La hora del Estado en Melilla


¿Hay un problema, se nombra una comisión. ¿Hay una Comisión? Hay una dietas. ¿Hay unas dietas? Hay un dictamen inacabable; pero no hay jamás un solución al problema. Porque España es el país de las Comisiones y las dietas. Quien así se expresaba era el parlamentario socialista Indalecio Prieto en 1921, en los debates parlamentarios tras el Desastre de Annual.

«Os dije antes el grado de corrupción al que se había llegado», decía el diputado Prieto, en una serie de discursos en el Parlamento, en los que destacaba lo que él llamaba «el vicio de Melilla«. Lo que en principio no estaba corrupto, lo acababa estando, y lo que eran cientos de millones en origen, acababan siendo decenas en destino. A toda esta situación se llegó por la tolerancia del contrabando, la lenidad de los castigos, la sensación de impunidad ante cualquier fechoría, que acababa minando la moral de la ciudadanía. La conclusión de Prieto en su último discurso parlamentario no pudo ser más demoledora: «Confirmé que la Comandancia de Melilla era una charca pestilente, formada por toda clase de inmoralidades y vicios».

A lo largo de la última década nos hemos sobresaltado antes los registros en el Palacio de la Asamblea, ante el rosario de presuntos delitos cometidos, ante la lista interminable de «practicas irregulares» en la gestión administrativa, que no se han acabado sustanciando en ni siquiera un reproche formal. Esto es la sensación de impunidad. «No hay ejemplo más demoledor para la conciencia de un país que la impunidad de todas estas tropelías. El problema de España es de moral y de decencia pública», decía Prieto en los discursos referenciados. Identificados «los focos corruptores», hay que actuar contra ellos de modo inmediato. También hemos visto detener consejeros, ingresar en prisión, y luego acabar todo en sobreseimientos.

No pueden existir zonas de sombra, zonas a las que no llegue la acción del Estado, su regulación, su igualdad de trato y su justicia en la distribución. En esta situación, ya detectada hace 100 años, no se puede proseguir. Melilla no puede seguir al margen de la fiscalidad del Estado y de su acción. Es ese hecho diferencial, el que crea situaciones que parecen permitidas en esta parte del territorio nacional, y no en el resto. Esa diferencia y su mantenimiento nos lastra.

El Estado debe tomar las riendas de la regulación económica de la ciudad, porque no puede permitirse que subvenciones se pierdan por la incapacidad de gestionarlas, o que las decenas de millones de euros para el futuro económico de Melilla se acaben disipando, sin que alcancen el fin al que fueron destinadas, porque el dinero se acaba tarde o temprano. Empresas creadas «ad hoc» ante la nueva situación, proyectos absurdos como el aeropuerto sobre el mar, la ampliación del puerto sobre el papel, o la creación de la «isla de artificiales» frente a Horcas Coloradas, la red de hoteles en lugares imposibles, o la construcción de colmenas en los cuarteles cedidos por Defensa, no pueden acaparar los fondos que se van a recibir. No pueden darse subvenciones a empresas, que no estén al menos constituidas y con actividad reconocidas, al menos desde dos años antes. Lo contrario es especulación y captación de fondos. La información privilegiada circula muy rápido en la ciudad.

Melilla carece de lo básico. Hay que subvencionar el transporte porque si no, desaparece. Las navieras cambian de nombre y dueño cada año. Hay zonas urbanas con infraviviendas, mientras se planifican nuevos proyectos especulativos. La situación se torna insostenible y es el Estado el que debe tomar la riendas de la armonización económica de la ciudad. Tiene capacidad, información, poder suficiente y sobre todo, el deber de hacerlo. Cuando el GIL marbellí llegó al gobierno en 1999, el Estado le retiró al Ayuntamiento las competencias de urbanismo. En la etapa anterior, la Delegación renunciaba a su capacidad de gestión, y se la entregaba al Gobierno local, y se situaba un paso por detrás.

En esta semana que entra, nos jugamos el gobierno autonómico de Melilla, y el de 2023. Si la enorme crisis que se va a abrir no se soluciona con contundencia, tendremos una gestión moribunda hasta las próximas elecciones. Hay una parte muy sana de este gobierno local, pero no podemos olvidad de la máxima de san Bernardo: “Creedme: Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es, pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible; porque, si bien te examinas, siempre hallarás alguna cosa que podar”.

