Del paso seco al mojado


 

 

                     Melilla, ciudad de peatones

       Si Melilla desapareciese mañana, podríamos reproducirla de modo exacto gracias a los miles de fotografías existentes y almacenadas durante estos últimos años, no solo en los archivos del Alminar, sino también en el de otros blogs como el de La Otra Melilla. Gracias a esta labor, nunca reconocida, podemos mostrar la diferencia de las cosas, entre un asfixiante día de calor u otro de lluvia, como el de hoy.  Este es el paso de cebra de la calle Seijas Lozano, junto al Conservatorio de Música, ya de difícil tránsito en un día seco, pero intransitable en un día lluvioso. Los baches, hoyos y oquedades que nos pueden hacer caer en condiciones normales, son lagos infranqueables con la lluvia. El paso no se puede atravesar , y hay que dar saltos forzados, como los canguros.

         Los pasos de peatones son vitales, como su nombre indica, para los transeúntes, muchos de los cuales se mueven con dificultades o son personas mayores. Si están en este estado, la labor de caminar sin caer se torna muy dificultosa. En nuestro apartado: Melilla ciudad de peatones, vamos a mostrar todos aquellos obstáculos, trampas y dificultades, con las que se puede topar un peatón en nuestra ciudad.

      Nuestro consejo es siempre el mismo: ante cualquier caída provocada por el deficiente estado de las aceras, firme o calzadas, reclamar siempre los daños corporales al Ayuntamiento.

El río negro


              La ciudad está reventando por todos lados. Pocos lugares debe haber en el mundo en donde el camión para desatorar arquetas tenga más trabajo que en Melilla. Algo ocurre y no podemos saber qué es. Ayer mismo, junto al cementerio y procedente del Monte de Mª Cristina, un caudal de aguas negras seguía su curso natural hacia la avenida de Castelar. Las autoridades melillenses acudieron al lugar para rendir homenaje a fallecidos ilustres y que no deben ser olvidados, así pues debieron ser conscientes de la situación.  El asunto no merece mayores comentarios, solo que la casualidad no pude ser más inoportuna en un sentido y oportuna en otro. Si al menos vieron lo que sucedía, nos podemos dar por satisfechos, porque así procederán con más rapidez a su arreglo.

              Todos los días suceden cosas. No es que queramos dar una imagen apocalíptica, simplemente nos damos de bruces con la realidad.

El Mausoleo del General Margallo


            Nunca había entrado en el interior de este lugar, el Mausoleo del General Margallo, personaje del que existe numerosas hagiografías y que ha sido ensalzado hasta el paroxismo en Melilla. No es hora ya de preguntarse sobre el por qué de la absurda Guerra de Margallo en 1893, que culminó con la destrucción del santuario de Sidi Ouariach, o sobre las circunstancias de su muerte, sin que quepa explicación posible a que un General pudiera exponerse al fuego de los rifeños de una manera tan abierta. En todo importa siempre el final, porque el del General Margallo tapó para siempre cualquier error cometido durante su mando.

                 Los que recibieron honores en vida, o tras su muerte no son objeto de nuestra atención, porque ya tuvieron o gozan de esos honores. Los que nos ocupan serán siempre «los forzados héroes anónimos» de todas esas guerras. Todo aquellos que murieron (a la fuerza en su mayoría),  al igual que los renombrados y nunca olvidados héroes. De estos últimos ya se ocupan libros, fotografías y placas honoríficas; mientras que  los primeros, reciben como máximo una losa colectiva bajo el epígrafe de anónimos.

                 Esto es lo que hemos encontrado en el Mausoleo de la Guerra de Margallo, la lápida de «los héroes anónimos del Barranco del Lobo», el terrible  nombre que sacudió a La Nación, y que nunca más fue olvidado.

Nota: http://fotografiasdemelilla.blogspot.com.es/2012/09/panteon-general-margallo-cementerio.html

El ángel del silencio en Melilla


 

 

                      Desde la mirada del ángel

        Mostrar lo mismo pero desde un punto de vista diferente. Mirar en donde otros han mirado y ver lo que otros no han visto. En el día 2 de noviembre, el de los difuntos, en la hora tórrida, nos hemos acercado al cementerio de Melilla, vacío ya casi de gente y sobre todo de autoridades. Un ardiente Sol de noviembre se desplomaba de modo homogéneo sobre la filas del campo santo melillense.

          El ángel de África vigila solemne y silencioso todo el área del cementerio de Melilla. Su imponente figura se ve desde cualquier punto. Su protección alada, la del silencio, se extiende de modo uniforme, tanto sobre aquellos de los que se recuerda el nombre, como de los héroes anónimos y forzados que durante décadas fueron enviados a las Guerras de Marruecos o a las de Melilla, que es la otra denominación por las que son conocidas.

          Las Guerra de Marruecos alteraron la política española durante casi un siglo, desde 186o hasta 1956, año en el que Marruecos accedió a su independencia. El último actos funerario solemne fue el traslado de los restos de los héroes y mártires anónimos desde el camposanto de Monte Arruit, al cementerio de nuestra ciudad en 1949.

