La fragmentación de Las Culturas


 Según reza la placa de inauguración, la que debe portar los nombres a través de los siglos, la plaza de Las Culturas tiene tan solo diez años. Sin embargo, está en estado de desfragmentación. Es un espacio ciudadano muy concurrido, pese a que no tiene sombra. Resulta muy  húmedo en invierno y es una plancha ardiente en verano. También es un lugar muy ventoso. La humanidad y sobre todo los niños/as, sobreviven en cualquier condición, por muy extremas que sean. Ese es el caso de esta plaza de Las Culturas. No hay sombra, los bancos son muy incómodos y todo el lugar se encuentra sin protección ante los rigores climatológicos. Solo los bares y cafeterías sirven de refugio.

              Algunos bancos han tenido que ser sustituidos y el suelo de piedra artificial está fragmentándose por todos lados. Hay una zona, la más próxima a la muralla que está en un estado pésimo que empeora día a día. Los focos que ilumina la muralla ya no existen y su única función e la de almacén de escombros. La gestión y el mantenimiento no existen, ni siquiera a cien metros del Ayuntamiento. Esto es uno de los peores síntomas.

El ave y la fuente herrumbrosa


 

  Una fuente en el Barrio de La Victoria

            Era una fuente de mil colores y mil chorros de agua. La veo todos los días una o dos veces. Está junto al mercado del Barrio de La Victoria. Nunca había imaginado en qué estado se encontraba. En realidad estaba persiguiendo a una garcilla, para observarla en vuelo y fotografiar su arranque desde el suelo. Son bastantes las aves que acuden a diario  atraídas por el olor de las pescaderías del mercado. Los pescaderos les ofrecen los despojos que éstas atrapan solícitas. La garcilla no quiso levantar el vuelo y se refugió en la fuente cercana, entonces pude ver en qué estado se encuentra.

                La gestión no es solo inaugurar, ni realizar una obra detrás de otra. La gestión es mantener lo realizado en estado óptimo.  En caso contrario, por más dinero que se invierta en una ciudad, no luce nada. Melilla ofrece una sensación de abandono generalizada. La realidad es que se pagan cifras muy altas de dinero a empresas de mantenimiento y de servicios. Si las cosas se cuidasen de manera adecuada y la vigilancia fuese constante, todo resultaría más barato y también más vistoso. El estado visual de la ciudad no se corresponde con el dinero que se invierte en ella. Lo que está fallando es el modelo de gestión. Si no se pueden mantener las cosas, lo mejor es no llevarlas a cabo; pero una vez hechas, lo que no se puede es abandonarlas, y dejarlas en este herrumbroso estado.

Rincones del parque Lobera


 

        El parque Lobera fue creado en la década de 1960 sobre una loma pelada carente de toda vegetación. Batallas y escaramuzas constantes se sucedieron sobre el cerro de la Horca. Con los años y simplemente no haciendo reforma alguna, el parque Lobera ha ido cogiendo una aire bucólico y decadente que lo hace atractivo. En los primeros años de la década de 1990 se intentó convertirlo en un parque de moda, se rehabilitó la fuente e incluso se llegó a instalar un local de hostelería. Por fortuna todo cayó en el olvido y se olvidaron de su existencia. Hace apenas tres años se prometió una reforma y su transformación en «un parque de mil colores y formas». El inicio de la crisis volvió a salvar el parque.

       Las amenazas sobre su configuración todavía no han cesado. Las excavaciones que se llevan a cabo en el Cerro del Cubo hizo pensar en una extraña idea de continuidad ambiental entre el parque y la loma. Los rincones del parque Lobera son únicos. La abundante sobre se hace notar con la llegada del calor. Los jardineros y cuidadores del parque cumplen a la perfección con su labor. Lo cuidan con esmero. Entre sus laderas destaca un inmenso ficus cuyas raíces se extienden por una gran superficie. Entre ellas buscaba alimento un mirlo. Es uno de los pocos lugares de la ciudad en los que todavía se oye el canto y la actividad de las aves. El silencio en los alrededores ayuda a proporcionar esa sensación de calma.

      Escribir o dar noticia de un desperfecto  en este parque da cierto reparo. Nunca se sabe si va a ser reparado sin más, o si lo siguiente va a ser el inicio de una reforma demoledora. Los bancos de este parque, los del tipo que mostramos, son de los más incómodos de la ciudad. En realidad más que banco parece solo asiento, pues carece de respaldo. Sin embargo, ya escribimos en una entrada pasada que la condición de banco se alcanza con la existencia del asiento. El respaldo es algo que se puede tener o no. No hay manera de sentarse únicamente sobre un respaldo.

       Estos incomodísimos bancos, son solo una pieza de cemento. El que se ve en la foto lleva fracturado más de un mes. Nadie recoge los escombros. Los colindantes están bastante agrietados. El cemento ha superado ya toda su vida útil. Estos rincones son del parque Lobera son muy peculiares. Deberían ser conservados con algo más de atención. Eso sí, sobre este parque, cuanto menos se escriba, mejor.

La inaccesibilidad del Real


El Real inaccesible

       El barrio del Real tiene 12954 habitantes según el último recuento del INE. Lleva varias décadas sin que ningún ayuntamiento invierta en sus calles un solo euro. Las aceras son barreras infranqueables para personas con minusvalías, para  madres con carritos de bebés, para personas con dificultades de movimientos y un ejercicio constante de subir y bajar bordillos para todos aquellos que estén en un óptimo estado físico. El Barrio del Real tiene 5 grandes calles longitudinales y casi veinte transversales. A cada manzana hay que bajar un bordillo y volver a subir casi inmediatamente. En el mes de julio se iniciarán unas obras de renovación del paseo central, el de la calle La Legión. Se ha informado a la ciudadanía pero muy poco, y sin demasiadas opciones a réplica. Se van a suprimir aparcamientos y los problemas del barrio se van a desviar a las calles laterales. Se pretende esconder los problemas o al menos disimularlos. Un bulevar nuevo y la supresión de aparcamientos gratuitos en Burgos, en Gamonal, sacó a los vecinos de sus casas. Melilla es diferente para todo. Se gastarán casi dos millones de euros para enterrarlos en bordillos.

