Las aceras sumergidas


                      El tiempo no se detiene ante nada, ni la vida tampoco.  La climatología avisa en todos los lugares del mundo. La Atlántida se sumergió bajo las aguas hace mucho. Cualquier obra humana, por muy grande que sea, es vulnerable ante los rigores del clima. Cuanto peor esté hecha una cosa, las consecuencias serán mayores. La diferencia de lo sucedido en el terremoto de Japón y el de Haití es notoria, este último país está hundido para muchos decenios y el primero sigue en pie. La naturaleza siempre se abre paso. Muchas de las consecuencias de las últimas inundaciones  en el sur de España, se deben a haber habilitado antiguas ramblas fluviales como zonas habitables, o autorizar la construcción junto a los antiguos cauces. Cuando llegan las inundaciones nada resiste.

        Cuanta ahora, que las tremendas consecuencias del terremoto de Lorca, se agravaron por la sobreexplotación de los acuíferos. Las ciudades se construyen encima, y aumenta el peso de la zona. Los acuíferos se secan y al final el suelo queda sustentado sobre inmensas bóvedas huecas, que ofrecen menos resistencia a las fracturas que provoca un terremoto. Cierto o no cierto, el caso es que cada vez con menos, pasa más. Poco se sabe todavía de las consecuencias que la acción humana está teniendo sobre el planeta, y cuando se sepa, ya será tarde. Algunos y no son pocos, y muy entendidos, niegan la realidad del cambio climático.

               Esta tarde he caminado sobre las aguas, mejor, sobre aceras sumergidas. He visto el agua correr airosa sobre lo que eran sus antiguos cauces, los del barrio del Real. Calzadas anegadas, pasos rebajados para discapacitados convertidos en improvisados pantanos. Arquetas que no podían aliviar  tanta agua. Lo de hoy solo era un pequeña prueba para nuestras renovadas infraestructuras urbanas. El decorado impermeabilizado del Parque Forestal, reparte el agua por todo el barrio del Real. Antaño ese suelo agrícola, absorbía  toda el agua.

Franco, el fiel difunto de Melilla


                          Noviembre es el mes de todos los santos y también de los fieles difuntos. En Melilla tenemos la estatua del difunto más fiel posible, Franco y a su vez, Melilla es la ciudad más fiel al difunto. Da igual cómo esté o se le represente, igual que los santos, pues Francisco Franco entra en ambas categorías. Hoy en día su estatua acecha, mirando al puerto por donde vino, casi escondido tras la torre de San Juan.  Se me ha ocurrido esto porque en días pasados, circulando por la zona, pude ver a dos jóvenes haciéndose fotografías junto «al comandantín», como le llamaban sus compañeros de armas. Claro que esa no es la idea que ofrece la estatua, de casi dos metros de altura. Dicen que cuando uno envejece, suele achicarse un poco, sin embargo la muerte restablece el equilibrio perdido y algunas figuras se agigantan con el paso del tiempo. Nada hay más cierto, que el momento en el que se habla mejor de casi cualquier persona, es tras su fallecimiento.

                                 La estatua, el arquitecto y el libro

             La estatua siempre está: ¡Presente!, en la realidad social y política de la ciudad. Hace medio año, en verano, apareció por El Alminar un tal Isidoro, nombre sevillano, que resultó ser un conocido arquitecto afincado en Madrid. Había hecho el servicio militar en Melilla, y se juntó con otro grupo de soldados, altamente cualificados. Uno de ellos realizó y/o ayudó al autor de esta estatua, con los bocetos y el diseño de la misma. La verdad es que la estatua, como tal, tiene una buena factura y proporciones, y parece tener cierto dinamismo. Posteriormente y a través de los correos hemos tenido ocasión de comentar muchas más cosas, acerca de esta estatua y de la ciudad en donde sigue erigida.

             «Francisco Franco, cristiano ejemplar»*, es una obra editada por la Fundación Francisco Franco. dedicada a enaltecer la vida y la obra del que fuera «Dictador de todos los españoles». Parece un delirio, desde el mismo título, pero resulta que el libro está escrito totalmente en serio.  Su autor es un fraile de la Orden de San Benito, Manuel Garrido Bonaño, la que custodia la Basílica del Valle de Los Caídos. Lo pedí hace unos años, cuando vi en televisión que se presentaba la 5ª edición.  Una edición ya me parecía mucho, pero cinco sobrepasaba cualquiera de mis mejores expectativas para ese libro.

                  Según su testamento político, Franco creía que moría dentro del seno de La Iglesia, cosa que esta Institución santa,  jamás ha desmentido, y si él esta dentro,  es que casi todos los demás estamos fuera. En la iglesia del Palmar de Troya, Franco ya es santo. Por algún sitio hay que empezar, aunque se el mismo infierno.

