La Loma del Viento


         La Loma del Viento es el lugar conocido como cerro de la Palma Santa. La primera vez que leí ese denominación fue en el libro «La flora silvestre de Melilla» de los autores José Manuel Cabo, Juan Antonio González y Huberto García. Es un lugar que me gusta, pues conserva todavía una parte de su terreno sin alterar. El barrrio de la Zaouia está a escasos metros, pero todavía el urbanismo no ha hecho presencia en la zona, aunque se aprecian desmontes para  extraer arena y piedra para la construcción.

         Está dentro del territorio melillense surgido tras los acuerdos de 1860, pero físicamente no está dentro del casco urbano melillense. Es una sensación subjetiva, pero Melilla, la ciudad, está al fondo. La continuidad del casco urbano se rompe irremisiblemente al final de los últimos chalets de la carretera de Farhana. Es la única zona en donde se tiene la sensación de estar fuera de la ciudad. A esta sensación se añade la de estar a 63 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que concede la posibilidad de obtener unas magníficas vistas de Melilla. Es uno de los puntos más altos de la ciudad, al que solo superan la parte alta de Cabrerizas y el cerro de Rostrogordo.

            Por esta zona se ubicó el primitivo poblado bereber de Farhana, que tuvo que desplazarse tras la firma de los acuerdos de Wad Rass. Hasta 1938 existió aquí una antigua mezquita, muy anterior a la ocupación española del territorio. Los lugareños, todavía recuerdan el emplazamiento de la misma. Las crónicas de la época dicen que fue derrumbada para erigir la actual Zaouía del Cerro de La Palma Santa, pero no se edificó exactamente sobre el mismo lugar.

            Este cerro debería ser preservado. Melilla necesita y debería realizar su propio catálogo de espacios naturales protegidos, aunque el nuevo PGOU (Plan General de Ordenación Urbna), prevé la transformación de casi todo el espacio rústico en urbanizable. Este lugar debería quedar a salvo de todo eso. Una higuera silvestre, cuidada y podada por los lugareños, es la señal natural que abre el paso hacia este entorno apacible, bonito, silencioso  y casi mágico.

La estatua de Isabel La Católica


          El Alminar redescubre la autoría de una estatua en Melilla

               Restituto Martín Gamo también realizó la estatua de Isabel La Católica que se encuentra en la céntrica plaza  de Torres Quevedo. La acción bárbara y hostil llevada a cabo por los activistas del senador marroquí Yahia Yahia, en el corazón de Melilla La Vieja, ha servido para que todos los melillenses, nacidos o de adopción, prestemos atención a las estatuas que adornan nuestras calles, y lo que es más importante, ha conseguido que se busque, recuerde y redescubra el nombre de los autores, muchos de los cuales habían quedado perdidos en los cajones del olvido.

             La primera aportación la hizo el investigador religioso e historiador José Luis Blasco, quién recordó que el 20 de septiembre de 1995, la Asociación de Estudios Melillenses (AEM), en su revista Trápana, publicó un trabajo relacionado con el autor de la estatua de Pedro de Estopiñán, al cumplirse los 25 años de su instalación emplazamiento en su anterior situación. La firma del artículo correspondía a José Luis Blasco, a la sazón Presidente de la AEM.

           La calidad de una información no es solo por la redacción o por las novedades que aporta, sino también por las fuentes que se citan. Es muy importante y obligado, mencionar y citar a cualquiera que haya realizado en un trabajo sobre ese mismo tema. Como decía un historiador, profesor y amigo, al historiador se le reconoce por las fuentes que cita. Menciono esto, porque en los dos últimos días, la Fundación Melilla Monumental se ha apropiado de los datos proporcionados por El Alminar y sus colaboradores, como José Luis Blasco, en relación al autor de la estatua de Estopiñán.

              Tanto Imparcial, como Miguel Angel, señalaron el extraordinario parecido de esta figura de San José, de la iglesia madrileña de San Agustín de Tagaste , y atribuida también a Restituto Martín, con la de Pedro de Estopiñán, de la que parece su hermano gemelo.

            Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/12/01/el-autor-de-la-estatua-de-estopinan/

 

El aserradero de Valsaín


 

            La enajenación del Patrimonio del Estado

     A finales del siglo XVIII, el monarca Carlos III inició la industrialización y modernización de la estructura económica de España. Se crearon diversas industrias por toda la península. Nunca llegó a existir una industria excesivamente potente, pero algo era. Dos siglos después, con las negociaciones para la entrada de España en la Comunidad Económica Europea se inició el proceso inverso, el de la desisdustrialización.  España se abría camino hacia la economía del sector servicios y de la especulación, situación que nos ha dejado casi inerme ante la situación actual de crisis.

      El milagro económico de Aznar no existió, o consistió casi únicamente en vender y privatizar las entonces empresas estatales, las rentables, y obtener sustanciosos ingresos económicos a cambio. El resto fue especulación pura y dura del suelo público y privado,  y poner en marcha la bomba del ladrillo que acabaría estallando apenas una decena de años después.

                           Pinares, pueblo y serrería de Valsaín

           Valsaín es una localidad segoviana situada a 6 kilómetros del municipio de San Ildefonso o La Granja, que toma o da el nombre a un amplio pinar, de la ladera segoviana de la sierra de Guadarrama. La madera de Valsaín da  y riqueza a toda la zona y es su motor económico, junto con el turismo y la ganadería. El aserradero es todavía de titularidad estatal, pero ya se ha anunciado el inminente pase a manos privadas. Esta es la información que publica hoy el diario El País. La chimenea de la fotografía, en la que hoy asientan sus nidos las cigüeñas, data de 1884. Es solo un paso más en el desmantelamiento del Estado y su entrega al ámbito privado. Todo enmascarado, eso sí.

 Nota: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/12/01/

actualidad/1354379667_787338.html

El autor de la estatua de Estopiñán


 

                         La historia de un autor

                La amputación del » brazo armado» de la estatua de Pedro de Estopiñán en Melilla La Vieja, ha servido para poner de actualidad muchas cosas. Entre otras, y la más importante es la del nombre del autor de la efigie, el alcarreño Restituto Martín Gamo, artista nacido en Guadalajara en el pueblo de Condemios de Arriba en 1914. El importante dato fue rescatado por el historiador religioso melillense José Luis Blasco, que colabora en El Alminar bajo el nick de Imparcial. También aportó otro dato, el de la inauguración del monumento en su emplazamiento original (17-09-1970), junto a la antigua estación de autobuses, en la antigua calle del Mantelete.  La estatua lleva pues en la ciudad 42 años, de los cuales 12 han transcurrido en la situación de la plaza de Estopiñan, en la ciudad vieja. Indagando más en el nombre del autor, descubro otro dato semi olvidado, y es que la escultura  de Isabel La Católica de la plaza de Torres Quevedo, es también del mismo autor. También lleva en uno de sus brazos una espada. Es una coincidencia curiosa. Buscando otros datos del escultor alcarreño, aparecen más obras suyas en otras ciudades de España, tales como la réplica  de un busto de Pío Baroja en el casco viejo de San Sebatián, o una figura de San José en una interesante iglesia de Madrid.

                   Refranquistización tardía de Melilla

        Toda España soltaba lastre con respecto a Franco en el inicio de la década de 1970, salvo nuestra ciudad, en donde a lo largo de la década se producirá un anclaje más firme si cabe, con respecto al Generalísimo Franco.  El impulsor de esa refranquistización será el alcalde Mir Berlanga, creador del mito de la conquista de Melilla y de algunos otros más. Casi 5 siglos después del hecho, se colocará la primera efigie de Pedro de Estopiñán.  Simultáneamente se erige  una escultura dedicada a la reina Isabel La Catolica, transformada en un idealizado ángel flamígero y evangelizador, del mundo y de Melilla. Se dedica también una placa en 1972, en la calle Castillejos, que recuerda el paso de Franco, como Jefe de La Legión, en el inmueble, y se bautizará con el nombre de Melilla a un petrolero, acto al que acude Alcalde Mir Berlanga, y que tendrá a su excelencia La Señora (Carmen Polo), como madrina del acto. Fue una verdadera lástima que solo tres años después de este impulso franquista en nuestra ciudad, falleciera el objeto de culto,  Francisco Franco.