        En las calles que nadie ve, se seguirán produciendo estas situaciones. Un hombre mayor, en silla de ruedas, solo tiene el recurso de rodar por la calzada, esquivando los coches, en la calle Ceuta, para poder desplazarse por el barrio. Todos los bordillos, aceras, esquinas y manzanas son impracticables. La realidad es esta, pese a  que muestra la propaganda muestre otra cosa. No puede ser que durante 20 años no se invierta nada en hacer la vida cómoda a los ciudadanos, y de repente, y casi sin que nadie lo pida, se gaste una ingente cantidad de dinero en una sola calle.

La visión de los árboles muertos


 

        La construcción de dos rotondas, fue la excusa para arrancar árboles de cuajo, serrarlos hasta el límite y proseguir con  la devastación arbórea de la ciudad. Modificar el paisaje urbano hasta el paroxismo, en una continua bacanal de cemento y obras. Han pasado varios meses desde el brutal proceso de arrancamiento de árboles y el resultado no puede ser más desolador, ni tampoco más evidente.  Los árboles están muertos.  En donde antes hubo ramas fuertes y vigorosas, ahora solo quedan matojos, y eso en el mejor de los casos. Los árboles que fueron devastados, ahora están completamente secos.

        Escribimos varias entradas sobre aquel proceso, lo fotografiamos de modo abundante para que no cupiese dudas y por eso ahora, podemos comparar. Intentar trasplantar un árbol que lleva arraigado 5 décadas es un proceso complicado, porque por mucho cuidado que se tenga (no tuvieron ninguno), las condiciones de luz, sombra y la nueva posición ya no serán las mismas. Aunque no lo crean en la Consejería de Medio Ambiente, los árboles son seres vivos. Si parte de arrancarlos de su lugar original, se les tala las ramas hasta el tronco, entonces se le está sometiendo a una agresión feroz, cuyo resultado solo puede ser uno, el que se ve en las fotografías.

           Mención aparte merece  el pino de pisos que se encontraba en el medio de la plaza del 1º de mayo y que también fue arrancado de su lugar, por obra y gracia de la nueva rotonda. Pasados tres meses, el pino a perdido más de la mitad de su frondosidad y ya es casi un esqueleto arbóreo.

          Nota: (1)https://elalminardemelilla.com/2014/02/06/el-arbol-de-enmendio/ . (2)https://elalminardemelilla.com/2014/02/03/los-arboles-sobrantes/

El jardín salvaje


 

        La desembocadura del río de Oro y sus inmediaciones dan para todo. Aquí están algunos de los mejores bloques de viviendas de esta parte de la ciudad y algunos de los restaurantes y cafeterías más frecuentados por los melillenses y también por el equipo de gobierno reinante. Esto es el Paseo Marítimo. Por aquí pasa en algún momento u otro de la semana casi toda la ciudad. Esto es parte de nuestro supuesto «escaparate turístico».

        Hace un tiempo había aquí un parque infantil con vigilante, y unos cuidados jardines. La ampliación de la estación depuradora de aguas del río de Oro acabó con esta zona de recreo, que de ser un cuidado y agradable parque, se ha transformado en una zona agreste y en un parque salvaje.

       El césped brilla por su ausencia. la suciedad y el abandono se han adueñado de todo el paraje. El lugar no invita al reposo ni al descanso. El árbol tronchado, con su rama sostenida por el suelo, ejemplifica a qué estado están llegando las cosas en nuestra ciudad. No es un olmo seco, pero sí está hendido por el rayo de la mala gestión.

El estado de la gestión de Melilla


 Esconder el río de Oro

   En este momento podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no hay una sola calle o plaza de la ciudad que se encuentre en estado óptimo, como debería corresponder a una ciudad que invierte las cantidades publicadas oficialmente en limpieza, obras y mantenimiento de parques y calles.

   Las canículas de mayo apenas han comenzado y los ciudadanos que han acudido a las playas se han encontrado con un inmenso vertedero, o con una papelera inmensa. No están limpias ni las aguas, ni las arenas, ni puestos en orden los servicios de las mismas (duchas, aseos, pasarelas, papeleras). La ciudad se encuentra frente a una gestión catastrófica, en donde ya no da resultado ni los planes de empleo ni inversión alguna.

     Los esfuerzos de la propaganda no logran tapar ni esconder la realidad de una ciudad que ven todos los ciudadanos que deambulan por sus calles, o que intentan disfrutar de un fin de semana de ocio dentro de los estrechos límites de la ciudad.

       El río de Oro lleva cinco siglos infectando la ciudad, por eso se desvió su cauce a finales del siglo XIX. La desembocadura es un punto negro que no han conseguido resolver en los últimos 14 años de gestión popular. Tras años de encharcamientos pestilentes, que en nada o en muy poco ha resuelto la estación depuradora de aguas. La única solución que se ha encontrado es la de esconder el poco caudal existente en un desagüe junto al puente sin nombre.  En ese punto  se esconde el milenario río melillense y va directo a la estación depuradora de aguas, que pasados unos días devuelve el agua, ya depurada, a las aguas marinas en la que nos bañamos todos los melillenses. ¿Son seguras y salubres nuestras aguas de baño?. Llegados aquí,  ya no me atrevería a realizar afirmación alguna.