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Cosas que no suceden


           Si no hay observador, no hay hecho observado. Para que algo exista debe darse cuenta de ello. A veces, las cosas suceden tan rápido, que no da tiempo a escribirlas, o incluso suceden tantas veces, que ya no se distingue unas de otras, o incluso parece la misma, o no haber sucedido nunca.

              Para hacer una rotonda en la plaza del 1º de mayo, en donde está el demonio Crono, se arrancaron árboles hace mucho tiempo*, y dimos cuenta de ello. Luego los árboles fueron trasplantados y murieron **, y también lo escribimos. Parece que siempre escribimos sobre lo mismo, pero no, porque se trata de acciones diferentes, muy separadas en el tiempo.

            Hace no demasiados días volvieron a reponer los árboles del lugar en donde fueron colocados,  tras ser arrancados de su antigua posición en la calle Duquesa de La Victoria. Aquellos árboles trasplantados murieron, y la acera estuvo meses sin los ficus. Ahora han vuelto a colocar allí dos ejemplares, procedentes de algún lugar indeterminado. Tras varios días asentados en el lugar maldito, parece que seguirán la misma suerte que los anteriores.

            Un edificio histórico de un siglo de antigüedad (con un bello voladizo de artesonado de madera), que han conocido generaciones enteras, desaparece en una semana y ya nadie se vuele a acordar de él. Hay árboles que no se reponen nunca de esas podas y talas salvajes; y edificios de los que nunca más se vuelve a saber.

            Notas:*https://elalminardemelilla.com/2014/02/03/los-arboles-sobrantes/; **https://elalminardemelilla.com/2014/05/25/la-vision-de-los-arboles-muertos/

La visión de los árboles muertos


 

        La construcción de dos rotondas, fue la excusa para arrancar árboles de cuajo, serrarlos hasta el límite y proseguir con  la devastación arbórea de la ciudad. Modificar el paisaje urbano hasta el paroxismo, en una continua bacanal de cemento y obras. Han pasado varios meses desde el brutal proceso de arrancamiento de árboles y el resultado no puede ser más desolador, ni tampoco más evidente.  Los árboles están muertos.  En donde antes hubo ramas fuertes y vigorosas, ahora solo quedan matojos, y eso en el mejor de los casos. Los árboles que fueron devastados, ahora están completamente secos.

        Escribimos varias entradas sobre aquel proceso, lo fotografiamos de modo abundante para que no cupiese dudas y por eso ahora, podemos comparar. Intentar trasplantar un árbol que lleva arraigado 5 décadas es un proceso complicado, porque por mucho cuidado que se tenga (no tuvieron ninguno), las condiciones de luz, sombra y la nueva posición ya no serán las mismas. Aunque no lo crean en la Consejería de Medio Ambiente, los árboles son seres vivos. Si parte de arrancarlos de su lugar original, se les tala las ramas hasta el tronco, entonces se le está sometiendo a una agresión feroz, cuyo resultado solo puede ser uno, el que se ve en las fotografías.

           Mención aparte merece  el pino de pisos que se encontraba en el medio de la plaza del 1º de mayo y que también fue arrancado de su lugar, por obra y gracia de la nueva rotonda. Pasados tres meses, el pino a perdido más de la mitad de su frondosidad y ya es casi un esqueleto arbóreo.

          Nota: (1)https://elalminardemelilla.com/2014/02/06/el-arbol-de-enmendio/ . (2)https://elalminardemelilla.com/2014/02/03/los-arboles-sobrantes/

El proceso salvaje


                                          De árbol a muñón

                Las parábolas sirven para explicar  aquello que no puede decirse de modo directo, y las imágenes para ayudar a entender a aquellos que no comprenden lo escrito. También sirven para mostrar claramente algo sin necesidad de polémicas o discusiones. Se muestra una cosa y así lo ven todos. Así, nadie puede acusarnos de manipular la realidad o de interpretarla de modo personalista y con algún tipo de interés. Nuestra intención ha sido siempre mostrar la realidad del modo más objetivo posible, por eso nos servimos  de las imágenes y de las parábolas; ara que aquellos que no quieran creer lo que escribimos,  al menos vean con sus ojos lo que intentamos mostrar.

