El Mausoleo del General Margallo


            Nunca había entrado en el interior de este lugar, el Mausoleo del General Margallo, personaje del que existe numerosas hagiografías y que ha sido ensalzado hasta el paroxismo en Melilla. No es hora ya de preguntarse sobre el por qué de la absurda Guerra de Margallo en 1893, que culminó con la destrucción del santuario de Sidi Ouariach, o sobre las circunstancias de su muerte, sin que quepa explicación posible a que un General pudiera exponerse al fuego de los rifeños de una manera tan abierta. En todo importa siempre el final, porque el del General Margallo tapó para siempre cualquier error cometido durante su mando.

                 Los que recibieron honores en vida, o tras su muerte no son objeto de nuestra atención, porque ya tuvieron o gozan de esos honores. Los que nos ocupan serán siempre “los forzados héroes anónimos” de todas esas guerras. Todo aquellos que murieron (a la fuerza en su mayoría),  al igual que los renombrados y nunca olvidados héroes. De estos últimos ya se ocupan libros, fotografías y placas honoríficas; mientras que  los primeros, reciben como máximo una losa colectiva bajo el epígrafe de anónimos.

                 Esto es lo que hemos encontrado en el Mausoleo de la Guerra de Margallo, la lápida de “los héroes anónimos del Barranco del Lobo”, el terrible  nombre que sacudió a La Nación, y que nunca más fue olvidado.

Nota: http://fotografiasdemelilla.blogspot.com.es/2012/09/panteon-general-margallo-cementerio.html

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3 Respuestas a “El Mausoleo del General Margallo

  1. Ser llevado hacia una muerte segura por los intereses de otros, en nombre de La Patria, y que ni siquiera quede constancia del nombre y del inútil sacrificio. Estas son las guerras que cubren a algunos de honores y oro, y a otros de polvo y olvido. El Mundo no ha cambiado.

    • Ni creo que cambie en este sentido, en parte porque el ser humano es así, es una conducta que hemos adquirido. Es común ver como se ensalza y elogia la figura de algunas personas, aunque seamos conscientes de su maldad, y se menosprecie la de otras que, sin la altisonancia de éstos, trabajan y hacen cosas en la sombra por el bien de todos. Así somos.
      Yo tampoco conocía este mausoleo.

  2. En la ciudad de Melilla, quedan los ecos de algunos nombres, personas que vivieron y murieron allí, que han tratado de olvidar e ignorar a lo largo de estos años. Para pena de much@s, sus apellidos, los de sus descendientes se mantienen y perdurarán en el tiempo y sobre todo en la memoria. Ya habrá quien se encarge de ello.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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