Archivo diario: 8 noviembre, 2014

El misterio de Puente Nuevo


             Un puente sirve para comunicar o pasar cosas de un lugar a otro. En Melilla sorprende la cantidad de dinero que el Ministerio de Fomento destina a la ciudad bajo el epígrafe de carreteras, sin que tengamos espacios para las mismas. Este puente, por encima del arroyo de Mezquita, conecta la nada con el caos, o sea, la carretera de circunvalación o perimetral,  con el caótico polígono industrial. Por tener tiene de todo; su imprescindible rotonda,  las bandas reductoras de velocidad de tipo “lomo de asno”, señalización vial y bonitas vistas al otrora temido “Barranco del Lobo”. Lo que no tiene es circulación, pero probablemente ese no era el objetivo del puente. Estas obras dejan mucho dinero en manos del contratista y solo crean un escaso empleo en un periodo de tiempo corto.

                   No tiene circulación, o muy escaso porque no comunica nada. Nadie va a venir hasta este lugar para ir hacia la carretera de Hardú o barrio chino. Girar  hacia la frontera de Beni Enzar es meterse en una ratonera, y si se utiliza para acceder hacia el polígono industrial sin industrias, supone salir del trueno para dar con el relámpago. Ademas nos hemos fijado en que la salida hacia el Paseo de Las Rosas, ni siquiera tiene carril señalizado. Salir del puente por esta salida, es adentrarse en el caos más absoluto.  Un futuro centro comercial en este zona, debería resolver antes muchos problemas de acceso y circulación para el tráfico.

                     Este en un puente sobre la nada, de momento.

  Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/07/16/el-puente-magno-de-mezquita/

Frente al mar azul


 

 

El mar de Melilla

El mar de Melilla

                A lo lago de cuatro siglos, en la larga noche de los 400 años, Melilla solo tuvo esta perspectiva como toda esperanza. Por la punta del promontorio de Tres Forcas llegaban los suministros, los barcos de socorro o incluso el relevo de la guarnición. El mar es inmenso, su intenso tono azul es hermoso, pero siempre hay algo de amenazante en el agua. De  los cuatro elementos de la naturaleza, el agua es siempre y será el más temido, el más difícil de dominar. La vida surgió del agua, pero es un elemento hostil a la vida humana.  No se puede vivir sobre el agua.

                           El año cuarto  en El Alminar

             Todavía quedan casi dos meses para acabar el año, pero ese es solo un final convencional. Un año puede acabar o empezar en diferentes momentos. El año de Alminar está ya cumplido, aunque todavía resten muchas cosas por  por ver que y por escribir. Desde su origen en 2011, El Alminar ha incrementando de modo constante su número de visitas, hasta aproximarse en torno al límite de las 250.000 visitas anuales. Este año ese límite no solo está cerca en el presente año, sino que por primera vez será rebasado. Un comentarista escribía días atrás que “el excesivo” número de entradas podía influir negativamente sobre el número de comentarios, que es la otra parte imprescindible del blog.

                A día de hoy, no creo que el número de entradas influya sobre los comentaristas. Creo que el que exista un  mayor diversidad de temas y de propuestas sobre las que escoger, es el único modo posible de estimular la participación.  Si no hay movimiento no hay opciones, seguirá habiendo visitas, porque un blog está permanentemente expuesto, pero no generará comentarios. Aun así, el comentarista se rige por otras leyes y motivaciones. Las entradas se mantienen de modo constante en El Alminar, las visitas también, pero la participación externa es otra cosa, depende de factores que no están a nuestro alcance conocer, aunque sí intuir.

                 Melilla aguantó frente a ese mar azul y en un entorno hostil durante 400 años. En El Alminar seguiremos esa senda, mirando siempre hacia el norte. Si seguimos existiendo, podremos seguir contado cosas. A lo largo de este tiempo hemos escrito cosas, que de otro modo estarían ya irremisiblemente perdidas. Es otro modo de ver las cosas, pero es el nuestro. Toda luz, por muy pequeña que sea, detiene la oscuridad en torno suyo.