                                                  El proceso salvaje

            Arrancar un árbol es una acción salvaje, y más si se trata de árboles que cuando menos llevaban en ese mismo lugar más de 60 años, pues en la década de 1940 se plantaron casi todos los ficus existentes en las calles de la ciudad. Un árbol que lleva más de 6 décadas en un lugar, está completamente adaptado e integrado en ese entorno. Arrancarlo, que no trasplantarlo, es un proceso salvaje, que se perpetra de espaldas a la ciudadanía, pues nunca se informa de los árboles que serán eliminados en las nuevas rotondas u obras urbanas. Melilla no es verde, es gris cemento. Lo que resulta sorprendente es que se pueda llevar a cabo cualquier cosa, ante el silencio absoluto y clamoroso de la práctica totalidad de aquellos que tendrían la obligación de decir y opinar en estos temas.

        A pesar de las claras fotografías publicadas ayer, todavía existe quien intenta justificar estas barbaridades y hacernos ver que se está siendo respetuoso con el Medio Ambiente urbano.  En esta entrada vamos a mostrar, en sólo tres fotografías, qué ocurre con una árbol arrancado y tratado de esa manera.

        En diciembre de 2012 llevaron a cabo una obras en la intersección entre la calle Valencia y Mar Chica, para retranquear el bordillo y permitir una mejor visibilidad para el tráfico rodado. Sobraba un árbol y fue arrancado del  modo brutal ya explicado.  Si no se entiende que un árbol se arranque, menos aún que se le sierren todas las ramas hasta el mismo tronco. Hasta convertirlo en un muñón.  El resultado, dos después es el que se ve en la fotografía: el árbol está muerto. Pero como no les falta de nada, también tienen un cementerio de árboles.

      PD:  Seguimos el proceso de modo riguroso, de modo que podemos  asegurar que el árbol arrancado en la calle Mar Chica, es el mismo que el que se encuentra en la calle Jiménez e Iglesias y que muestran las fotografías.

  Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/12/10/el-cementerio-de-los-arboles/

¿ A dónde van los árboles arrancados?


El cemento es muy exigente y requiere cada vez más espacio. La urbanización constante de la ciudad es una necesidad producida por el aumento del tráfico rodado. La extensión de rotondas, la realización de nuevos aparcamientos, la construcción de nuevos edificios, provoca la eliminación y reducción de zonas rústicas y verdes. Todo cede y la ciudad se convierte en una inmensa explanada, carente de sombras y de espacios de descanso. Cada vez hay menos bancos y menos zonas de esparcimiento. La construcción de una nueva rotonda en la intersección entre la avenida de La Duquesa de La Victoria y la de La Democracia, iba a provocar en un principio una reducción drástica del arbolado de la zona. Han arrancado dos o tres ficus de más de 60 años (la mayor parte de ellos fue plantada en la década de 1940), pero la previsión era eliminar entre 8 y 10 árboles. La acción de los blogs (Alminar y La Otra Melilla), junto con las redes sociales y las denuncias de los colectivos ecologistas Equo y Guelaya, han provocado una pequeña modificación, y ahora cuatro árboles quedarán incorporados dentro de la nueva rotonda. Todavía sirve denunciar la cosas, aunque sabemos que a nuestros munícipes no les gusta nada rectificar, lo consideran casi una ofensa.

Hemos visto el lugar al que han trasladado dos de los árboles arrancados en Duquesa de La Victoria. Están junto al vivero municipal, en lo que será un nuevo parque infantil, creado en una nueva carretera construida e inaugurada hace muy poco. El problema del arrancamiento de árboles, es que suelen perecer en esa salvaje maniobra, y muy raramente vuelven a ser lo que fueron. Ese es el caso de un árbol arrancado junto en la calle Valencia, junto a Mar Chica y que fue trasplantado a la calle Jiménez e Iglesias. Casi un año después, ofrece un aspecto lamentable. Esta prácticamente muerto. Lo que no entiende es el por qué de la poda salvaje, previa a su arrancamiento.