      El hostil acto de amputación de la estatua del conquistador real o supuesto de la ciudad, llevado a cabo por un grupo marroquí de intenciones anexionistas, ha sacado del olvido a un escultor, que en 1943 fue Premio Nacional de escultura.

        Notas: http://www.agustinosrecoletos.org/es/reportajes.php?carpeta=201003&reportaje=srita&id=10.

http://gentesdeguadalajara.blogspot.com.es/2011/08/restituto-martin-gamo.ht

La entropía en la ciudad


 

                  Los árboles que se elevan

     Cuando no existen nuevas ideas, ni un proyecto nuevo para una ciudad, entonces del cajón del que se echa mano es del de las ideas viejas ya fracasadas, y volverlas a poner en marcha para ver si vuelven a funcionar. Una de ellas es la de la peatonalización del centro de la ciudad y de algunas de sus calles. En su momento, cuando se intentó hacer, generó un fuerte rechazo entre los propios comerciantes, que incluso llegaron a crear una plataforma en contra del proyecto. Ahora parece que esos mismo comerciantes lo demandan. No hay manera de entender a Melilla, ciudad en la que se defiende con la misma virulencia, lo que 10 años después se condena, incluso con las mismas personas al frente.   Una de las calles «peatonalizadas» fue la de Severo Ochoa, que hoy presenta la característica singular de que algunos de los árboles se están elevando del suelo, casi arrancando los alcorques y creando nuevas oportunidades para tropezar en pleno centro comercial, abierto o cerrado, según la perspectiva desde la que se mire.

                           El aumento de la entropía en Melilla

        La entropía es un concepto físico que se ha extendido también al lenguaje cotidiano. Es una medida del orden o del desorden de un sistema determinado. Hay dos tipos de entropía, la reversible y la irreversible.  Una copa de cristal es un sistema ordenado de moléculas, que si se arroja al suelo estalla en mil pedazos, dando lugar a una situación de entropía irreversible. Todo sistema tiende hacia la entropía, y para frenar el continuo aumento del desorden, es necesario realizar un trabajo constante para frenarlo. Este tipo de entropía es reversible.

          Tal es el caso de las calles de una ciudad. Cuando se asfaltan, urbanizan e inauguran, suelen estar casi siempre en perfecto estado de orden, pero al cabo del tiempo, y por mil diversas causas, todo se empieza a desordenar, a ofrecer un aspecto descuidado. Hay que invertir trabajo, tiempo y dinero para hacer volver todo al estado inicial. Si ese trabajo no se realiza de modo constante, entonces la entropía se adueña de todo y consigue hacer parecer viejo, lo nuevo. Este sucede en un sistema físico, en una ciudad, en la propia vida personal o incluso en nuestra propia casa.  El inexorable avance de la entropía es una constante universal.

Hijas de La Caridad, un año después


 Las Hijas de La Caridad llegaron a Melilla en 1924, sustituyendo a las religiosas Mercedarias, que habían llegado  a su vez a nuestra ciudad en 1915, fecha de la fundación del Centro Asistencial. Tras 87 años de presencia en Melilla, desaparecieron de un modo sorpresivo y abrupto. Fue una conmoción, tanto dentro de los muros del Centro Asistencial como fuera de ellos. La Congregacion de los Padres Paúles se quedaron prácticamente con lo puesto, o sea,  la parroquia de Santa Mª Micaela, perdiendo incluso su iglesia más emblemática, la de San Agustín del barrio del Real, de la que pasó a hacerse cargo la Iglesia Diocesana. Cayó incluso el Vicario melillense José Manuel Barreiro que había anunciado una inminente revolución eclesial.

