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Los trabajos eternos del río


                                   Los cañizales del río

          La desembocadura del río de Oro lleva infectada décadas sin que parezca haber solución posible. En cualquier otra ciudad se aprovechan las desembocaduras de los ríos en zonas urbanas,  para crear paseos o zonas de esparcimiento, o simplemente, cuando se mantienen limpias y en buen estado, como pequeñas albuferas o humedales, en donde reposan las aves, y en donde habita la fauna. Hace años que ya no hay peces en la desembocadura del río, ni tan siquiera ranas, ni se acerca por allí ave alguna. Todo es barro, cieno, fango, mosquitos y aguas descompuestas.

              Todo es un trabajo tortuoso y baldío. Cerrar la desembocadura para impedir que las aguas negras lleguen hasta la bahía melillense y contaminen el agua un poco más. Unos trabajos repetidos, como condena, año tras año, sin resultado alguno, en una lucha imposible y baldía contra la naturaleza.

 

 

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Refugios menores


 La vida en un desagüe

    ¿Cuál es el límite de la insensibilidad de las autoridades que nos gobiernan?, ¿pueden desentenderse de la vida de estos jóvenes o menores sin techo ni recursos, sin que altere su ritmo de fiestas y auto homenajes continuados?. ¿Alguien sabe cuántos menores o jóvenes deambulas por las calles de Melilla?. ¿Por qué no quieren residir en el centro de Menores de Sidi Guariach?. ¿Es acaso preferible esta vida sin salud, sin comida, sin higiene, a la intemperie?. ¿Es mejor un desagüe o cloaca antes que el centro de acogida?.

    Algún día alguien se atreverá a analizar el lenguaje del Poder en Melilla, y observará como cuando aparece un “presunto menor” ahogado en la playa, o  estrellado entre las rocas, o calcinado en las cuevas; el primer objetivo es no precisar la edad, ni siquiera la nacionalidad, para que no se sienta la más mínima conmiseración hacia la víctima, ni por supuesto, el más leve indicio de responsabilidad moral, administrativa o de gestión.

      Los menores o jóvenes vagabundos sin recursos, pueblan las calles de modo constante, día y noche, desde hace años. Casi todas las semanas se produce algún suceso relacionado con ellos, ya sea un accidente, una noticia luctuosa o algún hecho delictivo relacionado con ellos. Vivir de esta manera y en estas condiciones no es ni un buen camino, ni conduce a ningún lugar apropiado.

       Son marroquíes, muchos ya no son menores, pero están en la ciudad y deambulan por sus calles. La única opción no puede ser mirar hacia otro lado, quejarse, o pretender que Marruecos arregle o ponga medios para controlar un problema, que está claro que se escapa de sus fronteras. Melilla tiene la situación geográfica que tiene, al igual que Estados Unidos tiene una de sus fronteras con Mexico, y Bulgaria; Grecia o Italia están recibiendo la mayor parte de los refugiados sirios que huyen de la guerra. Cada país, cada ciudad se encuentra en el lugar que le corresponde e intenta solucionar la parte que le corresponde. Cualquier cosa antes que permitir estas imágenes y esta situación día tras día, cada vez con peores consecuencias, tanto para ellos, como para todos.

Lo que se lleva la corriente


         Quince años de trabajo en la desembocadura del Río de Oro, décadas cubriendo el delta  del río sin ningún resultado ni objetivo,  y los cuatros últimos de trabajos forzados, para nada. Apenas unos días antes de la gran tormenta y aguacero, habíamos fotografiado el lamentable estado de las aguas del  estuario melillense. Todo ese esfuerzo inútil, toda esa inversión baldía en la depuradora de aguas residuales, para que dos días de lluvias, arrojen toda esa porquería a la bahía de Melilla, esa misma en la que nos bañamos en verano y que obtiene las banderas azules de un modo un tanto cuestionable. Esta es la gestión que tenemos en la ciudad. Muy propagandística, muy costosa, pero de escaso resultado. En estas aguas cristalinas y turquesas o de color esmeralda, nos bañamos durante toda la temporada estival.