         PD: Añado mi versión para la construcción de un pequeña capilla dedicada a Franco Salvador, por tres veces de Melilla. Hay elementos ornamentales nada desdeñables, como el arco omeya que representa los rayos del Sol, y la cúpula o koba de los morabitos del rif.

Cuando el asfalto es puzzle


             No hay una sola calle en Melilla que esté en perfectas condiciones de principio a fin. El encadenamiento de obras, sin aparente coordinación, ha convertido las calzadas de la ciudad en una sucesión de obstáculos y dificultades para la conducción. Todo está lleno de costurones, de cicatrices y de remiendos. Baches, diferencias de nivel, rellenos de cemento, asfalto mezclado con cualquier otro material de parcheo. Un aspecto deplorable. Se acaba una calle y se vuelve a abrir pasados algunos meses y por el mismo sitio, si es posible. Si había asfalto se parchea con cemento y si había cemento se rellena también, hasta tal punto que el firme cede, se abren enormes agujeros, socavones y vuelta a empezar.

                  Esto ha sucedido en la avenida de La Marina española, en dirección a la Delegación del Gobierno. El pavimento ha cedido, tras semanas venciéndose, y se ha producido un agujero. Pasar por allí ya resultaba peligroso para las ruedas y para la seguridad del vehículo. La zona se ha acotado, porque el hundimiento en el último día convirtió ese punto en un lugar impracticable.  Las cosas nunca están tan mal como para que no puedan seguir empeorando y un poco más atrás, el estado del antaño «firme», hace presagiar un horizonte nada prometedor para la conducción.

               Es este punto de la avenida de La Marina española, frente a la Casa del Mar, el pavimento presenta tres características diferentes (cemento a la derecha, adoquinado en el centro y asfalto en la izquierda), o en situación inversa según hacia donde se circule.

El Rastro is different


Una sucursal de pan, y la oferta  económica del año

   El Rastro de Melilla es algo diferente a lo que podría indicar su nombre, es diferente a lo que uno evoca con esa palabra.  El Rastro de Melilla es lo más parecido a un zoco, de hecho,  sigue la tradición de los mercados de la zona, con la diferencia de que en vez de un día a la semana, ofrece sus productos y diferencias a diario. en el Rastro de Melilla se puede encontrar cualquier estampa inimaginable en otras partes del mundo, o similar a muchas otras partes de ese mismo mundo. Ropa, productos perecederos, tiendas de cualquier cosa de 2ª mano, productos rescatados prácticamente del desguace o incluso algo que nosotros desechamos, puede volver a encontrarse, cualquier día en El Rastro.

    Sin embargo, en esta ocasión es una sucursal de pan la que ha causado la sensación comercial de la ciudad. Ofrece 10 bollos de pan, por solo 1€. De la oferta se habla en cualquier parte de Melilla. Muchos la conocen y se desplazan desde otros barrios a por ella. Había oído hablar acerca de esta oferta, pero fue hablando con una familia cuyo presupuesto es de 3€ al día para comida,  cuando me ofrecieron la imagen más nítida de esta sorprendente y exitosa oferta.

    Han pasado los tiempos de la ganancia desaforada, del querer amortizar cualquier negocio en el primer año de funcionamiento, de ofrecer los productos por encima de su valor real. Una oferta que sirve para aumentar las ventas y además hace una función social. Es la revolución del pan, en El Rastro.

La economía del ladrillo en Melilla


          En España casi 3 millones de pisos vacíos, sobre un parque total de viviendas de casi 26.000.000.  La burbuja inmobiliaria la veía todo el mundo, menos los expertos y la clase política. Una vivienda por cada dos habitantes. Se construía a mayor ritmo que en Alemania o Francia, países que nos duplican en población. Los ayuntamientos españoles iniciaron una enloquecida carrera de venta de suelo, que proporcionaba un dinero rápido, malgastado casi todo en proyectos suntuarios. El objetivo era y sigue siendo el mantenerse en el Poder, con la fidelización y esclavización del voto. Nadie hizo previsiones y si llegado el caso, y se producía el estallido, nunca afectaría a la clase política.  El sufrimiento de la gente y de los ciudadanos no importaba entonces y no importa ahora. Grecia está siendo arrojada al abismo y Alemania, a través de su Canciller Angela Merkel afirma que: » Grecia paga sus propios errores». La frase no es correcta, debería escribirse así: Los ciudadanos griegos pagan los errores de su clase política y la de La Europea, principalmente Alemania. país con el que tienen la mayor parte de la deuda. Alemania prestaba dinero a Grecia por productos ya elaborados (material bélico), que sabía perfectamente que no iban a poder pagar. Luego se concedían más prestamos para poder seguir pagando los intereses de la deuda, que no la deuda. Era y es la rueda del infierno.