Contamos con un buen Presidente de Melilla, Eduardo de Castro, una buena Delegada del Gobierno, Sabrina Moh, y una irreprochable Vicepresidente, Gloria Rojas. Tres ejemplos de moralidad y decencia pública, incluyendo a José Miguel de los Santos, un Comandante General ceñido a sus misiones militares.

Nota: https://elalminardemelilla.com/tag/san-bernardo-y-la-poda/

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El instante necesario


El sillón del Poder nunca está vacío, salvo en el instante necesario del protocolo de transmisión. Es igual que tus antecesores hayan sido Calígula o Tiberio, y que el que te preceda sea Nerón. Hay que gobernar entre un nombre y el otro. Ni las ciudades ni los países pueden quedar abandonados.

Eduardo de Castro es, pese a muchos, el 5º presidente de los Barrios Unidos de Melilla, o lo que es lo mismo, nuestra Ciudad Autónoma. Si la guardia pretoriana no hubiese reconocido de modo inmediato a Claudio como emperador en enero de 41, probablemente se hubiese desatado una nueva guerra civil en Roma. Entre tanto nombre brillante (Germánico, Druso, Octavio) y tanto loco, a menudo se esconde un hombre tranquilo, que aunque no estuviera destinado para eso, cumple atinadamente con su misión.

En julio de 2019 salimos, como no podía ser de otro modo, de forma abrupta de una época oscura, entre los gritos de las arpías, y el vocerío y las alaracas de partidarios y detractores. No había otro modo, pero se abrió la puerta de la transición en el Poder melillense, monolítico e inmóvil desde el inicio del siglo XXI. ¿Alguien querría imaginar nuestra situación, si Eduardo de Castro no se hubiese salido del guion previsto, y hubiese proclamado al candidato de la derecha, con los votos de los diputados de VOX? El Alminar lo ha imaginado y estaríamos en un brecha social y política irreparable. La ultraderecha es como la ceniza volcánica, todo lo que toca lo asfixia y lo araña. Se nutre de todas las fobias de la sociedad, especialmente de la homofobia y de la misoginia.

La persecución interna que acosa al presidente de Melilla desde su «ghost party» está orquestada en otros ámbitos y esferas. Claudio gobernó el Imperio romano hasta el año 54 y equilibró la administración y la política imperial, acechado siempre por su sobrina Agripina, madre que sería su sucesor, el inolvidable Nerón. La cuestión no es si tal persona u otra merecen o están capacitadas para ser presidentes, alcaldes, o cualquier otra cosa. Los partidos presentan las listas que presentan y con los nombres disponibles, que no pueden cambiarse. El problema es que las listas son elaboradas por los clanes que dominan en cada momento en un partido, y no siempre están plenas de personas capaces de asumir funciones y responsabilidades de poder. Ese es el riesgo de unas elecciones, que el electorado puede votarte, y la acción de gobierno desnuda y pone a la luz cualquier deficiencia o carencia.

Una saludable y democrática idea, sería permitir la participación ciudadana libre, al margen de los partidos, o las listas abiertas, pero eso acabaría con muchos sistemas y redes clientelares.

Quedan 18 meses de tiempo efectivo de gestión, antes de enfrentarse a unas nuevas elecciones en 2023. Ya vivimos la experiencia multipartidista en 1998, tras el derribo del cesarismo en el que había se había convertido el gobierno de Ignacio Velázquez, y la peligrosa experiencia con el populismo del GIL, de Jesús Gil, en 1999. Los tripartitos, los cuatripartitos o las coaliciones no son necesariamente malas, son incluso más democráticas que las mayorías absolutas, siempre que todos remen en la misma dirección. Esta es una sensación que ahora no se siente en la ciudad, mientras la oposición sí actúa en bloque y sí camina en bloque, derecha a un solo fin.

La intención o los movimientos dirigidos a que el presidente, ya sin partido, se hunda y sucumba es una maniobra políticamente suicida y de muy estrecha visión estratégica. La advertencia queda hecha. Eso sí, todo esto cambiará mucho de aquí al año 2023. Nada podrá darse por seguro, porque nada de esto se repetirá y Ciudadanos desaparecerá. Las oportunidades también pueden perderse.