   Si recopilásemos todos los lemas y proyectos suntuarios acumulados en el último decenio, no helaríamos por su simplicidad y sobre todo, por su falta de resultados. Costaría muy poco mantener limpio el pequeño tramo de la desembocadura, y convertirlo en un espacio de ocio para los melillenses, al menos en los meses sin precipitaciones, que son casi todos. Solo hacen falta tres cosas: Voluntad, ideas y dinero. Se carecen de las dos primeras y sobra y malgasta  en abundancia la tercera.

Los dos lados del Río de Oro


                     Es el mismo río, el mismo puente. En uno de los lados se extiende el duro y gris imperio del cemento, o la imagen que ofrece la Consejería de Medio Ambiente por la biodiversidad del cauce del Río de Oro. Al otro lado del puente, apenas unos metros más allá, todavía no han llegado las podadoras de la Consejería. Hace algunos años decidieron acabar con la poca biodiversidad que nos queda. Las placas de cemento se extienden desde la desembocadura del río hasta casi su mitad, hasta este lugar, conocido como el puente de Camellos. El lado Este ya no necesita cuidado ni mantenimiento. Ofrece una imagen gris. Es una naturaleza muerta. En el lado Oeste la situación es distinta. Hay vegetación, aves, agua, rebaños de ovejas, cañizos, en definitiva, vida. Sin embargo, este lado precisa de cuidados, mantenimiento y de limpieza. Son las incómodas tareas que no saben, o no quieren llevar a cabo. El tétrico gris forma una losa que eleva la temperatura y devuelve la luz solar de forma molesta. Ellos prefieren que todo sea de esta última manera. Yo prefiero mirar al otro lado, en las actuales circunstancias es preferible estar del lado que todavía está vivo. Queda poco, pero todavía hay verde esperanza.

Una desembocadura sin solución


El Río de Oro o de los meandros, que es su nombre autóctono, tiene más de cinco siglos de infecciones documentadas a la ciudad de Melilla. Sus devastadores efectos en forma de fiebres palúdicas se dejaron notar sobre varias generaciones de melillenses a lo largo de los siglos. La razón principal para desviar su curso fue alejarlo de la ciudad vieja, tras los acuerdos de ampliación del territorio en 1860. La expansión de la ciudad ha vuelto a situar el problema en el mismo centro del núcleo urbano, sobre todo tras permitir la construcción de viviendas junto a la desembocadura. Como no se ha conseguido resolver el problema de las aguas residuales, pese a la cercanía de una estación depuradora de aguas, se intentó una huida hacia adelante, en forma de megalómano y costoso  proyecto de cubrimiento del estuario, en donde suele verse algunas aves. Hasta hace poco podían verse carpas y lisas, pero la podredumbre vista el pasado domingo, el último de febrero del presente año, hace ya imposible la presencia de vida, salvo la mutante. Es muy difícil determinar si la situación hace  dos años era mejor o peor.

               La única solución alcanzada hasta ahora, ha sido la de cerrar con arena la punta del cauce. El problema es que con la subida de las aguas marinas durante los temporales, o con las crecidas del río durante las lluvias, toda esta agua embalsada se derrama sobre las playas de Fitur (Feria Internacional del Turismo), que son nuestro principal reclamo de captación de visitantes. El mes de febrero está acabando de modo irremisible. Entres días será solo historia y la temporada de playas nos espera a tres meses vista. Toda esta infección se mezclará de modo irremediable también, con nuestras paradisiacas aguas. Eso sí, las estadísticas dirán siempre que nuestras aguas son aptas para el baño, aunque la realidad confirma que cada vez en más difícil encontrar un día con la arena y el agua limpias. El viento de levante sabe mucho de eso.

          Nota:  (1) https://elalminardemelilla.com/2011/07/01/el-estuario-del-rio-de-oro/

                      (2) http://fotohistoriamelilla.blogspot.com.es/2011/10/aves-en-el-rio-de-oro.html

Los puentes de Melilla


                        El nombre de los puentes en Melilla

          El territorio de la ciudad de Melilla está dividido por el cauce del Río de Oro, y también el de otros ríos, tan históricos como el mencionado, el arroyo Mezquita y el de Farhana. Todos esos cauces y la abundancia de agua hicieron de “las tierras circundantes” un entorno habitable y fértil.