                                Melilla, hacia el big bam inmobiliario

         En Melilla la cifra de viviendas desocupadas es de 3060, mil más que en la ciudad de Ceuta, con población sensiblemente superior a la nuestra, sobre un parque total de 21.000 viviendas. La proporción entre viviendas vacías y población es de las mayores de España. Venta de suelo + licencia de obras, suponen un grifo permanente abierto hacia las arcas públicas. Luego en las previsiones presupuestarias se añade toda esa cantidad de IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles), como ingresos, aunque no se cobren porque no hay comprador, pero la sensación es que todo va «viento en popa».

         Melilla basa todas sus proyecciones en el aumento de población, pero se trata de población en paro, que retorna a la ciudad a casa de sus familiares. Obviamente ni compra pisos, ni los alquila.  Estos datos ya se han convertido en hecho. Nadie alquila para independizarse porque no tiene con qué hacerlo, y la sorpresa de un gobierno que no ve la realidad, ha sido mayúscula cuando ha comprobado que nadie solicita las ayudas al alquiler. La caída de la constitución de hipotecas es también ya otro hecho. Los bancos piden ahora las garantías que dejaron de exigir durante 2o años. La gente no pide hipotecas, por que con las reformas laborales del PP, ya nadie puede estar seguro de conservar el empleo en los próximas décadas o de mantener el nivel adquisitivo. No baja el precio de la vivienda nueva, ni bajan los alquileres.  Hay edificios de nueva promoción que no han vendido una sola vivienda, hay edificios completos vacíos, edificios emblemáticos nuevos, que no consiguen completar la venta. Todos los días se derriban casa viejas y se inicia la construcción de otras nuevas.

                               Construcción de viviendas en Melilla

           La promoción privada está ya fuera de toda lógica, salvo que la economía melillense tenga otro motor no conocido. Hace unos meses, la UNED de Melilla presentó un libro sobre las características y amenazas de futuro de la economía melillense. Destacaban en ese trabajo tres artículos del experto Jesús García Ayala, quien fuera jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno , durante el mandato de Manuel Céspedes (1987-1996). Aporta un análisis claro, pero nadie se atreve a vaticinar algo sobre el futuro económico de la ciudad. Aparte de la actividad comercial, solo queda el asidero del sostén del Estado, que parecía claro en el pasado, pero resulta incierto con un País en situación de derrumbe económico.

           Las viviendas de promoción pública ya no se venden, ni siquiera las de la calle Villegas, en donde después de más de mil solicitudes retiradas, solo se han mantenido 18 de las 25 posibles opciones de compra. El dato es muy grave. Las que se hicieron en el Rastro, en solares muy pequeños y extraños, resultaron demasiado caras para el posible grupo social al que iban dirigidas. No consiguen colocarlas ni siquiera mediante el alquiler y la opción posterior de compra. Si la situación es así, y dado el alto número de viviendas vacías, no se entiende que con la cesión a la ciudad de los solares de tres cuarteles, se pretenda construir otras 1550 viviendas, la mitad de promoción pública. Hay dos únicas opciones, o se trata únicamente de un eslogan propagandístico, sin opción a que se vaya a realizar nunca (como la ampliación del Puerto), o se vive ya por completo al margen de la realidad y se cree lo que se dice. La primera sería disculpable, por aquello de la mentira piadosa, la segunda sería alarmante. ¿Quién quiere seguir en el modelo del ladrillo?

La desaparición del viejo Industrial


     El Barrio del Industrial de Melilla atesoraba gran parte de la historia de la ciudad. Durante algunas décadas, nuestra ciudad, al igual que las grandes capitales tenía dos equipos de fútbol rivales, con aficiones netamente diferenciadas, la UD. Melilla  y el CF Industrial, al que también se conoció por el equipo de «los soldados». La década de 1980 conoció la paulatina desaparición de las grandes naves de salazón de pescado, reconvertidas durante algún tiempo en las primeras discotecas de Melilla. Era un barrio marinero, con el olor característico de la salazón del pescado. Cientos de mujeres melillenses trabajaron en esta industria. Junto a las naves industriales existían también casas matas, de carácter humilde, en la que vivían trabajadores o gentes de mar, siempre con las losetas de la Virgen del Carmen en la puerta.  La desaparición es tan completa, que ha perdido hasta su nombre. Es raro encontrar a quien diga  que «vive en el industrial», lo normal es llamarle ya Paseo Marítimo, o con los nombres de las calles y urbanizaciones. La composición social ha cambiado mucho. En este barrio, y en una tienda de «ultramarinos» que no he logrado identificar, se originó el culto al «Cristo de Limpias». Al morir la dueña se trasladó el busto al cementerio y posteriormente a la Iglesia de San Agustín (hasta su desaparición), que es de la que depende la administración eclesiástica del barrio.

