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En el barrio hebreo de Melilla


La vida igual que hace un siglo        

          El barrio hebreo surgió en 1905, hace 110 años. Las familias hebreas que huyeron de Marruecos tras las persecuciones de Taza y Debdú, se alojaron aquí. Es en origen un barrio de refugiados. El barrio estaba escasamente acondicionado para los patrones de la época, las condiciones de vida en él eran muy míseras. En un principio se edificaron barracones de madera. Hubo un intento de trasformación del barrio, pero la gente quiso seguir estando allí. Podemos decir que el barrio tiene la misma fisonomía y diseño que hace un siglo. Las condiciones de vida con respecto al resto de la ciudad, han mantenido sus diferencias. Hay casas míseras y muy pequeñas. La vida en estas calles es muy dura. No han recibido apenas un solo euro en inversiones en los últimos veinte años. En principio era un barrio sin nombre en las calles, y sería el Ayuntamiento de La II República el que le otorgara los actuales nombres:  Hebrón, Jerusalén, Jaffa, Sión o Tel-Aviv. 

           En los primeros años de la década de 1990, la Empresa Municipal de La Vivienda, que fundara el concejal Enrique Remartínez, construyó en la calle Tel-Aviv, un único edificio de viviendas prefabricadas. La pretensión era ir sustituyendo las casamatas por construcciones nuevas. El proyecto quedó en aquélla obra y con posterioridad no se ha hecho nada más. Todo continua entre estas calles como hace un siglo. Mientras tanto, en otras partes de la ciudad se han derrochado millones de euros o se ha cambiando el pavimento una y otra vez.  Dicen que la ciudad de las culturas culturas se originó aquí. El estado del barrio hebreo debería haber cambiado. Ha habido demasiado dinero. El desarrollo de los barrios debe empezar por las viviendas y por el acceso al mundo de las oportunidades sociales, en igualdad de condiciones para todos.

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La memoria seguirá esperando en Melilla


 

       Presentación del libro de José Luis Navarro sobre Carlota O’Neill

    A los títulos de “muy valerosa”, “muy humanitaria” y “muy caritativa” ciudad de Melilla, se debería añadir el de “muy olvidadiza”, pues nuestra ciudad se caracteriza por tener una memoria muy parcial y sesgada, en la que se olvida de modo deliberado a quienes contribuyeron a hacer de Melilla lo que es hoy, por mucho que algunos se empeñen en tapar esa memoria.

                En los últimos tiempos asistimos a un particular florecimientos de nombres absurdos en nuestras calles ( Tirolína, Globo, Casiopea, Osa Mayor) o a otros sin vinculación con la historia de la ciudad (Consejo de Europa, plaza de los poetas, calle de las rimas), mientras se siguen postergando los verdaderos nombres que contribuyeron a forjar la memoria de Melilla. como es el caso de la escritora Carlota O’Neill, sin cuyo libro: “una mujer en la guerra de Melilla”, nada sabríamos de la represión franquista en Melilla.

            Sin embargo, los gobernantes de Melilla siguen rellenando el callejero a golpe de ocurrencias, o de nombres sin mayores méritos que los de cualquier otro melillense, pero que no generan un posicionamiento específico o político acerca de la memoria de los melillenses.

              Después de mucha presión, de varias visitas de Carlota Leret O´Neill a Melilla, de varios libros de distintos autores recuperando la memoria de Carlota O´Neill, el Gobierno de Melilla accedió a concederle su nombre a una calle, y lo que pareció un gesto de reconocimiento, aunque tardío, resulta ser casi una burla o una broma de mal gusto, a tenor de las fotografías que publico.

       30 de septiembre, presentación del libro

         José Luis Navarro, el escritor melillense más premiado (después del poeta Miguel Fernández)  y menos reconocido en Melilla, vuelve a intentar un nuevo ejercicio de “la memoria” sobre la escritora Carlota O ‘Neill. En esta ocasión presenta a los lectores melillenses un relato novelado sobre su vida,  que es realmente un guión cinematográfico. No pudo llegar a buen puerto la película, pero sí la obra escrita, editada por la editorial melillense GEEPP (Gestión y Edición de Publicaciones Profesionales), y que será dada a conocer el día 30 de septiembre. La presentación correrá a cargo del historiador  Vicente Moga.

            Mientras tanto, la memoria, la que conforma una ciudad, seguirá esperando.

   

Placas y nombres de calles


74.000 € para el mantenimiento de la rotulación

        La rotulación y numeración de las calles en Melilla era algo absolutamente necesario, porque en algunas zonas de la ciudad no se sabía ni en que calle se estaba. El Gobierno Local ha invertido en esta actuación 600.000€  en los cuatro últimos años. Hasta aquí nada que objetar. No obstante, es un derecho ciudadano opinar sobre el modo en que se ha hecho y sobre la “calidad estética de la actuación”, dada la alta inversión realizada.

         Este Gobierno lleva 11 años al frente de Melilla y en ese tiempo, ha numerado de dos formas distintas muchas calles de la ciudad, creando trastornos al usuario solo por el hecho de cambiar un número, que quizá, con una actuación mas cuidadosa se hubiese evitado. Con un simple cambio de número, se necesitan dos años para redirigir toda la correspondencia. Todavía, es mucha la correspondencia perdida y devuelta a Correos.

             Aparte, se ha cambiado la denominación y numeración de muchas calles sin mayor criterio que la simple decisión del momento. En el barrio del Tesorillo se cambió complenta la numeración de las calles Cabo Noval y Antonio San José y los pares pasaron a ser impares y a la inversa, sin que hubiera la más mínima necesidad. En el Barrio del Real se dividieron en dos casi todas las calles trasversales, obteniendo la misma calle una doble denominación (Pamplona/Navarra, Mallorca/Baleares, Lugo/El Ferrol, León/El Bierzo, etc), alegando que las viviendas de las calles Infanta Elena y Cristina rompían la continuidad visual de la calle. Sin embargo, ese criterio no fue respetado para colocar a una misma calle, dos denominaciones distintas ( Conde de Alcaudete/Restaurante los Salazones). Los transtornos que se causan con decisiones así son infinitos.

        El último aspecto a señalar es el de la calidad estética, que es bastante mala. Son simples chapas y si se hizo por ahorrar costes, no habría nada que decir, pero cuando esas “deslucidas chapas” se han  superpuesto groseramente sobre otras anteriores más artísticas y de cerámica, sí existe el derecho a quejarse. Además hay muchos errores en las denominaciones de las calles, teniendo algunas dos escrituras distintas.

           Esperemos que este contrato de 74.000 anuales, sirva al menos para corregir todos esos errores y deficiencias y además, se retiren algunas placas absolutamente mugrientas y no solo para el mantenimiento de las ya existentes.

      PD: dos fotografías proceden del blog “la otra Melilla”.