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El puente viejo y la calle Alta


El puente viejo comunicaba la calle Alta con el Hospital del Rey en la Melilla antigua, la de la larga noche de los 400 años. La diferencia del nivel entre las calles lo hacía necesario, de hecho es el único puente existente en el interior de la ciudad vieja. Son las calles originarias, las primeras tras la conquista de la ciudad en 1497: Horno, Alta, Ledesma, Veedor, san Miguel, Acosta, Soledad, san Antón, La Concepción, Estopiñán, san Juan, Florentina, plazas de la Parada, doña Adriana, Avanzadilla y callejón del Moro, cuya denominación carece de sentido histórico.

El antiguo Horno de la calle a la que da nombre, se encuentra en situación de desmoronamiento. La calle san Miguel tiene todos sus inmueble en ruinas salvo uno y las demás van por el mismo camino. La zona vieja o barrio de Medina Sidonia se salvó gracias a las viviendas protegidas construidas allí entre 1983 y 1991, precisamente para eso. Se pensó acertadamente que un núcleo estable de población mantendría activa esa parte de la ciudad. Queda una sola tienda y una decena de viviendas de residentes de toda la vida, y los pabellones militares en donde nació Fernando Arrabal, el melillense más insigne.

Al puente viejo se accede por un callejón sin nombre, en el que lo primero que aparece es un inmueble cerrado y en ruinas. El acceso al puente está cerrado por una verja. Era un puente de más de dos siglos de antigüedad, quién sabe si anterior, que fue completamente desfigurado en una restauración mixtificadora. Es un lugar perdido, porque colinda con la zona de almacén de lo que hoy es el Archivo Histórico de Melilla. Encima de este lugar sin nombre se ven casas de ruinas de la calle Alta.

Melilla necesita un plan, y más en esta zona, si se pretende que sea un recurso turístico o para la propia ciudad. La pandemia lo está paralizando todo, pero las ideas y los proyectos pueden empezar a desarrollarse en cualquier momento.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/06/29/las-reglas-de-melilla-la-vieja/

Fernando Arrabal en El Alminar


De la torre herida por el rayo, surgió el alminar

       Al emperador melillense de las letras, Fernando Arrabal, no le gusta que se pierda el tiempo recordando cosas de él, que pueden encontrarse en cualquier enciclopedia. Hace un lustro, en su última visita a su ciudad natal, dijo que “no he escrito una novela sobre Melilla, porque ya está en toda su obra“. El dramaturgo, el novelista, el autor teatral, el cineasta, el creador de nuevos espacios y fronteras, ajustó cuentas con el franquismo en Carta al General Franco, misiva dirigida al dictador, y en Memorias de un teniente desaparecido, dedicada a su padre, militar prisionero evadido de una cárcel franquista en Burgos, por mantenerse fiel a La República. Fernando Arrabal, melillense insigne e inmortal, nació en una república, la española, y vive en otra, la francesa. También ajustó cuentas con el estalinismo en su Carta a Stalin (el otro generalísimo) al que califica, junto con Franco, como unos de los dos hombres que más daño le han hecho en su vida.

          Acaba de presentar sus dos últimos libros: Los poemas plásticos (un delirio pánico y surrealista mediante juegos de imágenes), y El extravagante éxito de Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare, en un personal homenaje al 400 aniversario de la muerte de ambos autores. Fernando Arrabal, el más grande de los melillenses en cinco siglos de presencia española, ha creado su propio mundo, El Reino de Cordelia, y su propia Universidad, la de La Patafísica, siguiendo la máxima de Wittgenstein que dice: “la única forma de vencer al mundo, es salirse de él”. En estos días también se presenta en Cascais (Portugal), la república portuguesa, la representación de su obra Guernica.

           En días pasado nos dirigimos a él, para hacerle llegar el último articulo dedicado a su nombre y a su figura. Le pedimos unas palabras para  El Alminar y toda su comunidad, y nos ha dedicado este poema. Además crea un nuevo patronímico para los melillenses: gurugueño.

                                                          Gurugú *

                       … me encantaría  domar a mis dinosaurios
                       para que le aplaudieran   desde el  Gurugú
                       pero el único rnithomimidae
                       no manco es la pingüina;
                        …confieso
                       en mis dos últimos libros
                       (de esta mismísima semana)
                        “…me apasionan
                        los poemas plásticos
                        el ajedrez
                         y el rigor matemático del tohu bohu”
                         (el dios Pan es tan travieso);
              arrabalaicamente querido y admirado gurugueño
     *Composición poética de Fernando Arrabal para El Alminar de Melilla