          Tras leer la noticia en el periódico de que se había celebrado en la mañana del 24 de noviembre de 2011 una misa de despedida de las Hermanas, acudí en la tarde al Centro Asistencial, para realizar una fotografía de las últimas cinco residentes. Quería tener un documento gráfico del último instante de su presencia en Melilla. No me había adentrado nunca en sus aposentos. Las fotografié a ellas y a su austera capilla. No hubo tiempo para más. Al día siguiente fui con las copias de las fotografías y ya habían partido, de madrugada, sin tiempo para mirar atrás. Se marcharon el mismo día que se conmemoraba la festividad de santa Catalina Labouré, una de las más emblemáticas Hijas de La Caridad, creadora de la afamada Medalla Milagrosa.

         El libro de la historia de Melilla cerró una página más, de un modo extraño y un tanto por sorpresa. Fue una decisión no anunciada, no explicada. Toda historia siempre tiene un final. El de las Hijas de La Caridad en nuestra ciudad se escribió hace un año.

        PD: https://elalminardemelilla.com/2011/11/27/hijas-de-la-caridad-adios-a-melilla/

      Nota:  http://www.scoop.it/t/accion-social/p/3523231868/asocide-hijas-de-la-caridad-y-el-refugio-recibiran-los-premios-aragon-solidario?_tmc=KbJZCfXp0NYahSQ9UXxqglNgma0CRfrmImnBkjv9ZZM

Instantes fugaces


        Dos personas están en el mismo lugar, leen el mismo libro, contemplan una misma ciudad o una misma cosa y no necesariamente se fijarán en lo mismo, o incluso no significará para el uno lo mismo que para el otro. Han compartido esa experiencia y habrá una parte del recuerdo, de la sensación, que en su mayor parte será común. Son esos instantes comunes los que componen una vida. A veces es una experiencia individual, un descubrimiento personal, el que se decide compartir, poner en común y así la sensación se extiende, la superficie de unión se acrecienta.

        Hay párrafos que valen un libro, imágenes que son una película. En muchos casos, esas imágenes serán varias, pero a la larga, algunas serán comunes a todos. Hoy escribiré de dos cosas, la primera es sobre un libro de Italo Calvino, en el que la crítica especializada escogió un solo párrafo, como el más representativo de todo el libro, aunque en realidad es todo el libro. Se trata de «Las ciudades invisibles», en la que Marco Polo y el Kublai khan comparten experiencias sobre ciudades imaginadas, que nunca ha visitado. El párrafo final es una sorprendente definición del infierno, que debería adoptar la propia Iglesia de Roma, creo que es difícil de superar:   «El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya está aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no  sufrirlo. La primera es fácil para muchos; aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: Buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure y dejarle espacio». He leído atentamente el libro, buscando algún parrafo más, como miles de otros antes, y no hay nada que supere o iguale a esta definición, a esta reflexión puesta en boca de Marco Polo, en el párrrafo final y dentro del último capitulo de ciudades, las escondidas.

          El siguiente instante se incluye dentro de la película Blade Runner, cuando el sargento Deckar, es salvado de la muerte por el mismo replicante Nexus 6, al que estaba dando caza. Tras salvarlo le dice: «Es toda una experiencia vivir con miedo, eso es lo que significa ser esclavo». Tras explicar todas las cosas que ha visto, añade: «Y todos esos momentos se perderán con el tiempo, como lágrimas en la lluvia» . Rick Deckard se queda contemplando atónito como la vida limitada de la criatura genética del laboratorio de la Thirrel Corporation se extingue ante sus ojos. En ese instante, todas sus certezas desaparecen, se disuelven como el humo en el aire.

        Evitar que ciertas experiencias, que ciertas cosas se pierdan. Esa ha sido la intención fundacional del Alminar, el motor que nos ha movido desde el principio.