           A partir del Tratado de Ampliación de Límites de la ciudad en 1860, se inició la desviación y encauzamiento del Río de Oro (1872), así como la correspondiente construcción de puentes para comunicar las dos partes en las que había quedado dividido el nuevo territorio melillense. La mayor parte de los puentes se construyeron en esa época y en la etapa de Protectorado Español. El franquismo, tan dado a la construcción de pantanos y esperpénticos monumentos auto conmemorativos, nos dejó secos en lo que a la construcción de nuevos puentes se refiere. En realidad, el régimen franquista no tendió puentes con nadie, sino todo lo contrario.

              Hubo que esperar a La Democracia para ver en nuestra ciudad la construcción de nuevos puentes, como el del Paseo Marítimo, el nuevo del Tesorillo, y el que comunica la carretera de Hidúm con la barriada de La Constitución.

                             Confusión en la denominación de los puentes

           Una de las características de los puentes de Melilla, que han sufrido grandes transformaciones desde su inauguración (algunos ya no existen), es la confusión en cuanto a su nombre. Cada uno los denomina como quiere, y no es infrecuente ver fotografías de un mismo puente, denominado de maneras distintas. El único intento serio por catalogar el nombre y la historia de los puentes melillenses, se llevó a cabo por parte de la Asociación de Estudios Melillenses, en el callejero ilustrado que editó el Ayuntamiento en 1997. Es usual seguir denominando como puente “de los alemanes”, a un puente que jamás se ha llamado así, y que es el del Ferrocarril o de La Minas del Rif, junto a los edificios del Centro Asistencial, y que une los dos tramos de la calle Alcalde Antonio Díez.

                             Obras en el puente del General Marina

             El lunes 11 de febrero se cerrará al tráfico el puente del general Marina, que sin embargo es más conocido como el puente de “Triana”, aunque jamás se ha llamado así. Existía en este punto, un puente llamado de la Reina Victoria, que por su posición fotográfica, coincide con el del General Marina. No sé si este último sustituyó al anterior, o se trata de un puente desaparecido.

Imágenes del Río de Oro


           El Río de Oro siempre ha acechado a Melilla. Las avenidas de sus aguas han ocasionados siempre problemas y enfermedades a los habitantes del entorno melillense. También ha sido un instrumento de guerra. En ocasiones, los cabileños desviaban su curso en dirección a la ciudad vieja, para provocar el hundimiento de las murallas y de la ciudad entera. Durante siglo provocó todo tipo de enfermedades a la población y la acechó con plagas diversas. Por eso, tras lo acuerdos de ampliación del territorio, los españoles, lo primero que hicieron fue desviar su curso, alejarlo de la villa vieja y situarlo en el trazado actual, allá por 1870.

          Tras una semana de lluvias y de temporales, en días pasados, el río melillense ofrecía este tranquilo y relajante aspecto. El agua bajaba algo turbia. Arrastra demasiados desechos, los del trazado marroquí, y los de la parte española. Pese a todo, podría ofrecer un mejor aspecto. Este gobierno lleva 11 años luchando en la desembocadura contra no se sabe qué.  Alguien dijo, hace ya meses, que la obra de la parte final del río  era comparable a la de los chinos en la presa de Las Tres Gargantas.

                    Siempre se ha comparado al río,  a su constante fluir, a la vida humana. Torrenteras, meandros. La corriente que nos lleva, que nunca es la misma, pero que siempre es el mismo río. Lo ríos parecen a veces amenazantes y otras totalmente apacibles, pero siempre hay que tener cuidado, Un hoya o un bodón pueden aparecer en cualquier parte. Un río, al igual que la vida, esconde muchas sorpresas y nunca debe confiarse en su aspecto a primera vista. Cuanto más apacible puede resultar más peligroso. Yo nací en una ciudad bañada por el Guadiana  y siempre se contaban historias sobre sucesos, leyendas y misterios relacionados con el río. Dos ríos bañaron mi infancia,  Badajoz, la ciudad del Guadiana y Ciudad Rodrigo, la del río con nombre de mujer, el Águeda.  Todos los veranos vuelvo a un río, a las pozas del Eresma en Segovia. El primer baño es un ritual que repito año tras año, casi como un bautismo.

   Nota: La misma imagen del río, tomada en el mismo lugar, a lo largo de cuatro años. Es el mismo cauce, pero no es la misma corriente. El cambio es constante, como en la vida.