pretendemos como verdades son muy afirmaciones muy parciales, porque la historia humana es un tapiz, en el que no sobra ningún hilo. De todo el conjunto de verdades posibles, las políticas vales son las más efímeras. Valen solo para un día, una situación, o para un curso político.

Real Colegiata de la Granja de San Ildefonso

El ejercicio del Poder agota, las guerras desgastan mucho, y más si se producen entre gentes de una misma nación. Felipe V quiso anteponer la capilla y Real Colegiata de la Santísima Trinidad por delante de su Palacio, para que la fe lo protegiese. Abdicó en su hijo Luis, como hiciera dos siglos antes el emperador Carlos V. La repentina muerte de este efímero monarca, Luis I, le obligó a reinar hasta el último de sus días, que acaeció un 9 de julio de 1746. Desde entonces, este monarca, tan odiado en el Reino de Aragón y en el Principado de Cataluña, descansa en la Real Colegiata de San Ildefonso, junto a su esposa Isabel de Farnesio.

El santo Antoni Gaudí


                     Algunas claves para entender la religión del catalanismo

Enrique Delgado

    En un principio, desde fuera y desde lejos, resulta difícil comprender como la burguesía catalana, conservadora y de derechas (CIU),  camina de la mano junto a partidos de izquierdas (En Comú Podem), republicanos (Esquerra Republicana de Catalunya), y anticapitalistas (CUP), en el camino de la independencia, o de la separación del Estado Español. La pregunta también se formula desde el otro lado: ¿Qué pueden tener en común partidos de izquierda, marxistas, republicanos, con la derecha burguesa más tradicional de Cataluña?.

     Llegados aquí alguno/a se preguntará qué tiene que ver todo esto con el inefable, malhumorado y genial arquitecto Antoni Gaudí. La respuesta es simple y escueta: La identidad nacional catalana se conforma casi como un hecho religioso y es, como se dice ahora, un sentimiento transversal, con sus propios mitos fundacionales, leyendas, historia y lugares sagrados. Leyendo la biografía de Antoni Gaudí, del holandés Gijs Van Hensbergen, entendí todo esto y albergué la sensación  de la inevitable «separación de Cataluña» de España, de una u otra manera. De aquí surge la necesidad imperiosa de buscar una alternativa institucional muy inteligente, que permita una salida aceptable para todos, salvo que lo que se quiera recorrer sea el «trágico camino yugoslavo».

            No se puede contemplar la posibilidad de una guerra, pero sí la de una separación inamistosa, o de que Europa imponga una solución dialogada.

                                   Antoni Gaudí y el sentimiento catalanista

        Hay que escribir Antoni, en primer lugar porque ese era su nombre, y en segundo, porque Gaudí rara vez respondía al que se dirigiera a él en otro idioma que no fuese el catalán. Monseñor Lluis Martínez Sistach es arzobispo emérito de Barcelona, cardenal de la Iglesia Católica, impulsor del proceso de santidad de Gaudí, y además inauguró en 2011, el templo mayor de la religiosidad catalana, La Sagrada Familia, junto a Benedicto XVI. Esta obra se sufraga exclusivamente con fondos y donaciones privadas, algo impensable en cualquier otro lugar de España. Es más, no permiten financiaciones públicas, pese al extraordinario coste y duración de las obras. La Sagrada Familia, el templo más alto de España es el estandarte de la religión nacional de Cataluña, que Gaudí abrazaba sin fisuras.

        Monserrat y Poblet son dos iconos del sentimiento religioso y nacional catalán, y Gaudía se sumergió en ellos a través de la Asociación catalanista d´Excursions científicas, en los que se estudiaba y descubría la historia catalana y sus paisajes y lugares. En 1878 el arquitecto Doménech  abrió el camino con su ensayo En busca de una arquitectura Nacional, que se considera el origen de la Reinaxença, o renacimiento catalán.

           En 1700 murió Carlos II, el último Austria español, y se abrió un periodo convulso denominado como Guerra de Sucesión, pero que también se puede considerar como 1ª guerra Civil española. Los Estados de la Corona de Aragón, entre los que se encontraba el Principado de Cataluña abrazaron la causa del archiduque Carlos, contrario al Borbón Felipe V. Aquí descubrimos que España era todavía una suma de diferentes Estados vinculados a la Corona pero independientes. Cataluña decidió seguir en su lucha contra los Borbones hasta el 12 de septiembre de 1714. El castigo por la rebelión fue el conocido como Decreto de Nueva Planta, en el que se borraba cualquier rastro del Principado de Cataluña, y se eliminaban cualquier fuero y derechos obtenidos a lo largo de siglos de Historia. Con esto solo se quiere decir que el sentimiento nacional catalán también tiene su propia fundamentación histórica. Por eso a finales del siglo XIX se genera el movimiento conocido como Reinaxença. Por eso Artur Mas quiso celebrar el primer referendum en 2014.  Lo que no puede admitirse son estas formas de separarse de un Estado Democrático, o incluso la de 1934 durante la II República, con la declaración unilateral de Independencia.

                             Antoni Gaudí, l´arquitecte de Déu

          Las obras de la Sagrada Familia, el templo más prodigioso de Europa, las inicia en 1860 la Asociación Espiritual de Devotos de San José, fundada por otro singular catalán José María Bocabella Verdaguer, obras de las que se hará cargo Gaudí en 1883. No parece posible que Antoni Gaudí llegue algún día a acercarse los altares, pero sin duda sería el primer santo catalanista, de una tierra de grandes santos, como es Cataluña.

          Gaudí estaba asociado o bajo el mecenazgo de Eusebi Güel y del marqués de Comillas, personajes que se enriquecieron en las Guerra de Marruecos. Por ello, tanto él como su obra padecieron la ira infinita de los anarquistas catalanes. En 1909 se produce el desastre conocido como el Barranco del Lobo, y la inmediata réplica de la Semana Trágica de Barcelona, en la que 23 iglesias y conventos son arrasados hasta los cimientos. En junio 1926 le atropelló un travía en un extraño accidente en Barcelona, en el que se sugiere que un anarquista le empujó bajo las ruedas. Morirá el 10 de junio en un hospital para indigentes de la Ciudad Condal.

             En 1936 la Sagrada Familia fue asaltada, quemándose la totalidad de sus estudios, las escuelas para trabajadores, todos sus planos y archivo, imposibilitando para siempre cualquier estudio sobre su vida y obra. La cripta, en donde reposaban sus restos fue quemada en su totalidad, y asesinados sus colaboradores directos. Su tumba fue abierta, profanada y sacados sus restos, que fueron esparcidos por las calles contiguas. En lo que fracasaron los anarquistas fue en el intento de volar con dinamita la Sagrada Familia.

            A partir de 1939 se abrió la segunda etapa de castigo y represión para el catalanismo, cuyo espíritu Gaudí quiso modelar en piedra. La Sagrada Familia constituirá o constituye ya, el símbolo nacional catalán y Gaudi su primer santo. Cuando se enfrenta a sentimientos de este tipo, cualquier razonamiento puede resultar inocuo, y a los sentimientos no se les puede someter, ni ofender.