La visión de los árboles muertos


 

        La construcción de dos rotondas, fue la excusa para arrancar árboles de cuajo, serrarlos hasta el límite y proseguir con  la devastación arbórea de la ciudad. Modificar el paisaje urbano hasta el paroxismo, en una continua bacanal de cemento y obras. Han pasado varios meses desde el brutal proceso de arrancamiento de árboles y el resultado no puede ser más desolador, ni tampoco más evidente.  Los árboles están muertos.  En donde antes hubo ramas fuertes y vigorosas, ahora solo quedan matojos, y eso en el mejor de los casos. Los árboles que fueron devastados, ahora están completamente secos.

        Escribimos varias entradas sobre aquel proceso, lo fotografiamos de modo abundante para que no cupiese dudas y por eso ahora, podemos comparar. Intentar trasplantar un árbol que lleva arraigado 5 décadas es un proceso complicado, porque por mucho cuidado que se tenga (no tuvieron ninguno), las condiciones de luz, sombra y la nueva posición ya no serán las mismas. Aunque no lo crean en la Consejería de Medio Ambiente, los árboles son seres vivos. Si parte de arrancarlos de su lugar original, se les tala las ramas hasta el tronco, entonces se le está sometiendo a una agresión feroz, cuyo resultado solo puede ser uno, el que se ve en las fotografías.

           Mención aparte merece  el pino de pisos que se encontraba en el medio de la plaza del 1º de mayo y que también fue arrancado de su lugar, por obra y gracia de la nueva rotonda. Pasados tres meses, el pino a perdido más de la mitad de su frondosidad y ya es casi un esqueleto arbóreo.

          Nota: (1)https://elalminardemelilla.com/2014/02/06/el-arbol-de-enmendio/ . (2)https://elalminardemelilla.com/2014/02/03/los-arboles-sobrantes/

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Una respuesta a “La visión de los árboles muertos

  1. ¿Tan mal está la cosa?. Debajo del cemento hay tierra, no es imposible arrancarlo y sembrar árboles nuevos. Ya crecerán, estos alguna vez han sido pequeños.
    Y tenéis nada menos que higueras, aunque sea en el confín..

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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