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La corrupción en Roma en el siglo I a.C.


                Catilina, el paradigma de la corrupción

      El problema de la corrupción es que todos identificamos al presunto corrupto, pero nadie se confiesa corrompido, y el primero no existe sin el segundo. En el siglo I a.C., la corrupción llegó a tal punto en Roma, que el senador Cicerón escribió una serie de escritos incendiarios contra el también senador Lucio Sergio Catilina, el paradigma del político corrupto. Los discursos de Marco Tulio Cicerón, conocidos como Catilinarias, si se dirigiesen hoy a un político ejerciente, no pasarían  el arco de la censura y si alguna editorial o medio de comunicación se atreviese a publicarlos, acabaría haciendo frente a “indemnizaciones millonarias”.

                          Cicerón descubre a Catilina

          Catilina, ¿ hasta cuando abusarás de nuestra paciencia?. ¿Cuánto tiempo todavía ese furor tuyo nos burlará?. ¿Hasta qué límite tu audacia desenfrenada se agitará?. ¿ Nada acaso  la guardia nocturna del Palatino, nada los centinelas de la ciudad, nada el temor del pueblo… te han hecho vacilar?. ¿Quién de nosotros crees que ignora qué hiciste en la noche próxima, qué en la anterior…qué decisión tomaste?.

                 Salustio describe el caldo espeso de la corrupción

           Creció primero la avidez de dinero, después la de poder, y esta fue la fuente de todos los males. Pues la avaricia destruyó la lealtad, la honradez y las demás virtudes y en su lugar enseñó la soberbia, la crueldad.  La ambición forzó a muchos hombres a hacerse falsos. Al principio estos vicios crecían poco a poco y se castigaban algunas veces. Después, cuando el contagio se extendió como la peste, el poder se convirtió en cruel e intolerable. La avaricia conlleva el afán de dinero y es ilimitada e insaciable y no disminuye ni con la pobreza ni con la riqueza. Todos robaban, todos saqueaban, uno codiciaba una casa , el otro unas tierras.  Entonces, las riquezas empezaron a convertirse en un honor, la pobreza como un oprobio y a considerarse la honradez como malevolencia. Robaban, gastaban, daban poco valor a lo suyo, ansiaban lo ajeno, tenían confundidos el pudor, la vergüenza y todo lo divino y lo humano,  y carecían de escrúpulos y de mesura.  Cercado, denunciado ante el Senado de Roma, Lucio Sergio Catilina, no dio marcha atrás y proclamó: “Puesto que, cercado por mis enemigos, soy llevado al precipicio, apagaré con ruinas mi incendio”.

        Esto lo seguimos viendo todos los días, y es que cuando por alguna circunstancia anómala algún político es llevado a juicio, desde el banquillo,  acusa a todos. “No soy un putero” proclamaba el anterior director general de Trabajo y Seguridad Social de Andalucía Javier Guerrero, juzgado por los expedientes de regulación de empleo fraudulentos. Francisco Camps, ex presidente de La Generalidad valenciana, dejó plagadas las hemerotecas de frases célebres, a modo de ejemplo y conocida su afición a los trajes buenos y caros, pero sin pagarlos,  dijo lo siguiente: “supongo que mis conciudadanos querrán que vaya bien vestido”, aunque al final fue absuelto por un Tribunal Popular.

           La mentalidad corrupta está tan extendida, que el problema es que nadie identifica ciertos hechos con la corrupción.  Podríamos enumerar las prácticas y aburriríamos a los lectores. Cuando los derechos se solicitan como favores y los favores se exigen como derechos, diremos que se está un una situación casi irreversible. El único modo de intentar romper el círculo vicioso y degradante de la corrupción, es regular de modo claro y exigente, todas las acciones de la administración, elaborando una Ley contra la corrupción. Transparencia absoluta, publicación de bienes antes y después de entrar y salir de la actividad política. Evitar la ocultación de patrimonio, etc. Es el futuro del País y la credibilidad de la actividad política lo que está en juego. El océano de la corrupción es la mayor sangría económica de la actividad pública. No todo es igual, no todos son lo mismo, pero eso hay que demostrarlo con hechos y dejarlo claramente visible ante los ciudadanos.

