Hic iacet Don Pedro de Estopiñán


En el décimo año del Alminar estamos saldando cuentas pendientes con acontecimientos de la historia de la ciudad y de las que hasta el presente, no habíamos escrito sobre ellos. Estamos continuando también con las historias que siempre nos han distinguido y que constituyen nuestra seña de identidad, y también concluyendo otras historias, como la del fundador de la Melilla hispana.

La historia de este blog es también la de sus comentaristas, lectores/as y colaboradoras/es. Una de esas colaboradoras, Feliciana Torralbo, nos ha permitido llegar hasta el mismo lugar en donde reposan los restos del Contador de la Casa de Medina Sidonia, Pedro de Estopiñán. Muchos ven por nuestros ojos, y nosotros vemos con la ayuda de otros o de otras, como en este caso.

Pedro de Estopiñán era un excelente contable, de esos que si gastaban diez, ponían diez, y no 13 ni 25, y esto le granjeó probablemente muchas enemistades. El porqué de esto, es algo que se entenderá fácilmente en nuestra ciudad, tan dada a malgastar, casi desde su misma fundación.

En 1957, con ocasión del 450 aniversario de la conquista de la ciudad, se organizó en Melilla un Congreso sobre su historia, en el que participaron historiadores franquistas e historiadores en el franquismo, como Hipólito Sánchez de Sopranis. Poco aclararon sobre la enigmática figura del fundador de la Melilla hispana, salvo que estuvo en la ciudad en septiembre de 1497, junto con Martín Galindo, Martín Bocanegra, Gómez Suárez de Figueroa o capitán Andino , Gonzalo Mariño de Ribera y Bernal Francés. Los primeros pobladores de Melilla alcanzaron la cifra de 700, todos varones y en su mayor parte de profesión militar.

En aquellos tiempos, un varón como Estopiñán, debía tanto manejar una pluma como un sable, contar escrupulosamente los gastos o repartir mandobles con ambas manos. Es innegable que tuvo un papel importante en la conquista, aunque no esté claro si mandó la flota de desembarco. Lo que sí es un hecho es que nada podía moverse sin su conocimiento. La conquista costó dos millones de maravedíes y el apunto dos. Hoy en día el precio final hubiese sobrepasado los 6, con los errores contables, de los que tanto sabe el Tribunal de Cuentas.

Pedro de Estopiñán era un enlace habitual entre la Casa Ducal y la Corona de España. Se le reconoce en compañía de la Reina Isabel y del Rey Fernando, y también con sus sucesores, la Reina Juana y Felipe el Hermoso. Parece ser que organizó otras expediciones en la zona de Orán, para combatir a los piratas berberiscos. Era uno de los integrantes del Consejo de 24 de la ciudad de Jerez. Se casó con Beatriz Cabeza de Vaca y tuvo al menos 7 hijos. Su fecha de nacimiento es desconocida, y Sopranis conjeturó que podría situarse en 1470. Lo que sí está clara en la fecha de su muerte, el 3 de septiembre de 1505, en el Monasterio de Guadalupe, de forma repentina.

¿Infarto o envenenamiento? Nada se sabe, pero dejó una viuda muy joven, con hijos pequeños y con abundantes deudas. ¿Qué ocurrió? parece ser que su escrupulosidad contable dio al traste con una expedición de conquista que querían llevar a cabo los Guzmanes, señores de Jerez. Estopiñán identificó barcos en mal estado, dudosa capacidad de las tripulaciones y algunas cosas más, que desbarataron un pufo en toda regla a la Corona, y quizá ahí se granjeó alguna enemistad africana.

La angustia de su situación económica, una expedición malograda a Mazalquivir o quizá un plato demasiado cargado de condimentación, acabaron con su vida en 1505. Los frailes jerónimos del monasterio guadalupano se compadecieron del finado, probablemente bien considerado y con cierto carisma como hombre de corte, y decidieron evitarle el anonimato de la fosa común, esculpiéndole una lápida en la capilla de Santiago, en cuya cripta reposa desde entonces.

Con estas fotografías, damos por concluido uno de nuestros principales temas, aunque nunca puede afirmarse que se ha escrito la última palabra sobre algo, y menos aún si se trata del personaje más homenajeado y desconocido de la ciudad de Melilla.