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Napoleón y La Grande Armée


       Es cierto que resulta curiosa la existencia en nuestra ciudad de una calle dedicada al Gran Corso, a Napoleón. Un melillense afincado ya en Málaga mantiene una larga batalla para desposeer al general y Emperador francés de es honor en el callejero melillense. Es algo de lo que ya hemos escrito. En el puente de La Constitución, pude fotografiar el Arco de Triunfo que Napoleón erigiera a La Grande Armée, el ejército con el que pretendió liberar a Europa de las últimas tinieblas medievales que todavía reinaban en Europa, y que fue finalizado con posterioridad a la derrota de Waterloo. El arco abre el paso a los jardines de Las Tullerías.

      En realidad Francia desencadenó una gran guerra europea, casi un antecedente de la I Guerra Mundial. Derrotado en Rusia, en el paso del Beresina, en Bailén, y finalmente en Waterloo, Napoleón fue desterrado a la isla de Elba.

             Su acción demostró cosas de las que todavía puede sacarse lecciones, la primera es que no se puede trasladar sistemas sociales, como La Democracia, a otros pueblos o países mediante la guerra. Cada pueblo, cada sociedad, necesita su evolución. La política de la Comunidad Internacional ha demostrado en Iraq, Afganistán, Libia, Siria y en tantos otros lugares, que nada se ha aprendido de los errores de Napoleón. Muchas veces, como en el caso de España en (1808-1814), los pueblos demuestran que prefieren sus tinieblas (Fernando VII), que las pretendidas luces que ofrecen los invasores (José Bonaparte).

           La otra lección, es que la victoria y la derrota se deciden en un estrecho margen, como en el caso de Waterloo. A veces sucede también que quien pierde acaba ganando, y quien cree haber vencido acaba perdiendo. Hay una última cosa y es que para vencer no es condición necesaria tener razón, ni defender la causa justa. Solo es cuestión de dinero y apoyos. Esto ya lo dijo el español más valiente, Miguel de Unamuno, frente a Franco y Astray en 1936: “Venceréis pero no convenceréis, venceréis porque habéis demostrado tener suficiente fuerza bruta”. Hay que sacudirse estas tinieblas que tenemos encima. Las fuerzas de La Ilustración, parecen darnos una nueva oportunidad.

San Manuel Bueno, Mártir


 

         Era una novela clásica de lectura, en los institutos previos a las mil y una reformas educativas. Ahora ya no sé que se lee en ellos. Miguel de Unamuno fue el único que tuvo valor para enfrentarse a Millán Astray en Salamanca, ante la misma presencia de Franco. Nunca nadie, demostró tanto valor.

                           San Manuel Bueno, Mártir

        “La alegría imperturbable de don Manuel era la forma temporal y terrena de una infinita y eterna tristeza que con heroica santidad recataba a los ojos de los demás”.

               Manuel Bueno era el párroco de Valverde de Lucerna, y todo el pueblo lo consideraba un hombre santo y bueno, por su dedicación a su feligresía. Nadie en el pueblo advirtió nunca nada, pero Manuel Bueno, mártir, escondía un secreto, que descubrió Ángela Carballino, y que confesó ante el obispo de Renada, a dónde se envió la causa para la “beatificación” del singular párroco de Valverde de Lucerna. Ella fue la que le atendió en los últimos años de su vida, tras regresar de la ciudad. Toda la novela está lleno de simbolismos, y no seré yo quien descubra el secreto que relata la novela, el de Manuel Bueno. Quien quiera saberlo, deberá descubrirlo por sí mismo/a.

                      El por qué de San Manuel Bueno

              San Manuel Bueno explica muchas cosas del autor de este blog y de sus intenciones con el mismo, y explica muchas otras en relación con alguien del que he escrito aquí muchas veces, un verdadero santo para El Alminar. A veces representamos el papel de San Manuel Bueno, a veces el de Ángela Carballino, pero al final, nuestro papel será el de San Manuel Bueno, mártir.

               Cuento esto porque son varios y varias las comentaristas que en los últimos tiempos han escrito que se sienten acompañados/as por este blog, por las cosas que en el se escriben y por cómo se dicen. Esto es una satisfacción, porque se escribe por algo y también es una responsabilidad muy grande, porque siempre existirá quién dependa, en uno u otro sentido, de que aquí se siga escribiendo, pese a las dificultades, y pese al cansancio, pese a la tentación de abandonar, que siempre nos acompaña.