            Las dos inmensas fosas comunes que cubre con su mirada, son las que están frente al Mausoleo de las Campañas de África, extendidas bajo sus alas y frente a su incansable mirada. Albergan miles de cuerpos anónimos de soldados españoles, héroes forzados traídos hasta aquí bajo los símbolos y emblemas de La Patria, pero que solo vinieron a defender los intereses económicos de unos , de todos aquellos  que se hicieron ricos en las campañas de Marruecos, territorio que a la postre hubo que abandonar por completo. Tanto esfuerzo, tanta sangre del pueblo, tanto sufrimiento, para reposar aquí, en silencio absoluto y anónimo, amparados al menos, por el Ángel de África.

                                           La señal del ángel 

              La enorme figura de bronce recibía hoy el brillante Sol de noviembre con tanta intensidad, que su ala izquierda, la orientada hacia el Oeste, mostraba hoy un intenso color blanco, hasta casi hacerla parecer irreal. Un extraño efecto óptico que nunca había visto. Aquí ya solo reina el silencio inalterado, bajo la mirada del ángel.

La llegada del picudo rojo


 

               El picudo rojo ha llegado a las palmeras melillenses. Cada vez son más las afectados por este insecto, originario del sudeste asiático. En Europa fue detectado por primera vez en Almuñecar en 1995. Al parecer empieza afectado a palmeras de cierto tamaño, muy antiguas, mal podadas, según informa un muy interesante página de la Junta de Andalucía, que explica cómo detectar el mal y cómo actuar contra el mismo.

             En el Parque Hernández son cada vez más las palmeras a las que se les ha podado la corona, y que están cubiertas por el clásico capuchón de plástico.  El desprendimiento de las ramas secas, de gran peso y desde gran altura, puede suponer un grave riesgo para las personas. Aunque hay otro peligro aún mayor y es que se pudra el tronco, se seque y este se parta y caiga. Las palmeras son muy flexibles, pero si están secas en su interior o podridas por la acción del picudo rojo, pueden partirse y caer.

               En la parte del parque más cercana  ala plaza de España, hay ya varias palmeras afectadas por este mal. Se les ha desmochado la corona y la tienen cubierta con plástico. Junto a una de estas palmeras, hay otra muy esbelta e inclinada, que parece haber superado el límite de la verticalidad. La exagerada inclinación empieza en el primer tramo del tronco, justo en su parte más delgada. El tronco de la palmera parece bastante seco en esa parte. Ya se cayeron y partieron en primavera dos pinos en el parque Lobera. Ha ocurrido en los parques de Madrid.

Nota: http://www.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca/portal/areas-tematicas/agricultura/sanidad-vegetal/plagas/picudo_rojo_palmeras/

En octubre de 2014


Balsa de Las Adelfas

                  Octubre era el mes octavo de los romanos. La inclusión de los meses dedicados a Julio Cesar y a Octavio Augusto alteró todo le calendario. Octubre fue el mes de la Revolución Rusa, con el asalto al Palacio del Zar en San Petersburgo, un 25 de octubre de 1917.  La celebración del Congreso de Podemos en este mes no  parece una elección casual. Ocurre que ya nadie se acuerda de la lejana revolución de octubre, porque octubre es un mes rojo. No he visto referencias a esta coincidencia, que sí creo que es importante.

                             Las 34.000 visitas de octubre

       Octubre suele ser tiempo de reflexión en El Alminar.  En octubre siembra y cubre, dice el refrán. Lo que vaya a pasar en el año entrante está guardado y oculto bajo la tierra. Un 25 de octubre de 2011, rebasamos por primera vez la frontera de las 500 visitas. Han pasado tres años y esa cifra se ha duplicado en la media diaria (1100) y se han rebasado por segunda vez en 40 meses, la cifra de las 30.000 visitas.

          Hasta este momento, el mes del Alminar había sido marzo, con tres picos máximos de visitas en los años 2012, 2013 y 2014. En el presente mes, y en el último día la cifra de visitas rebasan las 34.200, superando a las 32811 de marzo de 2013.

          Resulta interesante recordar la entrada de octubre de 2011, por lo que suponía de intuición para el futuro y para el propio Alminar (https://elalminardemelilla.com/2011/10/26/25-de-octubre-525-visitas/). Casi todo lo escrito entonces sigue siendo vigente, aparte de tener su pequeño punto profético. Lo importante es que seguimos en donde estábamos. En lo esencial no hemos cambiado. Tampoco hay que decir más.

Las mañanas del encharcador


 

          Hay que ofrecer sensación de gestión. Apenas ha llovido en   todo el mes. Las moscas y los mosquitos lo inundan todo. Ninguna Consejería informa de que la incineradora está en parada técnica desde el día uno, lo que unido al calor, hace que insectos tan molestos se hayan extendido como un manto del que no hay manera de librarse. Por la mañanas, toda la ciudad está encharcada. A las molestias considerables para circular por nuestras desniveladas e intransitables aceras, se une ahora la dificultad de sortear los charcos. Están en todos lados: en los soportales, debajo del coche al aparcar, o en los peligrosos y deslizantes pasos de peatones.

           El baldeo es necesario, pero es el estado de la ciudad, de sus aceras, de su firme, de sus pasos de cebra, el que lo convierte en peligroso y molesto.