El jardín salvaje


 

        La desembocadura del río de Oro y sus inmediaciones dan para todo. Aquí están algunos de los mejores bloques de viviendas de esta parte de la ciudad y algunos de los restaurantes y cafeterías más frecuentados por los melillenses y también por el equipo de gobierno reinante. Esto es el Paseo Marítimo. Por aquí pasa en algún momento u otro de la semana casi toda la ciudad. Esto es parte de nuestro supuesto «escaparate turístico».

        Hace un tiempo había aquí un parque infantil con vigilante, y unos cuidados jardines. La ampliación de la estación depuradora de aguas del río de Oro acabó con esta zona de recreo, que de ser un cuidado y agradable parque, se ha transformado en una zona agreste y en un parque salvaje.

       El césped brilla por su ausencia. la suciedad y el abandono se han adueñado de todo el paraje. El lugar no invita al reposo ni al descanso. El árbol tronchado, con su rama sostenida por el suelo, ejemplifica a qué estado están llegando las cosas en nuestra ciudad. No es un olmo seco, pero sí está hendido por el rayo de la mala gestión.

El estado de la gestión de Melilla


 Esconder el río de Oro

   En este momento podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no hay una sola calle o plaza de la ciudad que se encuentre en estado óptimo, como debería corresponder a una ciudad que invierte las cantidades publicadas oficialmente en limpieza, obras y mantenimiento de parques y calles.

   Las canículas de mayo apenas han comenzado y los ciudadanos que han acudido a las playas se han encontrado con un inmenso vertedero, o con una papelera inmensa. No están limpias ni las aguas, ni las arenas, ni puestos en orden los servicios de las mismas (duchas, aseos, pasarelas, papeleras). La ciudad se encuentra frente a una gestión catastrófica, en donde ya no da resultado ni los planes de empleo ni inversión alguna.

     Los esfuerzos de la propaganda no logran tapar ni esconder la realidad de una ciudad que ven todos los ciudadanos que deambulan por sus calles, o que intentan disfrutar de un fin de semana de ocio dentro de los estrechos límites de la ciudad.

       El río de Oro lleva cinco siglos infectando la ciudad, por eso se desvió su cauce a finales del siglo XIX. La desembocadura es un punto negro que no han conseguido resolver en los últimos 14 años de gestión popular. Tras años de encharcamientos pestilentes, que en nada o en muy poco ha resuelto la estación depuradora de aguas. La única solución que se ha encontrado es la de esconder el poco caudal existente en un desagüe junto al puente sin nombre.  En ese punto  se esconde el milenario río melillense y va directo a la estación depuradora de aguas, que pasados unos días devuelve el agua, ya depurada, a las aguas marinas en la que nos bañamos todos los melillenses. ¿Son seguras y salubres nuestras aguas de baño?. Llegados aquí,  ya no me atrevería a realizar afirmación alguna.

El banco malo


 

Sentarse en Melilla

    Sentarse en Melilla y en muchas ciudades empieza a ser algo difícil. Los bancos de sentarse están desapareciendo de las calles, los otros desgraciadamente abundan. En las ciudades cada vez quedan menos asienteos urbanos, porque los alcaldes solo quieren que los ciudadanos transiten y se detengan lo menos posible en las plazas y calles. Por eso, los bancos no se cuidan, no se reponen si se deterioran y si se colocan algunos, no suelen estar a la sombra. Nadie quiere a los ciudadanos sentados, despotricando del gobierno e ideando sabe Dios que revueltas.

       A la derecha, los ciudadanos sentados les parecen sospechosos y más de cinco pueden constituir una concentración ilegal y ser objeto de multas. En Melilla se está perpetrando un nuevo Reglamento de Convivencia que pretende sancionar el comer pipas, no ya tirar las cáscaras al suelo, cosa casi inevitable dada la ausencia de papeleras, sino el hecho de sentarse a comerlas. Sentarse implica la posibilidad de charla y calumniar a los gobernantes, lo que resultaría intolerable.

       La 3ª ley de Melilla dice que: observada una situación de deterioro, lo normal es que pasado un tiempo todo siga igual, salvo que por catástrofe natural o por acción humana, todo haya empeorado de manera irreversible.

       Estos viejos bancos de madera, incómodos como pocos, están justo al lado de la explanada de San Lorenzo y frente a una zona residencial. Hace no mucho pasamos por allí y fotografiamos su estado, que ha empeorado de modo ostensible. Yo creo que no quieren que nadie se siente allí, no sea que se perturbe algún sueño muy principal.

         Yo tengo la sospecha de que la derecha diseña ciudades incómodas para el ciudadano. Existen patrones comunes en aquellas que he podido observar. Eso sí, mientras lo bancos se encuentra en ese lamentable e inservible estado, se instalaban nuevas macetas de adorno en las jardineras.

           Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/11/20/nuevas-estampas-insolitas/

La losa hundida


 

 

                               Nunca se puede pretender haber dicho la última palabra. Toda acción y descubrimiento será rebasada  por otra posterior. Si un día descubrimos un bache o socavón, con el que creemos haber tocado fondo, al día siguiente surgirá otro inesperado, que se colocará al frente de la nueva categoría. La  gloria, aunque sea la de la entropía, es efímera. En Melilla ha proliferado el cemento. Los adoquines resultaban peligrosos, ya que al desgastarse formaban una capa muy deslizante, enemiga de la frenada. El asafalto, más caro de mantener, ha ido perdiendo terreno. Sin embargo,  este tipo de pavimento era conocido como «firme». En Melilla, firme ya no es nada. Todo se desmorona. Las losas de hormigón se fracturan, o hunde por algún punto. En los últimos años ha proliferado este tipo de pavimento, porque es más barato y más rápido de colocar. Los resultados ya se están viendo.  Esta losa fracturada, socavón, bache o como quiera llamarse, se encuentra en la calle del Cuerpo Nacional de Policía, en la intersección con la de Andrés Pimentel. La  ciudad se hunde, como Venecia.

                   Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/04/25/baches-y-socavones/

Baches y socavones


         El bache es un hoyo  en el pavimento de calles, carreteras o caminos, producido por el uso u otras causas, según el diccionario de la Real Academia (RAE). El socavón es el hundimiento del suelo producido por una oquedad subterránea. El pavimento de Melilla es ondulante.  Los coches oscilan sobre él como los trenes de cercanías, que registraban cualquier ondulación del terreno. Un mismo tramo de calle se puede componer de varios tipos de pavimento distintos (adoquines, cemento y asfalto). Al haber fracturado el pavimento para instalar las nuevas tuberías de conducción de agua, se han provocado todo tipo de desniveles.

           En donde en principio existía asfalto se rellenó luego con cemento, y en dónde había cemento se volvió a insertar el mismo material, pero como parches o remiendos. El resultado es un mosaico con ranuras por donde penetra el agua. Los distintos materiales y capas con niveles de resistencia y antigüedad diferentes hace que se produzcan ambos tipos de hoyos, esto es: baches y socavones. En esta ocasión hemos registrado los más grandes, aquellos en los que el hundimiento del suelo resulta peligroso y también dañino para amortiguadores y ruedas.

La plaza inexistente


         Estamos en límite entre Batería Jota y Cabrerizas. Este es un espacio cuadrado delimitado por las calles Alcalde de Móstoles, Lepanto y Ramiro de Maeztu. La plaza como tal no existe.  Para el gobierno de la ciudad esto supone adentrarse en  «el más allá», en las tierras oscuras. Nadie recuerda cuándo se delimitó este espacio, si esto fue en su día una plaza completa o una obra inacabada.  La solución al enigma está en la datación del Centro de Salud de Cabrerizas, una obra llevada a cabo con gobiernos socialistas, como casi todas las grandes inversiones estatales, pero que por un mecanismo que nadie alcanza a comprender, siempre aprovechan «los otros», pero no los de Amenabar, sino los de la oposición política, los populares.  Se haga lo que se haga, siempre les beneficia, tanto cuando ejercen de oposición como de gobierno.

                La plaza no tiene nombre, ni está acabada, ni hemos conseguido saber por qué se realizó una cerca de metal, dentro del espacio acotado por el muro de obra. Todo es un enigma, incluso el de saber si el enlosado del suelo llegó a esta completo, o ha ido siendo aprovechado para otras obras menores. Aquí no ha habido nunca atracciones para juegos infantiles. La verja está desapareciendo. No existe puerta.  No hay recuerdo alguno de la presencia de miembros del Ejecutivo Local por esta zona, ni de futuros planes sobre esta inacabada plaza, que no se sabe si está dentro o fuera de los planes de desarrollo de los distritos 4º y 5º.

               Faltan árboles, los alcorques están desaparecidos, el suelo levantado. No hay mantenimiento de ningún tipo. La plaza, o lo que sea esto, está completamente abandonada.

Letrina a bordo


 

                              Lo que el barco esconde

     ¿Nunca han sentido la curiosidad de  ver qué hay dentro del barco pesquero?. El Alminar sí, y lo ha comprobado, así que ahorraremos a los lectores y a los ciudadanos el encontrarse con la dura y maloliente, a veces, realidad.  La culpa tampoco es de los que allí se «alojan» para dormir, o los que utilizan el lado de babor del pesquero como letrina. Hay una gran cantidad de personas, menores y adultos (casi siempre varones), que viven en la calle, sin ningún tipo de recursos o albergues a los que acudir. No hay siquiera instalaciones públicas en donde asearse, o a las que acudir para hacerlo. Por tanto, y aunque no sea ni excusa ni justificación, para  tan lamentable y pestilente uso del barco que homenajea a la flota pesquera de Melilla, cualquier lugar es bueno para hacer lo que aquí se intuye. El Alminar no publicará, y ahorrará así a sus lectores, la visión más dantesca de lo que ocurre dentro de este barco. Se que hay un blog muy bueno ( http://laotramelilla.blogspot.com.es/), de una amigo, que tiene fondo para hacerlo, pero en aquí no podemos con semejante carga. Con lo que se intuye es suficiente.

      Siempre haremos la misma pregunta, nunca nos cansaremos de repetirla.  ¿Cuál es la Consejería encargada de que estas cosas no ocurran?, ¿ por qué son los ciudadanos los que tiene que alertar de una gestión tan deficiente?.