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En memoria, siempre, del Juez Giovanni Falcone


           Se cumplen 20 años de su asesinato a manos de La Mafia

 El Juez antimafia Gianni Falcone viajaba en su vehículo blindado el 23 de mayo de 1992, cuando los 500 kilos de explosivos fueron detonados con un mando a distancia, en la autovía Palermo-Trapanni, a solo 20 kms. de la capital de Sicilia. Con él murieron su esposa Francesca Morvillo,  y los tres agentes de custodia. Dos meses después, el 19 de julio de ese mismo año, volaba con 100 kilos de dinamita, su amigo y también Juez, Paolo Borselino, junto con 5 policías de su escolta. En el caso de Giovannni Falcone, la carga explosiva fue tal, que saltó por los aires un tramo completo de la autovía.

        Los movimientos de Giovanni Falcone, no eran conocidos más que por 4 o cinco personas en todos el Estado italiano. Por eso, la sombra del complot, del chivatazo desde dentro del Estado, nunca ha abandonado a los atentados contra estos dos jueces, que deberían ser un modelo de los defensores del Estado. La corrupción existe, pero en todos los ámbitos, incluido el judicial. La corrupción es algo que contamina todo el espectro social, desde el escalón más bajo, hasta el más alto. La mayoría de los jueces de esta País cumplen con sus funciones de manera irreprochable, pero se echa en falta una implicación mayor en los casos de corrupción política y económica, quizá haya que dotarles de una estructura especial dedicada solo a eso. La sensación es que en España resulta demasiado fácil enriquecerse a costa del Estado. No es admisible que la condena por “tirar” del bolso a una anciana, sea mayor que por la  de  desfalco  al Estado. Hay que reformar las leyes, y tipificar claramente los delitos económicos.

       El asesinato de los jueces Falcone y Borselino cambió lo todo en Italia, porque la conmoción social fue enorme. Se desarolló la creación de La Dirección de Investigaciones Antimafia, una estructura estatal que coordina las actividades de policías y jueces. Ningún juez o policia se enfrenta ya solo a las investigaciones, sino que actúa respaldado por un órgano estatal que les ampara. No se trata solo de vencer, sino también de poner las cosas difíciles a ciertas actividades y prácticas; y también de convencer. Convencer de que la defensa del Estado, de una vida honesta, no solo es deseable, si no que es lo correcto, lo que debe hacerse.

              Giovanni Falcone siempre lo tuvo claro, en sus conversaciones con la periodista Marcelle Padovani, tras el atentado fallido de 1989, le dijo: “Es cierto que todavía no me han matado, pero no han rizado aún el rizo. Mi cuenta con la Cosa Nostra permanece pendiente. Sé que solo podré saldarla con mi muerte, natural o no”.

             Hace un año, en El Alminar de Melilla recordábamos su muerte (http://elalminardemelilla.com/2011/05/23/en-memoria-del-juez-falcone/). El Alminar del mes de mayo de 2011 solo fue visto por 500 personas. Un año después la media de visitas mensual es de 20.000. Para este blog, para mí, Giovanni Falcone es uno de los grandes héroes, es un mito, incluso un santo.

         Nota: Melilla debería tener calles dedicadas a estos dos jueces. Tenemos el callejero lleno de “nombres grises”, y de nombres de tonterías. Hay pocos ejemplos en dónde mirarse, nombres que sirvan de estímulo y que estén reflejados en el callejero. Ese debe ser el objetivo del callejero de una ciudad, servir de recordatorio a la propia historia y enaltecer a quien realmente lo merezca. No se me ocurre nadie mejor que Giovanni Falcone, en un día como hoy.

    PD: El monolito de mármol rojo marca el lugar exacto en donde murió el Juez Falcone, en la autovía de Palermo.