El Estatuto, frente al Asedio


Entre el 13 y el 19 de marzo

La celebración del 13 de marzo de 1995, o Día del Estatuto, es una imposición de Coalición por Melilla, que no ha sido discutida en lugar alguno, probablemente tampoco en su Ejecutiva nominal, que no efectiva. La coalición que cambió la historia política de Melilla, no es un partido político, o no ha conseguido estructurarse como tal. Celebrar algo que no se ha conmemorado desde su aprobación, carece por completo de sentido. Este año ni siquiera ha habido premios ni distinciones, salvo el de Rosa Narváez Ferre, ni participación alguna de la ciudadanía. El 13 de marzo nació bajo el mal agüero del viernes 13, y apenas pudo celebrarse nada, y marcó el inicio del confinamiento pandémico, que todavía nos preside.

El 19 de marzo fue la fiesta franquista de san José obrero, porque en el Estado social y católico de Franco no podían existir trabajadores ni celebrarse el 1º de mayo. El 19 de marzo de 1775, fue el día en el que el emperador de Marruecos Sidi Mohamed Ben Abdallá, decidió levantar el asedio al que sometía a Melilla desde el 9 de diciembre de 1774. Al terminar aquel sitio, el más duro al que fue sometida la ciudad desde su conquista en 1497, la cifra de víctimas mortales ascendía a 105, y a 584 los heridos*. No hay datos de lo ocurrido en el campo marroquí. Tras concluir el sitio de Melilla, se acordó que para la posteridad, se celebraría una misa en recuerdo imperecedero a los defensores, a los muertos y a los heridos.

La evolución de las festividades

En 1991 llegó al poder municipal en Melilla el que posteriormente sería su primer presidente, Ignacio Velázquez, procedente del sector más conservador del Partido Popular de Granada. Bajo su mandato se hicieron cosas, que ni siquiera durante el franquismo habían sido pensadas. Una de ellas fue la declaración del 17 de septiembre como Día de Melilla, y el 19 de Marzo como festividad, no por San José, sino por el día del levantamiento del Asedio. También proclamó a la Virgen de la Victoria como Alcaldesa. Fue un giro muy conservador y muy nacionalista.

Puede entenderse que Coalición, como agrupación política, no quiera que el 19 de marzo sea festivo, pero debería proponerlo de una manera clara, y en mesas de debate en la Asamblea de Melilla, no mediante maniobras palaciegas, porque los melillenses nos damos cuenta de todo, y puede malinterpretarse una oposición a un acontecimiento histórico, con una acción de rechazo a la españolidad de la ciudad, que sabemos que no es el caso. Un partido, una ciudad, no pueden dirigirse desde la tramoya. La Democracia es luz y taquígrafos. Así pues, en pleno mes de marzo nos encontramos con dos conmemoraciones que nadie quiere celebrar. Mientras fue festivo y obligatorio, nadie acudía al 19 de Marzo, como tampoco ahora acude nadie al día 13, y no solo porque estén prohibidos los encuentros de más de 6 personas.

El Estatuto y el Presidente de Melilla

Celebrar el Estatuto es una cuestión y cumplirlo otra. El artículo 12, apartado c, dice que : La Asamblea de Melilla elige al Presidente entre sus miembros. Eso fue lo que sucedió en julio de 2019, y en todos los Plenos anteriores. Los pactos éticos entre los partidos, impiden que un diputado o parlamentario condenado por la Justicia, aunque se inocente, puede acceder a un cargo público, en tanto que esa condena no sea revocada. Eso es lo que ocurrió con Mustafa Aberchán en las últimas elecciones. No existen presidentes en la sombra, y los líderes políticos deben a su vez su posición a las asambleas de afiliados, aunque en la realidad sean órganos de trámite.

El capitulo II está dedicado a las funciones del Presidente, cuyo nombramiento es refrendado por el Rey. El presidente delega funciones en los consejeros, que a su vez deben reproducir las mismas acciones de transparencia , pues se deben a un Consejo de Gobierno, al Presidente, y a los ciudadanos. Las camarillas y taifas no suelen producir buenas sensaciones. El absolutismo ejercido desde la democracia es abominable. Un gobierno sin control, como los padecidos en las últimas décadas, hacen desaparecer la fe en la democracia. Tampoco se puede gobernar desde las nomenclaturas y clanes.