            Hoy quedan muy pocos vestigios de aquel pasado, y algunos de los pocos que quedan,  presentan un aspecto desolador. Un almacén inactivo, otro en funcionamiento (el de Wenceslao García), y unas pocas manzanas de casas, ruinosas unas y habitadas todavía otras. Es una extraña mezcla en donde conviven la excelencia de edificios nuevos y un comercio moderno, junto a la ruina y la cochambre de anteriores viviendas y almacenes.  Es la resistencia a la desaparición, cuyo edificio más emblemático es el de los Talleres Montes. Es uno de los últimos lugares en donde pueden verse tejas en muestra ciudad. Sólo quedan aquí y en apenas dos o tres casas del barrio del Real.

El acuerdo del Pasadena


 

                      De la paralización al consenso            

              Hace dos semanas, el Viceconsejero de Turismo Javier Mateos, mediante denuncia judicial y con presencia de la Policía Local, paralizó las obras de rehabilitación de un edificio, del que él forma parte, pues es el propietario del pub Pasadena, de sobra conocido en Melilla y con  actividad reducida en la actualidad.

       Hasta el año 2000, el Pub Pasadena era el medio de vida de su propietario, el hoy miembro del Gobierno Local de Melilla. Durante más de una década, el Pasadena fue un lugar señero en el mundo del Jazz y de la música en directo. Era un lugar tranquilo y pequeño, de 15m², en donde se pasaban agradables veladas. Pese a todo, el Pub no era ni es un lugar insonorizado, con las medidas legales y pertinentes, lo que causaba molestias a los vecinos, que se resolvían unas y otras no. El acceso y salida de la gente del local causaba un exceso de ruido que los vecinos soportaban con paciencia. Muy pocas veces se denunciaban estas circunstancias y estas molestias. Todo se resolvía con la buena voluntad de los vecinos, y que con el paso del tiempo, el local empezó a frecuentarlo cada vez menos gente, reduciéndose de modo natural las molestias.

        En los primeros años de Javier Mateo en el Gobierno de Melilla, el local quedó cerrado, abriéndose solo en ocasiones determinadas y en alguna que otra Nochevieja, hasta quedar completamente inactivo. Desde hace tres años aproximadamente, el local ha vuelto a abrir sus puertas, pero en horario muy reducido, solo en fines de semana, y unos pocos meses al año. El Pasadena, como local de copas, de música, ya no existe.

                                         Obra con licencia Municipal

               Cualquiera que se de  una vuelta  por Melilla, por cualquier barrio, en una mañana, puede ver varias obras sin los preceptivos carteles de obra, incluidos edificios completos, que inician su construcción antes de tener la licencia. Por ello, resultò sorprendente, que un Viceconsejero del Gobierno de Melilla, consiguiera paralizar las obras de rehabilitación de un edificio, del que él forma parte, que tiene licencia municipal, cuando podía haber hablado con la junta de propietarios. Las obras eran obligatorias, tras imponerse varias multas a la comunidad de propietarios, por el deterioro visible de la fachada.    La Comunidad de vecinos está compuesta por 54 familias (entre los que hay jubilados, parados y viudas),  que pagan sus impuestos, y que en plena crisis han abonado la cantidad de 2000€ por unidad familiar, hasta sumar los más de 100.000€ que cuestan las obras.  A muchos se les ha aplazado el pago.

             El pub Pasadena ha producido muchos ruidos molestias a la comunidad de vecinos, a lo largo de muchos años, pero también se ha beneficiado de estar dentro del soportal de una comunidad. Ahora ya no causa ruido, porque al local ya no acude casi nadie, pero la zona se ha convertido en refugio de borrachos, de cachimberos, merendero de pandilleros e incluso urinario público. La obra, que con licencia municipal, solo pretende la adecentación de la zona y dar tranquilidad al vecindario, pero Javier Mateos alegó que: «le restaba visibilidad a su negocio”. El derecho al trabajo y el derecho al descanso deben vigilarse en extremo. La salida de los locales de copas del Puerto Deportivo, está haciendo que parte de esos locales vuelvan a instalarse en el Barrio del Real.

                                     El acuerdo de última hora

          Tras dos semanas de paralización de obras, y casi en la víspera del juicio, señalada para el día 7 de noviembre, tanto el Viceconsejero de Turismo como la comunidad de vecinos. Una puerta acristalada, que pagará el propietario del local, ha puesto fin a una incomprensible maniobra. Una de las fotografías, ilustra claramente en qué se ha convertido el soportal, y la necesidad del cerramiento.