Al Presidente solo se le puede destituir mediante una moción de censura (Ignacio Velázquez (1998) y Mustafa Aberchán (2000), algo previsto en el artículo 19, puntos 1 y 2. Aunque no se explicita en ningún lado, siempre cabe la posibilidad de una renuncia personal.

Eduardo de Castro es el Presidente de la Ciudad de Melilla, nombrado legítimamente por la Asamblea. Su puesto no debería estar en discusión, porque el Pacto Antitransfuguismo refrendado en noviembre de 2020, impediría incorporar al gobierno al edil transfugado desde VOX, Jesús Delgado Aboy.

Maniobras orquestales en la oscuridad

El Gobierno del cambio necesita cambios en el gobierno. La erosión de la pandemia ha desgastado algunas áreas más que otras. De un mal, el obligado cese de Aberchán por la inhabilitación del Tribunal Supremo, puede sacarse un bien, como es la entrada de una nueva diputada, Cecilia González Casas, que además puede asumir competencias de gobierno. Cecilia González es maestra y una política experimentada, pues ya desempeñó áreas funcionales en el pasado (1999). La maniobras maquiavélicas tabernarias y de pacotilla llevadas a cabo en Murcia, Castilla-León y Madrid, pueden sumir al país en el caos, y según sean los resultados, provocar un adelanto electoral del gobierno de Pedro Sánchez .

Debería aprenderse de los ejemplos próximos y pasados, y no iniciar movimientos convulsos en Melilla. Hay que dar entrada a un nuevo diputado y remodelar el gobierno. Nada más. «En tiempo de desolación, nunca hacer mudanza»; y como dice el refrán: No hay quinto malo.

Nota:https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/territorial/Paginas/2020/111120-transfuguismo.aspx

El ciudadano Presidente


                 

                              El presidente es un ciudadano más, ese fue el gran logro de la Revolución Francesa, y todo el mundo recibiría en adelante el mismo trato, desde los ciudadanos Dantón, Marat, Talleyrand, Marié Olympe de Gouges, Ignace Guillotin, o cualquier otro grande, hasta el último mesonero de Francia. Tanto es así, que desde el mismo Rey Luis XVI hasta el ínclito Maximilien Robespierre, probaron el collar igualitario, eufemismo con el que los revolucionarios franceses denominaban a la guillotina. Los excesos fueron tantos, que El Consistorio tuvo que recurrir al joven oficial Bonaparte, nombrándolo primer cónsul de Francia, y luego él mismo se autoproclamó Emperador y hubo que derrocarlo de igual modo. Ese es también el riesgo en las democracias.

                                                 La diferencia de estos tiempos

            Pasados los 100 días de cortesía obligada hacia todo gobierno, son bastantes los que nos han preguntado si hemos notado alguna diferencia con el anterior, y que diéramos cuenta de ella. Sí hay, y son dos, y ambas  evidentes: la falta de miedo y la sensación de libertad. Solo por esto, han merecido la pena estos cien primeros días.

                 No hay miedo a expresarse, tanto, que los Medios contrarios al nuevo Gobierno melillense de coalición de partidos, que son todos, a excepción de Radio Nacional, vapulean de modo inmisericorde e incluso airado al gobierno presidido por Eduardo de Castro, el ciudadano Presidente. Existe un boicot activo (críticas) y pasivo (inasistencia a las ruedas de prensa, bloqueo informativo casi absoluto de sus actividades, no difusión de noticias o fotografías). Todas estas acciones eran impensables en el gobierno anterior de Juan José Imbroda. Así pues estas son las diferencias fundamentales, libertad y ausencia de miedo. Con el gobierno anterior, la posibilidad de acabar ante los Tribunales de Justicia con una querella por una crítica extrema, era siempre una opción con la que había que contar. No solo existía censura, sino algo peor que la carcoma o la termita, la autocensura, y esta nos afectó también a nosotros, en El Alminar.

                                          Melilla en el 12 de Octubre

               ¿Cómo es el desfile del 12 de Octubre, Día de la Fiesta Nacional desde la Tribuna de personalidades del Estado? Por primera vez tenemos las fotografías, que han sido distribuidas de modo igualitario a todos los Medios de Comunicación melillenses y a quienes  las han solicitado, como este blog. Publicamos las fotografías por dos motivos, uno el informativo, pues hay un ciudadano Presidente distinto al de  los últimos 20 años, y el otro para romper el «boicot» informativo existente en la ciudad. La ciudad de Melilla estuvo presente una vez más, en el desfile del 12 de octubre, y eso es o debería ser un motivo de satisfacción para todas/os, independientemente de quien ostente la condición de ciudadano presidente, que debe ser el primer servidor de los ciudadanos, y no el primero en servirse.

              Escribiendo este texto, nos hemos dado cuenta de que hay una tercera diferencia, y es la ausencia de «corte o nomenclatura».  La asistencia diaria a una céntrica cafetería, en coche oficial, de toda la corte del anterior presidente, ofrecían una imagen de los tiempos franquistas, reflejados en la película de «La escopeta nacional». Escribimos en otro momento que el breve tiempo que se está en un cargo de representación del Estado o de Autonomías o Ayuntamientos, la conducta debe ser ejemplar. Los años de fiestas continuadas, a voz en grito, en otra no menos afamada tasca, no ofrecían una imagen de servidores de la ciudadanía, ni de igualdad frente a quienes debían servir. Todo eso ha desaparecido, y no es poco.

             Sin caer en el elogio fácil, más bien es solo una descripción, Eduardo de Castro está demostrando ser solo  «el ciudadano Presidente», que es lo único que esperábamos con este cambio, así como los de todos los ciudadanos/as consejeros/as. Nada más, y nada menos, ciudadanos y ciudadanas, como cualquier otro.

 

 

Las imágenes del Día D


 

             El Día de Melilla, el del desembarco, siempre deja imágenes dignas de ser recordadas. Han pasado 521 días desde aquel primero del año 1497, porque obviamente tampoco se celebró. Este no será olvidado por muchas circunstancias. El Alminar no ha faltado a ninguno desde su creación , allá por el año 2011. Hemos visto muchas cosas y las hemos narrado y compartido. La historia de las ciudades es la que es, y las efemérides pueden ser o no conmemoradas.

                      Al Día de Melilla le faltan fuegos artificiales y algo más de vistosidad y calor popular. Nadie olvidará el 17 de septiembre de 2019, porque es el primero con un nuevo presidente y una nueva mayoría, tras 19 años de dominio hegemónico del Partido Popular y de Juan José Imbroda, que sí estuvo en los actos conmemorativos. Sin embargo, lo que más resaltaron fueron las ausencias y no las presencias. Faltó la mitad completa del gobierno de la ciudad, perteneciente a Coalición por Melilla. Se les echó en falta por muchas circunstancias y motivos, las más importante es porque ahora son gobierno, y el pueblo los quiere ver, tanto si este es el día de Melilla, como si fuera otro distinto. El día conmemorativo puede cambiarse de muchos modos, y más cuando se detenta el gobierno de la ciudad.

                    Así pues, el Día de Melilla fue el día de las caras largas, sobre todo en la mitad del gobierno que sí asistió a la conmemoración, aunque íntimamente puedan no estar de acuerdo con la conmemoración del «día del desembarco». Se ha manifestado ante toda la ciudadanía, un falla importante en el gobierno. También estaban muy cariacontecidos los anteriores regidores de la ciudad, que llegaron en grupo a la Plaza de Armas, y fueron recibidos con una llamativa y «casi preparada» salva de aplausos.

               Aunque fue recibido con un silencio taurino, estuvo muy digno el presidente de Melillla Eduardo de Castro, que logró sobreponerse a los nervios del frío recibimiento y de la ausencia de la mitad de su gobierno. Su discurso fue sincero, humilde y sentido, muy alejado de la grandilocuencia y de los anuncios espectaculares del pasado.

           Eduardo de Castro reclamó una oportunidad para Melilla, una oportunidad para la convivencia real y efectiva, por encima de los nombres que se pensaban eternos. La convivencia y la igualdad de oportunidades no pueden asentarse solo sobre eslóganes huecos y sin contenidos. La convivencia supone el esfuerzo de alcanzar consensos en una tarea común que es y debe ser Melilla.

          El discurso presidencial estuvo presidido por la lectura del ganador del concurso ¿Qué es Melilla para ti?, el niño Hayzam Chaouqui Mohamed, cuyo texto debería ser reproducido de modo íntegro en los medios de comunicación. Leyó un bonito texto con una serenidad y aplomo impecables.

            El Día de Melilla debe homenajear y reconocer a melillenses, como Mariano Remartínez, la primera persona física que recibe la medalla después del melillense Fernando Arrabal. Hasta ahora solo se le otorgaban a instituciones y a fragatas y corbetas, que igualmente la merecen, junto con los melillenses, porque sin ellos, no existiría nada.

 

 

Eduardo de Castro, presidente de Melilla


 


                     

         

                              Melilla es la Asamblea y el Pueblo

       A los que cuenten la historia en el futuro, habrá que decirles que el 22 de junio de 2019 significará para nuestra ciudad  lo mismo que el 17 de marzo de  1808 para Aranjuez, cuando el pueblo, cansado de los manejos de Manuel Godoy, el valido de Carlos IV, decidió amotinarse para provocar su salida.

        En Democracia, cada pueblo cuenta, y aunque en Madrid existan unas líneas generales de actuación entre los grandes partidos, luego la especificidad de cada localidad debe albergar un margen de maniobra. Esto es lo que ha sucedido en Melilla, en donde el único diputado de ciudadanos apoyó la mayoría del cambio, que constituía un anhelo de los melillenses desde 2015.

            Hoy , en la puertas del Palacio de la Asamblea se ha vuelto a congregar el pueblo de Melilla, la gente común, que hasta ahora tenía vedado el acceso al edificio del Ayuntamiento en las grandes ocasiones oficiales y de protocolo. Hoy estaban congregadas todas las autoridades civiles y militares, representantes de la Administración, la gente de melilla, excepto los diputados electos del Partido Popular y de Vox, y los representantes del gobierno saliente. Han mantenido su mal estilo hasta el final, que todavía no se ha producido. Un encadenamiento de denuncias y presuntas irregularidades prolongará la incertidumbre jurídica durante los próximos meses.

                                        Tiempos de cambio

          La toma de posesión de Eduardo de Castro, 5º presidente de la ciudad, estuvo refrendada por la presencia de la Ministra de Industria María Reyes Maroto, quien recalcó la vinculación permanente entre Melilla y el Gobierno del Estado, que siempre atenderá a sus necesidades y a su peculiar situación. Tras su intervención tomó la palabra el recién investido Presidente Eduardo de Castro, que dejó clara su voluntad de formar un gobierno para todos y cada uno de los melillenses. Por encima de cualquier nombre estará siempre el interés de Melilla y el de todos los ciudadanos y comunidades que la integran. La desaparición del viejo estilo ha quedado  clara desde el principio, con la presencia del ex presidente Enrique Palacios, invitado por primera vez a un acto oficial desde 1999, cuando dio el relevo a Mustafá Aberchán en el cargo de presidente de la ciudad.

         También y por primera vez en décadas, la puerta de antesala que da acceso al despacho oficial de Presidencia, estaban abierta. Hasta ahora, toda esa área constituía «la zona prohibida» del Poder, como en la era de los emperadores de la dinastía Ming en China. Además, el Salón Dorado se llenó de ciudadanos sin invitación, lo que tampoco ha sido habitual, ni la norma  en los últimos 20 años. También pudimos ver al senador emérito Carlos Benet.

                                             Toma de posesión

         La ceremonia de posesión estuvo muy bien conducida por Antonio Ramírez, el maestro de ceremonias habitual en todo tipo de actos protocolarios, hasta su depuración hace un año. Primero se leyó el Acta de sanción Regia con refrendo de la Presidencia del Gobierno, tras la que se dio paso al  propio acto del Juramento, en presencia de la Vicepresidente de la Asamblea Dunia Almonsouri. El bastón de mando y el collar presidencial tuvieron  que ser recogidos por el propio Eduardo de Castroen ausencia del ex presidente saliente Juan José Imbroda. En todo momento la corrección del público presente fue absoluta, refrendando con aplausos los actos ceremoniales sin gritos ni alharacas, como sí sucediera el pasado sábado, en el Pleno de votaciones.

        El tiempo de cambio  se ha abierto para la ciudad de Melilla. Cuando empezamos a escribir en 2011, el presidente saliente Juan José Imbroda llevaba ya 11 años en el poder. Han pasado 8 años más desde entonces. Hoy hemos visto, relatado y compartido una jornada histórica. Todo bajo la presencia y fe pública del Secretario de la Asamblea Jiménez Villoslada. Lo que importa es lo que él lee y oye.